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La Edad Media: las bases de la expansión europea - la expansión europea cristiana



(c.450-c.1450)
2. Índice
3.1. El mundo antes del año mil: la divergencia oriental
3.1.1. Progreso y expansión musulmana
3.1.2. La China de los Tang (618-907)
3.1.3. La consolidación del feudalismo en Europa (siglos V-X)
3.2. La expansión tras el año mil. Siglos XI-XIII
3.2.1. La expansión europea cristiana. Rasgos principales
3.2.2. La repoblación en la Península Ibérica3.2.3. La expansión económica en China durante la dinastía Song (960-1279)
3.2.4. La construcción de una red mercantil integrada en el siglo XIII a escala mundial y el auge de los mongoles
3.3. Las condiciones de la crisis mundial del siglo XIV


3.3.1. La crisis bajomedieval en la Península Ibérica
4. Contenidos del tema
3. 1. El mundo antes del año mil. La divergencia oriental
La caída del Imperio romano en Occidente (476 aprox.) da paso a un largo periodo de estancamiento económico en Europa occidental, que coincide con una fase de transformaciones en distintas regiones del Viejo Mundo eurasiático, donde se observa el surgimiento y auge de la civilización musulmana, que se convierte en el pivote de la conexión con Oriente. Mientras que en Europa el establecimiento de reinos independientes, resultado de la simbiosis entre los habitantes del imperio y los inmigrantes germanos y godos, evoluciona lentamente hacia un espacio muy fragmentado y expuesto a nuevas invasiones, hacia Oriente se observa el primer impulso de la civilización musulmana, que se extiende por zonas de los tres continentes del Viejo Mundo. Más al Este, en China, se suceden las fases de crecimiento -dinastías Sui y Tang- con otras de inestabilidad. Hasta el año 1000, por tanto, el principal foco económico está en Asia y su influjo llega al Mediterráneo a través de los mercaderes y el desarrollo económico musulmán.
3.1.1 Progreso y expansión musulmana
Desde de mediados del siglo VII el hecho más destacable es la expansión y florecimiento de la civilización musulmana, que se extiende desde la península Arábigapor el este y el oeste, alcanzando a mediados del siglo VIII un territorio comprendido entre la ribera del Indo y las costas atlánticas de la península Ibérica (ver mapa 3.1). La población árabe, en principio tribus de pastores nómadas y comerciantes caravaneros con algunos focos de agricultura de oasis, se desplazó desde las zonas desérticas y esteparias, ocupando rápidamente las llanuras aluviales de Mesopotamia y Oriente Medio. Los musulmanes se mezclaron con los habitantes de las zonas conquistadas, que admitieron la conversión al Islam y asimilaron la lengua árabe. En un principio el mundo musulmán fue una entidad política unificada bajo los Omeyas (661-750), que gobernaron desde Damasco. Tras el año 750, una revuelta da el poder a Abbas ibn Abd al-Muttalib, iniciador de la dinastía abasí, que traslada su capital a Bagdad. Con esta dinastía se independizan algunas regiones, como al-Ándalus. La dinastía abasí dura hasta 1258, fecha de la toma de Bagdad por los mongoles.


Las bases agrarias de la economía musulmana descansaban en las fértiles llanuras aluviales del Tigris y Éufrates, así como en las del valle del Nilo, que eran los principales graneros de la región. Extendieron por el Mediterráneo las técnicas de la agricultura de irrigación, a la que fueron incorporando productos procedentes de Oriente. La posición intermedia de la civilización musulmana permitió incorporar cereales como el arroz desde Asia oriental o el sorgo desde África, y también hortalizas y frutales (alcachofas, sandías, cítricos), así como otros cultivos como la caña de azúcar o el algodón. El otro pilarde la economía era en muchas regiones el pastoreo, fundamentalmente de ganado ovino aunque también se extendieron los rebaños de cabras, vacuno, equinos y camellos. El desarrollo agrario se basó en la cuidada selección de semillas, la rotación de cultivos y el aprovechamiento del agua a través de una sofisticada tecnología de regadío que se basaba en norias y canalizaciones (acequias). El mundo musulmán destacó en ciencias como la botánica y la agronomía.
La mano de obra incluía una amplia población rural campesina, aunque es de destacar el importante peso de la esclavitud, sobre todo en las regiones de cultivo intensivo, pero también como parte del servicio doméstico de personas acaudaladas, en el ejército y en la administración. La esclavitud fue un negocio comercial lucrativo que conectó diferentes rutas con Europa y África, de donde procedían la mayor parte. Se calcula que en el periodo 900­1100 se exportaron por la ruta que atravesaba el desierto del Sahara casi 1,8 millones de esclavos, además del tráfico que se establecía desde África oriental por el océano Índico.
El desarrollo agrario y ganadero permitió la especialización artesanal y la emergencia de una civilización urbana con los más importantes centros urbanos de la época tales como Damasco, Bagdad, El Cairo, Alejandría o Córdoba, cuyas poblaciones se contaban por decenas de millares. Los trabajos en el textil, donde utilizan lana, lino, algodón y seda (mapa 3.2); el cuero, los metales y la construcción alcanzaron elevados grados de calidad. Incorporaron importantes innovaciones en sectores industriales, como lafabricación de papel, vidrio o la textil sedera.
Las rutas comerciales se extendieron tanto por vía terrestre como marítima. Los comerciantes árabes basaban el tráfico en caravanas, enlazando mediante puestos intermedios regiones muy alejadas que iban desde las costas atlánticas de Marruecos y los pasos en Asia Central que se dirigían a China, como el caso de la ruta de la seda. En el tráfico marítimo los navegantes árabes se hacen dueños de la navegación en el Mediterráneo y junto con marinos persas surcan el océano Índico, adecuándose a los ritmos estacionales de los monzones y estableciendo numerosos enclaves comerciales y zonas de influencia desde el mar Rojo y el golfo Pérsico (Adén, Omán, Basra, Ormuz) hasta el estrecho de Malaca, pasando por la India. Incluso desde el siglo VIII, los navíos árabes tenían contacto directo con Cantón, donde se aprovisionaban de las sedas y otras mercancías chinas.
La base de ingresos del califato musulmán quedó en principio asociada al botín de las conquistas, extraído de los tesoros bizantinos, sasánidas y de las tumbas del Egipto faraónico, así como al sistema tributario ejercido sobre la población, discriminando a los fieles musulmanes del resto que tenía otras creencias religiosas, sometido a un régimen tributario más oneroso. Así se desarrolló una próspera economía monetaria, sobre la base de un sistema bimetálico -dinar de oro y dirham de plata- con la aplicación de técnicas de crédito y préstamo, el uso de letras de cambio junto con el desarrollo de contabilidad, con libros de partida doble, y actividades comerciales a larga distancia,que mantenían abastecidos los canales de provisión de metales preciosos
El desarrollo económico fue acompañado del florecimiento cultural, donde la recepción del conocimiento desde Oriente se combinó con el legado cultural grecorromano, difundiendo conocimientos técnicos y científicos.
En la Península Ibérica la presencia musulmana se mantiene durante casi ocho siglos (711-1492) como se verá más adelante. Son los territorios de al- Ándalus, que cobraron un periodo de auge sobre todo entre el siglo VIII y el XI, cuando dominan la mayor parte de la península. El emirato de Córdoba (750­929), que se funda con Abderramán I logrando la autonomía del califato de Bagdad y posteriormente con Abderramán III (929-1031) se funda el califato de Córdoba, hasta el siglo XI en que se desintegra, estableciéndose los reinos de taifas. Estos dos siglos consolidan la fase de crecimiento económico de al- Ándalus, con el desarrollo de una economía agraria basada en la conjunción del secano y el regadío, el cultivo de cereales y productos hortofrutícolas, así como la crianza de ganado y la pesca de almadraba. La mercantilización de la agricultura se realiza a través de una densa red de mercados urbanos, donde se concentra la artesanía y se desarrolla la economía monetaria. Las principales ciudades son Córdoba, la capital, Sevilla, Toledo y Granada, aunque destacan otras en el litoral, como Valencia. El comercio se extiende por el interior, la costa mediterránea y el norte de África. El auge musulmán en al-Ándalus se comprueba también con el gran desarrollo de la cultura y las ciencias, donde sobresalenla astronomía, la medicina y la filosofía.


