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4 poetas, 4 filosofos; sus obras - jaime sabines gutierrez

4 POETAS, 4 FILOSOFOS; SUS OBRAS.

POETAS.
1. JAIME SABINES GUTIERREZ
I) “DESPIERTA, ESTÁS MURIENDO”
LA TOVARICH
1
Es mi cuarto, mi noche, mi cigarro.
Hora de Dios creciente.
Obscuro hueco aquí bajo mis manos.
Invento mi cuerpo, tiempo,
y ruinas de mi voz en mi garganta.

Apagado silencio.
He aquí que me desnudo para habitar mi muerte.
Sombras en llamas hay bajo mis párpados.
Penetro en la oquedad sin palabra posible,
en esa inimaginable orfandad de la luz
donde todo es intento, aproximado afán y cercanía.
Margie (Maryi) se llama.
Estaba yo con Dios desde el principio.
El puso en mi corazón imposibles imágenes


y una gran libertad desconocida.

Voces llenas de ojos en el aire
corren la obscuridad, muros transitan.

(Lamento abandonado en la banqueta.
Un grito, a las once, buscando un policía.)
En el cuarto vecino dos amantes se matan. Y música a pedradas quiebra cristales,
rompe mujeres encintas.

En paz sereno,
fumo mi nombre, recuerdo.
Porque caí, como una piedra en el agua,
o una hoja en el agua,
o un suspiro en el agua.
Caí como un ojo en una lágrima.
Y me sentí varón para toda humedad,
suave en cualquier ternura,
lento en todo callar.

Fui el primero Hhasta el últimoH
en ser amor y olvido,
ni amor ni olvido.
(Porque soles opuestos
Siempre el mismo ydistinto.
Igual que sangre en círculo. al corazón, igual.)
El porvenir que cae me filtra hasta perderse.
Yo soy: ahora, aquí, siempre y jamás.
Un barranco y un ave.
(Dos alas caminan en el aire
y en medio un madrigal.)
Un barranco.
(Ya no lo dijo. Calló, de pronto,
hoscamente, para callar.)
Un
(quién sabe. Yo).
Cualquier cosa que se diga es verdad.



Antes de mi suicidio estuve en un panal.
(Rosa HMaryiH que ya rosal,
cualquier muerte es mortal.)

Ahora voy a llorar.

II) “NO ES QUE MUERA DE AMOR”
No es que muera de amor, muero de ti. 
Muero de ti, amor, de amor de ti, 
de urgencia mía de mi piel de ti, 
de mi alma, de ti y de mi boca 
y del insoportable que yo soy sin ti. 

Muero de ti y de mi, muero de ambos, 
de nosotros, de ese
desgarrado, partido, 
me muero, te muero, lo morimos. 

Morimos en mi cuarto en que estoy solo, 
en mi cama en que faltas, 
en la calle donde mi brazo va vacío, 
en el cine y los parques, los tranvías, 
los lugares donde mi hombro 
acostumbra tu cabeza 
y mi mano tu mano 
y todo yo te sé como yo mismo. 

Morimos en el sitio que le he prestado al aire 
para que estés fuera de mí, 
y en el lugar en que el aire se acaba 
cuando te echo mi piel encima 
y nos conocemos en nosotros, 
separados del mundo, dichosa, penetrada, 
y cierto , interminable. 

Morimos,lo sabemos, lo ignoran, nos morimos 
entre los dos, ahora, separados, 
del uno al otro, diariamente, 
cayéndonos en múltiples estatuas, 
en gestos que no vemos, 
en nuestras manos que nos necesitan. 

Nos morimos, amor, muero en tu vientre 
que no muerdo ni beso, 
en tus muslos dulcísimos y vivos, 
en tu carne sin fin, muero de máscaras, 
de triángulos oscuros e incesantes. 
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo, 
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos. 
En el pozo de amor a todas horas, 
inconsolable, a gritos, 
dentro de mi, quiero decir, te llamo, 
te llaman los que nacen, los que vienen 
de atrás, de ti, los que a ti llegan. 
Nos morimos, amor, y nada hacemos 
sino morirnos más, hora tras hora, 
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

2. MANUEL ACUÑA
I) “A LA PATRIA”
Composición recitada por una niña en Tacubaya de los Mártires, el 11 de septiembre de 1873.


