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Analisis De 3 Cuentos (Literatura) - Una estación de Amor

Analisis De 3 Cuentos

Diana Michelle Hernandez Molina

Graciela Ruiz

Instituto Aguilas De Chihuahua

Literatura

Analisis de 3 cuentos

Una estación de Amor
Primavera
La historia comienza un día martes, en un Carnaval y en Concordia. Nébel estaba en el Carnaval de Concordia, ni bien ingresó en el Carnaval miro al carruaje que estaba enfrente a él y vió a una hermosa chica, Lidia, a su madre y a un hombre que no conocía. Preguntó a sus amigos quién era ese hombre, y ellos le dijeron que era el doctor Arrizabalaga y que la chica que le gustaba era sobrina del doctor.
Nebel fijo entonces sus ojos en la hermosa muchacha de 14 años. Era hermosísima y nebel quedó deslumbrado por su belleza. Cuando nebel miraba a Lidia, ella de vez en cuando también le sonreía al muchacho. Luego el doctor Arrizabalaga y la madre de Lidia también le sonrieron a nebel.


Al día siguiente el corso se reanudaba, pero esta vez era de noche y con batalla de flores. La madre de Lidia y Arrizabalaga se reían, volviendo la cabeza a menudo y la muchacha no podía despegar los ojos de nebel. Nebel aprovechó el momento y le dio un ramo de flores a Lidia. Ella también buscó un ramo de flores para darle a nebel pero noencontró ninguno, sus acompañantes se reían. Entonces la madre le dio un ramo para el muchacho. Justo el carruaje arrancó y cuando nebel se dio cuenta corrió hacia la ventanilla de la preciosa muchacha quién le entregó el ramo de flores a nebel.
Nebel había venido hace tres días de Buenos Aires. Había permanecido en Bs. As. Siete años y lo que conocía de Concordia era mínimo. Debía quedarse sólo quince día allí y luego volver a su ciudad natal. Lidia se iba al día siguiente a Montevideo. Por lo menos iría con ella hasta Buenos Aires.
Nebel y Lidia viajaron juntos hasta Buenos Aires, en el cual nebel llegó a un alto nivel de romanticismo que podía tener a los dieciocho años. Luego, ya en Buenos Aires, la despedida fue breve. Nebel se alejaba despacio por el muelle y Lidia, ya sobre la borda del barco, lo seguía con los ojos.



Verano El 13 de junio nebel volvió a Concordia, y aunque él sabía que Lidia estaba allí, pasó una semana sin inquietarse. El primer domingo, luego de salir de misa, nebel esperó en la esquina a que saliera Lidia y su madre. Pero Lidia y su madre pasaron con la mirada fija y fría mirando delante. Un amigo de nebel le dijo a nebel que ya no se acordaba de él, pero nebel le respondió: ¡No Mucho!. Pero al llegar a su casa, Nebel, lloró a sí mismo su desgracia. Luego de un tiempo corto pensó:¿Quiza no me vio? Entonces levantó la cabeza y su rostro se llenó de animo.
A las tres de la tarde fue a casa del doctor Arrizabalaga con una idea en mente, diría cualquier excusa con tal de ver a Lidia de nuevo. Cuando sonó el timbre lo atendió la madre y lo hizo entrar. Se pusieron a hablar y entonces entró Lidia en la sala. En ese momento la madre de Lidia le preguntó si podía ir todos lo lunes y él le pidió de ir también lo viernes, la madre aceptó. Mientras Lidia y Nebel no podían dejar de mirarse y volvieron a estar juntos.
Durante dos meses, Nebel y Lidia, se adoraron y cada momento que se separaban el uno del otro se extrañaban. Nebel dejando de lado su estudio, su carrera y todas las demas cosas, en lo único que pensaba era en casarse con Lidia y ser feliz.
Cuando Nebel le contó a su padre lo que tenía en mente su padre lo reprochó totalmente y se opuso a la boda. Y le preguntó un montón de cosas que ofendían el honor de la familia de Lidia: ¿Quién es ella? ¿De qué vive? ¿Conoces a alguien que conozca bien la vida de tu novia? ¿Sabes que la madre de Lidia ha sido la querida del doctor Arrizabalaga? ¿Quién sostiene la casa de Montevideo?.
Él averiguó que efectivamente la madre de Lidia había sido la amante del doctor Arrizabalaga, mientras vivía su marido. Y también que el doctor mantenía la casa comoagradecimiento a su ex amante.
La madre de Lidia abusaba de la morfina por angustiosa necesidad y por elegancia. Tenía treinta y siete años; Vestía como la hija, lo que era su arma de seducción. Cada vez que tomaba morfina sus ojos se empañaban.
Nebel insistía casa vez mas con el matrimonio. Sólo faltaba el consentimiento del padre, la madre de Lidia apreciaba éste detalle.
Un día Nebel se levantó y fijó para el 18 de octubre el casamiento. Faltaba mas de un mes, pero la madre de Lidia le dio a entender que quería la presencia del padre de Nebel en la boda. Nebel le contestó que iba a ser difícil y luego cuando fue al día siguiente le dijo a la madre de Lidia que a su padre le iba a ser imposible asistir. Entonces la madre de Lidia le hizo casi los mismos reproches que su padre: ¿De donde ha sacado su fortuna, robandole a sus clientes? ¿Cuantas paredes tenía que saltar para ir a dormir con su mujer, antes de casarse?
Nebel vivió cuatro días en la mas honda desesperación. Al quinto día, al anochecer, recibió una carta:
“Octavio: Lidia esta bastante enferma y sólo su presencia podría calmarla.
María S. De Arrizabalaga”
Esa misma noche fue a ver a Lidia.
La madre de Lidia le abrió la puerta y le habló con indiferencia, cuando entró se sentó en el borde de la cama, y sólo se miraron y se rieron.