3.1.2 La China de los Tang (618-907)
La dinastía Tang sucede a la breve dinastía Sui (580-618), que había unificado el territorio chino tras siglos de división. La población china osciló durante este periodo entre los 50 y 60 millones de personas. Aunque todavía su área de mayor densidad era la zona septentrional, en torno al río Huang-ho, donde los principales cultivos son el trigo y el mijo, durante el siglo VII se produce un cambio de tendencia a favor de la zona sur, con el crecimiento del papel de la agricultura del arroz en la cuenca del Yang-tzé. Las comunicaciones con el norte y el transporte de mercancías se facilitan a través del Gran Canal, construido entre los años 587 y 608, y ampliados durante esta dinastía, que enlaza las cuencas del Yang-tze y Wei con el Huang-ho, formando una serie de vías navegables que tienen más de 1.500 Km. de longitud. Estas vías están jalonadas por caminos de postas y almacenes de grano, con el fin de garantizar la provisión de las capitales del norte, Chang'an y Luoyang. Las infraestructuras permitieron el desarrollo económico durante los siglos VIII y IX a pesar de las fases de inestabilidad política y aceleraron los intercambios y el comercio entre el norte y el sur. El comercio internacional se desplegó tanto por la ruta terrestre como por un intenso tráfico marítimo que se estableció enlazando las costas del mar de China con el océano Índico hasta el golfo Pérsico y África oriental.
3.1.3 El desarrollo en Europa entre los siglos V y X
El sistema político romano en el Occidente europeo fuesustituido por reinos conformados por los pueblos bárbaros invasores de cada territorio, visigodos en España, francos en Francia, ostrogodos en Italia o anglos y sajones en Gran Bretaña, que aglutinaron tanto a los recién llegados como a la población establecida con anterioridad, que era mayoritaria. El poder descansaba en el apoyo de una casta de guerreros que elegía al rey en asambleas. Su autoridad, por tanto, quedaba diluidas y los reinos carecían de un auténtico poder centralizado. A esta situación de fragmentación política se añadía el clima de inseguridad, con la sucesión de invasiones desde el sur (musulmanes), el norte (vikingos) y el este entre los siglos VIII y X que debilitaron aún más las posibilidades de recuperación. La herencia cultural quedó en poder de la Iglesia, compuesta por un grupo privilegiado que mantenía la autoridad moral y una importante base económica.
En este contexto, y con la herencia de la crisis del imperio romano, tiene su fase de formación el sistema feudal (feudalismo), que caracteriza la evolución económica del occidente europeo durante este periodo y algunos de sus rasgos se prolongarán hasta el siglo XVIII. Dichos rasgos se resumen en:
1. La descentralización del poder político.
2. La conformación de un sistema social basado en relaciones personales de dependencia y estructurado en tres grupos sociales: la nobleza, cuya función es la guerra, la protección y la capacidad de impartir justicia; la iglesia, con la misión de salvación de las almas, y los campesinos, con la función de promover la subsistencia y la producción de bienes para toda lapoblación. El sistema social así dispuesto contaba con un aparato jurídico que diferenciaba a los distintos estamentos según su status, estableciéndose un sistema de privilegios para los grupos dominantes y un sector mayoritario sin privilegios.
3. El peso abrumador de la agricultura como principal actividad productiva.
La escasez de intercambios y la práctica desaparición de la vida urbana redujeron la actividad económica a una agricultura de subsistencia llevada a cabo por las distintas comunidades agrarias distribuidas en pequeñas aldeas, en el marco de una gran explotación, el señorío, donde la mano de obra campesina desarrollaba las tareas productivas bajo un estatus mayoritariamente servil que le vinculaba a la tierra que trabajaba.
Un señorío tipo, sin que el modelo fuera exactamente igual en todas las regiones, se componía de los siguientes elementos (figura 3.1.):
a. una reserva señorial, compuesta por la mansión señorial (curtis), donde trabajaban algunos esclavos o siervos para labores de servicio doméstico; tierras de labranza, trabajadas por los siervos a través de prestaciones en trabajo (corveas, jornadas que los siervos debían realizar forzosamente en las tierras del señor). y diversas instalaciones, como molinos, forjas, hornos, etc., que utilizaban los siervos pagando tributos por su uso.
b. mansos, o parcelas que cultivan los siervos del señorío para el sostenimiento de sus familias y el pago de rentas al señor.
c. las zonas de aprovechamiento comunal, que eran espacios de pasto y monte reservados para la recogida de frutos, el pastoreo, provisión de leñay otros usos regulados por el señor, que imponía a veces derechos a sus siervos por la utilización.
En un principio el pago de los derechos de servidumbre de los
campesinos al señor se realizaba en servicios en trabajo y/o en especie con una parte del producto recogido (grano, frutos estacionales, crías de animales, gallinas, etc.). La práctica ausencia de mercados hacía inviable la economía monetaria y por tanto el intercambio se hacía en ocasiones a través del trueque.
La consolidación del feudalismo se produjo a la vez que se extendían las prácticas agrarias diferenciadas entre las dos grandes regiones que componen Europa occidental, la zona noratlántica y la más próxima al Mediterráneo. La agricultura de la Europa del área mediterránea continuó con las prácticas heredadas de la antigüedad clásica, con los cereales, la vid y el olivo como principales cultivos, así como el pastoreo de ganado ovino y cabrío. Para el laboreo de los campos se utilizaba un tipo de arado ligero que rozaba la parte superior del terreno (figura 3.2.), ayudado por una yunta de bueyes siguiendo el sistema de rotación bienal ('año y vez”). La rotación bienal tiene como finalidad permitir la regeneración de los elementos nutrientes del suelo, ante la escasez de abono y de humedad. Para ello cada año se dejaba en reposo o barbecho la mitad del suelo cultivable.
Los suelos más pesados de la Europa atlántica y central, por sus abundantes precipitaciones, requerían otro tipo de aperos. Durante los primeros siglos de la Edad Media se fue extendiendo la utilización del llamado arado pesado o “carruca” (figura3.2). Apareció en las tierras eslavas de la vertiente norte del Danubio y desde aquí se incorporó al Oeste. El arado pesado iba montado sobre un bastidor con ruedas y permitía remover la tierra en profundidad. El nuevo tipo de arado también produjo una modificación en la morfología de los campos de cultivo. La estructura cuadrangular y los surcos cruzados dieron paso a campos alargados con surcos en paralelo y trazados siguiendo la pendiente natural del suelo de tal forma que se facilitaba el drenaje del exceso de humedad producido por las abundantes precipitaciones.
El clima de la Europa atlántica hizo posible la introducción de un nuevo sistema de rotación de cultivos más eficiente, la rotación trienal (figura 3.3). Los campos cultivables eran divididos en tres sectores u 'hojas”. El primero se sembraba en otoño con cereal de ciclo largo (trigo, centeno). Una segunda hoja era sembrada en primavera, con cereales de ciclo corto, o leguminosas, y finalmente, la tercera se dejaba en barbecho o reposo. Este nuevo sistema al reducir de la mitad a un tercio el barbecho (tierra que permanecía sin cultivar) permitió diversificar la alimentación humana introduciendo legumbres y otros cultivos.
Los sistemas de rotación imponían ciertas formas de organización comunitaria de la producción. Una vez levantadas las cosechas se dejaba pastar a todos los ganados de la aldea en las tierras recién segadas, se aprovechaba tanto el 'rastrojo” (restos que quedaban en los campos tras la siega), como las hierbas que surgían espontáneamente en estas zonas a lo largo del período de reposo o barbecho. Deesta forma, al tiempo que se resolvía el problema de la alimentación del ganado se lograba el abonado natural de las tierras en reposo. Esto requería que los campos permaneciesen “abiertos”, sin cercados y que todos los campesinos respetasen el mismo sistema de rotación, de ahí que el término de la aldea quedaba dividido en hojas donde se concentraban las parcelas de cultivo por una parte y las de barbecho por otra, para facilitar el pastoreo.
También se produjeron Innovaciones para el mejor aprovechamiento de la fuerza motriz proporcionada por los animales. En este terreno destacan la herradura, la collera y el estribo. La introducción de la herradura con clavos permitió reducir el desgaste que sufrían los cascos. La collera al no oprimir el pescuezo del animal facilitaba un mejor aprovechamiento de su fuerza de tracción, que se ha estimado en un 80% (figura 3.4). Finalmente, el estribo al mejorar el apoyo del jinete le permitía desenvolverse mejor especialmente en el combate contra hombres a pie. Esto mejoró notablemente la superioridad de los hombres armados a caballo.
Estas innovaciones estaban ya plenamente extendidas en el siglo XI. Sus repercusiones se dejaron sentir además en la mejora del transporte terrestre mediante la utilización de caballerías y carros.
Mejoras en el aprovechamiento de la energía hidráulica. Las mejoras de los molinos impulsados por el agua tuvieron que ver con la introducción de ruedas de corriente alta en las que al dejar caer el agua desde cierta altura, la fuerza de la gravedad se sumaba a la fuerza de la corriente. Hubo también mejoras en losengranajes de las ruedas y la introducción de levas permitió transformar el movimiento circular en un movimiento alternativo, ampliando así las aplicaciones de la fuerza hidráulica. Hacia 1100 mediante la fuerza hidráulica se movían batanes, martinetes de fragua, fuelles, trituradoras de madera, aserraderos, etc.
En el ámbito del transporte marítimo las principales novedades además de las aportadas por los musulmanes fueron las introducidas por los vikingos, que construyeron embarcaciones dotadas de quillas y mástiles, aptas para largas travesías, si bien tenían una escasa capacidad de carga. Para usos comerciales fue la “Kogge” o “coca” derivada de las barcas celtas la que permitió transportar grandes cargamentos en las aguas del mar de Norte.
Como hemos comentado, durante este periodo (500-1000), la existencia de intercambios quedaba muy restringida a artículos muy concretos demandados por la gran aristocracia laica o eclesiástica, caso del incienso o de tejidos preciosos que se traían de Oriente, fundamentalmente a través de comunidades mercantiles judías o de algunos enclaves como Venecia, que tenía un puesto privilegiado como intermediario con el imperio bizantino y los musulmanes. En el norte, el comercio lo efectuaron frisones y también normandos, que establecieron rutas marítimas por el Atlántico hasta el Mediterráneo, y también terrestres a lo largo de la estepa rusa hacia Bizancio y Oriente medio. Los venecianos vendían pieles, armas y, sobre todo esclavos procedentes del norte y el Este de Europa, que servían para comprar los textiles y especias orientales, así comouna vía de acumulación de metales preciosos para construir más barcos e invertir en bienes suntuarios.
3. 2. La expansión tras el año mil. Siglos XI-XIII
A partir del año 1000 se observa por distintas zonas de África, Asia y Europa un movimiento sincrónico de crecimiento económico que se prolonga durante más de dos siglos y que tiene como primer factor dinámico un incremento notable de la población. Se calcula que entre el año 1000 y 1340 la población mundial aumentó en más de un 70% (tabla 3.1.). Europa fue una de las zonas con mayor crecimiento, superando el doble la cifra del año 1000. No obstante, la zona más poblada era Asia, donde China prácticamente alcanzó los 100 millones de habitantes y la India unos 75 millones.
3.2.1 La expansión europea cristiana. Rasgos principales
Europa pasa durante esta fase de unos 30 a unos 74 millones de personas. La desaparición de las oleadas de invasiones que habían salpicado distintas zonas durante el periodo anterior dio paso a una fase de estabilidad que redujo la mortalidad catastrófica. En un contexto de gran disponibilidad de tierra, el casamiento de la pareja se hacía a una edad temprana, lo que propiciaba un incremento del periodo fértil de la mujer para tener un mayor número de hijos. En los periodos de crecimiento de la producción agraria, el aumento de los recursos y la mejora de la alimentación aceleraban las tasas de crecimiento por la reducción de la mortalidad.
El resultado de este crecimiento se fue observando en el poblamiento más denso de los distintos territorios. Ello da lugar a una progresiva ocupación de nuevosterrenos, la desecación de zonas pantanosas, como en Flandes, y el desbroce de montes y terrenos baldíos, para acrecentar el espacio destinado a los cultivos. Los caballeros teutones hacia el este de Europa y la cuenca del Báltico repoblaron tierras con campesinos que llegaban de los Países Bajos o de distintas regiones alemanas occidentales. En el sur, concretamente en la Península Ibérica, a través de la progresiva repoblación de terrenos desocupados o ganados a los musulmanes, como veremos a continuación. Otra variante de expansión fuera de las fronteras fue la oleada de Cruzadas, que tenían como fin la ocupación de los Santos Lugares en Oriente Medio y que se produce entre fines del siglo XI y XIII. También los grandes monasterios, como los cistercienses, promueven una labor de colonización en territorios que se extienden desde la Península Ibérica a Polonia.
Esta gran ampliación de la superficie de terreno dispuesta para el cultivo provocó un gran aumento de la producción agraria y ganadera. La economía monetaria penetró en el medio rural, y las rentas pagadas por los campesinos a los señores fueron progresivamente establecidas en dinero, reduciéndose los pagos en especie y los servicios en trabajo.
Los excedentes obtenidos permitieron una progresiva reactivación de los intercambios, y al mismo tiempo una creciente especialización que facilitó el renacimiento urbano. Las ciudades reciben la población inmigrante procedente de los campos, concentran población no agraria y se especializan en la producción artesanal, que se escora hacia productos de más calidad demandados por losseñores o que aprovecha la concentración de la demanda que supone la población urbana.
Como prevé la ley de Engel (ver recuadro en tema 2), el principal sector artesanal era el textil, que se basaba en varias fibras: la lana de las ovejas y también el lino, una fibra originaria del Mediterráneo que se cultivaba en zonas húmedas. Otras fibras, traídas desde Oriente, fueron el algodón y la seda, producidas por los musulmanes en diferentes zonas del Mediterráneo. El proceso textil quedaba organizado en diferentes estadios entre el hilado de la fibra, el tejido y las operaciones de acabado, abatanado y teñido. Cada estadio lo realizaban artesanos diferentes y en talleres separados.
Otro importante sector era el metalúrgico, destinado principalmente al suministro de hierro, cobre, estaño, plata, etc. Las explotaciones mineras estaban diseminadas por muchas regiones, pero el mineral debía pasar por un proceso de refinado y preparación para la elaboración de útiles, objetos diversos o monedas, en forjas y talleres. El hierro era el mineral más demandado en cantidad y su utilización era múltiple, desde los usos agrícolas a los militares. Los principales yacimientos se encontraban en el centro de Europa y la zona de los Alpes, así como en Suecia, desde donde se distribuía a centros especializados como Milán.
Los artesanos se agrupan en corporaciones, los gremios, según el oficio que desempeñan. La producción de los talleres está dirigida por un maestro, del que dependen varios oficiales y aprendices. A través de los gremios, los maestros artesanos controlan la actividad fijando los precios yreglamentos sobre la calidad del producto. Así impiden la competencia interna y la intromisión de productos de otros lugares. El régimen gremial también marca las condiciones de la formación y promoción profesional, el paso de oficial, normalmente un asalariado, a maestro. Los gremios también tenían funciones de solidaridad entre sus miembros, que garantizaban la cohesión e influencia en la vida urbana.
El renacimiento de las ciudades, aunque fue general, se produjo con mayor ímpetu en dos regiones: Italia y los Países Bajos. Italia había sido durante el Imperio Romano el territorio más densamente urbanizado. Las grandes ciudades del Imperio no llegaron a desaparecer, si bien su actividad y su población se redujeron de forma notable. Tras la caída del Imperio, el Sur de la península italiana siguió vinculado políticamente al Imperio bizantino. Tras la conquista musulmana, dos ciudades, Venecia y Génova, tomaron el relevo del comercio con Oriente. En la llanura lombarda al Norte, Milán y en la región central de la Toscana, Pisa y Florencia se desarrollaron como importantes núcleos urbanos vinculados a la industria textil, la metalurgia y el comercio. Florencia desempeñó un papel central como centro pañero, que se dedicaba tanto a la elaboración de tejidos de lana, con materia prima importada del norte de África, y al acabado de los paños procedentes de los Países Bajos. Otra ciudad, Luca, se especializó como principal centro de tejidos de seda.
Los Países Bajos fueron el otro territorio en el que se desarrolló una red de ciudades. Los duques de Flandes a partir del siglo XI,establecieron en la encrucijadas de las principales rutas comerciales pequeñas fortalezas con guarniciones que prestaban seguridad y cobijo a los mercaderes. En torno a ellas fueron surgieron “burgos” donde los comerciantes hacían noche y que fueron el embrión de una serie de ciudades. El sufijo “burg” (incluido el de nuestra ciudad de Burgos) que aparece en el nombre de muchas ciudades europeas hace alusión a este origen.
Una agricultura muy productiva generó una diversificación y especialización que promovió centros artesanales orientados al textil y otros oficios. Los tejidos flamencos, elaborados con lana inglesa, adquirieron un gran prestigio en los mercados exteriores, destacando los denominados paños gruesos, muy tupidos. Sobresalen Brujas, Gante e Ypres, desde donde se extienden posteriormente a las regiones limítrofes de Brabante y Hainaut.
Esta expansión urbana y artesanal, con el establecimiento de mercados regionales, tuvieron su enlace hacia el comercio a larga distancia, que comunicó dos importantes polos internacionales de intercambio. Uno situado en el norte de Europa, caracterizado por el tráfico de productos voluminosos, donde confluían la lana inglesa, materia prima esencial para las ciudades flamencas productoras de paños de alta calidad, la sal del golfo de Vizcaya, los cereales madera, pieles y los salazones del Báltico y del mar del Norte, junto con los productos metalúrgicos de las ciudades alemanas. El segundo foco estaba centrado la zona sur, en la cuenca mediterránea, destacando las ciudades italianas. Los principales centros comerciales fueron Venecia yGénova, privilegiados en el comercio con Oriente que distribuían textiles, especias y otros productos de alto valor hacia el norte, aunque también comerciaban con productos muy diversos, como lana, sal, cereales o esclavos por todo el Mediterráneo.
Por toda Europa se extendieron ferias especializadas, aunque las que cobraron más fama fueron las de las localidades de Troyes, Provins, Bar-sur Aube y Lagny, en la región de Champaña (Champagne), situadas en la ruta entre Flandes y el norte de Italia, a las que los señores de la región dotaron de diversos privilegios de seguridad y exenciones fiscales para estimular la concentración de comerciantes, convirtiéndose en los principales centros europeos de contratación durante los siglos XII y XIII (mapa 3.4). En estas ferias, escalonadas a lo largo del año, se realizaban los intercambios y también se efectuaban operaciones de cambio de moneda y la negociación de letras de cambio. La introducción de la letra de cambio reducía los inconvenientes del transporte de moneda y permitía compensar los saldos del comercio, al tiempo que suponía una vía de crédito que salvaba las limitaciones de la legislación canónica, muy restrictiva hacia la usura. Desde la segunda mitad del siglo XIII la apertura del estrecho de Gibraltar y la posibilidad de comunicación directa por vía marítima entre Italia y el Atlántico norte, junto con la competencia creciente de París, provocan la decadencia de las ferias de Champagne.
Por otra parte, desde fines del siglo XIII cobra auge un circuito comercial en el mar Báltico, asociado a los efectos de la expansión agrícolaalemana hacia el Este, que establece un intercambio de productos entre las diferentes regiones del litoral, la costa rusa, Escandinavia, y se extiende hacia el mar del Norte. Los productos son muy variados, aunque predominan los cereales, madera, pieles, arenques, minerales y cera (mapa 3.5). Este circuito se consolida a través de la formación de una liga de ciudades denominada Hansa, que incluyó a mediados del siglo XIV entre 70 y 80 ciudades, de las cuales las más importantes eran Hamburgo, Bremen, Lübeck, Rostock, Danzig, o Riga. Esta asociación comercial contaba con centros de intercambio en Brujas, Londres, Novgorod y Bergen, en donde los comerciantes gozaban del privilegio de venta y residían en el mismo lugar. Esta liga tenía una asamblea o dieta, que servía para transmitir las ordenanzas y la política a seguir.
Los comerciantes, aunque muchas ocasiones trabajaban de forma aislada, a medida que los negocios se fueron haciendo cada vez más complejos y voluminosos, articularon formas de asociación que tenía como objetivo la disminución de los riesgos o la especialización en el desempeño de funciones. En algunos casos se formalizaban simples pactos o acuerdos (rogadia) donde uno de los partícipes era transportista y el otro, comerciante, corría con el riesgo de aportar el producto o el dinero. A la vuelta el comerciante debía recibir el valor de la mercancía o bien el dinero que había prestado al transportista, más un interés. Esta fórmula derivó en la formación de la commenda en la que un comerciante realizaba ciertos encargos para otros a cambio de una comisión o societasmaris, la más utilizada por los comerciantes italianos, por la que dos socios ponían partes del capital en productos y uno de ellos se encargaba de su venta y la responsabilidad sobre el producto. A la vuelta repartían los beneficios según el capital aportado.
También se generalizaron en el siglo XIII los instrumentos contables, como los libros por partida doble, donde se asentaban los cargos y datas de los negocios, así como las operaciones financieras en créditos y débitos. Las casas de préstamo florecieron sobre todo en Italia, con una estructura familiar, como los Peruzzi o los Bardi, que diversificaron sus actividades incluyendo el préstamo a las monarquías europeas.
3.2.2 La repoblación de la Península Ibérica
Como parte de la expansión islámica por el Mediterráneo, en el año 711 se produjo el desembarco de un ejército musulmán en el Sur de la Península. La debilidad de las estructuras políticas del reino visigodo y la sumisión a los musulmanes mediante pactos permitió el rápido control de la península por parte de los invasores. Se establecieron principalmente en las zonas agrarias más ricas: valle del Guadalquivir, valle del Ebro, litoral levantino y la región situada en torno a Toledo, antigua capital del reino visigodo.
En la segunda mitad del siglo VIII surgieron, en las zonas montañosas del norte de la península, una serie de núcleos de resistencia que, con el tiempo, formarían los distintos reinos en que se dividiría la Península Ibérica a fines de la Edad Media. En los casi cinco siglos que duró el proceso repoblador, que siguió avance de los reinos cristianosfrente a los musulmanes, se sucedieron diferentes sistemas de ocupación del suelo que tuvieron gran influencia en la configuración de la estructura de la propiedad de la tierra en España. El avance fue más rápido en la parte occidental de la península debido a la menor densidad del poblamiento musulmán. Al este de la cordillera Ibérica existían fuertes concentraciones de población islámica en el valle del Ebro y en todo el litoral levantino por lo que el avance cristiano encontró una mayor resistencia (mapa 3.6).
Las distintas fases del proceso, lento y plagado de avances y retrocesos, pueden sintetizarse esquemáticamente:
a) Siglos VIII-IX: repoblación de los territorios situados al Norte del Duero y en el piedemonte pirenaico. La fórmula de ocupación fue la presura, en la que pequeños grupos de campesinos, bien a iniciativa propia o bajo la protección de un monasterio o noble, ocupaban y roturaban tierras obteniendo por ello el reconocimiento de la propiedad de las mismas.
b) Siglo XI-mediados del XII: valle medio del Ebro, la zona de Tarragona y los territorios comprendidos entre el Duero y los montes de Toledo.
En esta fase de la repoblación los monarcas asumieron la dirección del proceso. Se delimitaron unidades administrativas -concejos- a cuyo frente se colocaba un representante del monarca con capacidad para entregar tierras a quienes deseasen adquirir la vecindad. El representante regio era asistido por un grupo de caballeros -milites- para la defensa del territorio concejil. En este territorio, el alfoz o la tierra, se ubicaban aldeas dependientes del concejo urbano, seinstauró una propiedad de tipo medio y se delimitaron amplios espacios -montes, pastos- para aprovechamientos comunales. Estructuras agrarias que perdurarían hasta el siglo XIX.
c) Mediados del XII-principios del siglo XIII: valle del Guadiana y las tierras del Maestrazgo entre Teruel y Castellón. Su repoblación se encomendó a las Órdenes Militares (instituciones religioso-militares semejantes a las surgidas en las Cruzadas). De Oeste a Este se distribuyeron territorios entre las órdenes militares de Alcántara, Santiago, Calatrava y Montesa. La baja densidad de población en estas zonas orientó su explotación hacia usos ganaderos. Esto propició una estructura latifundista de la propiedad.
d) 1220-1280: se repoblaron los territorios más ricos de la Península -litoral levantino hasta Murcia y Valle del Guadalquivir-. Estas zonas estaban densamente pobladas por musulmanes, por lo que debieron ser ocupadas tras duras campañas militares. Las tierras así conquistadas fueron distribuidas entre quienes participaron en su conquista mediante el sistema de repartimientos. Los oficiales reales inventariaban los bienes conquistados, formaban lotes conforme al rango social de los conquistadores y se los asignaban. Del reparto se excluían las tierras de aquellos musulmanes -moriscos, en adelante- que permanecieron en ellas tras la conquista. Los miembros de la alta nobleza recibieron grandes 'donadíos”, origen del latifundismo andaluz.
En cuanto al aprovechamiento de las tierras repobladas, en las zonas altas del interior se impuso una agricultura cerealista combinada con la vid y el olivo cuandolas condiciones climáticas lo permitían. En las tierras de cereal predominaban los sistemas de cultivo basados en la rotación bienal -año y vez-. Esa agricultura se complementó con los aprovechamientos ganaderos basados en la utilización comunal de los montes y de los barbechos.
Las bajas densidades demográficas de las dos mesetas y Extremadura permitieron el desarrollo de un tipo especial de explotación ganadera ovina basada en la trashumancia. Esta suponía el desplazamiento estacional del ganado según las disponibilidades de pasto en distintos territorios. Durante el otoño los ganados transitaban por una red privilegiada de vías pecuarias -las cañadas- hacia las tierras bajas de Extremadura, norte de Andalucía y norte de Murcia en busca de pastos de invierno. Durante la primavera desandaban el camino para volver, a través de los puertos del Sistema Central, a los pastos de montaña de León, Asturias y Cordillera Ibérica. Esta forma de explotación ganadera recibió la protección de los monarcas castellanos con la constitución en 1273, por Alfonso X, del Honrado Concejo de la Mesta. Los rebaños trashumantes eran de ovejas merinas, raza que producía una lana de excelente calidad, cuya producción se orientaba en su mayor parte hacia la exportación a los mercados de los Países Bajos.
Frente a este sistema agrario de las tierras del interior, en el valle del Guadalquivir y en Murcia se mantuvieron los sistemas intensivos de regadío, gracias a que la mayor parte de los hortelanos musulmanes permanecieron en sus tierras tras la conquista cristiana. Este tipo de agricultura alcanzó altascotas de productividad.
En la corona de Aragón, el fin de la conquista en la península alentó la expansión por el Mediterráneo, desde las Baleares a Cerdeña y Sicilia, con un crecimiento notable de las actividades agrarias, artesanales y comerciales, apoyadas en el intercambio con Oriente y el norte de África. El auge agrario descansa en buena medida en el mantenimiento de amplios contingentes de población mudéjar, sobre todo en las zonas de cultivo intensivo. El florecimiento urbano se observa en la proliferación de artesanías y la edificación gótica. Destacan ciudades portuarias como Palma, Barcelona y Valencia, que llegan a su máximo nivel en el primer tercio del siglo XIV.
3.2.3 La expansión económica en China durante la dinastía Song (960-1279).
En Asia, el crecimiento demográfico también supuso la ocupación de nuevas tierras, así como la incorporación de nuevas variedades de cultivos, como sucedió con la expansión de especies de arroz de crecimiento rápido en diferentes zonas de Asia Oriental y del sur, aumentando la productividad y permitiendo un importante incremento demográfico. Asia seguía siendo la zona de mayor productividad agraria y con un mayor desarrollo económico. En China, el ascenso de la dinastía Song se produjo a la vez que arreciaban las acometidas de pueblos nómadas del norte, que ocasionaron grandes desplazamientos de población hacia el sur. Hubo un cambio de centro económico desde las llanuras septentrionales a la zona del Yang- tzé, con un notable incremento de la densidad de población. Para responder a estos problemas, el gobierno chino inició desdecomienzos del siglo XI una política de desarrollo agrícola incentivando la introducción de variedades de arroz de rápido crecimiento, que permitía obtener una doble cosecha de arroz, o bien en un mismo año una de arroz y otra de trigo. Además se pusieron en marcha medidas fiscales y ayudas financieras destinadas a estimular la producción agraria.
Todas estas medidas se acompañaron de una expansión a gran escala de la superficie cultivada, desecando zonas pantanosas y construyendo terrazas o bancales en las colinas, que se combinó con el levantamiento de infraestructuras de irrigación, como canales y diques.
La expansión agraria, que se ha considerado una verdadera revolución, estuvo basada en una elevada productividad, permitió la especialización y los intercambios, así como la extensión de la industria rural. En cuanto a las fibras textiles, la industria de la seda, hasta entonces principalmente localizada en ciudades y bajo control oficial, se extendió rápidamente en las provincias sudorientales con el cultivo de las moreras. La seda era tejida en los hogares campesinos, donde los intermediarios aportaban la materia prima, pagaban a las mujeres por su trabajo y comercializaban el tejido. La fibra más extendida entre la población era el cáñamo y también se extendió el uso de algodón, que se abarató gracias a la expansión de su cultivo.
El desarrollo técnico agrario y la productividad creciente de las agriculturas basadas en el arroz están estrechamente vinculados a la pequeña producción de artículos de consumo. Pero también se experimentó un verdadero auge en otras industrias,como el hierro, que atendía a las demandas militares, pero también para aperos agrícolas y la acuñación de monedas. En esta época se alcanza una elevada producción de hierro en hornos que se alimentan con carbón mineral, procedente de las regiones del norte. Otra novedad importante consistió en la invención de la imprenta, lo que incrementó la difusión de la literatura y del papel moneda, un recurso desconocido en Europa. La organización de la producción también estaba articulada en gremios, que se agrupaban según los oficios en espacios urbanos concretos, como en el caso europeo. Entre las técnicas mercantiles utilizadas era común el uso de letras de cambio.
Asimismo, durante este periodo se estimuló el comercio a larga distancia llevado a cabo por mercaderes chinos, que surcaron las rutas marítimas en dirección al océano Índico. Este espacio marítimo se convirtió en el principal foco de intercambios, una vez que se habían conectado los productos procedentes de África oriental (esclavos, oro, marfil) con la obtención de incienso para el culto desde la Península Arábiga, o las especias de la India e Indochina. China exportaba porcelanas y seda como principales productos.
3.2.4. La construcción de una red mercantil integrada en el siglo XIII a escala mundial y el auge de los mongoles
La fase de crecimiento en distintas zonas de Asia culmina a mediados del siglo XIII, coincidiendo con la irrupción de los mongoles, pueblos pastores de Asia nororiental que se extienden por todo el continente en varias oleadas de invasiones iniciadas bajo el reinado de Gengis-Khan a comienzos delsiglo XIII y continuadas por sus sucesores, que se reparten el imperio y extienden sus territorios hacia el sur y el oeste de Asia, saqueando Bagdad en 1258 y acabando con la dinastía Song en China en 1279. También penetran en el este de Europa afianzando su poder en Rusia con los tártaros de la Horda de Oro. La expansión de los mongoles supuso por otro lado la conformación de un gran espacio unificado que hizo posible la seguridad del comercio por grandes extensiones de Asia. Los mongoles instauran la dinastía Yuan en China desde mediados del siglo XIII, lo que supuso una nueva fase de crecimiento y estabilidad para el país, donde se revitalizaron el comercio y la vida urbana, como reflejan los testimonios de Marco Polo.
Durante el siglo XIII, el crecimiento demográfico y la especialización productiva, junto a la acumulación de la renta entre los grupos dirigentes de los distintos territorios, habían extendido las redes mercantiles. La historiadora Janet Abu-Lughod observó el funcionamiento de una economía- mundo, con la integración de los circuitos comerciales que se extendían por buena parte de Europa, Asia y África Oriental a través de tres vías marítimas: el Mediterráneo, el océano Índico y el mar de China, y una “gran autopista” terrestre que iba del mar Negro y Oriente Medio hasta China oriental (ver mapa 3.7). Este circuito mundial se completaba mediante el tráfico de las caravanas que desde el norte de África atravesaban el desierto del Sahara en busca de oro y esclavos, donde prosperaba el reino de Mali, enclavado entre el Atlántico, el desierto y el valle de Níger. En elsiglo XIV Mali se convirtió en un estado musulmán. De igual modo, la penetración musulmana desde Egipto se extendió por Nubia y el actual Sudán, y sólo Etiopia resistió, como reino cristiano, la influencia islámica.
La búsqueda de oro en África suroriental, la actual Zimbawe, a través del enclave costero de Sofala también había impulsado la islamización desde el siglo XI, donde se observa la proliferación de mezquitas construidas a lo largo de la costa oriental hasta el sur del actual Mozambique.
Toda el área comercial del Índico fue cada vez más influenciada por los mercaderes musulmanes, que con más asiduidad surcaban los distintos trayectos. El Índico era el principal circuito mundial de intercambios, donde tenían interconexión los productos, sedas y porcelana, que desde China atravesaban el estrecho de Malaca hacia el golfo de Bengala, con los procedentes de las distintas regiones de India y el sudeste asiático, donde sobresalían tejidos, tintes y especias, y los que llegaban desde la costa arábiga y África Oriental.
En el siglo XIII, por tanto, se estableció un sistema comercial policéntrico, pues no había ninguna zona central o de dominio sobre el resto. Aunque en algunos casos existía una hegemonía regional, como los mongoles en Asia a fines del siglo XIII, no planteaban una dominación global. Cada circuito regional contaba con centros ricos desarrollados y periferias agrarias y productoras de materias primas, a su vez interconectadas en redes mercantiles de menor radio.
3.3 Las condiciones de la crisis mundial del siglo XIV
A fines del siglo XIII se observó en Europa unatendencia decreciente en el ritmo de expansión. Había finalizado el movimiento colonizador y, en un contexto de incremento demográfico, la producción agraria comenzó a dar signos de debilitamiento por el agotamiento progresivo de los terrenos de cultivo, derivado de la escasa dotación de abono y la explotación de tierras marginales de peor calidad, al mismo tiempo que se producía el alza los precios de los alimentos y de las rentas que debían pagar los campesinos a los señores. El aumento de la renta feudal presionó sobre las economías campesinas, que redujeron sus posibilidades de compra de manufacturas y por tanto la actividad artesanal. Además, el exceso de población empobrecida en el campo salía a las ciudades buscando alguna vía de ocupación, presionó a la baja los salarios urbanos. En consecuencia, la fragilidad de las economías campesinas se trasladaba a la esfera de los intercambios, provocando la inestabilidad de los circuitos comerciales. El esquema (figura 3.6) ayuda a comprender esta dinámica.
Estas circunstancias empeoraban con coyunturas ocasionales provocadas por malas cosechas, como las que sucedieron en Europa entre 1315 y 1317 por inclemencias climáticas relacionadas con el inicio de una “pequeña edad de hielo”, que habría supuesto la reducción de las temperaturas y la desaparición de algunos cultivos en el norte de Europa, como el viñedo. En Asia el cambio de coyuntura a partir del siglo XIV se reflejó por ejemplo en zonas del Sudeste, y en particular la decadencia del imperio khmer en Camboya, y posteriormente la inestabilidad que atravesó China, con episodiosde hambrunas, como las que tuvieron lugar en torno a 1325 y en la década de 1340. A estas condiciones económicas se añadía una extensa inestabilidad política, con el impacto de la guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia, que se extendió principalmente por territorio francés, o las sublevaciones que en China acabaron con la dinastía Yuan en 1368, dando paso a la dinastía Ming. En el Mediterráneo oriental se consolida el poder de los turcos otomanos, pueblo nómada originario de Asia central, que van ocupando una zona cada vez más extensa a costa de los emiratos árabes y los restos del imperio bizantino.
Un factor exógeno tuvo un impacto tremendo sobre las economías medievales: la propagación de la Peste Negra. La peste, con sus bacilos transportados por las ratas domésticas, tuvo sus principales fases de propagación en China durante la década de 1330 y se trasladó a Occidente por las vías comerciales controladas por los mongoles. Desde Caffa, enclave genovés del mar Negro famoso por su mercado de esclavos, fue transferida a Sicilia a través de navíos genoveses en la primavera de 1348 y desde aquí se fue extendiendo por Europa (mapa 3.8). Los principales centros urbanos facilitaron la expansión debido a las malas condiciones de salubridad. La crisis duró varios años y se produjeron episodios recurrentes en la segunda mitad del siglo.
El primer efecto de la epidemia fue la tremenda mortalidad que generó, lo que llevó a un hundimiento de la actividad económica, tanto de la producción como del consumo.. Los cálculos más moderados estiman en una caída de un 25% en la fuerzade trabajo disponible, convirtiendo la mano de obra en un factor escaso. Ello afectó a las bases de la renta feudal, anclada en los ingresos generados en la tierra, ya que la brusca caída de campesinos hundió los ingresos de los señores feudales. Pero también repercutió en el abandono de las tierras de menores rendimientos. La caída de la demanda originó un descenso continuo de los precios.
El impacto de la crisis demográfica afectó a la estructura social. La nobleza, sector dominante, vio descender sus fuentes de renta e intentó mantener sus privilegios por la fuerza frente a los campesinos que, a su vez, se encontraban en una posición ventajosa debido a su mayor poder de negociación: el trabajo se había convertido en el factor escaso. Los intentos de mantener los privilegios feudales fueron contrarrestados por episodios de resistencia campesina, como la revuelta inglesa de 1381, que terminaron en muchos casos con la abolición de antiguas cargas serviles y la mejora de sus contratos de arrendamiento. Por otro lado, la crisis de la nobleza supone una oportunidad para que las monarquías fortalezcan su posición aprovechando las rivalidades señoriales.
Las explicaciones de la crisis son diversas, y no hay acuerdo entre los historiadores sobre cuáles fueran exactamente sus causas. Todas ellas tienen en cuenta que tanto la difusión del bacilo de la peste bubónica o bien factores climatológicos pueden explicar la mortandad. Pero lo cierto es que tanto la peste como el enfriamiento siguieron afectando a Europa varios siglos, sin que se produjera una mortandad comparable a la de la PesteNegra. Por ello, hay que buscar explicaciones que permitan entender por qué se produjo tal mortandad. Básicamente, hay tres tipos de explicaciones:
a) Explicación maltusiana: Tras la expansión medieval, la economía europea, con una tecnología agrícola estancada y habiendo puesto en producción incluso las tierras menos productivas, se encontraría en el límite de sus posibilidades de producción, es decir, se entró en una fase de rendimientos decrecientes. El restablecimiento el equilibrio población recursos se produjo al ponerse en marcha lo que Malthus denominó 'frenos positivos” de la mortalidad catastrófica, desencadenados por la peste.
b) Crisis del sistema feudal: otros autores, entre ellos Guy Bois, señalan que las caídas en los rendimientos agrarios generaron una presión de los grupos dominantes de la sociedad feudal (señores y eclesiásticos) sobre los campesinos, lo que colocó a estos en el límite de la subsistencia. En esta situación, las economías campesinas fueron más vulnerables ante el avance de la epidemia o las inclemencias del clima.
c) Crisis de integración. Según la interpretación de Stephen Epstein, en realidad la crisis fue fruto de la expansión anterior. Con el avance del comercio y los mercados a partir del siglo XI, aumentaron las presiones para reducir los costes de transacción (los derivados del establecimiento de una relación económica entre dos agentes, como la búsqueda de información, la negociación del precio, la distribución de la mercancía, las garantías legales, etc). Para ello resultaba muy conveniente el fortalecimiento de los Estados, puespodían garantizar la estabilidad de las normas, el mantenimiento del orden y de la seguridad en territorios más amplios, frente a la fragmentación política del feudalismo. Este proceso, desencadenado con anterioridad, se vio acelerado por los efectos de la Peste Negra, y convirtió una crisis demográfica en una crisis general.
Lo cierto es que la crisis del siglo XIV supuso una reorganización del sistema feudal. Los campesinos de Europa occidental habían mejorado sensiblemente su situación, logrando que desapareciera la servidumbre, y convirtiéndose en arrendatarios de las explotaciones que cultivaban. La nobleza reordenó su estrategia de obtención de renta, acercándose a las nuevas fuentes de ingresos derivadas de la consolidación de monarquías centralizadas y sus aparatos fiscales . Pero en cualquier caso, los campesinos y trabajadores de muchas zonas de Europa occidental conocieron una fase de elevación de los ingresos reales. En Europa oriental, sin embargo, la crisis no supuso la mejora de los campesinos, sino que fortaleció las condiciones de servidumbre. En otras zonas del mundo el impacto también fue importante, como en Egipto, donde la escasez de mano de obra desarticuló el sistema agrario basado en el trabajo intensivo y el mantenimiento de los sistemas de irrigación, originando una caída de productividad que repercutió negativamente sobre los ingresos campesinos y llevó a un paralelo reforzamiento del poder de los terratenientes, apoyados por el Estado mameluco.
En consecuencia, las transformaciones que se produjeron en el siglo XIV concluyen en Europa occidental con unimportante cambio en el sistema feudal, que fortaleció el sistema de monarquías nacionales que se consolidan a partir del siglo XV, en tanto que en Asia se establecen imperios centralizados con una amplia base territorial, como el caso de la dinastía Ming en China, el imperio Otomano en el Mediterráneo oriental o el imperio Mughal en la India, que marcan las pautas de su economía durante los siglos siguientes. Paralelamente, en la América aún no conectada con el resto del mundo se habían consolidado importantes civilizaciones que habían dado lugar a imperios extensos, como el azteca en la zona de Mesoamérica y el inca en el altiplano de los Andes. Europa se volcaba hacia el exterior por vía marítima, mientras que China, hasta entonces primera potencia en la expansión naval, concluyó su expansión ultramarina en la década de 1430. Estos factores serían cruciales para la historia mundial y el desarrollo económico en los siglos venideros.
3.3.1. La crisis bajomedieval en la Península Ibérica.
La Península Ibérica no quedó al margen de las dificultades que atravesaron otros territorios europeos en el siglo XIV. Malas cosechas, carestías y hambres han quedado reflejadas en las crónicas de los diferentes reinos peninsulares. En el 1348 se detectaron los primeros casos de peste en Palma de Mallorca, desde allí la epidemia se extendió a los puertos de Barcelona y Valencia penetrando posteriormente hacia el interior. Las investigaciones realizadas hasta el momento muestran como la peste afectó con mayor intensidad a los territorios de la Corona de Aragón en especial a los territorios litorales.Con la crisis del siglo XIV se inició la decadencia del comercio catalán en el Mediterráneo. Los enfrentamientos con Génova se hicieron más frecuentes y, finalmente, la escuadra catalano-aragonesa sufrió una seria derrota en la batalla de Ponza (1435). La decadencia del comercio catalano- aragonés en el Mediterráneo tras la crisis del siglo XIV es un fenómeno muy complejo, en el que intervinieron múltiples factores.
Además, durante el siglo XV comenzaron a penetrar en el Mediterráneo marinos y comerciantes procedentes de la Corona de Castilla -vascos, gallegos, andaluces-, que llevaban lana castellana a los puertos italianos.
En la depresión también tuvieron un lugar importante las dificultades que atravesó la Hacienda Real en la Corona de Aragón y, en concreto, la emisión de deuda pública vitalicia (violaris) a un interés del 14 por cien y de deuda perpetua (censals) a un interés del 7 por cien. Para gestionar estas emisiones de deuda se crearon una serie de bancos públicos denominados Taulas de Canvi. Ello supuso la monopolización del negocio bancario por estas instituciones públicas poniéndolo al servicio de la financiación de la deuda. Esto aumentó las dificultades de artesanos y mercaderes para acceder al crédito. Las emisiones de deuda contribuyeron a transformar un país de empresarios y comerciantes en un país de rentistas.
Los territorios de la Corona de Castilla sufrieron con menor intensidad las epidemias de la segunda mitad del siglo XIV. El proceso de recuperación se inició a comienzos del siglo XV. El descenso de población y la consiguiente disminución de laoferta de mano de obra agrícola contribuyeron a mejorar la condición de los campesinos no propietarios, ya que los señores se vieron obligados a mejorar las condiciones de los contratos. Se generalizaron los contratos de larga duración -censos enfitéuticos-, en los que la renta permanecía fija por largos períodos de tiempo. En muchos casos estas rentas estaban expresadas en maravedíes; la devaluación del maravedí a lo largo del siglo XV permitió a los campesinos mejorar su situación.
Las pérdidas sufridas por los señores, como consecuencia del establecimiento de este tipo de contratos, quedó compensada en parte por la extensión en la Corona de Castilla de cesiones de señoríos jurisdiccionales y rentas e impuestos pertenecientes a la Hacienda Real. Los señoríos jurisdiccionales suponían la cesión del poder del rey sobre un determinado territorio en beneficio de un noble. Esta cesión comportaba la capacidad para ejercer justicia y recaudar tributos.
Se creó un sistema impositivo, que junto con antiguos tributos de carácter feudal, contaba con importantes impuestos sobre el comercio exterior (aduanas, los diezmos de la mar o los almojarifazgos); sobre el consumo como las 'sisas' y sobre las transacciones comerciales como la alcabala, tributo de origen musulmán que aparece ya en algunas ciudades castellanas en el siglo XIII, pero que fue implantado, con carácter extraordinario primero y ordinario después, por Alfonso XI a partir de 1345. La alcabala gravaba las transacciones comerciales con un 5 por cien al principio y un 10 por cien a partir del siglo XV.
Todos estos impuestos de cobroordinario se completaban con la recaudación extraordinaria, cuando las necesidades lo exigiesen, de 'servicios' concedidos por las Cortes. La renovación del sistema impositivo castellano en los siglos XIII-XIV, además de permitir la transferencia de rentas a la nobleza, retrasó hasta fines del XV el recurso sistemático al endeudamiento de la Hacienda.
A fines de la Edad Media la situación de la Península se caracterizaba por la lenta recuperación de los territorios de la Corona de Aragón, junto a una Corona de Castilla en expansión, abierta a los cambios que estaban teniendo lugar en el Atlántico. Una economía que se debatía entre dos alternativas: la de consolidarse como una economía dependiente de sus exportaciones de lana; o una economía con un fuerte sector manufacturero con predominio del textil. Este enfrentamiento quedó claramente reflejado en la demanda, presentada por los fabricantes de paños en las Cortes de 1438, de que se restringiese la importación de paños extranjeros y se prohibiese la exportación de lana. Dado que esto iba contra los intereses de los grandes ganaderos y comerciantes dedicados a la exportación de lana, hubo que esperar a 1462 para que Enrique IV obligase a reservar un tercio de la producción de lana para atender a la industria textil castellana.
Con el matrimonio en 1469 de Isabel I de Castilla (1476-1504) y Fernando V de Aragón (1479-1516) tuvo lugar la unificación de las coronas castellana y aragonesa. En 1512 se produjo la anexión del Reino de Navarra. Estos procesos no condujeron a la aparición de un Estado uniforme, sino que cada uno de losterritorios mantuvo, leyes, instituciones y sistemas fiscales propios.
Tema 4. Expansión y crisis en la Europa Moderna (c.1450-c.1650)
2. Índice
4.1. Introducción. Todos los mundos, el Mundo
4.2. Guerra, Estado y capitalismo.
4.3. Armas y gérmenes en América (y África)
4.4. Asia y Europa en la expansión del siglo XVI.
4.5. La crisis del siglo XVII y la divergencia europea.
4.6. El crecimiento del comercio de Ultramar.
4.7. La transición al capitalismo.
4. Contenidos del tema
4.1. Introducción. Todos los mundos, el Mundo
sCuándo acaba la Edad Media y empieza la Edad Moderna? Por convención suele fecharse en 1453 con la conquista de Constantinopla por los otomanos, y con ella el fin del Imperio Bizantino, sucesor del Imperio Romano. Otros historiadores, sin embargo, prefieren situar esa cesura en el primer viaje de Colón en 1492. Con todo, no parece que ese corte Edad Media-Edad Moderna tenga mucho sentido fuera de Europa, e incluso aquí tampoco está tan claro. No hay grandes saltos en energía disponible, no se descubren nuevos convertidores, ni grandes innovaciones tecnológicas, la población crece apenas al ritmo habitual de las economías preindustriales.
Sin embargo, la economía mundial comienza a sufrir una importante transformación y Europa ascenderá al papel protagonista. Un vistazo a los mapas que concibió el gran historiador francés Fernand Braudel (mapa 4.1) permite hacerse idea de cómo había cambiado el mundo en los dos siglos y medio que van de 1500 a 1750. La Europa feudal era apenas era un apéndice lejano y mal conectado de los grandes ejes del comercioasiático (mapa 3.8). Hacia 1500, sin embargo, Europa ya se había embarcado, de la mano de los navegantes de la península Ibérica, en rutas de largo recorrido y en el Mediterráneo los italianos (venecianos y genoveses, sobre todo) afianzaban su presencia frente al poder emergente de los otomanos.
Hacia 1750 la situación era del todo distinta. No sólo se había multiplicado el volumen de los tráficos hasta constituir una red comercial que alcanzaba las economías de los cinco continentes -aunque aún no las integraba, faltaba mucho para eso. Sobre todo, había cambiado el papel de Europa, que había dejado de ser una región periférica para colocarse en el centro de los flujos, convertida en el gran nodo del comercio mundial.
El mapa de Braudel presenta sin embargo dos carencias. En primer lugar, no recoge los tráficos internos -por tierra o cabotaje- en el seno de cada uno de los continentes. Tanto en Europa como en Asia, estos se habían hecho más densos y regulares. Pero sobre todo, el mapa ignora qué circulaba, de dónde y hacia dónde, y cuál era la dirección del dinero. En este sentido el mapa 4.2. nos ofrece una visión más completa.
Básicamente, Europa actuaba como intermediaria en unos casos, y como explotadora en otros. Siempre por la misma razón: apenas producía nada que demandaran otros continentes. De América venía la plata, extraída de las minas de las posesiones españolas gracias al trabajo forzado de los indígenas. Llegaba a Europa a través de Sevilla -la parte legal- o directamente a Ámsterdam -lo que los piratas y comerciantes ingleses u holandeses lograban captar, que era mucho.También, ya en 1750, arribaban a los puertos europeos cantidades crecientes de productos coloniales: azúcar y ron de las Antillas, algodón y tabaco de Estados Unidos, cacao de Suramérica, pieles de Canadá, etc. Como la obtención de muchos de estos productos requería abundante mano de obra, y dado que la población indígena de América había sido diezmada tras la conquista, el trabajo lo ponían centenares de miles de esclavos africanos. Estos eran enviados en condiciones inhumanas por traficantes europeos, que los obtenían en África a cambio de productos metálicos, armas, tejidos asiáticos reexportados o sal. Estos tráficos conforman lo que se llamó comercio triangular del océano Atlántico.
De Oriente, la fábrica del mundo por entonces, llegaban a Europa grandes cantidades de textiles -seda y algodón, sobre todo-, especias, té y café, salitre, loza (la famosa porcelana china), etc. Estas mercancías gozaban de gran aceptación en Europa, pero además resultaban bastante baratas para los europeos si las pagaban en plata, de modo que el déficit comercial se saldaba en dinero. Cerca del 75 por 100 de toda la plata americana acabó en Asia, necesitada de volúmenes cada vez mayores para alimentar un sistema monetario que crecía al ritmo que lo hacían la agricultura y la industria.
sPor qué fluye la plata hacia Asia?
El hecho de que la plata de las minas americanas acabara en buena parte llegando a Asia exige una explicación. El comercio asiático seguía siendo deficitario para los europeos, pero también muy lucrativo. Y los déficits se saldaban en plata. sPor qué?
Se ha aducido a menudo quelos asiáticos tenían una tendencia a atesorar la plata (tenían preferencia por la liquidez, en términos económicos actuales). Sin embargo, ésta no era menor en Europa, como en todo sistema monetario de base metálica. También se argumenta que poco de lo que Europa producía interesaba a chinos e indios, más avanzados en manufacturas, con una tradición alimentaria basada en el arroz y con un clima cálido que reducía la demanda de prendas de lana. Pero lo mismo podría argumentarse para la penetración de los tejidos asiáticos de algodón en Europa.
K.N. Chaudhuri cree que la respuesta está en los distintos niveles de precios relativos del oro y la plata en Europa y Asia. Ambos continentes tenían sistemas monetarios bimetálicos (basados en oro y plata), pero las cantidades existentes (stocks) de cada uno eran muy diferentes. En Asia el oro era mucho más abundante (lo que hacía que la plata fuera más cara en relación a él), mientras que en Europa, tras el descubrimiento de las minas americanas, ocurría lo contrario. En consecuencia, la plata fluía allí donde obtenía una mejor remuneración, abandonando Europa donde su precio relativo era más bajo. De ahí que las manufacturas europeas resultaran caras para los asiáticos, pero no a la inversa.
Con el tiempo los flujos de plata deberían haber tendido a equilibrar los stocks, reduciendo el diferencial oro-plata. Esto no ocurrió, según Chaudhuri, debido a que el tamaño de las economías asiáticas era muy superior a las de Europa, por lo que los efectos de los flujos de metal no lograron nunca equilibrar los niveles de precios, ni siquiera trastres siglos de intercambios, a fines del XVIII.
Así pues, la región más avanzada del mundo, hacia donde fluía el dinero, la “locomotora” económica en terminología actual, era Asia. Allí vivía la mayoría de la población mundial, allí donde se hallaban las mayores ciudades (Estambul o Pekín, las más populosas, 700.000 habitantes, seguidas por los 500.000 de Calcuta o los 450.000 de El Cairo frente a los 125.000 de Roma, la mayor ciudad europea), y allí se concentraba la producción (hasta el 80% del PIB mundial en 1775, según estimaciones retrospectivas).
A pesar de la potencia de Asia, Europa había conseguido mejorar su situación sustancialmente. No sólo su población crecía a un ritmo sostenido, sino que había conseguido drenar riquezas inmensas de América y África. Asimismo, había adquirido el protagonismo en el comercio mundial: eran las naves europeas las que llegaban a los puertos asiáticos, no al revés. Y como fruto de esos flujos, la población europea estaba accediendo masivamente al consumo de nuevos bienes -tejidos de algodón y té indios, sedas y loza chinas, cacao, azúcar, tabaco y ron de América-, lo que alimentaba el deseo de mayor cantidad y variedad de estos bienes (una auténtica revolución del consumo). Se creaban así los incentivos para trabajar más y mejor. Era lo que se ha venido a llamar 'revolución industriosa” que precedió a la 'industrial”. Sólo de este modo los europeos podían costearse esos 'lujos” recién adquiridos. De una parte de esta evolución, la que corresponde al siglo XVIII, se tratará en el tema siguiente. Pero ahora toca preguntarse cómo empezótodo.
sCómo pudo Europa ascender en el mundo de la edad moderna? La respuesta no está en el cambio tecnológico, al menos no en macroinventos. La Europa moderna no inventó ningún convertidor que permitiera explotar nuevas fuentes de energía: seguía siendo una economía orgánica, en terminología de Wrigley, aunque hubo un ligero aumento del uso de carbón mineral como combustible, algunas mejoras en los molinos de viento, y otras muy destacadas en la navegación. Asimismo hubo innovaciones agrarias de importancia (nuevos sistemas de rotación de cultivos, más complejos y productivos), pero no revolucionarias. También hubo inventos importantes en la industria, entre los que habría que destacar la imprenta de tipos móviles de Gutenberg (1455). Con todo, cuando los historiadores económicos buscan en la tecnología las causas del crecimiento económico de Europa en esta época tienen que reconocer que no están ahí.
sEntonces? En realidad, sí se produjeron innovaciones, aunque las principales tenían poco que ver con el cambio tecnológico. Para lo que Europa se mostró particularmente dotada fue para la guerra y la conquista. En esencia, las innovaciones que alteraron la vida europea fueron:
a) innovaciones tecnológicas en la navegación y el armamento (que explican el protagonismo de la conquista y el comercio).
b) ligadas a los anteriores, apertura de nuevos mercados y acceso a materias primas (a través del poder militar, no de la competitividad productiva).
c) cambios institucionales sustanciales, no siempre fáciles de concretar, centrados en empresas de nuevo tipo (compañías comerciales poracciones), ejércitos de nuevo tipo (armadas de las compañías privilegiadas y la piratería) y, sobre todo, la difusión de la propiedad privada y los mercados que son requisitos del capitalismo. Ligado a éste, el ascenso de un nuevo tipo de Estado constituye quizá la mayor innovación europea del periodo.
4.2. Guerra, Estado y capitalismo
Lo que hizo posible la expansión europea por el mundo, y le permitió hacerse un hueco en la economía mundial fue su capacidad para la guerra. Por supuesto, también los imperios asiáticos y americanos demostraron una eficacia militar sobrada y un largo historial de conflictos. Pero los europeos hacían la guerra de un modo distinto, que les permitía extender su dominio sin implicar a enormes ejércitos de tierra (infantería o caballería) que habían dominado el 'arte” de la guerra desde la Antigüedad (y aún lo hacían en Asia). Enviaban pequeñas expediciones bien armadas transportadas en navíos muy marineros y artillados. Cañones y velas serían la clave. En el siglo y pico que transcurrió entre la caída de Constantinopla a manos de los turcos (1453) y la victoria de la Liga Santa sobre éstos en Lepanto (1571), una batalla dominada aún por las galeras a remo, los europeos habían dado un salto de gigante en capacidad militar. En palabras de David Landes 'Europa podía imponer ahora su presencia en cualquier parte de la superficie del globo que se encontrara al alcance de un cañón naval” [Landes (1999:95)].
sDe dónde viene esa capacidad para la guerra? En parte de innovaciones técnicas, como ya hemos dicho en la navegación y el armamento. Ya desde la EdadMedia, la brújula (c. 1100) que permitía determinar el rumbo, sumada al astrolabio (conocido desde la antigüedad) permitían superar la navegación de cabotaje. Pero la tracción de las grandes naves seguía siendo fundamentalmente a remo (como en China), inadecuada para los grandes trayectos oceánicos. Para estos, a partir del siglo XIII, la confluencia de los métodos de navegación del norte de Europa con la del Mediterráneo dio lugar a nuevos tipos de naves, como la carraca, la coca o la carabela, que combinaban timones de codaste (en popa), varios mástiles con velas cuadradas o latinas y cascos redondos, de mayor capacidad de carga. A ello se sumaron los desarrollos del armamento: el uso del acero en espadas, picas, y corazas, y especialmente la construcción de cañones en bronce o hierro, cada vez más ligeros, que empezaron a montarse en las naves a partir del siglo XIV. Fueron los avances en la guerra naval los que marcan la diferencia entre la Europa medieval -incapaz de resistir las sucesivas embestidas de los pueblos nómadas de las estepas- y la Europa moderna, capaz de viajar por el globo e imponerse como intermediario comercial en Asia y como conquistadora en América.
Pero spor qué Europa se especializó en la guerra? Una parte de la clave estaba en el tamaño de las unidades políticas. Los imperios asiáticos tenían capacidad militar sobrada, lo que les permitió pacificar gran parte de sus dominios durante largos periodos de tiempo, sin resultar demasiado gravosos (en términos de tributos o destrucción) para sus súbditos. De este modo, generaron incentivos para el crecimientode la producción y la productividad. Pero precisamente por su éxito en territorios extensos, carecían de incentivos para ampliar sus dominios por mar (o en todo caso, renunciaron a hacerlo). En la Europa medieval, en cambio, los reinos feudales estaban demasiado fragmentados y eran demasiado pequeños, por lo que la forma de prosperar era guerrear para aumentar sus recursos. Y en ese contexto surgieron unidades políticas más grandes con claras ventajas comparativas: los Estados.
Europa partía hacia finales de la Edad Media de una extrema fragmentación política característica del feudalismo. Existían ventajas evidentes para aquellas unidades políticas que crecieran más deprisa; de ahí la reducción de su número. De las 1.000 unidades políticas existentes en el siglo XIV se pasó a unas 500 en el XVII (y sólo 25 hacia 1900). Con la posible excepción de Rusia (a caballo entre Europa y Asia) ninguna de ellas era un verdadero imperio territorial, ya que la existencia de las demás limitaba la posibilidad a la hegemonía de una sola. De este modo, los Estados modernos europeos (grandes y pequeños) se orientaron hacia la guerra y eso generó incentivos tanto para fomentar el crecimiento económico (que significaría más hombres y más impuestos) como para ampliar su dominio fuera del continente (de nuevo más recursos). Los Estados europeos pasaron desde mediados del siglo XV a controlar territorios cada vez más amplios; a menudo, pero no siempre, unificados bajo una misma lengua y una sola religión. Esos Estados se dotaron de burocracias permanentes, ejércitos potentes, sistemas fiscales capaces,y leyes escritas que proporcionaban 'reglas de juego” estables para los agentes; y muy especialmente para la actividad económica. Con estas herramientas, los Estados se convirtieron en fieros competidores hacia fuera (con otros Estados), y también hacia dentro frente a poderes como los de la nobleza y el clero. Según algunos autores, también fueron motores del crecimiento económico.
sDe dónde salieron estos Estados? Tenemos básicamente dos interpretaciones distintas de cómo ocurrió.
Para Marx y los historiadores marxistas, la crisis del feudalismo en el siglo XIV, incluida la mortandad de la Peste Negra, reforzó el poder de negociación de los campesinos. Esa libertad no se ganó en los mercados, sino que fue fruto principalmente de una serie de revueltas extendidas por toda Europa, guerras campesinas contra los señores feudales. Se movilizaron auténticos ejércitos con líderes y reivindicaciones propias; fundamentalmente la abolición de la servidumbre, el fin de los monopolios señoriales, y la moderación de los tributos. Para enfrentarse a estas revueltas, los nobles debieron reforzar su poder, y lo hicieron delegando una parte creciente del mismo en príncipes y monarcas. De este modo, los reyes medievales (simplemente uno más entre los nobles, un primus inter pares) se convirtieron en gobernantes más poderosos. Las ciudades, elementos dinámicos de la sociedad medieval, inicialmente dudaron a qué bando sumarse; pero al final se adhirieron a la monarquía, obteniendo en muchos casos contrapartidas políticas en forma de instituciones parlamentarias y leyes favorables a sus interesescomerciales y fabriles. El resultado de estas luchas no fue en todas partes el mismo; por ejemplo, en Europa del Este la servidumbre perviviría hasta la segunda mitad del siglo XIX. Pero en Europa occidental mejoraron las condiciones de los campesinos, se recortó el poder la nobleza, y se dio paso al Estado moderno.
La explicación institucionalista se asocia al nombre de Douglass North. En su opinión, los Estados proporcionaban un marco institucional estable, con leyes y tribunales que respaldaban los derechos de propiedad y la seguridad de los contratos. Los Estados desempeñaban estas funciones más eficazmente que los señores feudales: al controlar territorios mayores obtenían economías de escala, y al acumular más poder les resultaba más fácil obligar a todos los beneficiarios a pagar, vía impuestos, su parte del coste de estos servicios. De este modo, los Estados se reforzaban sobre todo como resultado de su eficiencia para gestionar la economía y reducir los costes de transacción (aquellos derivados del establecimiento de una relación económica entre dos agentes, como la búsqueda de información, la negociación del precio, la distribución de la mercancía, las garantías legales etc.). De entre todos los Estados, afirma North, los más eficaces fueron aquellos que desarrollaron instituciones parlamentarias que limitaban el poder de los monarcas, especialmente en materia fiscal. Esto explicaría la supremacía de Holanda, primero, y de Inglaterra tras la revolución de 1688. Eric Jones llevó más lejos el argumento de North, señalando que la competencia entre Estados, análoga a la delos agentes económicos, les empujó a generar y captar recursos, lo que llevó a mejorar los servicios que prestaban: especialmente la prevención de catástrofes, el reforzamiento de los sistemas legales, y la mejora de las comunicaciones y de la eficiencia de los mercados. De este modo, el crecimiento de los Estados se convirtió en uno de los pilares del milagro europeo, la hegemonía del continente en el mundo.
En todo caso, las dos corrientes subrayan la conexión entre el ascenso de este nuevo tipo de Estado y el avance del capitalismo. Y la base de todo, como dijimos, era la guerra. El Xv, el XVI y el xVlI fueron tres siglos de guerras casi continuas entre unidades políticas relativamente pequeñas y pobres comparadas con los imperios asiáticos. De la mano de la guerra, el capitalismo, que había comenzado a surgir en las ciudades medievales, comenzó a ganar posiciones en algunos de estos nuevos Estados. sCuáles fueron las grandes líneas de esta evolución? El nervio de la guerra era el dinero: y la guerra en la Europa de los siglos XV y XVI resultaba cada vez más cara, tanto en tierra (fortificaciones que resistían la artillería, cañones capaces de derribar las fortificaciones, arcabuces, etc.) como en el mar (muchos navíos, cada vez más artillados: en Lepanto participaron unas 200 galeras cristianas, con 1.300 cañones, casi el doble que los otomanos, con un número parecido de naves). Por tierra y mar, soldados, muchos soldados (tabla 4.2), la gran mayoría mercenarios. En estas condiciones, la única forma de hacer la guerra era disponer de cantidades ingentes de dinero.
sY loscambios culturales?
Diversos autores han defendido que los cambios que consagraron la superioridad de los europeos en el mundo no son de naturaleza política, tecnológica, económica o militar. Lo que explica el 'ascenso de Occidente” son cambios culturales (ideológicos, religiosos, de actitud ante la ciencia, etc.).
David Landes es quizá el historiador económico contemporáneo que con más argumentos y convicción ha defendido esta tesis. En La pobreza y riqueza de las naciones, Landes sostiene (capítulo XV) que, partiendo de ciertas ventajas iniciales (climas templados, evolución intelectual y política), lo que contribuyó al ascenso de Europa fue:
1.La autonomía de la actividad intelectual (desligada de la religión).
2.La aceptación del método científico como vía de conocimiento.
3.La rutinización de la investigación y su difusión.
Estos valores prosperaron inicialmente en los países protestantes, donde la crítica individual de las enseñanzas de la religión, la necesidad de justificar racionalmente la fe y la tolerancia religiosa (en ausencia de instituciones represoras como la Inquisición) facilitaron su difusión.
Los argumentos de Landes enlazan con las tesis de Max Weber en su clásico La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905), donde defendía que la reforma protestante desencadenada por Martin Lutero a partir de 1517 y difundida por toda la Europa central y septentrional había contribuido mediante una serie de valores nuevos a fomentar el avance del capitalismo. Weber se fijaba especialmente en los valores del calvinismo (difundido en Inglaterra, Suiza uHolanda), que desarrolló la doctrina de la predestinación, según la cual los cristianos no podían hacer nada (ni fe ni buenas obras) para salvarse, ya que todo estaba escrito. Aunque semejante doctrina podía haber desembocado en cierta pasividad, en realidad se concretó en:
*exaltar la frugalidad, el trabajo, el orden y la seriedad.
*considerar el éxito en los negocios como una bendición de Dios (no como algo sospechoso).
*la idea de que la vida es limitada y no debe malgastarse en frivolidades.
*fomentar la alfabetización para la lectura individual de la Biblia.
*el carácter estrictamente personal de la salvación (individualismo).
Tales valores conformaban una ética cuya finalidad no era el éxito en los negocios (sino la salvación del alma), pero que a menudo conducía a ello.
El problema de las interpretaciones culturales es que resisten mal el análisis comparativo: en otras partes del mundo y en otras épocas hay movimientos religiosos ascéticos o individualistas (el budismo zen), o curiosidad por las ciencias o laicización del pensamiento (la Grecia antigua, por ejemplo). Por otro lado, ningún cambio cultural (el afán de lucro calvinista, o la determinación de los europeos) bastaría para explicar determinados desarrollos si no es como causa a su vez de innovaciones (en la navegación, en las instituciones económicas) que dotan a ciertos pueblos o naciones de los medios materiales necesarios para el cambio económico.
Los historiadores económicos siempre han tratado de incorporar factores culturales, sociales o políticos en sus explicaciones de los cambios a largo plazo. Otra cosaes ponerse de acuerdo en la importancia de estos factores, dada la dificultad de convertirlos en variables cuantificables e integrarlas en el razonamiento económico.
sDe dónde sacaban el dinero los Estados europeos? Pues de donde lo sacan todos los Estados: de su patrimonio (si lo tienen), de impuestos (si pueden) y de préstamos (si alguien les presta).
Patrimonio: las propiedades de los monarcas habían sido la fuente principal de sustento de los Estados en la Edad Media, pero no alcanzaban a cubrir los gastos de la guerra moderna. Así que en algunos casos recurrieron a vender otros tipos de patrimonio, como oficios públicos (vendidos masivamente en Francia o Castilla), títulos de nobleza o privilegios comerciales. Aun así, no alcanzaba: ni siquiera los más ricos monarcas de la Europa moderna -Austrias y Borbones españoles, que tenían un 20% de todo lo extraído de las minas americanas- podían pagar con su patrimonio el coste de los ejércitos, la burocracia y la Corte.
Impuestos: era la fuente principal de ingresos. Desde una perspectiva estrictamente lógica, lo razonable hubiera sido que los Estados gravasen la principal fuente de riqueza; es decir, impuestos sobre la propiedad y sobre la producción agraria. Pero en la mayoría de los países aquella estaba en manos de los nobles y la Iglesia, las clases dominantes de la sociedad feudal, que se resistían a la imposición. Por otro lado, en agriculturas atrasadas como eran buena parte de las europeas, cualquier incremento de la fiscalidad sobre el producto agrario habría afectado a los terratenientes, que habrían tenido que renunciara una parte de sus ingresos. En consecuencia, sólo admitieron este tipo de imposición en casos excepcionales, por lo que no quedaba más remedio que establecer impuestos indirectos sobre el comercio o el consumo. Esta fue la solución adoptada por buena parte de los Estados. Impuestos como la alcabala en Castilla (impuesto del 10 por 100 sobre las compra-ventas), las aides (sobre el vino, licores, velas, jabón) y gabelas (sobre la sal) en Francia desde fines del XIV, o los derechos de aduanas, base de la hacienda inglesa, fueron fórmulas habituales en casi todos los Estados europeos.
Deuda: aunque los impuestos fueron creciendo desde fines del siglo XV, a menudo no alcanzaban para cubrir el gasto, o no producían los ingresos necesarios en el momento en que se precisaban. De ahí que de forma creciente se recurriera al endeudamiento, bien a través de préstamos a corto plazo de banqueros, bien a través de deuda consolidada. Los préstamos de los banqueros internacionales eran fundamentales para pagar las guerras en territorios alejados, como las de los Austrias españoles por toda Europa en los siglos XVI y XVII. Los banqueros proporcionaban anticipos urgentes, y además, movían el dinero a plazas alejadas en una época de comunicaciones difíciles y peligrosas, pero cobraban caros sus servicios. La alternativa fue la deuda consolidada, títulos parecidos a la actual deuda pública, que devengaban un interés anual, y con plazos de amortización muy largos o indefinidos. El pago de los intereses se garantizaba con lo que se recaudaba de impuestos. En sus inicios, siglos XV y XVI, estos títulos-como los juros castellanos o las rentes en Francia- gozaron de buena acogida; sólo Inglaterra demoró su introducción hasta fines del siglo XVII. Pero a medida que los apuros financieros retrasaban el pago de intereses, se fue haciendo más difícil colocarlos en los mercados, por lo que desde mediados del XVI sus tipos de interés crecieron (gráfico 4.1).
Todas estas novedades en materia fiscal y hacendística fueron desarrollándose en los Estados europeos desde finales del siglo XV hasta el siglo XVIII. Y más allá de sus efectos contributivos, tuvieron importantes repercusiones sobre las economías europeas:
a–  Los impuestos contribuyeron a la monetización de la economía y la extensión de los mercados. A diferencia de lo que sucedía con gran parte de la imposición señorial de la Edad Media, las cargas fiscales de los Estados Modernos debía pagarse en metálico. Esto forzó a los campesinos a comercializar sus excedentes o a emplearse como asalariados, contribuyendo así a la extensión de los mercados.
a–  Como muchos de estos impuestos recaían sobre el comercio y el consumo los Estados encontraron fuertes incentivos para fomentar y proteger estas actividades. De este modo, los Estados se preocuparon en ofrecer privilegios a los mercados y ferias, seguridad en los tráficos, garantías a la propiedad privada, sistemas unificados de pesos y medidas y, en general, dictando legislación protectora al comercio y la industria.
a–  Los Estados también tuvieron un fuerte incentivo para promover la explotación colonial, pues los derechos de aduanas, y la misma colonización, constituían otra fuenteimportante de ingresos. Los monarcas financiaron las expediciones de descubrimiento y conquista (como hizo la reina Isabel de Castilla con las de Colón). También establecieron instituciones para el monopolio del comercio colonial, como la Casa de Contratación española de Sevilla en 1503 o, más adelante, compañías privilegiadas como la Holandesa de las Indias Orientales (VOC, por sus siglas en holandés, 1602) o la East India Company (EIC, 1599) inglesa. Tales medidas son el núcleo del llamado mercantilismo (ver recuadro).
a–  Los préstamos de los banqueros otorgaron a estos primeros representantes de la burguesía un poder de negociación que aprovecharon para impulsar la penetración de las reglas de juego capitalista (propiedad privada, mercados, garantías jurídicas a los negocios).
a–  El crecimiento de la deuda consolidada actuó en un sentido parecido. Los Estados no podían zafarse del pago de intereses y amortización de capital porque los tenedores de deuda pertenecían a los sectores sociales más poderosos (comerciantes y financieros, pero también nobles e instituciones eclesiásticas). De ahí que promovieran un mayor control del presupuesto, bien por la vía de la representación política (como ocurrirá con el Parlamento en Inglaterra sobre todo tras la revolución de 1640), o bien mediante el el nombramiento de funcionarios especializados.
a–  El mismo desarrollo de los Estados modernos generó nuevas oportunidades de negocio. Financieros, contratistas navales o de pertrechos, arrendadores de impuestos, o comerciantes de compañías monopolistas constituyeron el sector más rico de lasburguesías nacionales. Los Fugger, Welser o Spínola sólo fueron la cúspide de un nutrido grupo de banqueros y hombres de negocios que prosperaron a la sombra de los Estados. En ocasiones acabaron arruinados; otras veces abandonaron los negocios y, merced al patrimonio acumulado, se integraron en la aristocracia.
De este modo, el fortalecimiento del Estado moderno en Europa contribuyó por diversas vías al avance del capitalismo en una sociedad que aún era predominantemente feudal. Con todo, hay que hacer algunos matices.
a–  En primer lugar, el poder los nuevos Estados no era tan absoluto ni igual en todas partes de Europa. Los Estados nacientes aún debían negociar con diversas instancias intermedias (nobles, municipios, iglesias, gremios o parlamentos), ya que carecían de capacidad para imponer sus decisiones. En zonas como Italia o Europa del Este, la formación del Estado nacional encontró obstáculos insalvables ante el vigor de las ciudades-estado o la nobleza feudal. Polonia, por ejemplo se convirtió en monarquía electiva en 1572, con un rey elegido por los nobles.
a–  En segundo lugar, también tuvo consecuencias negativas:
o La fiscalidad estatal pudo frenar el crecimiento y castigar las actividades (comercio y manufacturas) y zonas más dinámicas; las ciudades y los puertos, más fáciles de controlar, pagaban más impuestos. o La deuda pública funcionó como mecanismo de redistribución inversa (los impuestos que pagaban los pobres acababan en las arcas de los ricos), y drenó capitales que podrían haberse invertido en la producción. o También generó conflictos políticos. Hubo revueltascontra los impuestos, en ocasiones de gran virulencia y difusión, como las de los croquants franceses en 1636; las cuestiones fiscales también contribuyeron al estallido de las revoluciones inglesas de 1642-1689. o A menudo se ha culpado a la presión fiscal estatal, especialmente en la cuenca mediterránea, de la crisis del XVII. Aunque la recaudación de las haciendas públicas creció notablemente en este período, no está claro que significara siempre una mayor presión fiscal, ya que también lo hicieron la población y la renta. Las estimaciones para Francia indican que la presión fiscal aumentó a lo largo del XVI, se moderó temporalmente a comienzos del XVII, y volvió a remontar abruptamente hasta 1650.
Mercantilismo
Además del crecimiento del gasto y de los impuestos, los Estados modernos intervinieron a través de otras políticas económicas, englobadas bajo la etiqueta de mercantilismo. Éste no es propiamente un programa teórico coherente, sino más bien un conjunto de medidas diversas, ideas y autores que tratan de dar respuesta a problemas concretos. El objetivo común era el reforzamiento del poder estatal a través de la intervención pública sobre la economía. Muchas de estas medidas no eran sino la aplicación a escala nacional de las adoptadas en las ciudades medievales para regular la producción o los intercambios, el comercio o la política de subsistencias. Habitualmente eran respuestas a situaciones coyunturales, aunque también había rasgos comunes, como la protección de las manufacturas locales, el fomento del comercio exterior y el logro de una balanza comercial favorableo la obtención de metales preciosos.
Aunque los mercantilistas también plantearon medidas para la regulación del comercio y la producción interior (tasas de precios agrarios y salarios), el grueso de sus preocupaciones se orientó hacia el comercio exterior. De ahí el nombre de 'sistema mercantil” que le dio Adam Smith, del que derivó mercantilismo. Estos esbozos influyeron en los programas de política económica más elaborados que a partir de la segunda mitad del siglo XVII se pusieron en marcha en Inglaterra o en la Francia de Colbert.
La obsesión de los mercantilistas por acumular metales preciosos, llamada en ocasiones 'bullonismo” (del inglés bullion, lingote) estaba ligada a la necesidad de afrontar los gastos de guerra, buena parte de los cuales (sobre todo los pagos a mercenarios) debía efectuarse en oro o plata. La fórmula para conseguirlo, a falta de colonias productoras (monopolio de los españoles) era procurar que los flujos de metales americanos recalaran en el país, y no salieran de él. Para conseguirlo era prioritario que la balanza comercial fuera favorable (aportación de Thomas Mun), lo que debía conseguirse fomentando el comercio, especialmente la exportación de manufacturas, y procurando que los beneficios de éste no saliesen al exterior. Como resultado, algunas políticas mercantilistas concretas fueron:
*Altos aranceles para las importaciones de manufacturas (salvo de bienes intermedios); leyes contra el lujo (que era por definición importado) o prohibición de exportaciones de productos semielaborados o materias primas.
*Actas de Navegación: aprobadas enInglaterra tras la revolución parlamentaria, reservan a los navíos ingleses el tráfico desde puertos ingleses. Otros países adoptan medidas similares.
*Manufacturas reales: grandes fábricas financiadas por el Estado, centradas en bienes de lujo o pertrechos militares, para evitar tener que importarlos. *Compañías Comerciales Privilegiadas: con monopolio para comerciar con una determinada región o producto, especialmente la importación de materias primas coloniales o productos que luego pudieran reexportarse con beneficio. *Prohibición de salidas de oro y plata del país (ineficaces), con la excepción del comercio con Asia, en el que las exportaciones de plata resultaban muy rentables (esa fue la política de las compañías de Indias inglesa y holandesa).
4.3. Armas y gérmenes en América (y África)
La expansión europea hacia el Atlántico venía de finales de la Edad Media, y estaría protagonizada sobre todo por los portugueses y más tarde por los castellanos. Los avances ya mencionados en navíos e instrumentos de navegación proporcionaron los medios, pero la atracción de los metales africanos y los beneficios potenciales de ahorrarse a los intermediarios musulmanes, que controlaban el comercio de especias, proporcionaron los incentivos necesarios.
Muy escuetamente (la historia está recogida en cualquier manual de historia general) podemos seguir las expediciones portuguesas hacia el Índico. El impulso inicial fue proporcionado por el infante Enrique (1394-1460), llamado justamente el Navegante (nunca llegó a reinar, pero aprovechó su peso en la familia real portuguesa para promoverempresas de exploración). Desde finales de la Edad Media Portugal era una nación dedicada a la pesca de altura y el comercio con el norte de Europa; e incapaz de competir en el Mediterráneo, el gran eje tradicional del comercio europeo, cuyo dominio se disputaban navegantes italianos (tras desbancar a los catalanes) y otomanos. De ahí que aprovechara su situación periférica para buscar rutas alternativas en el Atlántico. Sobre todo lo que buscaba eran especias de Oriente y oro de África; especialmente de Ghana. Éste se había encarecido debido a que el crecimiento económico exigía alimentar un sistema monetario basado en ese metal, y sólo subsidiariamente en la plata. Las principales unidades monetarias del momento -dinares árabes, ducados venecianos, florines florentinos- eran monedas de oro, algo que sólo se alteraría con la explotación de las minas americanas. Las especias asiáticas (pimienta, clavo etc.) así como algunos tintes para tejidos habían nutrido las ramas más prósperas del comercio ultramarino en la Edad Media. Esos productos tenían una gran demanda para acondicionar alimentos en una época con limitados sistemas de conservación. Pero, sobre todo, resultaban atractivas por su elevado valor por unidad de peso. La búsqueda de una ruta directa hacia el Océano Índico -abierta finalmente con la expedición de Vasco de Gama- permitía desbancar a los competidores italianos y ahorrar intermediarios. Los beneficios potenciales eran por tanto considerables, y de ahí el apoyo de la corona portuguesa -de Enrique el Navegante a Juan II (1481-1495)- a los viajes de descubrimiento que sesucedieron en el siglo XV, estableciendo colonias o factorías en la ruta hacia Asia, que alcanzó en 1498 Vasco de Gama. Nuevas expediciones posibilitaron llegar a Cantón (China, en 1518), y establecieron bases comerciales (factorías) a lo largo de la costa africana y el Índico: Mozambique, Madagascar, Zanzíbar, Adén o Goa. El dominio de esta ruta por los portugueses aún duraría unas décadas. Para su explotación se estableció en Lisboa una institución, la Casa da Índia (c. 1500), a la que se otorgó el monopolio del comercio con Oriente, la supervisión de la navegación y el cobro de los impuestos. Sin embargo, desde finales del siglo XVI, holandeses e ingleses fueron ganando a Portugal la pugna por el control de estos tráficos. El pionero fue perdiendo peso frente a los competidores recién llegados, pero más eficaces en la navegación y la guerra.
Mucha mejor fortuna tuvieron los castellanos, incorporados más tarde a las expediciones atlánticas, pero a quienes les salió bien la apuesta de Isabel la Católica por Colón. El viaje resultó tan arriesgado que el mismo Colón tuvo que ocultar a su tripulación los datos reales de navegación. In extremis, la expedición tocó tierra el 12 de octubre de 1492, y tras un breve periplo por La Española y Cuba, regreso a Lisboa en marzo de 1493. Con todo, no puede afirmarse que la incorporación de Castilla a esta carrera atlántica fuera meramente casual; ya desde fines del siglo XIV venían promoviéndose expediciones de pesca o comercio hacia las costas africanas. La conquista de las islas Canarias formaba parte del mismo proyecto, impulsado por lacorona.
La historia de la conquista y colonización de América tiene mucho de sorprendente, dado que el número de los conquistadores y su capacidad militar era casi ridículo en comparación con las fuerzas a que se enfrentaron. Hernán Cortés estuvo acompañado de unos 400 españoles cuando conquistó el imperio azteca en 1521 (aunque reclutó miles de indígenas de otras tribus). A Francisco de Pizarro le bastaron algo más de un centenar de soldados para capturar al inca Atahualpa y dar un golpe de muerte al imperio. En los dos casos los españoles aprovecharon la existencia de enemistades abiertas entre la población indígena; e hicieron valer su superioridad militar (corazas y armas de acero, caballos y perros domesticados, arcabuces y artillería), la ignorancia de los indios sobre quiénes eran aquellos extraños forasteros. A medio plazo, se beneficiaron de la mortandad provocada por los gérmenes que acompañaban a los conquistadores, convertidos en “aliados biológicos”. La viruela, sobre todo, el sarampión, la gripe, el tifus y otros patógenos con los que los eurasiáticos y africanos llevaban milenios conviviendo, hasta el punto de haberse convertido en enfermedades de la infancia para las que estaban relativamente inmunizados, diezmaron literalmente la población indígena. El empleo de indígenas como trabajadores forzados en minas y plantaciones remató la catástrofe. Se calcula que entre 1492 y 1650 la población amerindia se redujo entre un 50 y un 90 por 100. Por ejemplo, se estima que en 1532 México contaba con más de 16 millones de habitantes, de los que en 1602 sólo quedaban poco másde un millón. A cambio, América sólo exportó un patógeno que complicaría la vida a los europeos hasta el siglo XX: la sífilis.
Imperios americanos: Incas y Aztecas Los españoles se enfrentaron a su llegada a América a dos imperios poderosos, aunque de reciente aparición.
Los aztecas, dirigidos por un rey-sumo sacerdote (Moctezuma a la llegada de Cortés) eran un pueblo guerrero que dominó mediante el terror el valle de México desde 1428, y desde ahí buena parte de Centroamérica. Los pueblos sometidos al imperio pagaban tributos en especie (alimentos, oro y piedras preciosas, cueros) y en hombres, muchos de los cuales eran destinados a sacrificios rituales. Disponían de una agricultura de irrigación muy productiva (heredada de otros pobladores anteriores), basada en el maíz. Habían sido capaces de construir una gran capital (Tenochitlán), con cerca de cuarto de millón de habitantes, y acumular grandes tesoros de oro y plata. Carecían de animales de tiro y su escritura jeroglífica era bastante tosca, tenían ciertos conocimientos astronómicos y, sobre todo, una notable especialización militar.
Por su parte, el imperio inca había alcanzado una gran extensión -unos
4.000 kilómetros de largo, desde Quito a Santiago de Chile- basado en la asimilación de los pueblos conquistados, que eran obligados a adoptar el idioma quechua y el culto al Sol. Desconocían la rueda y la navegación de cabotaje, la escritura (que sustituían con un sistema de anotación mediante nudos) y, como los aztecas, tampoco disponían de animales domésticos de tiro (sólo llamas y alpacas, para lana y transporte).Tampoco tenían propiedad privada ni practicaban el comercio (por lo que carecían de moneda). Al igual que los aztecas, eran un pueblo guerrero, dirigido por un rey-sacerdote, que habían conseguido convertir en tributarios a otros pueblos indígenas. El imperio estaba comunicado por una densa red de caminos empedrados recorridos de forma continua por mensajeros imperiales a pie. Como los aztecas, tenían ciudades monumentales de piedra (Cuzco, Cajamarca, Callao), con grandes templos, murallas y edificios públicos, incluso en lugares tan inaccesibles como Machu-Pichu. Cuando arribó Pizarro, salían de una cruenta guerra civil.
A diferencia de las expediciones portuguesas hacia África y Asia, que se basaban en el establecimiento de fortalezas y colonias comerciales con escasa penetración territorial, Castilla (no España, ya que inicialmente la corona de Aragón quedó excluida de la empresa) optó por una política de conquista y ocupación de los territorios. Para ello estableció su dominio territorial con fuerzas y fortalezas militares, nuevos núcleos urbanos, y una política de conversión religiosa y, más adelante, castellanización de la población indígena. Se crearon nuevas instituciones de gobierno, como los virreinatos; inicialmente dos, el de Nueva España al norte del istmo centroamericano, y el de Perú al sur. Asimismo se aprobó una legislación específica para los nuevos territorios, las Leyes de Indias.
La explotación de las tierras recién conquistadas resultó difícil, dado el escaso número de conquistadores, la tremenda mortandad de la población indígena, y los problemas derivados dela enormidad de los territorios y la diversidad cultural de los pobladores indígenas. Por ello, la economía de la América española se basó en tres pilares: una agricultura de subsistencia llevada a cabo por los indígenas, basada en los aprovechamientos tradicionales (maíz, batata); una ganadería extensiva de las especies introducidas por los europeos (equinos y bóvidos, sobre todo); y la minería de la plata.
Ésta última fue la clave de la economía colonial. En una primera etapa los españoles pudieron apropiarse de los tesoros acumulados por los imperios indígenas, básicamente formados por objetos de oro. Tras el saqueo, esta 'fuente” de oro se secó, como lo hicieron los yacimientos áureos en las Antillas; En realidad, la verdadera riada de metales preciosos fue de plata, llegó tras 1550 y se basó en el descubrimiento y explotación de nuevas minas. Fundamentalmente dos: Potosí (actual Bolivia) tras 1545, y poco después, Zacatecas (México). La producción total de estas minas (y sobre todo la primera) significó un auténtico torrente de plata sobre Europa; aunque buena parte de ella acabó marchando hacia Asia para saldar los déficits comerciales.
La minería de la plata era muy intensiva en mano de obra. Entre otros motivos, porque la supervivencia de los mineros era reducida. El trabajo en la mina era duro y arriesgado; no sólo por la propia excavación, sino también porque la obtención de la plata empleaba un procedimiento muy insalubre, la amalgama con mercurio, un metal sumamente tóxico. Casualmente, los españoles contaban con una provisión abundante de este metal. En Almadén,Ciudad Real, estaban las principales minas de mercurio de Europa; y, además, encontraron otras en Huancavelica, Perú. La peligrosidad e insalubridad del proceso de extracción de mineral de plata, y de la misma plata, llevó a los españoles a imponer una sistema de reclutamiento forzoso de trabajo, los repartimientos, que tenían sus orígenes en una institución inca, la mita. Básicamente consistía en que cada pueblo era obligado a aportar un determinado número de jóvenes, y durante cierto tiempo, para el trabajo en las minas. Por lo demás, los repartimientos también fueron empleados en otras actividades económicas.
Un problema semejante de falta de mano de obra se planteó en las plantaciones, pero se le dio una solución distinta: se recurrió a mano de obra esclava procedente de África (abriendo así otra vía de beneficio en el comercio colonial). De todos modos, la economía de plantación no fue característica de la América española hasta el siglo XVIII (no así en el Brasil portugués o del Haití francés, donde arraigó antes). La estructura de explotación agrícola característica de los virreinatos españoles fue la encomienda, que venía a reproducir en América el modelo feudal europeo.
El encomendero, un conquistador español o su descendiente, asumía un papel equivalente al del señor feudal, aunque con ciertos matices. A cambio de su protección y del adoctrinamiento religioso, los indígenas debían entregarle una renta en especie o, con mucha más frecuencia, realizar trabajos para él. En definitiva, la encomienda venía a ser otra forma de trabajo forzoso en beneficio de los conquistadores,justificada por la Iglesia como instrumento de evangelización de los indígenas.
En Castilla la explotación económica de América se organizó mediante el monopolio de la Casa de Contratación de Sevilla, establecida en 1503 sobre el modelo de la portuguesa Casa da Índia. El doble monopolio -sólo Sevilla y sólo los súbditos castellanos podían comerciar con Indias- perduró hasta el siglo XVIII, aunque puesto en solfa por el fraude, el contrabando y la piratería. La Casa organizaba los convoyes anuales a América (flotas y galeones), cobraba la parte correspondiente al rey de las remesas de metales (un quinto de todo lo producido; el llamado Quinto Real) y otros aranceles y derechos sobre las mercancías. También se ocupaba de la formación de los pilotos y el registro de cartas náuticas y mapas. Sin embargo, desde muy pronto se fue reduciendo la proporción de productos castellanos exportados a las Indias en favor de los procedentes de otras naciones de Europa, sobre todo del Norte. En todo esto, el contrabando, ampliamente tolerado por las autoridades locales americanas, jugó un papel fundamental.
4.4. Asia y Europa en la expansión del XVI (c.1450-c.1600)
Hasta aquí hemos hecho un repaso rápido, sin prestar la debida atención al orden cronológico, de los cambios ocurridos en la economía internacional y las innovaciones tecnológicas e institucionales que los impulsaron. Conviene ahora examinar los grandes movimientos de la coyuntura, y comparar lo que estaba ocurriendo en Asia y en Europa.
Los primeros siglos de la Edad Moderna en Europa tienen dos grandes periodos: uno de expansióneconómica, que arranca desde mediados del siglo XV, tras la gran crisis bajomedieval, y llega hasta la última década del siglo XVI. Entre esta fecha y 1620-1650 (la cronología varía mucho según las distintas regiones) se inicia el segundo período, de crisis -demográfica y económica, pero también con origen en la guerra- que se prolonga en una depresión extendida a la mayor parte de Europa hasta las primeras décadas del siglo XVIII1.
Sin embargo, dos países escaparán a la depresión por causas que analizaremos más adelante: las Provincias Unidas de los Países Bajos (Holanda para abreviar) y Gran Bretaña. Los datos de población (tabla 4.4), como siempre, nos proporcionan un primer indicador, grosero tal vez pero significativo.
Asia, por su parte, muestra una evolución en cierto modo paralela. Afectada también seriamente por una crisis en el siglo XIV (ligada a la Peste Negra y techos maltusianos), en los siglos XV y XVI experimenta un fuerte crecimiento, que sin embargo se salda con una crisis que afecta duramente a China; pero de la que Japón y la India, por razones distintas, salen mejor libradas. La comparación de estas evoluciones aparentemente paralelas (aunque distintas en sus causas) ofrece algunas lecciones de interés.
Las fechas, como se ve, no son todo lo precisas que nos gustaría. Por un lado, carecemos de datos económicos fiables para este periodo, lo que hace que ni siquiera los expertos se pongan de acuerdo. Por otro, las economías europeas distaban mucho de estar integradas; incluso dentro de un mismo país se producían notables diferencias de coyuntura de unas regiones aotras (dependiendo de las distintas especializaciones productivas, los efectos directos de las guerras o factores particulares). Por último, se advierte también que las cronologías de la historia económica no coinciden exactamente con la de la historia política..
La expansión europea arranca, como siempre en las economías de base agraria, en los campos, como resultado de la recuperación de la crisis bajomedieval. Aunque las fechas varían según las zonas, en la segunda mitad del siglo XV la población volvía a crecer en buena parte de Europa, otra vez por debajo del techo maltusiano, y con ella la producción y el consumo. La crisis, además, había dejado como herencia la abolición de la servidumbre, la forma de trabajo prototípica del feudalismo, en casi toda la Europa occidental, así como un mayor peso político de los Estados y las ciudades. En los campos, buena parte de la producción no se obtenía de los dominios feudales, como en la Edad Media, sino de un nuevo tipo de organización que solemos denominar economías campesinas (ver recuadro).