Ante el recuerdo bendito
de aquella noche sagrada
en que la patria alherrojada
rompió al fin su esclavitud;
ante la dulce memoria
de aquella hora y de aquel día,
yo siento que en el alma mía
canta algo como un laúd.

Yo siento que brota en flores
el huerto de mi ternura,
que tiembla entre su espesura
la estrofa de una canción;
y al sonoroso y ardiente
murmurar de cada nota,
siendo algo grande que brota
dentro de mi corazón.

tBendita nochede gloria
que así mi espíritu agitas,
bendita entre benditas
noche de la libertad!
Hora del triunfo en que el pueblo
vio al fin en su omnipotencia,
al sol de la independencia
rompiendo la oscuridad.

Yo te amo y al acercarme
ante este altar de victoria
donde la patria y la historia
contemplan nuestro placer,
yo vengo a unir al tributo
que en darte el pueblo se afana
mi canto de mexicana,
mi corazón de mujer.
II) “ANTE UN CADAVER”
tY bien! Aquí estás ya, sobre la plancha
donde el gran horizonte de la ciencia
la extensión de sus límites ensancha.


Aquí, donde la rígida experiencia
viene a dictar las leyes superiores
a que está sometida la existencia.


Aquí, donde derrama sus fulgores
ese astro a cuya luz desaparece
la distinción de esclavos y señores.

Aquí, donde la fábula enmudece
y la voz de los hechos se levanta
y la superstición se desvanece.


Aquí, donde la ciencia se adelanta
a leer la solución de ese problema
que solo al anunciarse nos espanta.

Ella, que tiene la razón por lema,


y que en tus labios escuchar ansía
la augusta voz de la verdad suprema.

Aquí está ya tras de la lucha impía
en que romper al cabo conseguiste
la cárcel que al dolor te retenía.

La luz de tus pupilas ya no existe,
tu máquina vital descansa inerte
y a cumplir con su objeto se resiste.

tMiseria ynada más!, dirán al verte
los que creen que el imperio de la vida
acaba donde empieza el de la muerte.

Y suponiendo tu misión cumplida
se acercarán a ti, y en su mirada
te mandarán la eterna despedida.

tPero no!, tu misión no está acabada,
que ni es la nada el punto en que nacemos,
ni el punto en que morimos es la nada.

Círculo es la existencia, y mal hacemos
cuando al querer medirla le asignamos
la cuna y el sepulcro por extremos.


La madre es solo el molde en que tomamos
nuestra forma, la forma pasajera
con que la ingrata vida atravesamos.

Pero ni es esa forma la primera
que nuestro ser reviste, ni tampoco
será su última forma cuando muera.

Tú sin aliento ya, dentro de poco
volverás a la tierra y a su seno
que es de la vida universal el foco.


Y allí, a la vida, en apariencia ajeno,
el poder de la lluvia y del verano
fecundará de gérmenes tu cieno.

Y al ascender de la raíz al grano,
irás del vergel a ser testigo
en el laboratorio soberano.

Tal vez para volver cambiado en trigo
al triste hogar, donde la triste esposa,
sin encontrar un pan sueña contigo.

En tanto que las grietas de tu fosa
verán alzarse de su fondo abierto
la larva convertida en mariposa,

que en los ensayos de su vuelo incierto
irá al lecho infeliz de tus amores
a llevarle tus ósculos de muerto.

Y en medio deesos cambios interiores
tu cráneo, lleno de una nueva vida,
en vez de pensamientos dará flores,

en cuyo cáliz brillará escondida
la lágrima tal vez con que tu amada
acompañó el adiós de tu partida.