Al día siguientecuando fue casa de Arrizabalaga, Nebel estaba sólo y estaba oscuro. Luego de un rato la sirvienta entreabrió la ventana. Nebel le preguntó si habían salido y le contesto que se fueron a Montevideo. También le preguntó si estaba el doctor y le contestó que se había ido al club después de comer.
Entonces dio una vueltas por el barrio y a las once y media se fue a su casa, cargó el revolver y justo cuando iba a apretar el gatillo, recordó que le prometió a un dibujante amigo que lo iba a ir a ver antes de matarse.
Al día siguiente a la mañana fue a visitar a su amigo. Llamó al pobre cuarto del dibujante y, cuando entró, le pregunto: ¿Es ahora? Y el dibujante le dijo que vaya a su casa y si a las once no había cambiado de idea que lo fuera a ver.
Nebel volvió a su casa y cuando llegó le había llegado una carta de Lidia: en la que le dice que su madre decidió que si se casaban, Lidia iba a sufrir y decidió que lo mejor era separarlos e irse con su hija a Montevideo.
Lleno de rabia agarró el revolver y antes de disparar recordó que había jurado a su amigo que lo iba a ir a ver antes de tomar una decisión.
Otoño (once años después)
Una tarde en Buenos Aires, viajando en tranvía, se detuvo el tranvía durante un tiempo largo y Nebel, mientras leía, levantó la cabeza y vio a una señora que se sentó a su lado. Laseñora le preguntó: ¿me recuerda? Y él le respondió que sí, era la esposa del doctor Arrizabalaga. Ella lo invitó a la casa a ver a Lidia y él aceptó. Le dio la dirección, Boedo 1483, y Nebel prometió pasar a saludarlos.
Al día siguiente Nebel fue visitar a Lidia. La madre de Lidia le abrió la puerta y lo saludó cordialmente. La madre le comentó que estaban peor que en la miseria. Nebel le comentó que estaba casado. Luego entró Lidia, estaba cambiada tenía 26 años y siempre con una belleza impresionante. La madre de Lidia le pidió a Nebel pasar un tiempo en su campo y él aceptó. Lidia le preguntó hace cuanto estaba casado, y él contesto que hace cuatro años.
Invierno
La madre de Lidia había quedado deshecha por el cansancio y la morfina.
Entonces cenaron temprano y se fueron a dormir.
Al día siguiente, Nebel entró precipitadamente en la cocina y vio a Lidia que se bajaba las faldas y que tenía una jeringuilla en la mano. Entonces le preguntó si eso lo hacía hace mucho tiempo y ella le contestó que sí.
Nebel tomó una decisión le quitó la morfina a la madre de Lidia. Luego la madre le Lidia le rogó que le devolviera la droga porque sino, no viviría, y él le contestó que si seguía tomandola se moriría en dos horas. Luego hablo con Lidia, y le preguntó si sabía que tenía su madre y ella le contestó que sí.
Unamañana Lidia entró bruscamente en el cuarto de Nebel y gritando dijo: ¡Mama se muere! Y fueron corriendo al cuarto. Nebel vio el tarro de morfina vacío al lado de la cama y Lidia le dijo que probablemente su madre lo sacó del cuarto de Nebel cuando él no estaba. Finalmente la madre de Lidia falleció a la una de la mañana. Esa misma tarde, tras el entierro, Nebel acompaño a Lidia iba a tomar el tren para irse él le entregó a ella un cheque por diez mil pesos ($10.000). Ella se subió a la escalerilla del vagón y antes de que arrancara el tren Nebel tomó a Lidia por la cintura y la besó hondamente en la boca.
El tren partió y Nebel siguió con la vista la ventanilla de Lidia.