Economía campesina
Importa aclarar el concepto de economía campesina (formulado por A. Chayanov), que no es sinónimo de economía agraria, sino un tipo específico de ésta. Sus características:
a–  la familia campesina es la unidad básica de producción, reproducción y consumo.
a–  la explotación campesina: tierras en propiedad o arrendadas -en variadísimas modalidades de cesión- son casi siempre trabajadas sólo por la propia familia y por tanto de extensión limitada.
a–  estas explotaciones y familias generan el grueso del producto agrario.
a–  suobjetivo prioritario es garantizar la subsistencia. Eso no significa que se orienten exclusivamente hacia el autoconsumo; existen contactos con el mercado pero no siempre bastan para condicionar los comportamientos.
a–  muchas tienen un fuerte componente comunitario: tierras de uso común (pastos y bosques comunales sobre todo), que sirven para alimentar el ganado y obtener recursos alimentarios complementarios, leña o tierras cultivables cuando la población crece y forman un colchón de seguridad en las épocas de crisis. También hay normas comunitarias, en el marco de la aldea, que rigen las tareas agrarias -cuándo y dónde cultivar o recoger, cómo organizar el trabajo para tareas comunes de mantenimiento de caminos o ayuda mutua, cómo aprovechar la leña o la caza de los comunales- e instituciones de autogobierno: consejos, asambleas de vecinos o concejos que dictan y supervisan estas normas y representan a los vecinos ante al señor feudal o el Estado de turno.
A este tipo de organización, mayoritario aunque no único en la Europa moderna, es al que aludiremos en adelante al hablar de explotaciones, familias o comunidades campesinas.