La tumba es el final de la jornada,
porque en la tumba es donde queda muerta
la llama en nuestro espíritu encerrada.

Pero en esa mansión a cuya puerta
se extingue nuestro aliento, hay otro aliento
que de nuevo a la vida nos despierta.


Allí acaban la fuerza y el talento,
allí acaban los goces y los males
allí acaban la fe y el sentimiento.

Allí acaban los lazos terrenales,
y mezclados el sabio y el idiota
se hunden en la región de los iguales.

Pero allí donde el ánimo se agota
y perece la máquina, allí mismo
el ser que muere es otro ser que brota.


El poderoso y fecundante abismo
del antiguo organismo se apodera
y forma y hace de él otro organismo.

Abandona a la historia justiciera
un nombre sin cuidarse, indiferente,
de que ese nombre se eternice o muera.

Él recoge la masa únicamente,
y cambiando las formas y el objeto
se encarga de que viva eternamente.

La tumba sólo guarda un esqueleto
más la vida en su bóveda mortuoria
prosigue alimentándose en secreto.

Que al fin de esta existencia transitoria
a la que tanto nuestro afán se adhiere,
la materia, inmortal como la gloria,
cambia deformas; pero nunca muere.
3. OCTAVIO PAZ
I) “ENTRE IRSE Y QUEDARSE”
Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.


Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.


La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.


II) “BAJO TU CLARA SOMBRA”
Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo 
un cuerpo como día derramado 
y noche devorada; 
la luz de unos cabellos 
que no apaciguan nunca 
la sombra de mi tacto; 
una garganta, un vientre que amanece 
como el mar que se enciende 
cuando toca la frente de la aurora; 
unos tobillos, puentes del verano; 
unos muslos nocturnos que se hunden 
en la música verde de la tarde; 
un pecho que se alza 
y arrasa las espumas; 
un cuello, sólo un cuello, 
unas manos tan sólo, 
unas palabras lentas que descienden 
como arena caída en otra arena. 

Esto que se me escapa, 
agua y delicia obscura, 
mar naciendo o muriendo; 
estos labios y dientes, estos ojos hambrientos, 
me desnudan de mí 
y su furiosa gracia me levanta 
hasta los quietos cielos 
donde vibra el instante; 
la cima de los besos, 
la plenitud del mundo y de sus formas.


4. AMADO NERVO
I) ME BESABA MUCHO
Me besaba mucho, como si temiera 
irse muy temprano Su cariño era 
inquieto, nervioso.
Yo no comprendía 
tan febril premura. Mi intención grosera 
nunca vio muy lejos 
tElla presentía! 
Ella presentía que era corto el plazo, 
que la vela herida por el latigazo 
del viento, aguardaba ya, y en su ansiedad 
quería dejarme su alma en cada abrazo, 
poner en sus besos una eternidad.

II) EL PRIMER BESO
Yo ya me despedía. y palpitante 
cerca mi labio de tus labios rojos, 
«Hasta mañana», susurraste; 
yo te miré a los ojos un instante 
y tú cerraste sin pensar los ojos 
y te di el primer beso: alcé la frente 
iluminado por mi dicha cierta. 

Salí a la calle alborozadamente 
mientras tu te asomabas a la puerta 
mirándome encendida y sonriente. 
Volví la cara en dulce arrobamiento, 
y sin dejarte de mirar siquiera, 
salté a un tranvía en raudo movimiento; 
y me quedé mirándote un momento 
y sonriendo con el alma entera, 
y aún más te sonreí Y en el tranvía 
a un ansioso, sarcástico y curioso, 
que nos miró a los dos con ironía, 
le dije poniéndome dichoso: 
-«Perdóneme,Señor esta alegría.»