ANALISIS
Titulo: una estación de amor
Autor: Horacio Quiroga
Género: narrador
Subgénero: cuento
Tema: trata de un amor escondido que no pudo realizarse
Planteamiento: Este cuento trata sobre un joven llamado Octavio Nebel quien se enamora de una joven de cabello muy oscuro, piel blanca y ojos azules
Nudo: al parecer hija del doctor Arrizabalaga, pero al día siguiente se irían a Montevideo y volverían a Concordia para el invierno. Nebel volvió el 13 de junio a Concordia y Lidia ya se encontraba allí; una vez ya encontrados acordaron encontrarse todos los lunes y viernes en la casa de Lidia; estuvieron 2 meses así adorandose.
Clímax: Apesar de que Nebel se juntaba con Lidia, el padre de éste estaba muy molesto por este amorío de carnaval. Nebel evocaba a la madre de Lidia y se sentía loco por las mujeres casadas. La madre de Lidia abusaba de la morfina por angustiosa necesidad y por elegancia. Nebel fijó el 18 de octubre para casarse con Lidia; pero el padre de éste no asistiría al matrimonio. Un día, Nebel recibió una carta donde le informaban que Lidia estaba muy enferma. Al día siguiente, sin que Nebel supiera, Lidia se fue a Montevideo con su madre. Nebel se quería matar y se acordó de una promesa que había hecho unos meses antes, ésta consistía en visitar a un dibujante aleman y avisarle si se suicidaría, pero éste no lo hizo.
Desenlace: En la estación de tren cuando Lidia ya se iba, Nebel le dio un cheque por diez mil pesos y luego la agarro por la cintura y la besó hondamente en la boca; el tren partió pero Lidia no se asomó.
Tipo de narrador: primera persona central
Clasificación de los personajes:
Protagonistas-
Nebel: Tenía, cuando comenzó la historia, 18 años. Según era apuesto y decidido a lo que quería. Su padre se opuso a la boda.
Lidia: Tenía, cuando comenzó la historia, 14 años. Su madre falleció cuando tenía 26 años. A los 14 años era bellísima, ojos azules, cabello oscuro, y cutis muy fino.
Principal-
DoctorArrizabalaga: Era el tío de Lidia y, cuando vivía su hermano, era el amante de su cuñada.
Antagonista-
María S. De Arriba alaga, tenía 36 años, madre de Lidia
Espacio: En la estación de trenes y en su casa
Tiempo: Cuando ella se da cuenta de todo lo que pierde
Ambiente: A partir de aquel beso que se da por primera vez en la estación de trenes
Lenguaje: Común
Nivel del contenido: Social
Corriente literaria: Romanticismo y Naturalismo
Opinión personal: Me pareció una novela muy sentimental y que contiene mucho amor. La trama es entretenida y podría ser una historia real. Yo cuando la estaba leyendo me iba envolviendo en la historia poco a poco y me fui imaginando como pasaba cada una de las situaciones que vivían linda y nebel.