Este es el contexto general de la expansión del siglo XVI. A falta de innovaciones tecnológicas sustanciales, las vías de crecimiento en el mundo rural fueron fundamentalmente tres: un crecimiento extensivo mediante el incremento de los inputs de factores de producción (tierra, trabajo, capital) y un crecimiento de tipo smithiano basado en la especialización de dos tipos: introducción de cultivos comercializables y diversificación de actividades,aprovechando las oportunidades que brindaban unos mercados en expansión. Veámoslos:
1. Crecimiento extensivo. Roturación (rompimiento de tierras incultas para labrarlas) es la palabra clave. Con más población, la extensión de los cultivos fue el principal factor de la expansión. Aunque con ritmos diferentes, afectó a todos los territorios: en Alemania se repoblaron aldeas abandonadas tras la crisis bajomedieval, se sembraron de nuevo terrenos en desuso, y las zonas de pasto alimentaron una cabaña ganadera creciente. En las costas holandesas se drenaron tierras anegadas y se levantaron diques de contención (dam) para ganar tierras al mar (polder). Los bosques se convirtieron en campos de cultivo; por ejemplo, el bosque de Orleáns en Francia pasó de 60.000 hectáreas originales a 20.000 en 1533.
En un primer momento las roturaciones no afectaron a los pastos que sustentaban al ganado. Su importancia en la economía campesina fue considerable porque proporcionaba la fuerza de tiro y el abonado esenciales para la agricultura. Fue el ganado, mucho más que los aperos y que las comparativamente modestas inversiones en mejoras y regadío, el principal factor de capitalización de las explotaciones campesinas. Creció por último la fuerza de trabajo, el factor más importante de todos, lo que se tradujo en aumentos generales de la densidad de población, con casos notables como Bélgica, que en 1600 superaba los 50 habitantes por km2. Además, dado que aún se disponía de buenas tierras en abundancia, no sólo no aparecieron los rendimientos decrecientes, sino que éstos incluso crecieron. En Polonia de 3por 1 (3 granos cosechados por cada uno sembrado) a 5,5; o cerca de 6 por 1 hasta la segunda mitad del siglo XVI en el norte y centro de Italia; 9 por 1 en Inglaterra, e incluso superiores en Flandes.
2. La segunda vía de crecimiento fue la especialización de cultivos inducida desde los mercados urbanos e internacionales. En realidad, se trata de un claro ejemplo de retroalimentación, pues la división del trabajo exigía avances de los mercados, que a su vez se beneficiaban del avance en la división del trabajo. La difusión del pago de rentas e impuestos en dinero, no en especie, contribuyó al proceso, y la proliferación de mercados locales y ferias fueron a la vez un impulso y un síntoma.
Los cultivos especializados eran muy diversos: olivo y viñedo, en la cuenca mediterránea, cebada y el lúpulo para la cerveza más al norte, materias primas textiles (lino y cáñamo, tintes como el pastel y la granza, morera para los gusanos de seda en Italia o Valencia) o cultivos de huerta en las cercanías de las ciudades y arroz en zonas húmedas. La ganadería -ovina sobre todo— se benefició de la demanda de lana. Fue en los Países Bajos donde más se intensificó la agricultura mediante la siembra de forrajeras y leguminosas, así como con la producción de hortalizas y productos lácteos para los mercados urbanos. Mejoraron los rendimientos empleando fertilizantes y combinando distintos cultivos para acortar el barbecho, al tiempo que mantenían la producción de cereal. Los pastos artificiales alimentaban al ganado estabulado.
3. Por último, el crecimiento rural del siglo XVI se alimentó de ladiversificación de actividades. Sobre todo de la extensión de la industria rural, especialmente la textil; el sector más importante, puesto que el vestido era, tras la alimentación, la necesidad más básica. El modo de organización dominante era el llamado sistema de trabajo a domicilio (también llamado verlagssystem o putting-out system), con varias modalidades, que combinaban el trabajo de los artesanos rurales con la actividad empresarial de un comerciante-fabricante, que encargaba o compraba la producción a los artesanos para revenderla.
Otras actividades que crecieron fueron la minería y la metalurgia, los servicios de transporte (arrieros y carreteros) y en zonas costeras, la pesca. Esta se vio impulsada por la mejora de los procesos de conservación (curación, salazón o ahumado), que permitían vender el pescado a mercados del interior. En el norte de Europa fue sobre todo la pesca del arenque, dominada desde fines del XV por los holandeses, gracias al perfeccionamiento del herring bus, un buque factoría que permitía embarcar entre 18 y 30 tripulantes, faenar durante semanas en alta mar, y salar el producto en las bodegas para conservarlo hasta llegar a puerto (figura 4.2). La flota arenquera holandesa pasó de 250 naves en 1476 a más de 700 en 1560. En el sur de Europa el producto estrella fue el bacalao, que los católicos consumían en los días en los que la Iglesia ordenaba no comer carne. La pesca, además de dar variedad a la dieta, arrastró a otros sectores, como la construcción naval y el comercio, y fomentó la preparación de tripulaciones y la organización empresarialnecesarias para la exploración en ultramar. No es casual que las dos carabelas aportadas por Palos a la empresa de Colón tuvieran como origen, según se cree, una sanción impuesta a sus pescadores por faenar en bancos prohibidos.
Fórmulas semejantes surgieron en muchas regiones con resultados parecidos: diversificar la actividad rural e incrementar la renta de los campesinos, lo que se tradujo en el aumento de la población rural no agrícola (tabla 4.7)
De estas tres vías, la fundamental fue la extensiva; pero las otras dos iban a demostrar más potencial de cara al futuro. En todo caso, la expansión de las economías rurales, pese a ir acompañada de crecimiento demográfico, se tradujo aún a fines del siglo XV en mejoras de los niveles de vida. La escasez de mano de obra propició alzas de salarios, tanto rurales como urbanos, que permitieron mejoras de la dieta; esto ha llevado a hablar de 'una edad de oro para los jornaleros”. En Inglaterra, por ejemplo, aumentó el consumo per cápita de pan de trigo frente a cereales inferiores, y se hizo frecuente el de cerveza y carne, además de incorporar pescado, queso y otros productos. En Suecia o Polonia, algunos trabajadores rurales ingerían hacia 1575 más de 4.000 calorías/día, con un consumo de cereales -pan, cerveza-, equiparable al de carne, y una presencia notable de lácteos y pescado. En las regiones mediterráneas el vino reemplazaba a la cerveza, pero la carne era igualmente habitual. Las clases populares europeas no volvieron a disfrutar de una dieta de tal calidad y variedad hasta después de la industrialización.
Sobre este modelo generalse dan variaciones. En Europa occidental la fuerza de las comunidades campesinas les permitió conservar buena parte de los excedentes agrarios, de modo que la penetración de los intercambios en las áreas rurales fue general. Aunque no todo el campesinado salió igual de beneficiado: frente a una gran mayoría de pequeños campesinos, que seguían viviendo en el límite de la subsistencia y debían emplearse en la industria rural o como jornaleros, surgieron capas de labradores acomodados -masovers en Cataluña o labradores en Castilla- que sí lograron retener parte del fruto de la expansión. Aún así muchos de los beneficios eran absorbidos por la nobleza o los diezmos eclesiásticos. En algunos lugares, como Holanda, predominaron medianas propiedades muy capitalizadas y con escaso peso de la nobleza terrateniente. En cambio, en la Europa del Este se amplió la gran propiedad nobiliaria y se reforzó (o incluso se introdujo) la servidumbre, lo que permitió a los terratenientes ofrecer cereales (Polonia, Lituania) o ganado (Hungría) a precios competitivos en los mercados internacionales.
La expansión de las economías rurales avanzó en paralelo a la de las economías urbanas. En sociedades de base agraria, la existencia de grandes ciudades y las tasas de urbanización son un indicador de la productividad agraria: sólo las agriculturas relativamente productivas podían permitirse alimentar a un gran número de gente que no se dedicaba personalmente a producir alimentos. Los campesinos alimentaban y repoblaban las ciudades (al ser mucho mayor allí la mortalidad), y los ciudadanos invertían ycomerciaban con los campos (aunque también prestaban y extraían rentas señoriales e impuestos). En última instancia, la variable dependiente era la ciudad, que no podía sobrevivir sin el entorno rural. Pero también era el elemento más dinámico.
Las tasas de urbanización (tabla 4.7) no muestran grandes diferencias
entre el siglo XVI y el XVII, pese a ser este último época de contracción. Sí muestran en cambio algunas pautas geográficas interesantes. A finales del siglo XV, las áreas más urbanizadas de Europa eran Holanda y sobre todo el norte de Italia. Sin embargo, en el curso del XVI y sobre todo tras la crisis del XVII, el eje de la Europa urbana se desplazó hacia el norte: Flandes, Inglaterra, norte de Francia.
Entre las funciones económicas urbanas, destacaban dos: su papel como centro manufacturero y como mercado. Toda ciudad moderna era antes que nada mercado: desde plazas de abastos, como la de Rialto que surtía diariamente a los venecianos, mercados tan especializados como la Bolsa de Ámsterdam, donde desde 1602 se negociaban acciones, hasta talleres artesanales que eran a la vez tiendas. En este período la función comercial cambió notablemente: aumentó el volumen de los intercambios, se ampliaron las áreas geográficas y aparecieron nuevos sectores y formas de organización.
Salvo algunas capitales, la mayoría de las grandes ciudades estaban vinculadas al comercio marítimo. Como la población, la geografía urbana de Europa se adensaba en las costas (mapa 4.4). Aparte de Estambul, la metrópoli del Mediterráneo con más de medio millón de habitantes en el siglo XVI, destacaban unaVenecia aún pujante; Sevilla y Lisboa, que protagonizaron la expansión atlántica. Más al norte, Londres, Amberes o Ámsterdam. Y en el Báltico Hamburgo y Danzig. La primacía a lo largo del XVI fue de Amberes, que se constituyó en nodo central de diversas redes comerciales, que incluían desde la venta de textiles ingleses hasta la metalurgia alemana, pasando por las especias y el azúcar traídos por los portugueses.
Junto a los marítimos, crecieron también los tráficos interiores. Pese a la lentitud y precariedad de los medios de transporte, muchas veces a lomo de asno, mula o caballo, y a los obstáculos naturales, hubo una mejora notable del comercio impulsada por el aumento de la seguridad y el descenso de los costes de transacción. Los tráficos se multiplicaron, desde los omnipresentes buhoneros hasta caravanas organizadas de las grandes compañías. El traslado de inmensos rebaños bovinos para abastecer urbes como Viena, de minerales centroeuropeos para la metalurgia de Lieja, Nuremberg o Cracovia, o la llegada de algodón a Augsburgo o Ulm para fabricar fustanes, fueron sólo algunas muestras de esos flujos. Ferias y mercados se extendieron por Europa acercando productos y potenciando las corrientes de especialización regional. Abundaban, por ejemplo, las ferias ganaderas que reunían a tratantes y criadores de decenas de kilómetros a la redonda: en Inglaterra y Gales las hubo dispersas por varias regiones, especializadas en ovino y caballar, y sobre todo, bovino. Unas pocas ferias internacionales, en zonas estratégicas, traspasaron las fronteras, y reunieron a negociantesespecializados en cambios de monedas, libranza de letras de cambio y ajustes de pagos: fueron las ferias de cambios de Lyon, Ginebra, Piacenza o Medina del Campo, que funcionaban coordinadamente, constituyendo la espina dorsal de las finanzas europeas.
Aunque la figura dominante siguió siendo el mercader individual, a menudo asociado a parientes que eran a veces socios o aprendices, se difundieron las compañías de responsabilidad limitada. La commenda, en la que algunos socios capitalistas participaban en los beneficios sin arriesgarse personalmente en la expedición, fue dejando paso a la compagnia, más estable aunque de responsabilidad ilimitada y posteriormente a compañías por acciones negociables de responsabilidad limitada, como las inglesas de Moscú (1553) o de Levante (1581). Estas compañías surgieron para explotar concesiones de monopolio en el comercio a larga distancia, y permitieron movilizar capitales en un volumen impensable hasta entonces para financiar expediciones lejanas de navíos de mayor tonelaje.
La otra gran función económica de la ciudad fue la manufacturera. En este ámbito no hubo innovaciones notables en cuanto a formas de organización, producción o tecnología. Pero sí en la especialización regional -con la decadencia de sectores como la pañería flamenca y el ascenso de otros- y un crecimiento general de la producción.
Las fuentes del crecimiento, como en la agricultura, tenían más que ver con ganancias derivadas de la especialización y el comercio (crecimiento smithiano) que con la innovación (crecimiento schumpeteriano). No se incorporaron masivamente nuevasfuentes de energía, pues sólo en Holanda cobró algún peso la turba (para elaborar cerveza o materiales de construcción), y el carbón fósil era aún más raro. La innovación tecnológica fue escasa, con las importantes excepciones de la construcción naval, las armas de fuego, la relojería y la imprenta. Es cierto que sus repercusiones no se reducen al valor de lo producido; no es fácil valorar por ejemplo, las repercusiones económicas de la imprenta de tipos móviles.
Tampoco hubo innovaciones organizativas. Aunque existían grandes instalaciones industriales, autenticas fábricas muy capitalizadas y con gran número de trabajadores en la minería, la metalurgia (en especial los arsenales) y los astilleros, la familia y el gremio, íntimamente ligadas, seguían siendo las bases de la manufactura urbana. La familia era el ámbito habitual de trabajo, aprendizaje y perpetuación de los talleres. Los gremios conocieron en este período su edad de oro, y en muchas zonas mantuvieron su predominio hasta el siglo XVIII.
Tampoco existieron innovaciones sustanciales en los bienes fabricados. La elaboración de alimentos y los artículos de vestido y calzado seguían dominando la manufactura (tabla 4.8). La industria cervecera floreció el norte y centro de Europa, con auténticas fábricas en Bélgica y el norte de Alemania. La importancia de la construcción se pone de manifiesto en el elevado número de albañiles, peones, canteros o carpinteros de obra que poblaron las ciudades. Aunque fue una actividad eminentemente urbana, que movilizaba cuantiosos capitales y de la cual dependía la imagen de la ciudad, no esaún suficientemente conocida. Por último, herramientas y menaje se fabricaban empleando materiales (plomo, madera, hierro, arcilla) conocidos desde la Antigüedad, aunque los metales iban desplazando progresivamente al resto.
En cuanto a la distribución geográfica, las zonas textiles tradicionales de Flandes y el norte de Italia (Florencia o Venecia) mantuvieron su preeminencia durante buena parte del siglo XVI (mapa 4.4). A ellas se agregaron centros fabriles de Castilla o las Provincias Unidas de Holanda. El cambio más importante vino de la difusión de los nuevos paños (new draperies) flamencos, variedades de lana de calidad inferior pero baratas, para consumo popular. Se fabricaban en núcleos como Lille, que multiplicó por diez su producción de tejidos entre 1530 y 1550, o Hondschoote, que en 1560 producía más de cien mil piezas. La crisis política en los Países Bajos forzó la emigración de tejedores hacia otras regiones, donde contribuyeron a difundir los nuevos paños. No obstante, las transformaciones no eran lineales. Desde fines del siglo XVI la nueva pañería atravesó diversas dificultades y algunos de los centros decayeron mientras otros volvieron a especializarse en paños finos. Así ocurrió en Leiden, que recobró en el segundo cuarto del siglo XVII su condición de gran núcleo textil gracias a los lakens, paños finos de lana merina.
La metalurgia floreció en distintos centros europeos, asociada al crecimiento de la extracción minera. Lieja se especializó en la fundición y elaboración de utillaje de hierro. Nuremberg contó con diversos gremios especializados en objetos dehierro y cobre, y también importantes arsenales. A fines del siglo XVI el agotamiento de muchos filones y la caída de la demanda llevaron al estancamiento a muchas de estas industrias. El relevo lo tomó Suecia, cuyas ricas minas de hierro y cobre (Falun) la convirtieron en primer exportador europeo.
A falta de grandes innovaciones tecnológicas, el auge de las manufacturas urbanas debe explicarse por el crecimiento de la demanda, en parte debido a los tráficos fuera de Europa pero fundamentalmente por el aumento general de la población y la renta, el descenso de los costes de transacción y las economías de escala al incrementarse la producción. Hablamos de nuevo de un crecimiento de tipo smithiano. De ahí que la manufactura fuera la primera víctima del descenso de la renta por habitante perceptible ya en las últimas décadas del siglo XVI. El círculo virtuoso que había encadenado el aumento de la productividad agraria con un crecimiento más que proporcional de la demanda de servicios y manufacturas, se convirtió a raíz de la crisis en un círculo vicioso que llevó la ruina a muchos núcleos industriales.
A falta de investigaciones detalladas, sabemos mucho menos de la historia económica en Asia que en Europa. Asia seguía dominada en la Edad Moderna por cinco imperios territoriales: el imperio otomano en Oriente próximo, el imperio safávida en Irán, el mogol en la India (todos con dinastías islámicas), el ruso en el noroeste, y finalmente el Imperio Ming (1368-1644) en China. Los más importantes en población y pujanza económica fueron los imperios chino e indio (más propiamente llamadomogol), aunque por su presencia en el Mediterráneo destacan los otomanos.
La India mogol, unificada aunque sometida a continuas guerras, alcanzó la cumbre de su poder en el reinado de Aurangzeb (m. 1707). Este imperio contaba con una agricultura muy productiva (con la posibilidad de dos cosechas anuales gracias a los monzones, sistemas de regadío y una amplia explotación de la tierra disponible), unas capas comerciales activas, y una industria pujante. Sin embargo, adolecía de graves problemas de comunicaciones y, en este periodo, de cierto estancamiento tecnológico. Aunque no conocemos bien los procesos, parece que la rigidez de la sociedad de castas con sus desincentivos a la iniciativa individual y el peso de la nobleza mogol (que absorbía cerca del 20% de la renta de la tierra) constituyeron serios obstáculos para su desarrollo. El imperio mogol tenía elevadas tasas de urbanización (cercanas al 10%) y contaba con grandes ciudades que superaban el medio millón de habitantes, como Calcuta y Agra. Pero estas urbes no eran tanto focos de dinamización económica como devoradoras de rentas. En muchos sentidos -nobleza guerrera parasitaria, economía básicamente agraria basada en aldeas autónomas, estructura social rígida, dominio de los gremios en las manufacturas, enormes desigualdades de renta- la India mogol podría describirse como un sistema feudal. El éxito del crecimiento de la población y las ciudades es quizá un indicio engañoso, ya que se movía dentro de la trampa maltusiana (con fuertes crisis tanto en el siglo XIV como en el XVII), sin que mejorara la productividad generalni el dinamismo económico.
Hacia 1400, la China Ming se hallaba en una inmejorable situación para emprender una expansión mundial. La superioridad técnica, económica y demográfica del imperio, con cerca de 100 millones de habitantes, se reflejaba en la variedad de los intercambios en el mar de la China, y en el establecimiento de colonias comerciales en diferentes puntos del sudeste asiático. Las expediciones chinas hacia el Índico, como las del almirante Cheng Ho, contaban con flotas muy superiores, en navíos y tripulación, a las de los navegantes ibéricos de fines del siglo XV. Sin embargo, desde la década de 1430 se produjo un giro radical de la política imperial, que se orientó a consolidar su dominio continental, abandonando la navegación durante más de un siglo. El giro a la economía china impuesto por los Ming, retornando a bases predominantemente agrarias, cerrándose al exterior (hasta el punto de abandonar en el arte de la navegación justo cuando Europa más se esforzaba en desarrollarlo), y frenando las corrientes de desarrollo tecnológico que habían caracterizado su historia anterior, constituyen a fecha de hoy un misterio. Pese a todo, este extenso imperio conoció un fuerte crecimiento agrario (basado en la extensión del arroz, un cereal mucho más productivo que los europeos), manufacturero (con muy elevadas cifras de producción de hierro) y urbano, con ciudades como Nanjing, de un millón de habitantes hacia 1600. Pero sus relaciones con Europa resultan reveladoras: era Europa la que demandaba mercancías en China (y no a la inversa), pero era Europa (y no China) quienenviaba las naves; ambos hechos son igualmente significativos.
Eric Jones ha buscado las causas del estancamiento chino en el siglo XV precisamente en el mismo terreno político que justifican el milagro europeo. El Estado chino, aunque dotado de fuertes mecanismos de control interno (ejércitos, una casta burocrática eficiente y el dominio de una religión de Estado), no resultaba demasiado gravoso para la enorme economía china. Los tipos impositivos estatales eran bajos, aunque las dimensiones del país hacían que los montos totales fueran enormes. El emperador podía beneficiarse además de ingresos exteriores como los derivados del sistema tributario de comercio, que obligaba a pueblos limítrofes (Vietnam, Corea y Java al este, además de etnias diversas en las fronteras norte y oeste) a enviar expediciones con tributos y mercancías. De este modo, a falta de competidores políticos y sin necesidad de extraer más impuestos, el Imperio chino carecía de incentivos para fomentar la actividad económica, y por tanto tampoco adoptaba medidas (inversión en infraestructuras, protección frente a catástrofes, aranceles o legislación de fomento económico) que caracterizaron a los Estados europeos.
4.5. La crisis del siglo XVII y la divergencia europea
Hemos comparado hasta aquí la situación de Europa y Asia en los primeros siglos de la Edad Moderna, digamos entre 1450 y 1600. A partir de esta fecha, en Europa se va a producir un agotamiento del modelo de crecimiento extensivo que desembocará en la llamada crisis general del siglo XVII, en un período que va de 1620 a 1650 y que afecta a todaEuropa, aunque de modo muy distinto según las regiones. Los mecanismos de la crisis son los habituales en las sociedades de base agraria. Las vías extensivas de crecimiento se habían agotado y los rendimientos decrecientes aparecieron en muchas áreas. En economías campesinas frágiles, la especialización del período anterior (fuente del llamado crecimiento 'smithiano”) podía resultar contraproducente, de forma que se retornó a formas de actividad y producción de subsistencia. El cereal avanzó en detrimento de los cultivos comerciales, y con ello cayó la capacidad adquisitiva del campesinado. Las rentas de la tierra que habían crecido en le periodo de expansión se resistían a bajar en época de crisis; lo mismo sucedía con los impuestos. Consecuentemente, el excedente en manos de las familias apenas alcanzaba a cubrir su subsistencia, y se resentía la demanda de productos no imprescindibles. De este modo, la crisis agraria se trasladó a la actividad comercial y manufacturera, básicamente del campo a las ciudades. Pero no en todas partes del mismo modo ni con la misma intensidad. El comercio exterior, y especialmente el comercio de ultramar, no parecieron especialmente afectados por la crisis.
Precisamente por la diferencia en las repercusiones de la crisis no existe acuerdo entre los historiadores económicos sobre su naturaleza, causas e importancia. El debate sigue abierto, pero tiende a imponerse la visión de la crisis del XVII como una reconversión que se saldó con una divergencia entre una minoría de economías que encontró soluciones intensivas al estancamiento y una mayoría que sehundió en él. Esa divergencia se traduce en tres modelos:
a–  El estancamiento o depresión de las economías del sur de Europa (Portugal, Castilla, Italia), donde retrocedió la especialización y la nobleza terrateniente se reforzó. La causa fue sobre todo la ruina de las economías campesinas (sobre todo las familias más pobres), que en tiempos de crisis retornaron a agriculturas de subsistencia, menos lucrativas pero también menos arriesgadas que la especialización y diversificación del período de expansión.
a–  El retroceso de las economías del Este de Europa (al Este del Elba) a formas tradicionales del feudalismo, basadas en la servidumbre, lo que redundó en la pérdida de importancia de los mercados y el retorno a economías agrarias de subsistencia poco urbanizadas. La clave aquí fue la respuesta de los terratenientes feudales a la crisis, que consistió en incrementar la presión sobre los campesinos; fue la llamada segunda servidumbre.
a–  El ascenso económico de las zonas en torno al Mar del Norte, especialmente las Provincias Unidas de Holanda e Inglaterra, que fueron hacía una senda de crecimiento “smithiana”, basada en la división del trabajo, la difusión de los mercados, un marco económico cada vez más capitalista, y el aprovechamiento de las oportunidades del comercio internacional. Allí, las ganancias de productividad agraria, el auge del comercio a larga distancia y la pujanza de las ciudades mantuvieron abierta la senda del crecimiento.
La vía holandesa consistió en especializar su sector primario en productos de alto valor añadido para los mercados urbanos, tanto agrarios(hortalizas, lácteos, carne, flores), como pesqueros y surtirse de cereal importado, abundante y barato, a través del mar Báltico, gracias al dominio de Holanda en el transporte y comercio internacional. Además, los holandeses actuaban como principales intermediarios en los tráficos regionales europeos, apoyados en su impresionante flota mercante (tabla 4.10). Algo distinto fue el caso de Inglaterra, que se convirtió en la segunda mitad del siglo XVII en una importante exportadora de cereales gracias a sistemas de explotación que combinaban mejor agricultura y ganadería, con abonado abundante y ciclos de rotación más productivos. Eso permitió, ya desde la segunda mitad del XVI, ampliar la superficie cultivada y la productividad (gracias al abono animal). De esto modo Gran Bretaña pudo garantizar el suministro de alimentos a su población; así como el de materias primas (lana sobre todo) para una industria rural en expansión. El papel de los grandes terratenientes y de los labradores enriquecidos fue crucial en este proceso, y los cercamientos de tierras (enclosures) su manifestación más visible. Los perjudicados, como en otras partes, fueron las comunidades campesinas y las prácticas comunales, lo que en Inglaterra se tradujo en mayor número de jornaleros sin tierra, asalariados rurales. Ligado a ello, la penetración de las relaciones mercantiles elevó el porcentaje de población activa no agraria en el medio rural, así como la población urbana (tabla 4.7).
Como resultado de lo anterior, se produjo un cambio sustancial de los equilibrios económicos dentro de Europa. Los países de lacuenca mediterránea perdieron protagonismo y dinamismo frente a las “locomotoras” del crecimiento: Holanda e Inglaterra. Estas naciones se convirtieron en los centros manufactureros de Europa, volcados hacia los mercados internacionales, y cada vez más escorados hacia el tráfico ultramarino. Inglaterra importaba volúmenes crecientes de materias primas, como seda en bruto, con las que diversificar su producción. El consumo de carbón mineral para uso doméstico y diversos procesos industriales se incrementó notablemente, anunciando futuros cambios en el modelo energético. Holanda seguía estando en el centro de los distintos circuitos comerciales, de la mano del desarrollo de los servicios de transporte y financieros. Ello impulsaba a su vez unas manufacturas muy diversificadas, entre las que destacaban los procesos de acabado textil, refinado de azúcar o labores del tabaco. Ámsterdam, capital financiera de Europa, y Londres, su competidora en el comercio lejano, fueron las metrópolis de esta nueva fase.
Estos son los grandes modelos, aunque dejan sin resolver muchos interrogantes, varias regiones que no encajan bien en el esquema; como Cataluña, que siendo 'mediterránea” persevera en las vías de crecimiento smithiano. O incluso países enteros: una Italia 'decadente” pero aún muy densamente poblada, una Suecia que es una potencia militar. Así que hay que tomar estos modelos como lo que son: una estilización (o deformación útil) de la realidad histórica.
sCuáles fueron las causas de la crisis del XVII? En primer lugar, hubo un evidente componente maltusiano: la población creció porencima de los recursos y el ajuste acabó produciéndose mediante el retroceso demográfico (los llamados frenos positivos de Malthus). La recurrencia de malas cosechas y epidemias avalan este argumento. Se habla también de un empeoramiento de las condiciones climáticas en a primera mitad del XVII, una pequeña edad el hielo. Pero la explicación maltusiana no está completa si no se tienen en cuenta los contextos que enmarcan las respuestas a la crisis. Si no, spor qué unos países y regiones persistieron en el camino de la especialización y otros retornaron a lógicas feudales o de subsistencia?
La divergencia en la gestación y la gestión la crisis del XVII debe tener explicaciones institucionales y sociales. Las más convincentes tienen que ver con la distribución social del poder y de la riqueza; el ascenso de la burguesía en Holanda e Inglaterra frente al predominio de la nobleza terrateniente (el feudalismo) en el resto. O quizá debamos admitir que no hay una sola respuesta, y sólo nos estemos esforzando, como a veces hacen los economistas, en predecir hechos pasados. Sabemos qué ocurrió; y creemos que sentó las bases para la Revolución Industrial en Inglaterra. Pero si ésta se hubiera producido, supongamos, en Suecia, estaríamos contando otra historia distinta y buscando causas en las peculiaridades suecas. El hecho de que Holanda, con una agricultura más intensificada y mercantilizada que la inglesa, y con un predominio del capitalismo mercantil, quedara rezagada en la industrialización debería servirnos de recordatorio al respecto. Y también de que no conviene mirar la historia comouna fábula moral con ganadores- pioneros y perdedores-imitadores.
4.6. El crecimiento del comercio de Ultramar
De nuevo toca abrir el foco más allá de Europa. Superada la crisis, el núcleo más dinámico de la economía europea se instala en torno al mar del Norte, desde donde Holanda e Inglaterra se proyectan hacia el Atlántico y el Índico, con una papel importante reservado a España por su relación con América, y a Francia, potencia territorial en el continente, que también trata de abrirse un hueco en el dominio de los mares. Porque será ahí, en el comercio de ultramar donde se hará más presente el avance del capitalismo.
Entonces alcanzó su madurez un complejo sistema de intercambios (figura 4.3). La plata americana servía para saldar el déficit crónico del comercio con Asia. Por su parte, la explotación de las plantaciones americanas, ante la escasez de mano de obra indígena, recurrió cada vez más a los esclavos africanos. A su vez, América exportaba productos primarios que Europa pagaba con manufacturas y alimentos elaborados. A mediados del siglo XVII, en vísperas del auge del comercio mundial que se consolidaría en el XVIII, se habían sentado los cimientos del protagonismo de Europa en el mundo.
Aunque la minería del oro y de la plata ha oscurecido el resto de las actividades económicas desarrolladas en la América española, desde el primer momento abundaron los intercambios. Desde Europa se introdujeron cereales y ganado, que pronto generaron productos de exportación, como los cueros. Y sobre todo el azúcar, el producto estrella de la economía colonial, introducido porlos españoles en el Caribe, del que hacia 1580 se remitían a Sevilla 370 toneladas anuales. Los portugueses introdujeron la caña en Brasil a mediados del siglo XVI, y las exportaciones crecieron de 2.000 toneladas anuales en la década de 1560 hasta superar las 8.000 hacia 1610. La demanda de azúcar, limitada inicialmente a los ricos, creció con rapidez en Europa durante el siglo XVII, estimulando la expansión inglesa y francesa en el Caribe. Las plantaciones azucareras comenzaron a emplear esclavos africanos. Los portugueses dominaron este siniestro y lucrativo tráfico, mediante el llamado asiento de negros, un monopolio concedido por la corona con bases en el golfo de Guinea (Elmina) y Angola (Luanda). Sin embargo, en el segundo tercio del siglo XVII, holandeses e ingleses comenzaron a romper este monopolio. En sentido inverso, la aclimatación de productos americanos en Europa, y muy especialmente el maíz, un cereal con mayores rendimientos por hectárea que los tradicionales, tuvo repercusiones de importancia en algunas regiones europeas ya a fines del XVI.
Castellanos y portugueses dominaron la primera fase de exploración y colonización, hasta aproximadamente 1570; a partir de entonces comenzaron a ceder frente a la competencia de Holanda y Gran Bretaña, apoyadas en su potencial marítimo y manufacturero.
Los holandeses se introdujeron en el comercio colonial aprovechando la decadencia de Amberes, principal emporio durante buena parte del siglo XVI. En el Atlántico, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales (no confundir con la de las Indias orientales) amenazaba losintereses ibéricos, ya que Portugal y España estuvieron bajo una única corona entre 1580 y 1640. Su objetivo era hacerse con los cargamentos de metales preciosos y establecer colonias permanentes en el Caribe y Sudamérica, incorporándose además al tráfico de esclavos. Para ello disputó militarmente a los portugueses varios enclaves en Brasil y África. La penetración en el Índico avanzó tras la constitución de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) en 1602, que reunió los capitales y apoyos políticos necesarios. La conquista del puerto estratégico de Batavia (actual Yakarta) en 1619 permitió a los holandeses consolidar una fuerte posición en Asia, y eliminar la competencia portuguesa en el tráfico de especias -la tabla 4.11 muestra que la pimienta era el principal renglón de las importaciones-. Asimismo, ello le permitió imbricarse cada vez más en el comercio intrasiático. De este modo, podía maximizar el beneficio con un mínimo de metales preciosos (los asiáticos exigían el pago en plata). Se vendían tejidos de algodón indios en el Sudeste asiático a cambio de cargamentos de especias, sedas, índigo y otros productos del comercio con China y Japón. La combinación de la fuerza militar y ciertas ventajas mercantiles convirtieron a los holandeses, como ya lo eran en Europa, en intermediarios de una compleja red de circuitos. Gracias a ello, las acciones de la VOC doblaron su cotización en la década de 1630.
Los ingleses también pugnaron por su parte en el pastel del comercio ultramarino. En las últimas décadas del siglo XVI la rivalidad con españoles y portugueses fomentó unapiratería oficialmente amparada, que suponía cerca del 10 por 100 de las importaciones totales. Pero lo que impulsó la colonización en la América del norte no sólo fueron el oro y la plata, sino cada vez más otros productos, como pieles y pesca. Los inicios de esas colonias fueron muy difíciles, lo que explica que se poblaran con perseguidos por razones religiosas y reclusos. La introducción de la planta de tabaco supuso un cambio importante. Tras la fundación de la Virginia en 1607, se introdujo su cultivo, lo que propició la rápida expansión de la colonia y la llegada de más colonos. De 10.000 habitantes de 1629 Virginia pasó a cerca de 100.000 a mediados de siglo, crecimiento que fue paralelo al de la exportación de tabaco: 50.000 libras en 1618, diez veces más en 1628, y más de 1,8 millones hacia 1640. Aunque a corto plazo esta expansión amenazó los precios, a la larga abrió enormes expectativas: el tabaco, como el azúcar y más tarde el té, se convirtió en un artículo de consumo masivo. En otras zonas de América del norte, como en Nueva Inglaterra, surgieron enclaves dedicados a la pesca, la explotación forestal y la construcción naval, dirigidos a veces hacia los mercados de España y las Indias Occidentales.
En Asia, la Compañía de las Indias Orientales (1599) protagonizó la penetración inglesa, con un papel menor frente a los holandeses, que lograron excluirles, no sin conflictos, del comercio de especias. Los ingleses se centraron en importar mercancías de la India, como tejidos de algodón (calicós) y especialmente índigo y salitre. Como sus competidores, trataron tambiénde introducirse en los circuitos del comercio asiático para reducir al mínimo las importaciones de metales preciosos.
Para terminar, debe plantearse la importancia de la expansión colonial para el desarrollo capitalista en Europa. Durante años se ha sostenido que la explotación de las colonias fue esencial en la acumulación de capitales, sobre la base de unos intercambios muy desiguales. Más recientemente, autores como Patrick O’Brien lo han cuestionado, señalando que los ingresos coloniales representaban un porcentaje pequeño del producto europeo antes de 1750. Con todo, y aún reconociendo que las transformaciones europeas tienen raíces en su mayor parte internas, no es menos cierto que la expansión ultramarina supuso importantes incrementos de los inputs, modificó pautas de consumo y abrió sectores de negocio (economías de plantación, minería colonial, comercio asiático) con posibilidades de acumulación a una escala desconocida hasta entonces. El auge de núcleos como Sevilla, Lisboa o Ámsterdam no podría entenderse sin esta apertura de Europa al mundo. La historia del éxito europeo no se entiende sin considerar su comercio con Asia, y éste a su vez tiene su clave en la explotación de las minas y las plantaciones americanas, con el trabajo forzado de esclavos africanos o indígenas sometidos.
4.7. La transición al capitalismo
Vemos de este modo que, por diversas vías, van ganando lugar en Europa unas nuevas reglas de juego económicas que identificamos con el ascenso del capitalismo. Recordemos que éste se caracteriza por:
a–  predominio del capital (frente a la tierra o eltrabajo) en la producción.
a–  la clase dueña del capital (capitalistas o burgueses) es la clase dominante en la sociedad.
a–  crecimiento del número de obreros (proletarios) que sólo poseen su fuerza de trabajo.
a–  propiedad privada de los medios de producción (tierra y capital: instalaciones, tierras, maquinaria).
a–  mercados “libres”.
Hemos examinado muchos indicios de este ascenso: la importancia que cobra el comercio internacional (básicamente, capital), el peso de los grandes banqueros internacionales, el avance de las relaciones de producción capitalistas en la agricultura (sustitución de comunales por enclosures, de trabajo campesino por trabajo asalariado) y en la industria (verlagsystem), el ascenso de las burguesías al poder en Holanda e Inglaterra. Si se piensa bien, incluso los ejércitos de la Europa moderna, a diferencia de los medievales, responden al modelo capitalista, no feudal: están basados en soldados de infantería, bien armados (capital), bien artillados (capital) y que cobran por su trabajo, algo que hubiera sido impensable para los guerreros feudales (una elite selecta de caballeros) o incluso los jinetes mongoles o los hunos de Atila. Las causas de la expansión del capitalismo son debatidas: factores religiosos/intelectuales para Landes, las presiones introducidas por el desarrollo de un nuevo arte de la guerra, el papel de los Estados como promotores de la reducción de costes de transacción (North), el ascenso económico y político de la burguesía comercial (Marx), el 'milagro” inducido por la competencia entre Estados europeos (Jones). La complejidad de lacuestión hace que el debate esté lejos de resolverse.
Formas de trabajo no capitalistas en el mundo moderno
Aunque el trabajo en la Europa occidental se desenvolvía de forma cada vez más frecuente bajo relaciones contractuales (capitalistas), otros sectores importantes de la economía, tanto en el continente como en las colonias, mostraban fórmulas de trabajo forzoso o semilibre muy diferentes. Entre otras.
Esclavitud: el trabajo en las plantaciones de las Antillas y Norteamérica, así como en varias regiones de América del Sur corría en buena parte a manos de esclavos, sobre todo de origen africano. Las cifras de las 'importaciones” de la 'trata de negros” (tabla 4.9) hablan de casi 23 millones de africanos capturados y vendidos como mano de obra, un tráfico en el que participaban por igual portugueses, holandeses, franceses e ingleses. Las condiciones de trabajo en las explotaciones eran de gran dureza, lo que explica que pese a los esfuerzos de los propietarios en que sus trabajadores se reprodujeran (el símil con el ganado no sería desafortunado), fuera necesario reemplazarlos periódicamente en las subastas que celebraban los tratantes. Especialmente importante fue la mano de obra esclava en las plantaciones de azúcar de las Antillas y Brasil, y en mucha menor medida en las de algodón y tabaco de Norteamérica y, aunque su empleo en otras muchas tareas, especialmente el servicio doméstico, estaba extendido por todo el continente.
Servidumbre de la gleba: el régimen feudal de trabajo servil fue el dominante de buena parte de Europa del Este, e incluso se reforzó tras la crisis del XVII(segunda servidumbre). Los campesinos eran adscritos de forma hereditaria a la tierra, que no podían abandonar, y obligados a dedicar un determinado número de jornadas al año a trabajar las tierras señoriales. En palabras de un tratadista de la época, era 'costumbre casi común comerciar con los siervos como si fueran caballos o vacas”. En el distrito de Koczyn (Polonia), las jornadas de trabajo en la reserva señorial, en su mayoría no remuneradas, se incrementaron en un 50 por 100 entre comienzos del siglo XVII y 1660.
Trabajo forzado en minas y explotaciones agrarias de la América hispana. Ya se han mencionado las encomiendas, por las que un encomendero (español), propietario de las tierras, tenía a su cargo un cierto número de indígenas (encomendados), que debían pagarle tributos en dinero o especie o trabajar en sus tierras. Un sistema semejante funcionaba para el trabajo de las minas, bajo el nombre de mita en Perú o repartimiento de minas en Nueva España que obligaba a los indígenas a trabajar en las minas (inicialmente en Potosí) un año de cada siete; aunque cobraban un salario, no podían elegir si trabajaban o no. Servidumbre por deudas: una parte importante de los primeros colonos ingleses en las colonias de Virginia (Estados Unidos) eran artesanos o campesinos que habían contraído deudas y elegían saldarlas trabajando para un terrateniente o una compañía durante un determinado número de años, sin percibir un salario por ello (indentured servants).
Hasta aquí la recapitulación de los indicios del ascenso del capitalismo, pero no debemos olvidar que éste era aúnminoritario incluso a escala europea. Aunque avanzaba en todos los países, la crisis del XVII lo hizo retroceder en amplias regiones del Mediterráneo y muy claramente en el Este de Europa. El sistema económico dominante en Europa seguía siendo el feudalismo. De ahí que este período se describa a veces como de transición al capitalismo. Veamos algunos datos al respecto:
a–  pese al ascenso del comercio y las ciudades, la agricultura (especialmente campesina) seguía siendo el sector dominante en la mayor parte de Europa, en el que trabajaba cerca del 80% de la población activa, y que generaba una parte equivalente de la renta. Es decir, seguía siendo la tierra (y no el capital) el principal factor de producción.
a–  pese al ascenso de la burguesía en muchas zonas, la nobleza terrateniente y la aristocracia eclesiástica seguían siendo las clases dominantes en la mayor parte de los países. Copaban los altos cargos estatales, recibían una parte sustancial de las rentas agrarias, gozaban de privilegios legales (como los mayorazgos que les impedían perder sus posesiones aunque se endeudasen, privilegios fiscales, derechos políticos), y sobre todo imponían sus valores. Estos se basaban en virtudes heredadas por la sangre, en el desprecio del trabajo manual, y en el gasto ostentoso. De ahí que en muchos países, incluidas Inglaterra y Holanda, los burgueses ennoblecidos a menudo abandonaran los negocios, y compraran tierras e incluso títulos de nobleza.
a–  pese al aumento de trabajadores asalariados, predominaban en Europa los propietarios campesinos (con derechos de propiedad compartidos con losseñores feudales), los artesanos autónomos de los gremios o incluso los siervos de la gleba.
a–  pese a la difusión de los mercados y el crédito, buena parte de la economía seguía moviéndose en lógicas de subsistencia, y no de mercado.
a–  pese a la difusión de la propiedad privada, seguían predominando formas de propiedad no capitalistas: derechos compartidos sobre la tierra, propiedad amortizada (que no podía salir al mercado) de los fideicomisos de la nobleza (mayorazgo en Castilla, strict-settlement inglés) y las manos muertas de la Iglesia, pervivencia de amplias propiedades y derechos comunales.
a–  pese al ascenso de los mecanismos económicos (mercados) en la distribución de renta, los mecanismos “políticos” (derivados del poder) de extracción de renta -desde la servidumbre a los diezmos- seguían imperando en muchas partes de Europa, e implicaban no sólo unos flujos al margen de los mercados, sino un factor clave de la extrema desigualdad de la riqueza.
En estas circunstancias, difícilmente la división del trabajo y los mercados (el crecimiento smithiano que sentara las bases para la innovación tecnológica) podrían avanzar más allá de ciertos límites. Superarlos exigía avances técnicos, pero también cambios institucionales y sociales. Quienes ostentaban el poder social lograron en la mayoría de las regiones impedir que estos cambios, que comenzaron a vislumbrarse en el XVI, llegasen a fructificar. Sin cambios revolucionarios del sistema político no podían producirse las transformaciones institucionales que interesaban a comerciantes y fabricantes, contra los intereses de laaristocracia. Esos cambios se produjeron en Inglaterra y Holanda, y estas dos economías hallaron una respuesta más eficaz a la crisis del XVII. Más adelante Holanda encontraría obstáculos que la apartarían de la senda del crecimiento ininterrumpido que siguió Inglaterra. Pero esa ya es otra historia.

