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El encuentro con el otro




1. Tomando en cuenta la información obtenida en la entrevista, elabora una reflexión de cuatro parrafos sobre el tema del reconocimiento del otro y la responsabilidad, haciendo uso de los textos de Kapuscinski, León y Merino.
2. Debes poner por lo menos dos citas de cada autor trabajado en la primera parte del curso.
3. Este trabajo sera entregado la semana 4, tanto la parte grupal como la individual. La parte individual tendra un mínimo de 2 paginas y un maximo de 3.

Presenta un breve resumen de la información obtenida en las entrevistas, mencionando alcances y consecuencias de las posibles actitudes adoptadas por los entrevistados.


Utiliza los conceptos trabajados en el curso sobre el tema de manera pertinente.

Se evidencia una comprensión integral del tema y su conexión con los contenidos de la entrevista y la experiencia de entrevistar.

Cita por lo menos tres ideas centrales de los textos de Kapuscinski y León. ( consignar el autor, la obra y el número de pagina)
Presenta un breve resumen de lainformación obtenida en las entrevistas, mencionando alcances y consecuencias de las posibles actitudes adoptadas por los entrevistados.
Utiliza los conceptos trabajados en el curso sobre el tema de manera pertinente.

Se evidencia una comprensión integral del tema y su conexión con los contenidos de la entrevista y la experiencia de entrevistar.

Cita por lo menos tres ideas centrales de los textos de Kapuscinski y León. ( consignar el autor, la obra y el número de pagina)
Utiliza los conceptos trabajados en el curso sobre el tema de manera pertinente.

Se evidencia una comprensión integral del tema y su conexión con los contenidos de la entrevista y la experiencia de entrevistar.

Cita por lo menos dos ideas centrales dl texto de Merino. ( consignar el autor, la obra y el número de pagina)

Unos años más tarde se sorprendió a un viejo y encantador habitual del departamento de moluscos («un caballero muy distinguido», me dijeron), introduciendo valiosas conchas marinas en las patas huecas de su andador. -No creo que haya nada aquí que no codicie alguien en algún sitio-me explicó Richard Fortey con aire pensativo, mientras me guiaba por ese mundo seductor que es la parte oculta del museo.

Recorrimos muchos departamentos, donde había gente sentada a grandes mesas haciendo tareas de investigación que exigían intensa concentración con artrópodos, hojas de palma y cajas de huesos amarillentos. Había por todas partes un ambiente de meticulosidad pausada, de gente consagrada a una tarea gigante que nunca podía llegar a terminarse y en la que tampoco había que precipitarse. Yo había leído que el museo había publicado en 1967 su informe sobre la expedición de John Murray, una investigación que se había hecho en el océano Índico, cuarenta y cinco años después de que la expedición hubiese concluido. Se trata de un mundo en el que las cosas se mueven a su propio ritmo, incluido un pequeño ascensor que Fortey y yo compartimos con un anciano con aspecto de científico, con el que Fortey charló cordial y familiarmente mientras subíamos a una velocidad parecida a la de los sedimentos cuando se asientan.

Después de que el hombre se fue, Fortey me dijo: Es un tipo muy agradable que se llama Norman y que se ha pasado cuarenta y dos años estudiando una especie vegetal, el hipericón. Se jubiló en 1989, pero sigue viniendo todas las semanas.

sCómo puedes pasarte cuarenta y dos años con una especie vegetal? -pregunté.

Es tremendo, sverdad? -coincidió Fortey; se quedó un momento pensando y añadió-: Parece ser que es una persona muy concienzuda.

La puerta delascensor se abrió revelando una salida tapiada con ladrillos. Fortey pareció sorprenderse: -Qué raro -dijo-. Ahí detrás era donde estaba Botánica… Pulsó el botón de otro piso y acabamos encontrando el camino que nos llevaría a Botánica, a través de unas escaleras que había al fondo y de un discreto recorrido por más departamentos donde había investigadores trabajando amorosamente con objetos que, en otros tiempos, habían estado vivos. Y así fue como fui presentado a Len Ellis y al silencioso mundo de los briofitos… musgos para el resto de nosotros.

Cuando Emerson comentó poéticamente que los musgos prefieren el lado norte de los árboles («El musgo sobre la corteza del bosque era la Estrella Polar en las noches oscuras») se refería en realidad a los líquenes, ya que en el siglo XIX no se distinguía entre unos y otros. A los auténticos musgos no les importa crecer en un sitio u otro, así que no sirven como brújulas naturales. En realidad, los musgos no sirven para nada. «Puede que no haya ningún gran grupo de plantas que tenga tan pocos usos, comerciales o económicos, como los musgos», escribió Henry S. Conard, tal vez con una pizca de tristeza, en How to Know the Mosses and Liverworts [Cómo reconocer los musgos buenos para el hígado], publicado en 1956 y que aún se puede encontrar en muchas estanterías de bibliotecas como casi la única tentativa de popularizar el tema.

Son, sin embargo, prolíficos. Incluso prescindiendo de los líquenes, el reino de las briofitas es populoso, con más de10.000 especies distribuidas en unos 700 géneros. El grueso e imponente Moss of Britain and Ireland [Musgos de Inglaterra e Irlanda] de A. J. E. Smith tiene 700 páginas, e Inglaterra e Irlanda no son países que sobresalgan por sus musgos, ni mucho menos.

En los trópicos encuentras la variedad4 -me explicó Len Ellis.

Es un hombre enjuto y calmoso, que lleva veintisiete años en el Museo de Historia Natural y que es conservador del departamento desde 1990.

En un sitio como la selva tropical de Malasia, puedes salir y encontrar nuevas variedades con relativa facilidad. Yo mismo lo hice hace poco.

Bajé la vista y había una especie que nunca había sido registrada. -sAsí que no sabemos cuántas especies hay aún por descubrir? -Oh, no. Ni idea.

Puede que te parezca increíble que haya tanta gente en el Por cada 4 errores ortograficos, se descontaran 0.5 puntos.


















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Diego André Aguirre Ortiz
2012 - 02


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