Ojos de perro azul
Entonces me miró.
Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detras del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez. Encendí un cigarrillo. Tragué el humo aspero y fuerte, antes de hacer girar el asiento, equilibrandolo sobre una de las patas posteriores. Después de eso la vi ahí, como había estado todas las noches, parada junto al velador, mirandome. Durante breves minutos estuvimos haciendo nada mas que eso: mirandonos. Yomirandola desde el asiento, haciendo equilibrio en una de sus patas posteriores. Ella de pie, con una mano larga y quieta sobre el velador, mirandome. Le veía los parpados iluminados como todas las noches. Fue entonces cuando recordé lo de siempre, cuando le dije: “Ojos de perro azul”.
Ella me dijo, sin retirar la mano del velador: “Eso. Ya no lo olvidaremos nunca”. Salió de la órbita, suspirando: “Ojos de perro azul. He escrito eso por todas partes”.
La vi caminar hacia el tocador. La vi aparecer en la luna circular del espejo mirandome ahora al final de una ida y vuelta de luz matematica. La vi seguir mirandome con sus grandes ojos de ceniza encendida: mirandome mientras abría la cajita enchapada de nacar rosado. La vi empolvarse la nariz. Cuando acabó de hacerlo, cerró la cajita y volvió a ponerse en pie y caminó de nuevo hacia el velador, diciendo: “Temo que alguien sueñe con esta habitación y me revuelva mis cosas”; y tendió sobre la llama la misma mano larga y trémula que había estado calentando antes de sentarse al espejo. Y dijo: “No sientes el frío”. Y yo le dije: “A veces”. Y ella me dijo: “Debes sentirlo ahora”. Y entonces comprendí por qué no había podido estar solo en el asiento. Era el frío lo que me daba la certeza de mi soledad. “Ahora lo siento”, dije. “Y es raro, porque la noche esta quieta.
Talvez se me ha rodado la sabana.” Ella no respondió. Empezó otra vez a moverse hacia el espejo y volví a ella. Sin verla, sabía lo que estaba haciendo. Sabía que estaba otra vez sentada frente al espejo, viendo mis espaldas que habían tenido tiempo para llegar hasta el fondo del espejo y ser encontradas por la mirada de ella que también había tenido el tiempo justo para llegar hasta el fondo y regresar (antes de que la mano tuviera tiempo de iniciar la segunda vuelta) hasta los labios que estaban ahora untados de carmín, desde la primera vuelta de la mano frente al espejo. Yo veía, frente a mí, la pared lisa que era como otro espejo ciego donde yo no la veía a ella —sentada a mis espaldas— pero imaginandola dónde estaría si en lugar de la pared hubiera sido puesto un espejo. “Te veo”, le dije. Y vi en la pared como si ella hubiera levantado los ojos y me hubiera visto de espaldas en el asiento, al fondo del espejo, con la cara vuelta hacia la pared. Después la vi bajar los parpados, otra vez, y quedarse con los ojos quietos en su corpiño; sin hablar. Y yo volví a decirle: “Te veo”. Y ella volvió a levantar los ojos desde su corpiño. “Es imposible”, dijo. Yo pregunté por qué. Y ella, con los ojos otra vez quietos en el corpiño: “Porque tienes la cara vuelta hacia la pared”. Entonces yo hice girar el asiento.Tenía el cigarrillo apretado en la boca. Cuando quedé frente al espejo ella estaba otra vez junto al velador. Ahora tenía las manos abiertas sobre la llama, como dos abiertas alas de gallina, asandose y con el rostro sombreado por sus propios dedos.
“Creo que me voy a enfriar”, dijo. “Ésta debe ser una ciudad helada.” Volvió el rostro de perfil y su piel de cobre al rojo se volvió repentinamente triste. “Haz algo contra eso”, dije. Y ella empezó a desvestirse, pieza por pieza, empezando por arriba; por el corpiño.
Le dije: “Voy a voltearme contra la pared”. Ella dijo: “No. De todos modos me veras como me viste cuando estaba de espaldas”. Y no había acabado de decirlo cuando ya estaba desvestida casi por completo, con la llama lamiéndole la larga piel de cobre “Siempre había querido verte así, con el cuero de la barriga lleno de hondos agujeros, como si te hubieran hecho a palos.” Y antes de que yo cayera en la cuenta de que mis palabras se habían vuelto torpes frente a su desnudez, ella se quedó inmóvil, calentandose en la órbita del velador y dijo: “A veces creo que soy metalica”. Guardó silencio un instante. La posición de las manos sobre la llama varió levemente. Yo dije: “A veces, en otros sueños, he creído que no eres sino una estatuilla de bronce en el rincón de algún museo. Tal vez por eso sientes frío”. Yella dijo: “A veces, cuando me duermo sobre el corazón, siento que el cuerpo se me vuelve hueco y la piel como una lamina.