Tema 5. El mundo en vísperas de la revolución industrial (c.1650 — c.1780)
2. Índice
5.1. Introducción. El mundo al borde de la gran transformación
5.2. Crecimiento demográfico y crecimiento agrario
5.3. Población e industria. La protoindustrialización europea
5.4. El comercio mundial
5.4.1 Economía atlántica y comercio triangular: plantaciones y esclavismo
5.4.2 Los cambios en el comercio asiático
5.5. En torno a los niveles de vida: revolución del consumo y revolución industriosa
5.6. La tesis de la Gran Divergencia sPor qué Inglaterra y no China?
5.7. La evolución económica en España durante el siglo XVIII
4. Contenidos del tema
5.1. Introducción. El mundo al borde de la gran transformación
El siglo XVIII es el del inicio de la Revolución Industrial en Inglaterra. Un comienzo, sin embargo, lento al principio, limitado a determinadas regiones y algunos sectores, que tardará en hacerse notar incluso a los contemporáneos. De hecho, los dos grandes economistas ingleses de finales de siglo, Adam Smith y Thomas R. Malthus, no parecieron percatarse de los cambios que comenzaban a apuntar a su alrededor de la mano del carbón y la mecanización del textil.
Para el resto del mundo, el XVIII es una época de crecimiento, pero aún dentro del marco de las economías de base orgánica. Uncrecimiento mayoritariamente extensivo pero que anuncia cambios importantes, especialmente en Europa. El comercio intercontinental crece en volumen, con Inglaterra y Países Bajos como principales beneficiarios y rivales. Como resultado de este comercio, y de la mejora de las rentas de una parte de la población, se produce un incremento en la variedad y cantidad de los bienes a disposición de muchos europeos: café, té, azúcar, ron, calicós de algodón y bibelots (pequeños adornos y cacharros como los que hoy venden las tiendas de todo a un euro). Hay autores que hablan de una revolución del consumo en la Europa del XVIII. Y ligada a ella, la búsqueda de ingresos para poder acceder a esos bienes lleva a muchos europeos, especialmente en el Norte, a trabajar más: trabajar más en los campos para hacerlos más productivos, trabajar más miembros de la familia en las industrias rurales que florecen en muchas regiones, trabajar más horas en ocupaciones complementarias de la agricultura. A eso es lo que se ha denominado revolución industriosa en Europa. Asia, de este modo, aunque sigue albergando las mayores economías el mundo, comienza a perder peso y dinamismo frente a Europa, en lo que Pomeranz ha llamado la Gran Divergencia.
Todos estos procesos - 'revoluciones” y 'divergencias”—son aún objeto de debate entre los historiadores. Lo que no lo es son algunas de las realidades en que se basan. La realidad del crecimiento económico que se refleja en las cifras de población y producción.
El contexto político es en general de mayor estabilidad: en Europa, la paz de Westfalia en 1648 había puestotérmino a un largo periodo de campañas militares que habían sacudido Europa central, configurando el equilibrio de poder entre los distintos Estados. Rusia creció extraordinariamente, de la mano de las políticas modernizadoras de Pedro I y Catalina II, extendiéndose hacia el Báltico, el mar Negro y Siberia. En Europa central se consolidan nuevas potencias, como Prusia, especialmente con el reinado de Federico el Grande (1740-1786). Por su parte, en Asia persistían grandes imperios, aunque con dinámicas muy diferentes: en la parte occidental el imperio otomano, que también se extendía por los Balcanes y el norte de África, conoció una fase de estabilidad que permitió recuperar el crecimiento económico y el aumento de intercambios entre las distintas zonas del territorio. En la India, el imperio mogol sufrió un progresivo debilitamiento tras la muerte de Aurangzeb en 1707, que redundó en la fragmentación territorial y la progresiva influencia de Inglaterra en el subcontinente. En China, el ascenso de la dinastía Qing (1644-1911), de origen manchú, había puso fin al periodo de convulsiones que acabó con la dinastía Ming. Finalmente, América, bajo el dominio europeo, estaba en plena expansión de la mano de diferentes economías regionales y de la llegada de numerosos pobladores.
Pero Europa también se halla inmersa en un proceso de renovación intelectual que acabará socavando las estructuras feudales, muy vinculadas a la Iglesia y a la aristocracia terrateniente. Desde la reforma de Lutero, la ortodoxia teológica quedó sometida a discusión, y el pensamiento científico se abre camino através de métodos de de reflexión y observación sobre el mundo alejados del pensamiento religioso. La física newtoniana dio paso a una era de experimentación y desarrollo de nuevos métodos que pronto fueron aplicados a la práctica cotidiana en forma de pequeñas innovaciones que se difundían y discutían a través de publicaciones y reuniones entre personas curiosas. El ambiente que iba formándose en distintos países se plasmó en movimientos como la Ilustración, que se extendió como una mancha de aceite por círculos intelectuales europeos. Sus ideas influyeron en las políticas estatales, que aspiraban a crear condiciones favorables para la instrucción de los súbditos, el desarrollo y difusión de nuevas técnicas aplicadas a la producción y el fomento de las actividades artesanales.
Pero estos movimientos no sólo se limitaban al desarrollo técnico y al progreso material, sino que a partir de la segunda mitad del siglo comienzan a oírse voces que reclaman reformas sustanciales de la sociedad y la política, con alternativas radicales al orden feudal aún dominante en buena parte de Europa. En Inglaterra, las nuevas ideas económicas quedaron plasmadas en los escritos de Adam Smith, que publicó en 1776 su gran obra La riqueza de las naciones, un alegato contra los principios que habían guiado la política mercantilista de los Estados, a la vez que anunciaba los beneficios de la división del trabajo y de la libertad de los empresarios en el manejo de sus negocios. En el orden político, las ideas de Voltaire, Rousseau o la división de poderes propuesta por Montesquieu avanzan el pensamientoliberal, cuyos ecos resuenan en la revolución de las colonias americanas en 1776. Los grupos mercantiles y manufactureros cobraban un peso creciente, y aspiran a intervenir en las decisiones de gobierno. Por todo ello, si la máquina de vapor de Watt anunciaba una nueva era en la actividad económica, la Revolución Francesa sentaba las bases de las transformaciones sociales que se extenderían durante el siglo XIX.
En suma, puede considerarse el XVIII como una especie de siglo bisagra entre una época, la del mundo preindustrial, que tiende a dar sus últimos coletazos y una nueva fase de la historia marcada por la transformación de la economía y la sociedad. Este mismo carácter de bisagra se plasma en el cambio fundamental de los polos de crecimiento, pues anuncia el ascenso de Europa como principal región industrial en el XIX, relegando el papel de Asia, que había sido durante siglos el taller manufacturero del mundo. Con ello, Europa de la mano de Inglaterra como pionera, sentaría en este siglo las bases de la divergencia frente a Asia, como región más dinámica del mundo.
5.2 Crecimiento demográfico y crecimiento agrario
El mundo asiste a un incremento notable de la población. Se calcula que se pasó de más de 600 millones de personas en 1700 a 919 en 1800 (tabla 5.1). Por continentes, Asia sigue siendo el más poblado, pues concentra entre el 60 y 65% de la humanidad en su territorio, principalmente en China. Europa, que pasó de 115 a 188 millones se mantiene en torno al 20% y África pierde una parte de su papel relativo al pasar del 10 al 7% del total, aunque en términos absolutossu población no merma. América y los nuevos territorios coloniales, por el contrario, conocieron un aumento demográfico explosivo apoyado en la masiva llegada de inmigrantes (y esclavos).
En todas partes, el crecimiento de la población viene apoyado en un crecimiento agrario, mayoritariamente extensivo, aunque en también se dan componentes intensivos, fundamentalmente por la introducción de nuevos cultivos. China es un buen ejemplo.
La dinastía manchú (Qing) amplió notablemente el territorio chino, poniendo en cultivo un área equivalente a la extensión de México. Por otro lado, la adopción de cultivos americanos como el maíz y la patata incrementó la base productiva. Además, las políticas de control del comercio y abastecimiento mejoraron la seguridad alimentaria. Todo ello propició el espectacular salto de la población china, que según distintas estimaciones pudo triplicarse o hasta quintuplicarse a lo largo del siglo. Además, la agricultura asiática también dedicaba una extensa área para cultivos comerciales, como el té, el algodón, la morera, o la caña de azúcar, junto a las tradicionales especias de las áreas del sureste.
Lo mismo ocurre en el África subsahariana, cuyo crecimiento, se apoyó, en la extensión de cultivos el ñame, sorgo, mijo o arroz, pero también con la introducción de otros de origen americano, como el maíz y especialmente la mandioca. Con esta raíz los portugueses alimentaban a los esclavos en sus travesías. Fueron ellos quienes la llevaron a África, ya que su cultivo en zonas tropicales no requería grandes trabajos de preparación y permitía una cómodarecolección que evitaba gastos de almacenamiento. Pero buena parte del crecimiento de población del continente negro fue absorbida por el tráfico de esclavos.
En Europa se produce la misma combinación. En la mayor parte del continente (regiones mediterráneas, del centro y el este) dominaba el modelo extensivo de crecimiento agrario. La recuperación de tierras baldías y campos abandonados durante la crisis el siglo XVII, o la desecación de marismas permitieron la extensión de los sembrados. En cuanto a soluciones intensivas, la introducción de cultivos americanos, como el maíz primero y más tarde la patata, ayudaron al alza de la producción agraria, gracias a sus mayores rendimientos por hectárea. Sin embargo no hay una tendencia generalizada hacia el aumento de productividad. En la mayor parte de Europa, la escasa disponibilidad de renta de las familias campesinas, que deben dedicar una parte importante del producto agrario a las rentas pagadas al propietario, los derechos feudales (incluido el diezmo) y los impuestos estatales impedían invertir en mejoras en las técnicas y métodos de cultivo, que tampoco resolvían los propietarios por su escasa orientación empresarial. Tampoco ayudaba la escasa dotación de ganado en las explotaciones, que reducía las posibilidades de un laboreo adecuado y el empleo de abono en cantidad suficiente. En muchas zonas, sobre todo en las regiones mediterráneas, los condicionantes ecológicos y climáticos eran otra limitación importante: la escasez de lluvias y la aridez de los suelos impedía reducir el periodo de barbecho sin poner en peligro la recuperacióndel terreno. En Europa del este, el modelo feudal, que mantenía las relaciones de servidumbre, generaba una baja productividad. Las grandes extensiones se cultivaban con escasos medios técnicos y a través de prestaciones personales de los siervos, o se dejaban para el pasto de una ganadería extensiva orientada a la exportación.
Sin embargo, existen islas de progreso agrario. En Europa noroccidental y algunos focos del centro y el sur se profundiza en la orientación de la producción hacia el mercado, cuya demanda generaba importantes incentivos para el crecimiento. En Inglaterra, la aplicación de técnicas procedentes de los Países Bajos con los sistemas de drenaje y ocupación de nuevos terrenos se combinaban con la llamada agricultura convertible (que combinan rotaciones más complejas de alimentos, forrajes y pastos), que permitían en las fincas sustentar un mayor número de cabezas de ganado, lo que aportaba una mayor cantidad de fertilizante, reduciendo o, incluso, eliminando el barbecho. El sistema Norfolk, difundido a partir de fines del siglo XVII en Inglaterra, consistía en aplicar una rotación cuatrienal, eliminando el barbecho y permitiendo la incorporación, además de los cereales, de plantas forrajeras como el nabo, y de leguminosas y trébol, que ayudaban a fijar el nitrógeno y recuperar la fertilidad en la tierra. Así, además de acrecentar la producción de cereales, los forrajes permitían estabular el ganado y aumentar su peso (figura 5.1)
Las innovaciones técnicas iban unidas a cambios en la propiedad de la tierra. Avanzan las enclosures (cercamiento de fincas), quepermiten ignorar las restricciones tradicionales de tipo comunitario, como el pasto en las zonas ya cosechadas o las regulaciones sobre la rotación de los cultivos en los campos abiertos, que dificultaban las innovaciones. Las explotaciones más eficientes crecían, los derechos comunales retrocedían y eso empobrecía al pequeño campesino hasta el extremo de perder las tierras arrendadas y verse convertidos en jornaleros. Así, el aumento del tamaño de las explotaciones modernizadas iba en paralelo a la proletarización de los pequeños campesinos, que se convertían en mano de obra asalariada para los terratenientes. El resultado de este proceso era triple:
> Incremento de la producción: Permitió abastecer de alimentos a la población, incluso con excedentes para la exportación de cereal (de 2,4 millones de bushels en promedio a comienzos del siglo a más de 7,2 millones en 1754), y al mismo tiempo suministrar crecientes cantidades de lana a una manufactura textil en plena expansión.
> Intensificación del trabajo en las explotaciones modernizadas: las nuevas rotaciones y los sistemas de mejora de la tierra (drenajes, abonado, margado) y el ganado eran más intensivas, y demandaban trabajo asalariado.
> Creciente orientación del mundo rural hacia el mercado: de las granjas modernizadas, de los jornaleros que dependen del salario, de los antiguos campesinos que se reorientan a otras actividades (transporte, industria textil rural, etc).
Con todo, hay que subrayar que estos avances son muy minoritarios, y concentrados en Inglaterra y Países Bajos. A escala europea el balance fue muy distinto:el crecimiento demográfico a lo largo del siglo superó el ritmo de la producción y en consecuencia el producto bruto agrario por habitante descendió durante el siglo XVIII un 2,5%. A finales de siglo los precios de las subsistencias sufrieron alzas importantes en muchas zonas, generando hambrunas y picos de la mortalidad. Malthus sabía de lo que hablaba.
El caso de América lo corrobora. Aunque la población creció a un ritmo
sin igual en Norteamérica (de 1,2 millones de habitantes en 1700 a 10,8 en 1820) y muy sustancial en Latinoamérica (de 13 a 23 millones), la abundancia de tierras y las bajas densidades de partida impidieron que se alcanzase el techo maltusiano. En todo caso, la orientación de la agricultura en América es del todo peculiar al estar en buena parte orientada a la exportación, a través de la agricultura de plantación o las haciendas.