1. TALES DE MILETO
Simplicio escribió: 'Se dice de Tales que no dejó nada escrito, excepto la llamada Astrología náutica (Ναυτιχás†ς αστρολογI¯ας)'.6 Sin embargo, Diógenes Laercio escribe: 'Según algunos, nada dejó escrito; pues la Astrología náutica que se le atribuye dicen es de Foco Samio () Pero, según otros, escribió dos obras: Sobre el solsticio y Sobre el equinoccio.'7 Así, son tres las líneas de opinión: que sólo escribió la Astrología, que sólo escribió Sobre el solsticio y Sobre el equinoccio y que no escribió nada. De cualquier manera, lo cierto es que, de haber escrito algo, sus escritos se perdieron pronto, y, respecto de las pocas fuentes que citan presuntos dichos de Tales, no puede determinarse con certeza si tales fuentes tenían en sus manos o bien escritos de Tales o bien fuentes secundarias o si sólo repetían tradiciones orales.

2. PLATON


Segundo Hipias o de la mentira
 
 
El segundo Alcibíades o de la oración

 
Teages o de la ciencia
 
 
Hiparco o del amor a la ganancia
 
 
Los rivales o de la filosofía
 
 
Timeo de Locres, del alma del mundo

 
Epinomis o el filósofo
 
 
Minos
 
 
Clitofon

 
Axioco
 
 
De lo justo
 
 
De la virtud
 
 
Erixias
 
 
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3. PÁRMENIDESParménides escribió un Poema en hexámetros al estilo homérico, del que quedan 156 versos, recogidos en obras de autores posteriores, como Sexto Empírico, Simplicio o Clemente de Alejandría. 
Los fragmentos conservados del poema permiten deducir que constaba de tres partes: una introducción, o proemio, de carácter religioso y alegórico; una sección, llamada «vía de la verdad», donde se expone la doctrina de la realidad, del ente único e inmóvil; y una tercera parte, llamada «vía de la opinión», que ofrece una cosmología de tipo tradicional, donde se narra el origen y constitución del universo, y las variables opiniones de los mortales. 
La introducción del poema describe el viaje del poeta-filósofo, montado en un carro tirado por yeguas y escoltado por las «hijas del sol», hasta llegar en presencia de una diosa, que le mostrará el camino de la Verdad, lo que constituye la segunda parte del poema. 
Este camino, que sólo se puede recorrer con la razón, presenta los postulados básicos de la verdad, «el imperturbable corazón de la Verdad bien redonda», como dice el poema, que se pueden resumir en estos puntos: 
- No hay más que un sólo ser. 
- El ser es eterno 
- El ser no tiene principio ni fin. 
- El ser es inmóvil. 
- El ser y el pensar es lo mismo. 
Por el camino de la verdad transitan sólo los inmortales y los filósofos; el restode los mortales deben contentarse con el camino de la opinión o de las apariencias, dominado por la ilusión. En este mundo de la ilusión y de la apariencia se encuentran los fenómenos naturales y, por tanto, las explicaciones cosmológicas. Pero éstas, según Parménides, no constituyen parte de la verdad, sino simples opiniones de los hombres, basadas en los datos de los sentidos. 


4. ANAXIMANDRO

Suidas atribuye a Anaximandro la autoría de cuatro libros: Sobre la naturaleza, Perímetro de la tierra, Sobre las estrellas fijas y una Esfera celeste. La denominación Sobre la naturaleza (Perì fúsewV) era la titulación clásica que tendía a conferirse a los escritos de todos aquellos que Aristóteles denominó fusikoí, es decir a casi todos los presocráticos. Posiblemente el libro de Anaximandro no tenía título y los títulos de Suidas serían simplemente capítulos de un libro fundamental. Lo que sí parece cierto, a partir de los fragmentos subsistentes y de los testimonios (Temistio, Orat. 36 p. 317), que Anaximandro fue el primero de quien tenemos noticia que escribió un libro en prosa (lógon suggegramménon). La importancia del escrito en prosa reside en que Anaximandro, como filósofo que continúa la tradición de Tales, inaugura un género literario nuevo, distinto del verso utilizado por la tradición de los poetas y educadores. 





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