Entonces, cuando la sangre me golpea por dentro, es como si alguien me estuviera llamando con los nudillos en el vientre y siento mi propio sonido de cobre en la cama. Es como si fuera así como tú dices: de metal laminado”. Se acercó mas al velador. “Me habría gustado oírte”, dije. Y ella dijo: “Si alguna vez nos encontramos pon el oído en mis costillas, cuando me duerma sobre el lado izquierdo, y me oiras resonar. Siempre he deseado que lo hagas alguna vez”. La oí respirar hondo mientras hablaba. Y dijo que durante años no había hecho nada distinto de eso. Su vida estaba dedicada a encontrarme en la realidad, a través de esa frase identificadora: “Ojos de perro azul”. Y en la calle iba diciendo, en voz alta, que era una manera de decirle a la única persona que habría podido entenderle:
“Yo soy la que llega a tus sueños todas las noches y te dice esto: Ojos de perro azul”.
Y dijo que iba a los restaurantes y les decía a los mozos, antes de ordenar el pedido:
“Ojos de perro azul”. Pero los mozos le hacían una respetuosa reverencia, sin que hubieran recordado nunca haber dicho eso en sus sueños. Después escribía en las servilletas y rayaba con el cuchillo el barniz de las mesas:“Ojos de perro azul”. Y en los cristales empañados de los hoteles, de las estaciones, de todos los edificios públicos, escribía con el índice: “Ojos de perro azul”. Dijo que una vez llegó a una droguería y advirtió el mismo olor que había sentido en su habitación una noche, después de haber soñado conmigo. “Debe estar cerca”, pensó, viendo el embaldosado limpio y nuevo de la droguería. Entonces se acercó al dependiente y le dijo: “Siempre sueño con un hombre que me dice: ‘Ojos de perro azul’ ”. Y dijo que el vendedor le había mirado a los ojos y le dijo: “En realidad, señorita, usted tiene los ojos así”. Y ella le dijo: “Necesito encontrar al hombre que me dijo en sueños eso mismo”. Y el vendedor se echó a reír y se movió hacia el otro lado del mostrador. Ella siguió viendo el embaldosado limpio y sintiendo el olor. Y abrió la cartera y se arrodilló y escribió sobre el embaldosado, a grandes letras rojas, con la barrita de carmín para labios: “Ojos de perro azul”. El vendedor regresó de donde estaba. Le dijo: “Señorita, usted ha manchado el embaldosado”. Le entregó un trapo húmedo, diciendo: “Límpielo”. Y ella dijo, todavía junto al velador, que pasó toda la tarde a gatas, lavando el embaldosado y diciendo “Ojos de perro azul” hasta cuando la gente se congregó en la puerta y dijo que estaba loca.
Ahora, cuandoacabó de hablar, yo seguía en el rincón, sentado, haciendo equilibrio en la silla. “Yo trato de acordarme todos los días la frase con que debo encontrarte”, dije.
“Ahora creo que mañana no lo olvidaré. Sin embargo siempre he dicho lo mismo y siempre he olvidado al despertar cuales son las palabras con que puedo encontrarte.” Y ella dijo: “Tú mismo las inventaste desde el primer día”. Y yo le dije: “Las inventé porque te vi los ojos de ceniza. Pero nunca las recuerdo a la mañana siguiente”. Y ella, con los puños cerrados junto al velador, respiró hondo: “Si por lo menos pudiera recordar ahora en qué ciudad lo he estado escribiendo”.
Sus dientes apretados relumbraron sobre la llama. “Me gustaría tocarte ahora”, dije. Ella levantó el rostro que había estado mirando la lumbre: levantó la mirada ardiendo, asandose también como ella, como sus manos; y yo sentí que me vio, en el rincón, donde seguía sentado, meciéndome en el asiento. “Nunca me habías dicho eso”, dijo.
“Ahora lo digo y es verdad”, dije. Al otro lado del velador ella pidió un cigarrillo. La colilla había desaparecido de entre mis dedos. Había olvidado que estaba fumando. Dijo: “No sé por qué no puedo recordar dónde lo he escrito”. Y yo le dije: “Por lo mismo que yo no podré recordar mañana las palabras”. Y ella dijo, triste: “No. Es que a veces creoque eso también lo he soñado”. Me puse en pie y caminé hacia el velador. Ella estaba un poco mas alla, y yo sabía caminando, con los cigarrillos y los fósforos en la mano, que no Ojos de perro azul pasaría el velador. Le tendí el cigarrillo. Ella lo apretó entre los labios y se inclinó para alcanzar la llama, antes de que yo tuviera el tiempo de encender el fósforo: “En alguna ciudad del mundo, en todas las paredes, tienen que estar escritas esas palabras: ‘Ojos de perro azul’ ”, dije. “Si mañana las recordara iría a buscarte.” Ella levantó otra vez la cabeza y tenía ya la brasa encendida en los labios. “Ojos de perro azul”, sugirió, recordando, con el cigarrillo caído sobre la barba y un ojo a medio cerrar. Aspiró después el humo, con el cigarrillo entre los dedos, y exclamó: “Ya esto es otra cosa. Estoy entrando en calor”. Y lo dijo con la voz un poco tibia y huidiza, como si no lo hubiera dicho realmente sino como si lo hubiera escrito en un papel y hubiera acercado el papel a la llama mientras yo leía: “Estoy entrando”, y ella hubiera seguido con el papelito entre el pulgar y el índice, dandole vueltas, mientras se iba consumiendo y yo acababa de leer:
“ en calor”, antes de que el papelito se consumiera por completo y cayera al suelo arrugado, disminuido, convertido en un liviano polvo de ceniza: “Así esmejor”, dije. “A veces me da miedo verte así. Temblando junto al velador.”
Nos veíamos desde hacía varios años. A veces, cuando ya estabamos juntos, alguien dejaba caer afuera una cucharita y despertabamos. Poco a poco habíamos ido comprendiendo que nuestra amistad estaba subordinada a las cosas, a los acontecimientos mas simples. Nuestros encuentros terminaban siempre así, con el caer de una cucharita en la madrugada.
Ahora, junto al velador, me estaba mirando. Yo recordaba que antes también me había mirado así, desde aquel remoto sueño en que hice girar el asiento sobre sus patas posteriores y quedé frente a una desconocida de ojos cenicientos. Fue en ese sueño en el que le pregunté por primera vez: “¿Quién es usted?” Y ella me dijo: “No lo recuerdo”.
Yo le dije: “Pero creo que nos hemos visto antes”. Y ella dijo, indiferente: “Creo que alguna vez soñé con usted, con este mismo cuarto”. Y yo le dije: “Eso es. Ya empieza a recordarlo”. Y ella dijo: “Qué curioso. Es cierto que nos hemos encontrado en otros sueños”.
Dio dos chupadas al cigarrillo. Yo estaba todavía parado frente al velador cuando me quedé mirandola de pronto. La miré de arriba abajo y todavía era de cobre; pero no ya de metal duro y frío, sino de cobre amarillo, blando, maleable. “Me gustaría tocarte”, volví a decir. Y ella dijo: “Lo echaríastodo a perder”. Yo dije: “Ahora no importa. Bastara con que demos vuelta a la almohada para que volvamos a encontrarnos”. Y tendí la mano por encima del velador. Ella no se movió. “Lo echarías todo a perder”, volvió a decir, antes de que yo pudiera tocarla. “Tal vez, si das la vuelta por detras del velador, despertaríamos sobresaltados quién sabe en qué parte del mundo”. Pero yo insistí: “No importa”. Y ella dijo: “Si diéramos vuelta a la almohada volveríamos a encontrarnos. Pero tú, cuando despiertes, lo habras olvidado”. Empecé a moverme hacia el rincón. Ella quedó atras, calentandose las manos sobre la llama. Y todavía no estaba yo junto al asiento cuando le oí decir a mis espaldas: “Cuando despierto a media noche, me quedo dando vueltas en la cama, con los hilos de la almohada ardiéndome en la rodilla y repitiendo hasta el amanecer:
Entonces yo me quedé con la cara contra la pared. “Ya esta amaneciendo”, dije sin mirarla. “Cuando dieron las dos estaba despierto y de eso hace mucho rato.” Yo me dirigí hacia la puerta. Cuando tenía agarrada la manivela, oí otra vez su voz igual, invariable:
“No abras esa puerta”, dijo. “El corredor esta lleno de sueños difíciles”. Y yo le dije:
“¿Cómo lo sabes?” Y ella me dijo: “Porque hace un momento estuve allí y tuve que regresar cuando descubrí que estaba dormidasobre el corazón”. Yo tenía la puerta entreabierta. Moví un poco la hoja y un airecillo frío y tenue me trajo un fresco olor a tierra vegetal, a campo húmedo. Ella habló otra vez. Yo di la vuelta, moviendo todavía la hoja montada en goznes silenciosos, y le dije: “Creo que no hay ningún corredor aquí afuera. Siento el olor del campo”. Y ella, un poco lejana ya, me dijo: “Conozco esto mas que tú. Lo que pasa es que alla afuera esta una mujer soñando con el campo”. Se cruzó de brazos sobre la llama. Siguió hablando: “Es esa mujer que siempre ha deseado tener una casa en el campo y nunca ha podido salir de la ciudad”. Yo recordaba haber visto la mujer en algún sueño anterior, pero sabía, ya con la puerta entreabierta, que dentro de media hora debía bajar al desayuno. Y dije: “De todos modos, tengo que salir de aquí para despertar”.
Afuera el viento aleteó un instante, se quedó quieto después y se oyó la respiración de un durmiente que acababa de darse vuelta en la cama. El viento del campo se suspendió.
Ya no hubo mas olores. “Mañana te reconoceré por eso”, dije. “Te reconoceré cuando vea en la calle una mujer que escriba en las paredes: ‘Ojos de perro azul’ ”. Y ella, con una sonrisa triste —que era ya una sonrisa de entrega a lo imposible, a lo inalcanzable—, dijo: “Sin embargo no recordaras nada durante el día”.Y volvió a poner las manos sobre el velador, con el semblante oscurecido por una niebla amarga: “Eres el único hombre que, al despertar, no recuerda nada de lo que ha soñado”.