El ingenio
El ingenio típico del siglo XVIII tenía un cierto sabor de industria doméstica rural. Las tareas agrícolas se llevaban a cabo con técnicas rudimentarias, utilizando el jan (estaca puntiaguda para abrir hoyos en la tierra) en la siembra de caña o, en el mejor de los casos, empleando el arado criollo, de iguales características que el ancestral arado chino. Se sembraba una sola variedad cañera: la criolla. El corte y alza eran, lógicamente, tareas manuales, y el transporte de la caña al trapiche se efectuaba en pequeñas carretas de dos ruedas y una sola yunta, con una carga promedio de 80 arrobas (920 kgs).
Los molinos o trapiches eran de madera, con tres mazas verticales entre las cuales se comprimían las cañas. Elmovimiento se impartía mediante palancas que en número par eran accionadas por bueyes. En realidad mantenían casi el mismo diseño y características técnicas de los instalados en Brasil desde fines del siglo XVII. El jugo extraído a las cañas, llamado guarapo, pasaba a grandes ollas de cobre donde se le cocía hasta lograr por evaporación el grado óptimo de concentración. El combustible usado era la leña y cada paila tenía su fuego individual. El punto de concentración se calculaba empíricamente y una vez obtenido se vaciaba en una resfriadera la masa cocida contenida en la paila. Eran las resfriaderas - barbarismo cubano por enfriadera tableros cóncavos donde se batía la masa cocida utilizando grandes palas de madera hasta lograr su cristalización. Como por su constitución físico química estas mieles concentradas sólo cristalizan parcialmente, quedaban formando una masa espesa los cristales del azúcar y las mieles no cristalizables. La última operación fabril consistía en separar el azúcar cristalizada de las mieles y fue conocida con el nombre de purgar el azúcar.

En el Caribe y áreas tropicales florecen las plantaciones, grandes propiedades trabajadas por esclavos bajo las órdenes de capataces donde se cultiva sobre todo a la caña de azúcar, aunque también se extienden en este siglo el café, el tabaco, el cacao y el algodón, este último en el sur de los Estados Unidos. Las plantaciones disponían a menudo de instalaciones, como los ingenios azucareros, para realizar una primera elaboración del producto de la caña. Las fincas pertenecían a comerciantes privados o sociedades quedestinaban el producto a la exportación.
En las planicies y zonas templadas y semiáridas, la forma de explotación más extendida es la gran hacienda agroganadera. En estas haciendas los campesinos trabajaban para los propietarios, sobre todo cuidando enormes cabañas ganaderas, y luego vivían en aldeas explotando pequeños terrenos para su subsistencia. El cuero, principal producto de las haciendas, era en cambio destinado a la exportación.
5.3 Población e industria. La protoindustrialización europea
Hasta el siglo XVII buena parte de las manufacturas en Europa eran producidas en las ciudades, por parte de artesanos agremiados y dirigidas al comercio local. Desde la segunda mitad del XVII las cosas cambiarán: aparecen nuevas formas de organización -manufacturas reales y protoindustrialización-- , nuevos ámbitos de producción y nuevos horizontes de mercado.
Desde luego, los gremios subsisten en el siglo XVIII y cuentan con alguna fuerza en sectores concretos, como la fabricación de objetos de lujo, o con oficios muy especializados, e incluso disponen del apoyo de las autoridades en algunos territorios, como en Alemania o el imperio otomano. Aunque los economistas consideran habitualmente a los gremios como un estorbo a la competencia, cumplían funciones que explican su pervivencia. Al agrupar a todos los miembros de un determinado oficio, ejerciendo de hecho un monopolio local, el gremio controlaba las prácticas de fabricación y aseguraba la calidad (pero dificultaban la innovación). Al fijar requisitos restrictivos para acceder al oficio -aprendizajes de hasta doce años, una etapacomo oficial, exámenes para ingresar como maestro, exigencia de determinado capital para abrir un nuevo taller- limitaban la oferta y sostenían los precios. Al regular el aprendizaje, frenaban la difusión de secretos artesanales, lo que les defendía de competidores foráneos. Por otro lado, desplegaban funciones asistenciales o representativas que contribuían a la cohesión y la paz social urbanas.
Sin embargo, los talleres gremiales difícilmente podían abordar grandes inversiones para producciones a mayor escala. En este caso, el Estado se implicó directamente en la industria, estableciendo instalaciones (como las manufacturas reales en Francia o España) que concentraban un gran número de trabajadores y maquinaria. Su objetivo era tanto producir bienes de calidad como servir de ejemplo para la innovación técnica. En parte se destinaban a la producción militar (astilleros o fábricas de armamento), pero también manufacturas de calidad o incluso de lujo, como las fábricas de paños en Linz, (imperio austrohúngaro) o las fábricas reales de porcelana, tejidos o cristales, establecidas en Francia, Italia o España por los Borbones.
Pero por encima de los gremios o las manufacturas reales, el rasgo más notable de este periodo es el desarrollo de la protoindustrialización. Aunque a menudo se le identifica con el verlagssystem, putting out system o producción rural de manufacturas, en realidad la protoindustrialización es algo más que industria rural (que siempre existió de una u otra forma). Entre sus rasgos incluye:
> la proliferación de fabricación rural financiada y organizada porcomerciantes urbanos (es decir, organizada por el capital comercial, no por artesanos).
> la producción, sobre todo textil, se orienta a la demanda de mercados lejanos.
> afecta al conjunto de una región, con numerosos núcleos y numerosos talleres en cada núcleo, en muy diversas regiones de Europa.
> tiene importantes efectos: cambio de actividad de la mano de obra rural, intensificación del trabajo y cambios demográficos.
> prepara, según algunos autores, el camino a la industrialización.
La protoindstrialización se extiende por numerosas regiones europeas a partir de mediados del siglo XVII. Aprovechando que en muchos sectores la dotación de capital fijo (maquinaria, instalaciones) era escasa, algunos comerciantes (verleger) contratan con los campesinos y sus familias la realización de tareas artesanales (hilado y tejido de textiles principalmente), proporcionándoles la materia prima y pagándoles por su trabajo, eludiendo así las restricciones que establecían los gremios. Esto supuso, en muchos casos, la incorporación de la familia campesina (mujeres y niños incluidos) a la elaboración de manufacturas, aprovechando los tiempos muertos entre las faenas del campo. Para estos hogares campesinos, esto supuso unos ingresos que complementaban las rentas agrarias, aunque cobraran bastante menos que los artesanos urbanos. En definitiva, el capital comercial aprovechaba las situaciones de baja actividad en el medio para emplear a los campesinos como mano de obra flexible y barata. El aumento consiguiente de los ingresos de los hogares campesinos proporcionó un estímulo para el aumento de lanatalidad, con la rebaja de la edad del matrimonio de las mujeres y el consiguiente incremento de la fertilidad (más hijos por familia). Además, en algunas zonas de Inglaterra y otros países las actividades protoindustriales afectaron a una población rural que se estaba proletarizando al haberse visto obligados a renunciar a sus tierras como resultado de las transformaciones agrarias. Así, se incrementó sustancialmente la población no agraria de los núcleos rurales (gráfico
5.1). En torno a 1800 era del 36% en Inglaterra, 29% en Alemania y Bélgica, 28% en Francia o 25% en Holanda.
La ruralización de la industria se observa en numerosas regiones, desde las aldeas de Irlanda o Flandes, centradas en la producción de prendas de lino, los condados laneros ingleses, las campiñas holandesas, los distritos suecos dedicados en la fabricación de útiles de hierro, o las regiones alemanas de Sajonia o Silesia, especializadas en una gran variedad de productos textiles y metálicos. La oferta de trabajo flexible y a bajo coste era un incentivo para los comerciantes empresarios que compensaban así la inferior calidad y homogeneidad del producto con respecto al de los talleres urbanos. En ocasiones, este proceso llevaba al desarrollo de focos de aglomeración en torno a un centro urbano, centrados en los estadios intermedios de la producción de manufacturas, caso los devanadores de seda que se empleaban en las comunidades rurales próximas a Milán, o los hilanderos de las proximidades de Lille, al margen de las regulaciones gremiales de la producción urbana. En definitiva se trataba de hacerfrente a un sensible crecimiento de la demanda de productos baratos impulsados por el crecimiento global de la demanda y la expansión de los mercados internacionales. Por ejemplo, las exportaciones inglesas de manufacturas aumentaron nueve veces entre 1699-1701 y 1772-74. Francia multiplica por ocho sus envíos a sus colonias antillanas y norteamericanas durante todo el siglo. Buena parte de esa producción sale de los núcleos de la protoindustria.

Empresarios en la Europa Moderna
Aunque el concepto de empresario puede tomarse en un sentido amplio, e incluir a los cabezas de familia campesinos, los terratenientes, los abades de los conventos, los piratas y hasta el capitán de una compañía de mercenarios (sserá casual que se llame compañía?), en general se tiende a considerar que el término 'empresario” debe limitarse a aquellos hombres de negocios que invertían capitales en actividades comerciales o manufactureras, y asumían riesgos en busca del máximo beneficio.
En este sentido, los empresarios de la Europa moderna comparten varias características:
a–  Invierten sobre todo capitales propios o de familiares y amigos, pues los mercados formales de capitales (banca, bolsas) aún están muy poco desarrollados.
a–  Aprovechan redes de paisanos (como los burgaleses en Flandes), parientes o correligionarios (judíos en Europa y el Islam). Los lazos personales en comunidades pequeñas mejoran la información y reducen los riesgos, minorando los costes de transacción.
a–  Actúan sobre todo en la manufactura, el comercio y las finanzas, sectores en las que las reglas del juego capitalistas están másavanzadas.
a–  Asumen personalmente la dirección de los negocios, delegando rara vez en gestores o administradores profesionales.
a–  La estructura dominante es el 'escritorio de comercio”, formado por el empresario, y uno o más secretarios y contables que asumen las tareas de control de la correspondencia (el medio básico de información) y llevan una sencilla contabilidad por partida doble (debe y haber, o gastos e ingresos).
a–  La especialización en una rama de negocios es escasa: lo mismo arriendan el cobro de impuestos, que hacen préstamos, dirigen expediciones comerciales, organizan la producción de manufacturas o explotan una mina.
a–  La forma jurídica de las empresas sigue las fórmulas desarrolladas en la edad media: compañías de responsabilidad ilimitada, de tipo commenda o compagnia. No obstante, surgen las primeras compañías por acciones, con responsabilidad limitada de los accionistas: la pionera es la Compañía de las Indias Orientales Holandesas, cuyas acciones se cotizan en la bolsa de Ámsterdam.

La importancia de la protoidustrialización en Europa tiene varias facetas. Aunque la existencia de manufacturas rurales impulsadas por comerciantes se remonta incluso a épocas medievales, lo novedoso desde mediados del XVII a fines del XVIII es la dimensión del fenómeno, que afecta a gran número de regiones, trabajadores y productos. Al mismo tiempo, facilita la penetración de los mercados y la actividad asalariada en el mundo rural (la penetración del capitalismo, en suma), y genera en él un aumento de rentas que tuvo dos consecuencias importantes. Por un lado, permitecomo se ha dicho un aumento del tamaño de las familias, y por tanto de la población total. Por otro, los nuevos ingresos facilitarán el acceso de muchas familias campesinas, que recordemos que constituían el grueso de las economías preindustriales, al consumo de nuevos tipos de productos (textiles, pero también porcelanas, té y azúcar,etc.), generando así incentivos para nuevas ganancias de productividad.
No está nada clara, sin embargo, la vinculación directa que algunos de sus primeros estudiosos establecían entre protoindustria e industrialización, que incluso va implícita en el mismo término “protoindustrialización”. De hecho, las regiones más penetradas por la protoindustria no siempre fueron pioneras en la industrialización: el caso de Irlanda, Flandes (ver recuadro) o de algunas zonas del norte de Italia son prueba de ello. En otras, incluso pudo haber empobrecido a las familias afectadas, que pasaron a depender exclusivamente de salarios bajos e irregulares. No obstante, puede considerarse que contribuyó a la posterior industrialización por varias vías indirectas: la penetración del capital y las prácticas mercantiles en el mundo rural, la formación de la mano de obra, la intensificación del trabajo, la aceleración del crecimiento demográfico o el incremento y diversificación del consumo en el mundo rural.
Protoindustrialización y presión demográfica: el caso de Flandes
La historia económica de Flandes en el período comprendido entre finales del siglo XVII y finales del siglo XVIII encaja perfectamente dentro de una fase de 'protoindustrialización”.
En laszonas rurales de Flandes la industria manufacturera de tejidos representaba sólo una ocupación secundaria que proporcionaba ingresos complementarios a una población esencialmente dedicada a la agricultura. A pesar de esto, resulta asombrosa la estrecha relación entre la organización y desarrollo de dicha industria y otros aspectos de la economía agraria del siglo XVIII. La industria doméstica -así como la difusión del cultivo de la patata y de las nuevas técnicas agrícolas- permitió un gran incremento de la población rural, que trajo consigo la fragmentación de la tierra. Si no hubiera existido esta industria, el aumento de población que se produjo en Flandes durante esta época hubiera hecho necesaria la emigración a las ciudades y a otras regiones. .Puede decirse, pues, que la producción manufacturera rural contribuyó también a acelerar el crecimiento de la población, permitiendo y fomentando activamente su desarrollo. El papel desempeñado por la industria doméstica resulta paradójico, ya que perpetuó la fuerte presión demográfica que, inicialmente, había sido la fuerza que había impulsado su penetración en el campo. Este sombrío 'equilibrio de alta presión” pudo mantenerse mientras existió la posibilidad de dar salida en el mercado a las manufacturas de esta industria; pero fue destruido en el siglo XIX cuando la competencia de la producción mecánica de hilos y tejidos y de la nueva industria fabril algodonera de las ciudades sumió la economía y la sociedad flamenca en una profunda crisis.
5.4 El comercio mundial
En el siglo XVIII llega a la madurez el capitalismo comercial, que seha ido configurando desde que en el siglo XVI se abren los océanos a la expansión europea. Europa se consolida como el pivote de una economía mundial en formación: por una parte actúa como eje de la economía atlántica, y como tal explota los territorios y mares sin más oposición que la competencia entre los propios europeos; asimismo se introduce cada vez más en el comercio asiático, que drenaba un importante flujo hacia Europa y, para cerrar el círculo, las manufacturas asiáticas también llegaban directamente a América a través del Pacífico mediante el galeón de Manila (mapa 5.1).
El comercio internacional era tanto una cuestión económica como política. La pugna por los beneficios del comercio agudizó la competencia entre Estados, entre los que sobresalió un puñado de potencias capaces de afrontar los crecientes gastos militares. En otros casos, las compañías comerciales - como las de la Indias Orientales—asumen funciones casi estatales en las posesiones coloniales, armando auténticos ejércitos, organizando la burocracia y asumiendo la defensa y el avance de los privilegios comerciales.
En el XVIII prosiguen los avances en la navegación, con un mayor conocimiento del régimen de los vientos (desde los alisios del Atlántico a los monzones asiáticos), los métodos de navegación astronómica, la mejora de los cascos y los aparejos. El cuadrante de Davis sustituyó en 1590 al astrolabio para determinar la latitud, hasta que fue sustituido por el sextante (1757), aún mas preciso. La fabricación de un cronómetro marino, culminada por John Harrison entre 1737 y 1764, permitió determinarla longitud a bordo, resolviendo un problema de siglos. El resultado de todas estas innovaciones fue el acortamiento de las travesías, la mejora de su seguridad y el aumento de capacidad de carga de los navíos. Entre 1670 y 1780 se triplicó la capacidad de la marina mercante europea, de 1,3 a casi 3,4 millones de toneladas (tabla 5.2).
El comercio internacional siguió organizado en torno a los mismos agentes, los mismos circuitos -Atlántico e -Indico— y el papel central de la plata americana como moneda de cambio, presentes ya en el siglo XVI. Cambiaron sin embargo las mercancías, donde una mayor variedad de productos ultramarinos sustituyó a las omnipresentes especias, el peso de los distintos agentes -con el ascenso de ingleses y holandeses y el declive de portugueses y españoles—, la aparición de algunos circuitos intercontinentales y sobre todo el volumen de los tráficos. Las importaciones europeas a mediados del siglo XVII se estimaban en unos 24 millones de florines, un siglo después habían aumentado a 140 millones, y en 1780 alcanzaban los 234 millones.
5.4.1 Economía atlántica y comercio triangular: plantaciones y esclavismo.
Buena parte de este incremento correspondía al comercio del Atlántico. Desde el siglo XVI se había producido un crecimiento notable de la presencia de los europeos a lo largo de las costas americanas. En el norte sobresalían los recursos pesqueros y forestales, así como la posibilidad de cultivo en las inmensas extensiones de las colonias americanas. Las pieles, la madera para la construcción naval y el pescado (principalmente bacalao), exportados enbuena parte a Europa, eran las bases de la economía de las colonias inglesas más al norte. En las colonias del sur se instalaron cultivos de plantación como el tabaco y posteriormente el algodón.
En Sudamérica, la explotación minera, que había sido el primer renglón del comercio fue dejando paso a diferentes productos, derivados de la explotación progresiva del territorio. En zonas continentales como México se crearon enormes fincas ganaderas y uno de los primeros productos de exportación fue el cuero. En el Caribe y Brasil florecía una economía de plantación basada sobre todo en el cultivo de azúcar. Es la economía de las plantaciones la que marca un sello distintivo al comercio atlántico durante este periodo, base del denominado comercio triangular, cuyo esquema básico consistía en la circulación de manufacturas de Europa a África (también hacia América), esclavos de África hacia América y productos coloniales y otras mercancías de América hacia Europa.
La agricultura de plantación exigía mucha mano de obra. En el siglo XVI, la elevada mortalidad de los nativos americanos llevó a nutrir las plantaciones fueron con esclavos africanos. Las cifras fueron creciendo progresivamente y se calcula que llegaron a América más de 6 millones de esclavos africanos entre 1700 y 1810, más que triplicando las cifras del siglo anterior (tabla 5.3). Teniendo en cuenta las altísimas tasas de mortalidad en las travesías, no es extraño que el tráfico hubiera alcanzado unos 10 millones de seres humanos, una media de unos 100.000 al año, a lo largo del XVIII. La trata era una actividad yatradicional en el comercio africano, que se había extendido durante la expansión musulmana, incorporando esclavos a la agricultura del norte de África y Oriente Medio, y fue continuada por los europeos en las plantaciones que se establecieron a fines del medievo en las islas atlánticas (Madeira, Canarias). El tráfico de esclavos se originaba en zonas interiores del continente, donde comerciantes locales encargaban las expediciones de captura a las tribus rivales y los vendían a tratantes europeos en los puertos de embarque. Los traficantes pagaban muchas veces en especie, con manufacturas europeas o productos asiáticos reexportados: armas de fuego y metálicas, telas ligeras de algodón (indianas), lino o lana, instrumentos de metal, bebidas, o las apreciadas conchas de caorí de las Maldivas. El auge del tráfico acrecentó el precio de los esclavos, que se multiplicó por cuatro entre fines del siglo XVII y fines del siglo XVIII. Desde África, los navíos recalaban en los puertos americanos. La monarquía española regulaba el tráfico en sus colonias a través del sistema de asiento de negros, un monopolio concedido a los comerciantes para introducir los esclavos pagando a cambio unos sustanciosos derechos a la Corona. Al margen del asiento, sin embargo, un extenso contrabando eludía los controles gubernamentales.
La producción de las plantaciones esclavistas alteró significativamente el volumen y variedad de los productos consumidos en Europa: tabaco, algodón, cacao y, sobre todo, azúcar. La producción azucarera evolucionó desde casi 60.000 toneladas en 1700 hasta las más de 280.000 en 1787,destacando las Antillas francesas y británicas con 125.000 y 106.000 toneladas respectivamente. En la década de 1780 el Caribe suministraba el 90% de las exportaciones mundiales. Las importaciones inglesas de este producto se multiplicaron por 10 entre la década de 1660 y la de 1780 y en mayor medida todavía crecieron las de Francia. El sistema de explotación y la articulación de los mercados a través de mejoras en los transportes y la organización comercial permitieron reducir sensiblemente los precios y convertir al azúcar en un producto de consumo habitual en Europa.

Piratas (pero casi nunca del Caribe)
La imagen que de los piratas nos ha transmitido el cine de aventuras resulta muy engañosa. Ésta se ha construido sobre historia reales, como la de Drake (posteriormente Sir Francis Drake) o de Morgan (luego sir Henry); pero que no siempre son las más representativas. En ellas se habla de grandes barcos artillados que rondan el Caribe durante el siglo XVI, con base en la mítica isla de la Tortuga, y que buscan sus presas entre los cargueros españoles repletos de oro y plata, capitaneados por un oficial que es tonto, afectado, o las dos cosas. La realidad de la piratería fue bien distinta, incluso cuando se refiere al modelo oficial. Por ejemplo, es cierto que el gran golpe de Drake se produjo en el siglo XVI (1573) y en el Caribe (Veracruz); pero no el mar, sino a unos 30 kilómetros en el interior. Obtuvo un botín ascendió a 762.000 pesos, unos 20 millones de euros de 1995.
*Zonas de actividad: en realidad, no fue el Caribe sino las costas de África, en torno a Madagascar o en elgolfo de Guinea donde se desarrolló la gran piratería de la Edad Moderna. Eran zonas mucho menos vigiladas, pues no existía una potencia colonial claramente dominante. Las flotas y galeones españolas, que transportaban los metales preciosos hacia Sevilla o entre el continente y el Caribe, eran convoyes fuertemente custodiados. Sólo ocasionalmente los piratas se atrevían a enfrentarse a naves que viajaban solas o quedaban rezagadas. El sistema español de convoyes fue una estrategia eficaz para defender los tesoros americanos: de hecho, se perdió mucha más plata por tormentas, huracanes o bajíos.
*Especialización: La mayoría de los piratas no lo eran a tiempo completo. Dado que muchas de las capturas incluían buques mercantes, a menudo alternaban la piratería con el comercio (las mismas naves y tripulaciones). Vendían su botín -esclavos, ron, pescado o telas- en mercados americanos o africanos, siendo indistinguible lo obtenido por un medio u otro. La frontera entre piratas, corsarios, comerciantes, contrabandistas y marinos es difusa. *Medios: Tampoco el tipo de nave predominante eran los galeones o goletas fuertemente artillados y equipados. La mayoría eran barcos pequeños (de tipo sloop, en torno a 12 metros de eslora y un solo mástil, o goletas de dos mástiles), con poco calado, y equipadas con numerosas piezas de artillería (20-30 o más). Con tales medios difícilmente podían enfrentarse a las armadas de los monarcas europeos (con más de 60 bocas de fuego), y ni siquiera a las naves más grandes de las compañías de las Indias. Su superioridad dependía del tamaño de la tripulación(entre 150 y 200 hombres) para el manejo de las numerosas de piezas de artillería y el abordaje; y, obviamente, de la maniobrabilidad y rapidez de la nave.
*Cronología: La gran época de la piratería no es el XVI, sino el período situado entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII.
*Presas: Los metales preciosos eran el bien más preciado, pero también el mejor defendido. De ahí que los piratas prefirieran presas más modestas (cargamentos de tela, pesca, sal o azúcar) aunque también lucrativas. *Nacionalidad: Tampoco los ingleses se llevan la palma. Holandeses, franceses, españoles, así como asiáticos y africanos, nutrían las tripulaciones. De hecho, el triunfo de las armadas inglesas sobre los piratas en torno a 1720 se relaciona con su victoria sobre la marina holandesa y francesa tras el tratado de Utrecht (1713).
Fecha
número de piratas en activo (estimación)
asaltos piratas
1720
2.000
40-50
1723
1.000

1726
200
10
*Modales: Ni qué decir que la caballerosidad y galanura de los piratas (de Errol Flynn a Johnny Depp) es cosa del cine. Los marinos más curtidos no querían toparse con ellos; y muchos temblaban -con razón- al avistar la bandera de las tibias y las calaveras. Por cierto, aunque pocas, hubo también cierto número de mujeres en el negocio

Al margen de esta economía interoceánica, se establecieron dentro del continente americano varios circuitos regionales que impulsaron el crecimiento en ciertas regiones. Por ejemplo, las colonias británicas norteamericanas, que posteriormente constituirían los Estados Unidos, tenían un comercio creciente con elCaribe donde a cambio de azúcar, enviaban cereales, productos ganaderos y pesqueros. De igual forma, en el sur de América se estaba desarrollando una economía agroganadera que enlazaba el Atlántico con el Pacífico, a través de rutas y mercados terrestres.
5.4.2 Los cambios en el comercio asiático
El espacio del comercio asiático suponía el de mayor volumen y diversidad del comercio mundial. Comprendía el área tradicional del Índico, desde la costa oriental africana y el mar Rojo pasando por el subcontinente indio llegar al estrecho de Malaca y acceder por las islas de las Especias, Filipinas y el mar de China hasta el Pacífico. Los europeos habían sido tradicionalmente demandantes de especias, textiles, tintes, sedas y porcelanas como principales productos. Pero el incremento de los viajes y las actividades comerciales europeas llevó a diversificar los productos de comercio, alentado por el incremento y diversificación de la demanda.
El comercio de productos asiáticos hacia Europa siguió creciendo notablemente durante todo este siglo. El monopolio holandés de la Compañía de las Indias Orientales (VOC), exportaba en 1698-1700 productos a Europa por valor de 15 millones de florines, pero en 1778-80 aumentaron a 20,8 millones. Como se observa en el gráfico 5.2, los principales productos importados durante el siglo XVIII eran textiles y seda en bruto. La pimienta y especias, que habían sido el rubro principal a comienzos del XVII, quedan superadas en la segunda mitad del siglo XVIII por nuevos géneros, como té y café, que experimentan un crecimiento notable durante todo este periodo.Los holandeses habían comenzado a cultivar café en la isla de Java y su producción se incrementó rápidamente. El té venía principalmente de China.
Los ingleses también aumentan las importaciones de productos asiáticos hacia Europa (tabla 5.4). También eran los textiles y seda en bruto el primer capítulo, aunque casi todo el tejido asiático se destinaba a su reexportación, nutriendo en buena medida el comercio triangular atlántico, ya que las medidas proteccionistas habían prohibido su consumo en la metrópoli. El déficit comercial de este tráfico se saldaba hasta mediados del siglo XVIII con el envío de metales preciosos, que suponían de media el 70% de las exportaciones totales. Sin embargo, a fines del siglo XVIII se reducen sustancialmente las necesidades de plata, debido a los efectos de la ocupación británica de la India y el nuevo régimen fiscal que establece. Así como a las oportunidades que ofrecía el comercio intraasiático con sus enormes mercados. La compañía holandesa, la única potencia que comerciaba con Japón a través del puerto de Nagasaki, activó una corriente provechosa con la India suministrando cobre japonés para las acuñaciones de las monedas de uso corriente, a cambio de seda en bruto y textiles indios. Otro producto con un comercio creciente es el opio, que se comercializa principalmente entre la India como centro proveedor y China e Indonesia como clientes. Los ingleses comenzarán a introducir cobre en la India a partir de la década de 1730 y a partir de 1773 la compañía inglesa de las Indias Orientales convierte en monopolio el comercio de opio, que seutilizará para comerciar con China y así compensar el saldo de las importaciones de té y otros productos.
La India es en este siglo la gran productora de textiles para los mercados exteriores. Sus bajos costes de producción eliminaban cualquier competencia; los principales focos eran Gujarat en la costa oeste, especializada en la fabricación de prendas de algodón, y tejidos de seda de alta calidad, y Coromandel y Bengala en el este. Bengala estaba especializada en tejidos de seda, aunque también se exportaba seda en bruto y salitre. El opio se cultivaba primordialmente en la región limítrofe de Bihar y su producción creció notablemente con destino a los mercados asiáticos, China principalmente. El subcontinente indio, más abierto a los intercambios que China, era el primer socio comercial con las compañías europeas durante todo este periodo. Los enclaves europeos, situados en distintos puntos de la costa india, constituían los focos del intercambio de los productos domésticos con destino a Europa o al comercio con otras regiones de Asia.
A comienzos del siglo XVIII la India entró en una crisis política derivada de la debilidad y fragmentación del imperio mogol tras la muerte de Aurangzeb, que provocó una fase de inestabilidad en muchas regiones. Esta situación fue aprovechada por los Estados europeos para incrementar su influencia. Primero fue Holanda y posteriormente Gran Bretaña, que desde mediados del siglo XVIII, sobre todo tras la batalla de Plassey (1757), elimina la rivalidad francesa en el continente, desplaza progresivamente a los holandeses y promueve su dominio directo enlas regiones más ricas, entre ellas Bengala, de la mano de la administración de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales.
Holanda mantendrá su dominio en el mercado asiático de las especias, derivado de su ocupación en las principales zonas productoras, las islas Molucas (conocidas desde el XVI como Islas de las Especias), Batavia y otros puntos del archipiélago indonesio. Los británicos también controlan en el sudeste asiático algunas de las zonas productoras. La VOC holandesa participa en el comercio del té chino, cuyas exportaciones hacia Holanda se multiplican por 10 en la primera mitad del siglo, pero debe pagarlo principalmente con plata, en tanto que los ingleses irán sustituyendo sus pagos en dinero por el creciente comercio de opio procedente de la India.
5.5 En torno a los niveles de vida: revolución del consumo y revolución industriosa
Ya vimos en un apartado anterior cómo había sido el crecimiento europeo a lo largo del siglo XVIII: más tierras en cultivo, más trabajadores y más tiempo dedicado al trabajo, tanto agrario como artesanal. Los datos del comercio nos revelan a la vez que estaban teniendo lugar cambios importantes en las pautas de consumo, con la incorporación cada vez más habitual de productos coloniales a la dieta (te, azúcar, café) pero también de productos locales o europeos. Pero a lo largo del siglo el crecimiento de la población alimentó la tendencia alcista de los precios, que tuvo un fuerte impacto sobre los niveles de vida de la población. Esta tendencia afectaba más a los precios de los alimentos que a los productos manufacturados, debido aldiferencial de productividad de ambos sectores.
El crecimiento de la población vino propiciado por la reducción de las tasas de mortalidad derivadas de la práctica desaparición de la peste y de la progresiva reducción de las hambrunas, gracias a las mejoras en la producción y distribución de alimentos. También se observa un aumento de la natalidad, sobre todo en zonas protoindustriales. De este modo, creció el tamaño de las pero aquellas familias que contaban con una sola fuente de renta tuvieron que enfrentarse al empeoramiento de los salarios reales.
Este era el panorama en las zonas de agricultura atrasada, donde la baja productividad había comprimido la demanda, y el aumento de la población se había traducido en una caída de los niveles de vida. El aumento de las rentas agrarias beneficiaba sólo a los propietarios, nobleza y clero principalmente, y en las ciudades la estructura gremial dominante dejaba escaso margen para la innovación y el aumento de la productividad. En muchos casos esta situación llevó a una precariedad notable y al aumento del número de pobres entre familias dedicadas a la industria doméstica o a pequeños campesinos y jornaleros agrícolas y urbanos.
En otras zonas, sin embargo, principalmente en las economías urbanas de Europa noroccidental (Inglaterra, Países Bajos, norte de Francia, oeste de Alemania), los datos muestran una mejora de los niveles salariales que se refleja en una mayor dotación de bienes de consumo en los hogares, tanto perecederos como semiduraderos y duraderos. Aunque el incremento del producto beneficiaba más a unas clases socialesque otras, las mejoras fue ron también difundiéndose a las escalas más bajas de la sociedad. Además, la economía de muchos hogares no se basaba sólo en el trabajo del cabeza de familia, sino en el de todos sus miembros, de tal modo que aunque se redujera el salario individual, globalmente los ingresos podían ser mayores. Estos ingresos fomentaban nuevas pautas de consumo, tanto de alimentos como de vestidos y otros bienes de consumo que comenzaban a incorporarse en la vivienda (loza para la vajilla, instrumentos de metal en la cocina, adornos domésticos, etc.), así como al acceso a servicios como el café o la taberna. La difusión del consumo de productos coloniales, encabezados por el azúcar, fue la manifestación más visible de estos cambios; la mejora en los sistemas de distribución -buhoneros, pero también tiendas especializadas o almacenes de ultramarinos- con una gran expansión del comercio minorista y las ventas a crédito contribuyeron al proceso, que algunos autores han caracterizado como la revolución del consumo en la Europa del siglo XVIII.
Pero el acceso a nuevas pautas de consumo exigía aumentar los ingresos de la unidad familiar, y ello era posible (aunque no en todas partes de Europa) por nuevas vías: bien especializando la producción agraria para dirigirla a los productos que demandaban los mercados, bien aprovechando las oportunidades que ofrecía el verlagssystem u otras actividades para emplear los tiempos muertos de las tareas agrícolas, bien aumentando el número de miembros de la unidad familiar que contribuían a su sustento (el trabajo de niños o mujeres). Todasestas soluciones exigían trabajar más: más días, más horas, más personas. Las nuevas rotaciones de cultivos exigían más tareas (drenaje de tierras, abonado, labor, mejora de la tierra con la adición de margas), y el trabajo doméstico en la manufactura permitía aprovechar las horas de oscuridad (aunque exigía gastar en iluminación y calefacción). Es a estos cambios, ligados a actividades más intensivas en trabajo, a los que Jan de Vries ha denominado “revolución industriosa”. La orientación de la actividad hacia los mercados abría la puerta a mayores niveles de consumo, y creaba claros incentivos para intensificar la actividad de los hogares. Así, la revolución industriosa desbrozaba el camino hacia la revolución industrial, creando un nuevo tipo de hogares, con nuevos tipos de trabajadores y consumidores.
5.5 La tesis de la Gran Divergencia sPor qué Inglaterra y no China?
En los últimos años, numerosos estudios han revisado las visiones de una China en el siglo XVIII caracterizada por el estancamiento tecnológico, crecimiento demográfico descontrolado, pobreza extrema e inexistencia de relaciones de mercado, incapaz por tanto de entrar en una senda de crecimiento económico. En realidad, en muchas zonas existía una economía especializada apoyada en una agricultura muy productiva y en manufacturas muy integradas en los mercados. La agricultura china había alcanzado impresionantes cotas de productividad con técnicas de cultivo muy depuradas y la intensificación del trabajo en unas explotaciones que tendían a ser cada vez más pequeñas. Algunas zonas del bajo Yang tzé y el río de laPerla alcanzaban las mayores densidades de población del mundo. El comportamiento demográfico se orientaba a controlar la natalidad, limitando el tamaño de las familias. Comparando los niveles de vida, se comprueba que durante el siglo XVIII todavía no hay excesivas diferencias entre China y Europa. Y en cuanto a la técnica, era en muchos aspectos comparable a la europea. Por otra parte Asia seguía siendo en la primera mitad del siglo XVIII el taller del mundo, la región con el producto industrial más elevado. sPor qué entonces fue en Europa, concretamente en Inglaterra, y no en China donde se inició el crecimiento que llevaría a la Revolución Industrial?
Kenneth Pomeranz inventó el término Gran Divergencia para referirse a esta alteración radical de los equilibrios entre Asia y Europa (representados por China e Inglaterra) a partir de 1800. Hasta entonces, como hemos repetido a menudo, Asia era el continente más rico, más poblado (en número y densidad), más productivo y a menudo más avanzado tecnológicamente. Desde entonces, sin embargo, la brecha no hizo sino agrandarse, a medida que Europa y los países de cultura británica crecían espectacularmente, mientras que Asia perdía impulso. 'Entre 1820 y la actualidad -escribe Robert Allen-- los desfases de renta han aumentado con escasas excepciones. Los países que más han crecido son los que eran más ricos en 1820” (gráfico 5.4).
La tesis de Pomeranz, sostiene que hubo dos mecanismos que permitieron a Inglaterra dar la vuelta a la tortilla: en primer lugar, a través del dominio colonial, con el control de una extensa superficie entierra y mar (bancos pesqueros, plantaciones) que le proporcionaba una mayor flexibilidad en la disponibilidad de alimentos (pescado, azúcar, etc.) y materias primas (algodón), así como una gran oferta de trabajo a costes muy bajos (esclavos, trabajadores forzados). El notable aumento de la superficie dedicada al cultivo de algodón en las colonias de América sentó una de las bases para el despegue del sector textil. Hasta aquí se trataría de un crecimiento de tipo extensivo. El segundo mecanismo, en cambio, era de tipo intensivo, al incorporar el uso creciente de un nuevo recurso energético que superaba las limitaciones impuestas por el combustible vegetal: la disponibilidad de carbón mineral en grandes cantidades permitía aplicar con éxito las innovaciones tecnológicas desarrolladas en distintos sectores productivos y que preparaba el paso a la economía de tipo inorgánico. Colonias y carbón permitían superar las limitaciones de la economía orgánica inglesa para dar el salto hacia la industrialización.
La explicación de Pomeranz enlaza con las tesis de E.A. Wrigley, que sostiene que en vísperas de la Revolución Industrial Inglaterra había alcanzado un estadio que ha denominado de economía orgánica avanzada mediante la mejora en la productividad agraria interior. Pero este estadio chocaba con las limitaciones de la superficie agraria disponible. Como sucedía en China, las mejoras de productividad podían alimentar más población, pero la disponibilidad de tierra seguía siendo limitada, y competían por ella la demanda de alimentos, materias primas y combustible. La salida del atolladerose encontraba en el carbón mineral y el paso a una economía de tipo inorgánico.
Los datos de Paolo Malanima sobre el consumo de energía confirman esta idea. Malanima ha observado que la economía china era mucho menos intensiva en el consumo de energía que la europea. En 1750, Europa gastaba unas 14.000 calorías per cápita, en tanto que China a fines del siglo XVIII no alcanzaba las 5.000. De éstas, el trabajo humano era el principal componente en China, mientras que en Europa una mayor cabaña ganadera y mayores recursos forestales habían diversificado las fuentes de energía, a lo que se sumaba un incremento sustancial de la navegación a vela, los molinos hidráulicos o de viento. El resultado fue reducir el peso de la fuerza de trabajo humana en el total. La economía china a fines del siglo XVIII estaba alcanzando los techos en la economía orgánica: un crecimiento demográfico apoyado en la producción de alimentos y la explotación de combustible vegetal, que competían además entre sí por la disponibilidad de tierra, especialmente en una economía cerrada a las importaciones.
Otros autores subrayan también el papel de la energía, pero se preguntan por qué estas diferencias. Para Robert Allen, la respuesta estriba en la evolución de los salarios reales. En Inglaterra, durante el siglo XVIII, a pesar de que la agricultura ganaba productividad, las mayores ganancias de productividad se estaban dando en la industria y el comercio, lo que generaba salarios más altos. Este hecho fue el que creó los incentivos para el descubrimiento y difusión de tecnologías ahorradoras de trabajo. Laabundancia y baratura del carbón mineral hizo que estas innovaciones se dirigieran al uso del factor más abundante y baratos. China, en cambio, seguía manteniendo niveles salariales inferiores (gráfico 5.3) y carecía de carbón. Esos dos hechos explican más que cualquier otro, según Allen, la divergencia.
La idea de la Gran Divergencia tiene la virtud de recordarnos que debemos tratar de conocer mejor lo que ocurrió en Asia, porque puede ser tan revelador como lo que ocurrió en Europa. Pero no da aún una respuesta convincente a por qué China no mostró el dinamismo que Inglaterra. O quizá debamos admitir que no hay una sola respuesta, y sólo nos estemos esforzando, como a veces hacen los economistas, en predecir hechos pasados. Sabemos cómo acabó la historia y buscamos en el cambio técnico, la revolución industriosa o la del consumo la clave de la Revolución Industrial en Inglaterra. Pero si ésta se hubiera producido, supongamos, en Suecia, estaríamos contando otra historia distinta y buscando causas en las peculiaridades suecas. El hecho de que Holanda, con una agricultura más intensificada y mercantilizada que la inglesa, y con un predominio del capitalismo mercantil, con la mayor renta per cápita del mundo aun en 1820, quedara rezagada en la industrialización debería servirnos de recordatorio al respecto. Y también de que no conviene mirar la historia como una fábula moral con ganadores-pioneros y perdedores-imitadores.
5.7. La evolución económica en España durante el siglo XVIII
El siglo XVIII español ilustra algunos de los temas tratados en este capítulo: las limitaciones delcrecimiento extensivo, los cambios en el comercio colonial y la aparición de focos de innovación tecnológica.
A comienzos del siglo XVIII se produce, tras la guerra de Sucesión, el acceso de una nueva dinastía -la borbónica-- al trono de España. La guerra trajo la pérdida de los territorios que aún le quedaban a la monarquía en Europa, aunque mantuvo el grueso de su imperio en América. La dinastía borbónica desarrolló durante el siglo XVIII una política de fortalecimiento del Estado a través de medidas de racionalización administrativa y fiscal y también de políticas mercantilistas, como el desarrollo del comercio con América, la construcción de una flota o la promoción de manufacturas. Pero estas medidas fueron insuficientes para reformar las estructuras existentes.
También en España el siglo XVIII es una fase de crecimiento demográfico: la población pasó de 7,7 millones en 1700 a unos 9,5 millones a mediados de siglo y a casi 11 en los años finales. Este crecimiento fue más rápido en la primera mitad de siglo, debido en parte a que muchas zonas se venían recuperando de la depresión del siglo anterior, aunque no es una pauta general para todas las regiones. Como corresponde a un régimen demográfico de tipo antiguo, las altas tasas de natalidad venían acompañadas de tasas de mortalidad también elevadas. El aumento de población se produce en buena medida por la reducción de episodios de mortalidad catastrófica derivados de pestes y epidemias, o malas cosechas. Hay además un cambio de pauta regional en el crecimiento, ya que desde mediados del siglo XVII las regiones litorales crecenmás rápidamente que las zonas interiores (al contrario de lo que ocurría desde el siglo XV). En unos casos por los efectos de cambios agrarios, como la difusión del maíz en la cornisa cantábrica, que aumenta la productividad y la posibilidad de alimentar más bocas, y en otros por el desarrollo del comercio. Pero en la mayoría del país, especialmente en el interior peninsular, la expansión de la primera mitad de siglo es de carácter meramente extensivo
Con unas modestas tasas de urbanización (un 14% de los españoles viven en núcleos de más de 10.000 habitantes a fines del siglo XVIII), tampoco la población rural no agrícola crece de forma sustantiva, a falta de núcleos de protoindustria. El crecimiento de la población dependía por tanto de las posibilidades de una agricultura en su mayor parte orientada a la producción cerealista en un territorio condicionado por un régimen climático mediterráneo de gran aridez, lo que obligaba a mantener amplias zonas de cultivo en barbecho para mantener la fertilidad. La distribución del terrazgo se había configurado en los siglos medievales con el proceso de repoblación, y generaba distintos sistemas de explotación, que en el norte se caracterizaba por el dominio de las parcelas de pequeña y mediana extensión, cultivadas por campesinos arrendatarios, mientras que en el sur eran más abundantes las grandes explotaciones trabajadas por jornaleros agrarios. La mayor parte de la propiedad quedaba en manos de los grupos privilegiados, la nobleza y el clero, que obtenían buena parte de los ingresos a través de las rentas de la tierra, los diezmos y otrosderechos. Los productos típicos de la agricultura mediterránea (cereales, viñedo y olivar) se mezclaban con la crianza de ganado, vacuno y mular para la labor y ovino para la producción de lana. El ganado también aportaba otros productos y estiércol para los campos, aunque en volumen insuficiente para mantener la fertilidad de las tierras. De ahí que los campos mayoritariamente siguieran una rotación bienal de año y vez.
En estas circunstancias, el modelo de crecimiento extensivo (más brazos y ampliación de la superficie cultivada, sin que aumentaran los rendimientos) muestra sus limitaciones. Por un lado permitía garantizar a la población la alimentación básica (sobre todo el pan de trigo), pero a costa de terrenos de pasto y monte que comprometían el crecimiento de la ganadería. Durante la primera mitad del siglo XVIII la abundancia de terreno disponible por la caída de la población el siglo anterior permitió el aumento del producto agrario y también de la cabaña ganadera, incluidas las ovejas merinas trashumantes, cuya lana era uno de los principales productos de exportación. Durante la segunda mitad de siglo, sin embargo, la agricultura chocó con dificultades para crecer al ritmo de la población, y la roturación de pastos, montes y espacios poco fértiles pronto tuvieron efectos negativos sobre los rendimientos y el pastoreo. El aumento de la demanda se tradujo en una tendencia creciente de los precios del cereal y también de las rentas que tenían que pagar los campesinos a los propietarios de la tierra. Esto condujo al empobrecimiento de los pequeños cultivadores y unadisminución del salario real en los trabajadores no agrícolas. Los gobiernos ilustrados acometieron una serie de reformas con las que trataban de impulsar el crecimiento agrario, tales como el reparto de tierras concejiles, o la libertad del comercio de cereales para animar el comercio interior. Sin embargo no abordaron los principales problemas derivados de las estructuras de propiedad existentes, con una gran extensión de tierras bajo formas vinculadas, como los mayorazgos, o manos muertas, que impedían su venta en el mercado.
La industria estaba principalmente orientada hacia el mercado interior. El principal sector era el textil, centrado en los productos de lana, principal materia textil en la península, que se elaboraba en el marco de pequeños talleres artesanales ubicados en las ciudades, a cargo de gremios, donde se hacían los productos de más calidad, o bien en comarcas rurales, donde se tejían paños bastos. En Cataluña, una región que crece durante el siglo XVIII como resultado de los beneficios de su actividad agraria y de la liberalización del tráfico con América, se produce desde mediados de siglo un importante florecimiento industrial. Además de los paños de lana se comienzan a elaborar tejidos de algodón, en principio limitadas al estampado, una vez que se restringen las importaciones de prendas de Asia, y desde la segunda mitad de siglo aparece una incipiente mecanización. Al modelo catalán, sin embargo, le faltaba el suministro de carbón barato que fue un componente esencial de la Revolución Industrial. Al margen del textil, otras industrias estaban relacionadas con elcuero, la elaboración de alimentos, o la producción de hierro y otros metales. La siderurgia era una actividad muy dispersa, en forjas y ferrerías locales aprovechando fuentes de energía tradicionales. Con el fin de promocionar las manufacturas, los gobiernos borbónicos adoptaron diferentes medidas, tales como el establecimiento de Fábricas Reales, con la contratación de técnicos extranjeros que aplicaban las innovaciones más recientes. Es el caso de las reales Fábrica de paños de Guadalajara, Brihuega o San Fernando. En otras ocasiones se establecieron Reales Fabricas para atender a demandas específicas de productos de lujo, con el fin de evitar costosas importaciones, caso de la Real Fábrica de Porcelana del Retiro, o la de Cristal de la Granja, o para hacer frente a la demanda del ejército y la Armada, como los arsenales de Ferrol, Cádiz y Cartagena. También se alentó la actividad industrial de empresarios privados, otorgándoles el estatuto de fábrica real y la concesión de privilegios y exenciones diversas. En general, la experiencia borbónica en la promoción industrial supuso enormes gastos para la Hacienda sin lograr un desarrollo fabril importante.
El incremento de la población y la producción estimuló el comercio interior. La mayor parte de la red de caminos era bastante deficiente y el régimen fluvial dificultaba seriamente la navegación interior. Se hicieron algunas mejoras en las principales rutas camineras, mejorando los accesos entre Castilla y el Norte, o algunas de las conexiones con Levante y el sur. También se programaron proyectos de navegación interior, algunosde ellos parcialmente concluidos como el Canal de Castilla o el Canal Imperial de Aragón. Todo ello permitió incrementar la capacidad de carga y reducir los costes, aunque todavía eran muy elevados, encareciendo los productos en el mercado. También se eliminaron algunos obstáculos interiores, como las aduanas entre Castilla y Aragón. No obstante, la mayor parte del tráfico se hacía a pequeñas distancias y con escasos medios. Salvo Madrid, que concentraba casi 200.000 habitantes a fines de siglo, el resto de centros urbanos eran de muy escasa dimensión. Había compañías privilegiadas, como los Cinco Gremios Mayores, que se encargaban del comercio de productos de lujo para la Corte, y también intervinieron en negocios con el gobierno, pero no una auténtica burguesía comercial y manufacturera en el interior, a diferencia de lo que ocurría en algunos puertos mediterráneos (con Barcelona a la cabeza) o atlánticos, como Cádiz que había reemplazado a Sevilla en el comercio con la América hispana.
El comercio exterior se benefició del fuerte impulso de la economía atlántica a escala europea, y conoció un importante crecimiento. Los Borbones intentaron aplicar medidas mercantilistas para proteger el mercado colonial y estimular el comercio de los nacionales, autorizando la creación de compañías comerciales y liberalizando desde 1765 los intercambios directos con nueve puertos peninsulares, eliminando los anteriores monopolios de Sevilla y posteriormente de Cádiz. Aunque Cádiz siguió siendo el puerto más importante en el tráfico con América, cobraron importancia Barcelona, Málaga, Santandery la Coruña. De América los principales productos seguían siendo los metales preciosos, aunque crecieron las importaciones de tabaco, cacao y azúcar. Desde España se enviaban tejidos, aguardientes y vinos, así como manufacturas de hierro. Con todo, el comercio exterior más importante no se hacía con América sino con Europa, ya que en las dos últimas décadas de siglo las ventas desde España suponían más del 60% mientras que hacia América eran menos del 40%. La creciente demanda de productos agrarios, lana, vino, aguardiente, etc., constituía más del 90% de todas las exportaciones, dirigidas principalmente hacia Europa noroccidental. Las manufacturas eran muy poco significativas. Por el contrario las importaciones desde Europa se centraban en manufacturas, con casi un 60% del total, principalmente textiles, aunque también se recibían alimentos - bacalao y trigo, principalmente- y otras materias primas. España por tanto adquiría un perfil de país con escaso desarrollo industrial y bajo el dominio de las redes mercantiles foráneas, contando con un papel más dinámico en las zonas litorales que en las regiones del interior.
La orientación de la política borbónica hacia el imperio colonial determinó el gasto del Estado, principalmente en defensa y estímulo a la Armada. El creciente ritmo de gasto superaba los recursos habituales, obtenidos por los sistemas de recaudación heredados en Castilla de la dinastía anterior y por la imposición de un sistema recaudatorio en la corona de Aragón, los denominados 'equivalentes”. A mediados de siglo se produjo un intento de reforma tributaria enCastilla que sustituiría las antiguas rentas provinciales por una “Única Contribución”, de carácter proporcional a las rentas de los súbditos, entre los que se incluiría a la nobleza y el clero; la reforma quedó sin embargo en el estadio inicial -la elaboración del famoso Catastro del marqués de la Ensenada-, sin llevarse nunca a la práctica. Las reformas se limitaron a algunos monopolios y medidas concretas, y no lograron el objetivo de acercarse a aliviar las crecientes deudas originadas por los gastos ordinarios y los extraordinarios de los conflictos militares. Estos gastos obligaron a recursos extraordinarios, como la emisión de Vales Reales en 1780, títulos de deuda con plazo de amortización de 20 años, pero podían ser utilizados como instrumento de pago de determinadas operaciones. Una nueva emisión se realizó en 1781, pero no sirvieron para enjugar la deuda y su cotización cayó. Un mecanismo complementario fue la creación del Banco nacional de San Carlos en 1782, que debía servir para amortizar los vales y obtener ingresos para atender a gastos del Estado. Ahí están los antecedentes lejanos del papel moneda y un banco central en España.
La crisis financiera de la monarquía a fines del siglo XVIII estaba relacionada con las dificultades económicas por las que atravesaba España y los bloqueos para llevar a cabo las reformas necesarias para dar un nuevo impulso a la economía. El crecimiento agrario alcanzó su techo a fines del siglo y las necesidades crecientes de alimentos se solucionaron a través de importaciones de cereales. La subida de precios redujo el nivel de consumo debuena parte de la población, con un empobrecimiento creciente que derivó en la fuerte mortalidad de los primeros años del siglo XIX, momento en que se produce una de las crisis agrarias más agudas de todo el Antiguo Régimen, combinada con una oleada de epidemias (1801-1805). Además se unieron los problemas derivados de la crisis internacional que alteró el comercio exterior y originó nuevos gastos para la Hacienda. La incapacidad del gobierno para resolver la situación financiera y preparar un marco de recuperación acabaría en los años siguientes con todo el sistema.
España, en todo caso, se mantenía en su conjunto atrasada, al margen de las corrientes más dinámicas de la economía europea. De este panorama sólo se salvaban Cataluña y algunos focos aislados
Tema 6. La Revolución Industrial y el crecimiento económico moderno
2. Índice
6.1 El qué, el dónde, el cuándo y el cómo de la Revolución Industrial.
6.2 Los porqués sQué tenía Gran Bretaña de especial?
6.3 El nacimiento de la nueva industria en Gran Bretaña
6.3.1. El textil algodonero
6.3.2. La siderurgia
6.3.3 La máquina de vapor
6.3.4. La fábrica 6.4Industrialización sin mecanización: sectores 'tradicionales”
6.4.1 Agricultura
6.4.2 Las manufacturas tradicionales
6.4.3. Urbanización
6.5 Factores clave, sectores clave: tecnología, carbón y mercados
6.5.1. Factores productivos
6.5.2. Las instituciones: propiedad, Estado y mercados
6.5.3. Los mecanismos de la innovación técnica
6.6 Empresarios y trabajadores (burgueses y proletarios).
6.7 La nueva economía de base fósil.
4. Contenidos del tema
6.1. El qué,el dónde, el cuándo y el cómo de la Revolución Industrial.
Si examinamos la evolución de la población mundial en el muy largo plazo, puede apreciarse en torno a 1800 un cambio de tendencia en el largo movimiento de lento y accidentando ascenso en el número de hombres (y mujeres): el crecimiento demográfico se acelera y sobre todo se torna sostenido. En adelante no volverán a producirse desplomes brutales de la población, como el del siglo XIV. Al menos, no hasta ahora. Si desglosamos las cifras por continentes, se observa que ese movimiento arranca de Gran Bretaña, y se irá difundiendo por el continente a lo largo del siglo XIX, y después a otras zonas del mundo, especialmente a partir de mediados del siglo XX. Si añadimos otro indicador del peso de la humanidad en el planeta, como son las series de emisiones de CO2 y otros gases a la atmósfera, encontramos el mismo salto, en torno a las mismas fechas. Otros indicadores -volumen de producción de acero, cemento o cereales, consumo de energía- vendrían a decirnos lo mismo.
Como ya vimos, el primer gran salto económico de la humanidad fue la revolución agraria del Neolítico, hacia el 10000 adE. Las consecuencias del segundo gran salto -la Revolución Industrial, en torno a 1760-1830 dE- fueron mucho mayores en sus dimensiones y en la aceleración que introdujeron en el crecimiento económico. Pero además transformaron para siempre la estructura de la economía. En apenas doscientos años se multiplicó la capacidad de producción -y también de destrucción- de las sociedades humanas, el número de hombres y mujeres, el mundo 'encogió” graciasal avance de los transportes y comunicaciones; con la ciencia y la técnica al servicio de la producción, pudo costearse el lujo de humanidad más numerosa, más longeva, más próspera, mejor alimentada y educada y, muy a menudo, más libre políticamente. Claro que también creó un mundo más desigual, más rapaz con los recursos naturales, más interdependiente y más frágil.

Una definición clásica de Revolución Industrial
'En el siglo XVIII, una serie de invenciones transformaron la industria algodonera británica y alumbraron un nuevo modo de producción, el sistema fabril. Al propio tiempo, otros sectores industriales registraban progresos similares y a menudo relacionados. Este proceso conjunto, que se alimentaba mutuamente, generó nuevas ganancias en un terreno cada vez más amplio. La abundancia y variedad de estas innovaciones hacen interminable su enumeración, pero se acomodan a tres principios:
1) la sustitución de la pericia y el esfuerzo humanos por las máquinas -rápidas, regulares, precisas, incansables;
2) la sustitución de fuentes animadas por fuentes inanimadas de energía, y en particular, la invención de motores capaces de transformar el calor en trabajo, propiciando así un suministro prácticamente ilimitado de energía; y
3) el uso de materias primas nuevas y mucho más abundantes, y en concreto la sustitución de las sustancias vegetales o animales por minerales y, a la larga, por materiales artificiales.
Estas sustituciones crearon la Revolución Industrial. Generaron un rápido aumento de la productividad y, simultáneamente, de la renta per cápita. Este crecimiento,además, se autoalimentaba. En épocas pretéritas, la mejora de la calidad de vida siempre había provocado un aumento de la población que, con el tiempo, neutralizaba las posibles ganancias. Ahora, por vez primera en la historia, la economía y el saber crecían a un ritmo suficiente para generar una corriente continua de progresos. Se olvidaron los controles positivos maltusianos del crecimiento demográfico e ignoraron las predicciones de estancamiento de la ‘ciencia lúgubre’; se abría una nueva era, llena de promesas y expectativas. La Revolución Industrial trastocó también el equilibrio del poder político; en el interior de las naciones, entre ellas y entre civilizaciones; revolucionó el orden social y transformó en la misma medida las formas de pensar y obrar.”

Es precisamente la dimensión de las transformaciones la que justifica el término de 'revolución” aplicado a este proceso; el adjetivo 'industrial” procede del papel que las manufacturas, y especialmente un nuevo estilo de industrias mecanizadas, organizadas en fábricas y que recurrían a la energía fósil del carbón mineral, desempeñarán en el proceso. A muchos historiadores no les agrada el término Revolución Industrial, básicamente por dos razones:
a–  los cambios arrancan en varios sectores y afectan al conjunto de la economía, y no exclusivamente a la industria.
a–  el término revolución sugiere un cambio brusco, súbito, que casa mal con un proceso prolongado, que arranca en el siglo XVIII y concluye en el XIX, pero con antecedentes a veces muy lejanos y consecuencias de muy largo alcance.
De hecho, son precisamente laprofundidad y alcance de los cambios económicos, y su influencia, realmente revolucionaria, sobre la economía mundial los que justifican el empleo del término Revolución Industrial; que por otra parte está tan arraigado que no tiene mucho sentido buscar otro. Con todo, conviene precisar la definición estableciendo el qué, dónde, cuándo y cómo.
[Qué: una definición] El proceso de transformaciones económicas pioneras que tuvo lugar en algunas regiones de Gran Bretaña y del continente europeo entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX, ligadas a la introducción de nuevas técnicas y formas de organización en la manufactura, especialmente basadas en el empleo masivo de carbón mineral como fuente de energía, que tendrán como resultado cambios profundos de la estructura económica y la organización social y política.
Conviene distinguir entre Revolución Industrial e industrialización. Con ésta nos referimos los procesos de difusión de estas innovaciones a otras regiones o países, a través de la imitación o la importación directa de las técnicas y formas de organización, que produzcan cambios estructurales del mismo tipo que en Gran Bretaña. En este sentido, podríamos hablar de industrialización en España en el siglo XIX, aunque no de Revolución Industrial.
[Dónde: spaíses o regiones?] Algunas regiones de Gran Bretaña y del continente europeo: aunque es habitual que los estudios de industrialización se realicen a escala nacional (la única para la que solemos tener información estadística), lo cierto es que el proceso tuvo lugar a una escala más pequeña, regional, y que perdemosdetalles importantes si lo olvidamos. En el caso de España, la perspectiva nacional -con una industrialización tardía y accidentada- hace que perdamos de vista que en el caso de Cataluña, y en particular en el área de Barcelona, se produjo una industrialización temprana, basada en la mecanización del textil del algodón por empresarios autóctonos con resultados equiparables a las regiones británicas pioneras.
Son varios los factores que justifican la perspectiva regional (en sentido económico) de la Revolución Industrial y la posterior industrialización. En primer lugar la existencia de tradiciones técnicas (con intercambio de ideas y personas) propias de cada región. También una demanda de manufacturas diferenciada regionalmente. Así como instituciones económicas propias (desde sistemas de herencia a normas sobre pago de salarios), las peculiaridades de los mercados de capitales, la fiscalidad, etc.
[Cuándo: cronología] Entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX: la cuestión de la cronología de la Revolución Industrial es debatida, y en parte depende de qué factor consideremos más importante.
o el cambio tecnológico: entonces arranca más bien de 1780, ya que es a partir de entonces cuando se producen las innovaciones fundamentales en la hilatura del algodón, la máquina de vapor y la siderurgia.
o el crecimiento económico (PIB per cápita), en realidad éste es muy lento en el siglo XVIII (probablemente inferior al de Francia), y sólo se consolida después de 1850 (ver tabla 6.2).
o el cambio estructural: no hay criterio fijo; si la Revolución Industrial comienza cuando éste sesitúa por debajo del 50%, habría que ir mucho más atrás. Pero si consideramos que comienza cuando el crecimiento de empleo industrial se sitúa por encima del 30% de la población activa, sólo se produce tras las guerras napoleónicas (1815).
En todo caso, convencionalmente se acepta el período 1760-1830 como aquel en el que comenzó la Revolución Industrial; aunque también se señala que hubo una serie de transformaciones anteriores en el marco económico (especialmente en la agricultura) e institucional que arrancan de hasta dos o tres siglos antes.
[Cómo: las transformaciones de la Revolución Industrial]
a–  Transformaciones económicas:_una amplia gama de cambios que afectan al conjunto de la economía, y cuyo resultado será una transformación profunda de la estructura económica. En este sentido, suele decirse que, en realidad, la Revolución Industrial comenzó en la agricultura, pues sólo fue posible gracias a aumentos sustanciales de productividad agraria. Pero también se producen cambios demográficos, que afectarán a la oferta de fuerza de trabajo y a la demanda de bienes, transformaciones en el comercio y los transportes, en el sector financiero. El resultado final sería la pérdida de peso del sector primario a favor del secundario y terciario, que suele equipararse al desarrollo económico.
a–  Cambios en la organización social y política: Históricamente la Revolución Industrial va unida al triunfo del capitalismo. Asimismo, la Revolución Industrial aparece vinculada a las formas del Estado liberal (constitucional y parlamentario). Aunque el capitalismo acabaría imponiéndose en elmundo entre los siglos XIX y XX, existieron procesos de industrialización en sociedades no capitalistas (como la Unión Soviética desde la década de 1920) y otros que no fueron acompañados de transformaciones políticas de tipo liberal o democrático.
a–  Nuevas técnicas y formas de organización en la manufactura:
Tradicionalmente se ha venido explicando la Revolución Industrial como un fenómeno desencadenado por diversas innovaciones tecnológicas (hiladoras y telares mecánicos, bombas y finalmente máquinas de vapor, técnicas de purificación del carbón y el hierro), en varios sectores clave (textil algodonero, siderurgia, minería y finalmente ferrocarril). Estos cambios van a incrementar enormemente la productividad industrial, pero para su aplicación exigirán cambios en la organización del trabajo: la fábrica centralizada en torno a las máquinas y sus motores (hidráulicos o de vapor), dirigida por un empresario- patrón que emplea a un número creciente de obreros cada vez menos cualificados.
a–  Especialmente basadas en el empleo de carbón mineral: En nuestras definiciones de Revolución Industrial e industrialización se hacía mucho hincapié en el papel de las fuentes de energía fósil: primero el carbón mineral y posteriormente, a partir de finales del siglo XIX, del petróleo. Según se expuso en el tema Uno, será el empleo de los combustibles fósiles y el desarrollo de máquinas adecuadas (convertidores) que lo transforman en trabajo (la máquina de vapor, la turbina, el motor de explosión y después los motores eléctricos) Jo que marque la diferencia entre las sociedades agrarias-orgánicasy las industriales-inorgánicas, donde la energía disponible es mucho mayor.