ANALISIS
Titulo: Ojos de perro azul
Autor: Gabriel García Marquez
Género: narrador
Subgénero: cuento
Tema: Un cuento sobre la tragedia de la soledad.
Planteamiento: Los personajes quieren estar juntos, sin embargo, no se saben si este sentimiento sería verdad, si ellos se conocen cuando ellos estén despiertos.
Nudo: Los personajes saben que cuando se despierten, ellos nunca se conoceran. Esto es porque el hombre no puede recordar sus sueños en la mañana. También, la mujer no sabe si el hombre existe en la vida real o solamente en sus sueños. Por eso, ellos quieren usar todo el tiempo en su sueño para poder conectarse.
Clímax: Sin embargo, hay un problema. Ellos estan asustados de tocara la otra persona, porque creen que si tienen contacto físico, se podrían despertar. Este miedo forma otro tema en el cuento, el tema de aislamiento. Los personajes desesperadamente quieren tener una relación porque parecen que en sus vidas reales, son solos. Aunque los personajes no se tocan, ellos pueden sentir otras cosas. Hay una lampara que es una fuente del calor para la mujer. Esta lampara es un símbolo en el cuento. Ellos sienten el calory este representa las emociones que ellos tienen. El calor es su pasión. El espejo también es un símbolo. La mujer mira en el espejo durante casi todo el cuento. El hombre mira fijamente a la pared. Sin embargo, el hombre sabe que la mujer lo esta mirando. Esto significa que ellos no necesitan tocarse para tener una conexión.
Desenlace: Esto significa que ellos no necesitan tocarse para tener una conexión.
Tipo de narrador: primera persona central
Clasificación de los personajes:
Protagonistas-
El y Ella Los nombres de los dos personajes nunca son mencionados.
Espacio: En sus sueños
Tiempo: noche a noche, cada vez que ellos duermen
Ambiente: A partir de que ellos se sueñan y sienten su conexión sin tener contacto físico.
Lenguaje: Común
Nivel del contenido: Social
Corriente literaria: Romanticismo y Naturalismo
Opinión personal: Es un cuento sobre la tragedia de la soledad. Los personajes quieren estar juntos, sin embargo, no se saben si este sentimiento sea verdad si ellos se conocieron cuando ellos estuvieron despiertos. Marquez muestra que la distancia y la separación son unas partes necesarias del deseo. Los sueños de muchas personas son lugares donde sus pasiones y sus deseos del subconsciente pueden suceder. Sin embargo, en este cuento, los personajes los relacionan con la soledad.





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