Tipos de carbón
La primera distinción importante es entre carbón mineral (o de piedra), que se extrae de las minas y el carbón vegetal, que se obtiene por una combustión parcial de leña (carboneo). El vegetal, el más utilizado antes de la Revolución Industrial, tiene un poder calorífico incluso mayor que algunos carbones minerales, pero su problema es el coste (muy superior ya en el XVIII).
El carbón mineral es una roca originada por la descomposición y sedimentación de materiales vegetales, de la que existen varios tipos. De menor a mayor poder calorífico: turba, lignito, hulla y antracita.
A estos tipos de carbón natural, hay que sumar el coque, que es en realidad un combustible artificial obtenido de la destilación de la hulla, que es calentada en hornos cerrados (en ausencia de oxígeno) a altas temperaturas. Con ello se consigue un combustible mucho más apto para su empleo en los altos hornos.
La disponibilidad de carbón mineral abundante y barato fue un factor determinante en la Revolución Industrial que explica, entre otras cosas, qué sectores y qué regiones obtuvieron mejores resultados. Al menos en un primer momento, la cercanía a los yacimientos de carbón resultó crucial. Más adelante, la mejora de los sistemas de transportes abarató el suministro; y las mejoras de eficiencia técnica de las máquinas de vapor redujeron la cantidad de combustible necesaria para generar el mismo trabajo. Ambos fenómenos acabaron haciendo posible la industrialización de regiones que no contaban con accesoeconómico al carbón.
sPor qué ha sido tan discutido el concepto de Revolución Industrial?
Desde luego, en parte por su importancia. Pero sobre todo porque conviven varias concepciones distintas del fenómeno, que según Joel Mokyr pueden agruparse en cuatro escuelas:
1. escuela del cambio social: según ésta, 'la Revolución Industrial fue ante todo un cambio en el modo en que se realizaban las transacciones económicas entre las personas”, fundamentalmente 'la aparición de mercados de bienes y factores de producción establecidos, competitivos e impersonales”.
2. escuela de la organización industrial: hace hincapié en el tamaño y la estructura de la empresa, es decir, en el nacimiento del sistema fabril, más capitalizado, y que emplea mano de obra asalariada sujeta a una disciplina estricta y a controles de calidad.
3. escuela macroeconómica: destaca la importancia de variables agregadas tales como el crecimiento del PIB, la formación de capital o la estructura de la economía.
4. escuela tecnológica: considera que son los cambios tecnológicos, con una lógica propia, los que determinan los demás cambios 'y se centra, por lo tanto, en la invención y la difusión de los nuevos conocimientos tecnológicos.”
De hecho, todos estos cambios tuvieron lugar en la Revolución Industrial: de ahí que resulte tan difícil encontrar una definición que satisfaga a todos, puesto que cada autor tiende a resaltar lo que le resulta fundamental.
Además, hay otro factor que dificulta el acuerdo, y es que en Gran Bretaña confluyeron dos corrientes de cambio distintas, responsable cada una de parte delcrecimiento económico total.
a–  La primera, ligada a cambios ocurridos en la economía tradicional (orgánica), que conformaron lo que Wrigley denominó economía orgánica avanzada.
a–  La segunda, que resultaría a largo plazo la más importante, estaba ligada a las innovaciones en materia de fuentes de energía fósil (carbón) y los nuevos convertidores que abriría camino la economía inorgánica.
La aparición de la economía orgánica avanzada en Gran Bretaña arranca, como no podía ser de otro modo, del sector primario. Las mejoras de productividad agraria (la base de todo) parecen ligadas al mayor tamaño de la cabaña ganadera, lo que significaba mucho más abono disponible para los campos de labor y más fuerza de tiro. La disponibilidad de animales tenía dos ventajas adicionales: mitigaba las oscilaciones anuales de las cosechas (puesto que los años malos para el cereal podían ser buenos para el forraje) y permitía transportar abonos minerales (marga y cal, sobre todo) en mayor cantidad. Todos estos avances se dan Gran Bretaña desde fines del siglo XVII.
A esto se sumó el uso creciente de carbón mineral (aunque sólo fuera como fuente de calor doméstico y en algunas manufacturas, en especial la fabricación de vidrio y ladrillos) sustituyendo a la leña, lo que significó un incremento importante de la energía disponible. Ambos factores (incremento del ganado y del uso de carbón) bastan según Wrigley para explicar los incrementos de productividad agraria en Gran Bretaña, que permitió un crecimiento de la población y la urbanización compatibles con el incremento de los niveles de vida, que generó unademanda solvente para los productos industriales.
El crecimiento de la economía orgánica avanzada sienta así las bases para el crecimiento de la economía basada en combustibles fósiles: por un lado, una agricultura más productiva alimenta a una población mayor que puede dedicarse a otras actividades. Además, la mejora de productividad agraria permite incrementar los salarios, lo que a su vez genera las rentas con las que la necesidad de bienes y servicios puede convertirse en demanda efectiva. En tercer lugar, la explotación del carbón, aunque fuera para usos limitados de calefacción y en algunas manufacturas, genera incentivos para la explotación de nuevos yacimientos, lo que conduce a reducciones en su precio y su aplicación a nuevos procesos.
Así pues, el crecimiento económico en la Inglaterra de la Revolución Industrial tuvo dos fuentes: las mejoras de la economía orgánica y la introducción de la inorgánica, siguiendo la terminología de Wrigley. Dicho de otro modo, tiene dos caras, lo que ha llevado a señalar el dualismo de la economía británica, es decir, su segmentación en dos “economías” distintas. Por un lado, la tradicional, que incluía la agricultura, la construcción, la industria a domicilio y buena parte de los oficios tradicionales. El crecimiento de la productividad de esta “economía” era más lento, pero con apreciables mejoras y también aumentos de la capitalización (ratio del capital con respecto al trabajo invertido). Algunos autores, especialmente Maxine Berg, han hecho hincapié en la importancia de estos cambios --técnicas manuales, innovaciones de producto ynuevas divisiones del trabajo-- en los sectores manufactureros tradicionales, que seguían representando a comienzos del XIX la mayor parte de la economía británica. Cambios que no sólo se concretan en las fábricas ni se limitan a la tecnología.
Por otro lado, estaba la “economía” moderna, que incorporaba avances tecnológicos y el uso de carbón mineral como combustible, lo que generaba una mayor capitalización, pero también espectaculares aumentos de productividad. De hecho, el dualismo no sólo se daba entre estas dos economías, sino también en el interior de los mismos sectores (había una siderurgia moderna que convivía con las fraguas tradicionales, por ejemplo). También había un dualismo geográfico (entre regiones industrializadas y no industrializadas) muy típico en los procesos de industrialización (en España, por ejemplo). El concepto de dualismo se ha aplicado en ocasiones a la teoría del desarrollo económico, defendiendo que las etapas iniciales tienen siempre un marcado carácter dual (ya sea sectorial, geográfico, o ambos), que ralentiza las tasas de crecimiento generales (si el sector tradicional supone el 80% de la economía, será su crecimiento medio el que determine el total); pero que finalmente los sectores modernos acaban 'tirando” del conjunto de la economía.
6.2. Los porqués sQué tenía Gran Bretaña de especial?
Dado que Gran Bretaña fue la cuna de la Revolución Industrial, los historiadores han buscado durante años identificar los rasgos (sociales, de organización industrial, macroeconómicos o tecnológicos) peculiares de la sociedad o la economía británicas queexplicaban el fenómeno: las causas, los requisitos o, en su versión más light, los factores concomitantes de la Revolución Industrial. En muchos casos, el objetivo no era sólo explicar el proceso histórico, sino también ofrecer recetas de política económica para los procesos de desarrollo en el mundo actual.
Entre estos requisitos, diversos autores han destacado los de carácter geográfico, como la riqueza mineral, el clima templado o la misma insularidad (como elemento de protección); de carácter más estrictamente económico, como la existencia de un fuerte crecimiento demográfico, un sistema agrícola muy productivo, la disponibilidad de canales para el transporte o una potente manufactura rural; de carácter institucional, como la temprana consolidación de de la propiedad privada y las patentes o un sistema político parlamentario; y de carácter educativo o cultural, como una actitud positiva hacia la ciencia, una ética protestante favorable al trabajo o una mentalidad poco 'aristocrática” en el conjunto de las élites y la población.
La nómina de factores barajados es muy larga. Sin embargo, un análisis detallado de cada uno de ellos, comparándolo con lo ocurrido en otros países, permite concluir que ninguno de ellos desempeñó el papel de requisito necesario. Por ejemplo, el crecimiento demográfico por sí solo debería dar lugar a niveles salariales moderados, lo que debería haber frenado más que incentivado la sustitución de mano de obra por máquinas. En cuanto al nivel de desarrollo científico y tecnológico, el de Francia a fines del XVIII era equivalente o incluso superior albritánico. Holanda contaba con una agricultura tanto o más productiva que la británica, y también algunas regiones de China, y era una sociedad igualmente orientada hacia los mercados, pero se rezagó en la industrialización. Suiza, donde se produjeron tempranos procesos de innovación tecnológica, no tuvo una legislación de patentes en todo el siglo XIX (y tenía una tradición religiosa calvinista aún más clara que Inglaterra). El Banco de Inglaterra y el sistema financiero en general desempeñaron un papel muy menor en la financiación de la industria, y la legislación sobre sociedades anónimas era mucho mas restrictiva que en Francia. Y así sucesivamente.
Así pues, es muy posible que la pregunta “spor qué la Revolución Industrial ocurrió en Inglaterra?” sea más engañosa que útil. Sin duda, una combinación de distintos factores -muchos de los mencionados- influyó en su éxito; pero también es cierto que si la industrialización hubiera comenzado en otros lugares, nos estaríamos fijando en los factores “especiales” que allí se dieron, y contando por tanto la historia de otro modo. El riesgo del razonamiento a posteriori es muy alto cuando se narra la historia del “triunfo” de Gran Bretaña, una historia en la que quizá hubiera un cierto componente de azar.
Pero la obligación de los historiadores es buscar explicaciones -aunque no sean del todo convincentes, y generen debates largos y complejos- y en historia económica deben ser explicaciones basadas en razonamientos económicos. En ese sentido, la mayoría de ellas, ya estén basadas en factores político-institucionales, tecnológicos, culturales ocientíficos presentan el mismo problema, y es qué explican condiciones que pudieran ser necesarias para el desencadenamiento de la Revolución Industrial, pero no fueron suficientes. Nos explican el tipo de factores que podrían explicar la aparición de una serie de innovaciones tecnológicas (la oferta de tecnología), pero no por qué en un momento dado se adoptaron. Y eso debe explicarse desde el lado de la demanda de esas tecnologías. Ésta es la gran virtud de la explicación de Robert Allen, quien sostiene que fue la carestía del factor trabajo en Gran Bretaña, junto con la abundancia (y bajo precio) del carbón mineral y de los capitales necesarios para adoptar las innovaciones técnicas necesarias para aprovechar ese carbón, lo que explica la rentabilidad de las innovaciones ahorradoras de trabajo, y por tanto su demanda. Volveremos a esta explicación más adelante, pero antes conviene repasar los hechos fundamentales de la Revolución Industrial.
6.3. El nacimiento de la nueva industria en Gran Bretaña.
El relato habitual de la Revolución Industrial suele ceñirse a una serie de sectores clave: la industria textil (y en particular el subsector algodonero), la siderurgia, la máquina de vapor y por fin el ferrocarril a partir de 1825. Es el relato, por ejemplo, de las obras clásicas de Trevor Asthon o Phyllis Deane, y que sintetizan todos los manuales de historia económica. De forma muy resumida, va más o menos así.
6.3.1. El textil algodonero
En toda Europa, el sector textil se basaba tradicionalmente en la lana de las muy abundantes ovejas (no en vano el carnero era, junto con elcerdo, la base de la dieta cárnica). Se trata de una fibra dura, cálida y cuyo trabajo se conocía desde la Antigüedad. La pañería de lana cubría una gama amplia de calidades y precios. Comparativamente, las industrias basadas en la elaboración de la seda y del lino, una fibra vegetal cultivada en ambientes húmedos, estaban mucho menos difundidas.
Desde comienzos del siglo XVII los paños de lana tuvieron que hacer frente a la competencia de un nuevo tipo de telas: los percales o calicós de algodón. Eran telas ligeras, que admitían estampados novedosos y llamativos, fáciles de lavar y además mucho más baratas que los equivalentes de lana. El principal problema era que la planta del algodón requería para su crecimiento climas más cálidos que el británico, por lo que durante casi un siglo se importaron las telas acabadas desde la India (tabla 6.5) y sólo a comienzos del XVIII se plantearon importar el hilo, o incluso el algodón en rama, para elaborarlo en Inglaterra. Para ello fueron fundamentales las políticas mercantilistas de prohibición de las importaciones de calicós (leyes de 1700 y 1721). La idea era proteger de la competencia a los fabricantes de paños y tejidos de lino, pero dado que los consumidores seguían demandando los de algodón, la prohibición sirvió para proteger a la naciente industria algodonera inglesa.
El proceso de las innovaciones en la fabricación de telas de algodón en Inglaterra puede seguirse en la tabla 6.6. Comienza en 1733 con la lanzadera volante: una pieza puntiaguda que “lanzaba” el hilo de la trama entre la urdimbre. John Kay le añadió unasruedecillas y un cordel que la movía sobre una guía, lo que permitía que la pieza tejida fuera mucho más ancha, sólo limitada por la longitud de los brazos del tejedor. De este modo, aumentaba la producción de los telares, y por tanto la necesidad de hilo (harían falta 8 o 10 hiladores para cada telar). Se creaba así un “cuello de botella” en la fase de hilado, que fue resuelto años más tarde con varias innovaciones en las técnicas de hilado. La primera de éstas fue la spinning-jenny de Hargreaves (1768) que permitía hilar 8 husos a la vez (que a finales del siglo serían hasta 120). Pero para mover la nueva hiladora mecánica había que sustituir la fuerza y habilidad del hilador tradicional con un solo huso, y aquí entra la water-frame de Arkwright, una máquina hiladora movida con energía hidráulica. En 1785 fue combinada con la jenny por Samuel Crompton para dar lugar a una máquina híbrida, llamada por ello mule (o mula). Estas máquinas de gran tamaño requerían un tipo de energía no humana (hidráulica o de vapor), por lo que se hizo necesario instalarlas en fábricas, donde se ubicaban tanto ellas como sus motores. En 1825 Richard Roberts automatizó la mule, de modo que no se requería un tejedor experto, sino sólo un trabajador (o trabajadora) menos fuerte y cualificado.
Cada una de estas innovaciones genera un “cuello de botella” en las fases anteriores o posteriores de la fabricación textil, que incentivan los esfuerzos para resolver las limitaciones surgidas. Las innovaciones incrementan las necesidades de capital y reducen las de mano de obra cualificada, al sustituir el factor trabajopor capital (máquinas y motores). Macroinventos y microinventos se van desplegando 'en racimos” (como una uva tira de otra en un racimo), y afrontando cuellos de botella, lo que explica que suelan concentrarse en una misma región (especializada en un tipo de proceso) y un mismo sector de actividad (aunque luego pasen a otros), y también en el tiempo. De este modo se alimenta el proceso de cambio técnico acumulativo.
Como resultado, la fabricación de telas de algodón creció en Inglaterra de forma espectacular. Como indicador se utilizan los datos de importaciones de la materia prima, que se multiplicaron casi por 1.000 entre 1700 y 1860 (tabla 6.7). Al mismo tiempo, los tejidos se abarataron como resultado de la mecanización y las economías de escala, lo que le permitió conquistar nuevos mercados. Cerca del 55% de los tejidos de algodón producidos entre 1760 y 1840 se exportaban; hacia 1800 estas exportaciones superaban en valor a las de lana, y entre ambas constituían el grueso de las exportaciones británicas.
sPor qué fue el algodón el protagonista de este proceso? A diferencia de la lana, el inconveniente del algodón en rama -la materia prima básica- es que debía importarse en su totalidad: en principio de la India, luego de Oriente Medio. Se introdujo su cultivo a finales del XVII en algunas colonias inglesas del Caribe y desde el siglo XVIII se fue extendiendo en las plantaciones esclavistas del sur de Norteamérica. Sin embargo, su principal ventaja es que era una fibra resistente y flexible a la vez, que se prestaba al hilado mecánico mucho mejor que los vellones de lana(cuyos hilos se rompían fácilmente con los movimientos de las primeras máquinas). Además, al ser un sector nuevo, era más fácil vencer las reticencias de los artesanos o gremios a los cambios. Por último, sabemos que los tejidos de algodón gozaban de una gran demanda.
6.3.2. La siderurgia
Las innovaciones en la siderurgia comenzaron algo antes que en el textil, aunque sus repercusiones fueran más lentas y más indirectas: la fabricación de hierro o acero no iba destinada al consumo, pero resultó clave para la construcción de máquinas, fábricas y más tarde infraestructuras de transporte (puentes de hierro y vías férreas). Las principales novedades vinieron de la mejora de:
a–  El combustible: la sustitución del carbón vegetal tradicional por carbón mineral, fundamentalmente hulla (Darby, 1709), que en Gran Bretaña tenía un bajo precio debido a la riqueza de sus yacimientos. Además, desde su invención en 1767 también se empleó coque, un combustible elaborado a partir del calentamiento y reducción del carbón, que se adaptaba mejor a la producción de hierro en hornos altos.
a–  Los hornos: la sustitución de las forjas tradicionales por altos hornos, en los que la circulación de aire permitía obtener temperaturas más altas.
a–  Los procesos: procedimientos mecánicos para batir el hierro y librarlo de impurezas (como el pudelado), o laminarlo (rodillos). Henry Cort, 1784.
La ventaja competitiva de Gran Bretaña en la siderurgia radicaba en la disponibilidad de mineral de hierro y sobre todo de carbón, que es el input más abundante. La siderurgia consumía mucho más carbón que hierro, lo quehacía que los hornos se ubicaran normalmente en las proximidades de las minas de carbón. El resultado de estas ventajas e innovaciones fue un incremento espectacular de la producción de hierro, que permitió no sólo atender a una demanda creciente (especialmente con el ferrocarril) a precios más bajos sino también exportar.

La fabricación del hierro
El hierro se utiliza de dos maneras principalmente: hierro fundido o colado y hierro forjado o dulce. El hierro colado se obtiene directamente del alto horno en estado líquido y permite obtener las formas deseadas simplemente vertiéndolo en moldes adecuados. Al contener un porcentaje de carbón y otros minerales relativamente alto, resulta muy duro aunque muy frágil. Se utiliza para obtener formas complejas sin necesidad de estar sometido a tensiones ni torsiones, como por ejemplo las ollas, estufas, cañones, bastidores de máquinas, etc. El hierro forjado se obtiene volviendo a encandecer el hierro colado para extraer impurezas por oxidación (exposición al aire) y compresión. Las ventajas del hierro forjado son la maleabilidad y la tenacidad, es decir, al rojo vivo puede ser trabajado fácilmente y es muy resistente a la tensión y a la torsión. El uso de este tipo es mucho más extenso que el del hierro colado: rejas, clavos, herramientas, vigas o partes móviles de las máquinas son algunos ejemplos.
6.3.3 La máquina de vapor
Las mejoras en la producción siderúrgica fueron necesarias para la construcción del último gran invento de la Revolución Industrial: la máquina de vapor. Aunque las bombas de vapor, que empleaban la potencia delagua evaporada quemando carbón, se empleaban desde fines del XVII en las minas para achicar agua, era necesario superar dos grandes obstáculos. Aquellas primeras máquinas de vapor tenían una eficiencia térmica muy reducida, y sólo generaban un movimiento vertical, cuando muchas máquinas requerían un movimiento rotatorio.
Ambos problemas fueron resueltos en torno por James Watt, un mecánico del laboratorio de la universidad de Glasgow, asociado pronto con el fabricante Mathew Boulton, que en 1769 consiguió mejorar la eficiencia térmica de la bomba de Newcomen incorporándole un condensador separado donde se enfriaba el vapor, mejorando la estanqueidad de los cilindros e incorporó quince años después un sistema rotatorio a la máquina. Con todo, Watt- Boulton sólo habían conseguido instalar unas 500 máquinas en Inglaterra hasta 1800, cuando expiró su patente. Y aún seguían siendo poco eficaces térmicamente (menos del 5%), de escasa potencia (sólo unos 15 CV) y tamaño aún demasiado grande. Aunque a lo largo del siglo las innovaciones en materiales, mecánica y energía permitieron superar estos problemas.
El resultado más espectacular de estos avances fue la incorporación de la máquina de vapor al transporte, con la invención del ferrocarril primero y más tarde de la navegación a vapor. Curiosamente, los primeros intentos de aplicar la máquina de vapor al transporte se vieron frenados por Watt, que consideraba demasiado peligrosas las máquinas de alta presión y se negó a autorizar el uso de sus patentes. Tras los intentos de Richard Trevithick a comienzos del siglo XIX en Gales, primerocon locomotoras autónomas y luego con otras que se desplazaban sobre raíles de hierro, no sería hasta la década de 1820 con George Stephenson cuando el ferrocarril estuvo en condiciones de dar el salto: en 1825 la línea minera Stockton-Darlington sustituyó los caballos inicialmente previstos por una máquina de vapor, y en 1830 el trayecto Liverpool-Manchester se convirtió en la primera línea ferroviaria diseñada como tal, atendida por la locomotora Rocket de Stepenshon. La fiebre del ferrocarril arrancó en Gran Bretaña con apoyo parlamentario y grandes movilizaciones de capitales privados que se tradujeron en la puesta en servicio de más de 3.000 kilómetros de red en 1842.
6.3.4. La fábrica
La última de las grandes novedades de la Revolución Industrial, su icono, no fue un cambio tecnológico, sino organizativo: la fábrica. Curiosamente, tampoco se trata estrictamente de una innovación: existían grandes instalaciones industriales ya en la Edad Media. En el siglo XVII las manufacturas reales mercantilistas ya utilizaban el sistema fabril de concentración de un gran número de trabajadores, especializados en distintas tareas, y con maquinaria e instalaciones muy costosas.
La fábrica es 'un establecimiento donde se concentra la mano de obra, organizada sobre la base de una división del trabajo, donde el proceso productivo está mecanizado con maquinaria accionada por fuentes de energía no animal, todo ello bajo la autoridad de un empresario” [Valdaliso y López (2000:178)]. La innovación fundamental de la fábrica durante la Revolución Industrial, frente a otras manufacturas concentradas,fue la mecanización completa de la producción y su transformación en un proceso de flujo continuo, lo que permitía emplear mano de obra menos cualificada y peor pagada (mujeres y niños entre otros), estandarizar la producción y producir bienes en masa con bajos costes unitarios.
Hay dos visiones básicas sobre las ventajas de la fábrica para el empresario. Una es la tecnológica, que hace hincapié en la necesidad de concentrar las máquinas y motores para obtener economías de escala, ahorrar costes de transporte de materias primas o aumentar la división del trabajo y garantizar la seguridad de unas inversiones costosas. La otra es laboral, y resalta la importancia del control de la mano de obra: vigilancia del trabajo, trabajadores, control de los tiempos, persecución del fraude. De hecho, uno de los logros del sistema fabril fue regular las jornadas, eliminar días festivos y suprimir tiempos muertos. Todo ello permitió aumentar el número de horas trabajadas en comparación con las de los trabajadores a domicilio, que a menudo compatibilizaban sus tareas con las del campo y organizaban los tiempos a su conveniencia. El aumento de productividad del trabajo fue considerable, lo que permitía rentabilizar las fuertes inversiones y, si era preciso, pagar mejores salarios. Los trabajadores, en cambio, veían la otra cara de la moneda: pérdida de poder de negociación de los trabajadores cualificados, de autonomía sobre su trabajo, disciplina De ahí que muchas de las luchas iniciales de los trabajadores se enfocaran a la destrucción de máquinas (el movimiento ludita de 1811-1812) y sesaldaran con asedios e incendios de fábricas mecanizadas.
Pese a sus ventajas, la fábrica tardó en imponerse, incluso en Inglaterra, y convivió en muchos casos con talleres artesanales a los que subcontrataban parte de las tareas. Esta estrategia proporcionaba más flexibilidad para afrontar las fluctuaciones de la demanda, y permitía reducir la inversión inicial. Hacia 1840, la fábrica sólo predominaba en los sectores pioneros -textil algodonero, siderurgia y construcción mecánica-, mientras que los talleres más pequeños predominaban en la confección, la industria alimentaria, el calzado o la cerámica, dependiendo de lo avanzada que estuviera la mecanización (la del textil lanero se retrasó por problemas técnicos), el potencial de economías de escala (mayor en sectores de demanda mayor y más homogénea) y la capacidad de resistencia de los artesanos (organizados o no).
6.4. Industrialización sin mecanización: sectores “tradicionales”
Hasta aquí, la visión clásica de los sectores modernos. Pero ya advertimos sobre la naturaleza dual del crecimiento económico en la Inglaterra del siglo XVIII, y la importancia de los sectores “tradicionales”, fundamentalmente la agricultura y las manufacturas tradicionales. Por dos razones:
• su peso marca los ritmos del crecimiento macroeconómico, ralentizándolo, ya que el crecimiento de su productividad era inferior al del sector moderno (en torno al 0,65% al año, frente al 1% de los modernos entre 1780 y 1860) y su peso en la economía, muy superior. Un ejemplo: la industria lanera seguía siendo en 1820 el principal subsector del textil en GranBretaña, por encima del algodón.
• sus relaciones con los sectores “modernos” son mucho más complejas de lo parece a primera vista. Los sectores tradicionales contribuían en muchas maneras al avance de los modernos: facilitando mano de obra cualificada, encargándose de algunos procesos difícilmente mecanizables, generando rentas para la demanda efectiva de los productos de la industria moderna, acumulando capitales que podían trasvasarse al sector moderno y, lo más importante, proporcionando alimentos y materias primas que marcaban la estructura de costes de todo la economía.
6.4.1. Agricultura
Anteriormente se ha subrayado que este sector constituye la clave del cambio económico en cualquier economía preindustrial. La agricultura británica había incrementado notablemente su productividad, lo que hizo posible que en 1800 cada trabajador agrario pudiera alimentar a casi 3 personas, mientras que hacia 1500 el excedente apenas daba para mantener a 1,35. La diferencia es abismal.
Las fuentes de la mejora de la productividad agraria fueron varias:
a–  Nuevos sistemas de rotación, que significaban mejoras inmediatas en la productividad de la tierra, al reducir el barbecho y por tanto incrementar la superficie explotada cada año. Uno de los más difundidos en el siglo XVIII fue la rotación cuatrienal, que al incorporar tubérculos y forraje no sólo permitían eliminar el barbecho (ya que éstos fertilizaban la tierra), sino que proporcionaban alimentos para el ganado. Además, una parte de los aprovechamientos mejoraban la producción de subsistencias (patatas) y otros estaban destinados a losmercados (lúpulo, legumbres, ganado), lo que incrementaba la actuación de los incentivos económicos sobre los campesinos.
a–  nuevos aperos de labranza: en particular arados tirados por caballos que permitían labrar más rápidamente, con una fuerza de tiro que podía aprovecharse además para labores de transporte.
a–  la mejora de la cabaña ganadera fue fundamental. Más ganado significaba ante todo más abono, más fuerza de tiro para las tareas agrícolas (incluidos el acarreo de cal o margas como abono, o el traslado de la producción a los mercados), y más producto comercializable (lana o carne) y por tanto más renta para los campesinos.
Pero no sólo aumentó el número, sino que también mejoró la calidad del ganado, a través de técnicas de selección que permitieron criar animales más adecuados para las distintas tareas: vacas lecheras más productivas (de 100 galones al año por cabeza a 380 en 1800), bueyes y ovejas que producían más carne, y caballos más rápidos y fuertes.

Las funciones de la agricultura en la industrialización
La industrialización siempre empieza en la agricultura. Dicho así, parece un disparate (o una paradoja), pero si concebimos los procesos de industrialización como cambios estructurales que permiten el paso de una economía agraria a una industrial, es lógico que las transformaciones primeras, y más importantes, arranquen del sector mayoritario en la economía de partida. El requisito fundamental era un incremento de la productividad agraria, que permitiría derivar parte de los factores productivos (tierra, trabajo y capital) antes empleados en la agricultura a losotros dos sectores.
Rondo Cameron ha resumido las aportaciones del aumento de productividad de la agricultura al proceso de industrialización (y en general al desarrollo económico) en cinco aspectos:
El sector agrario puede aportar un excedente de población (mano de obra) para dedicarse a ocupaciones no agrícolas.
El sector agrario puede abastecer de materias primas industriales y alimentos para la población no agraria.
La población agraria puede servir de mercado para la producción de las industrias y los servicios.
El sector agrario puede suministrar capital para invertir en otros sectores, bien sea de forma voluntaria (directa) o involuntaria/indirecta a través de los impuestos.
A través de las exportaciones, el sector agrario puede proporcionar divisas que permitan a otros sectores importar bienes de equipo o materias primas no disponibles en el país.

Todos estos cambios están interconectados mediante circuitos de retroalimentación, y tienen en común un incremento de las horas de trabajo y el volumen de capital invertidos en la agricultura. Hay que preguntarse por tanto qué llevó a los campesinos ingleses a trabajar y a invertir más en sus explotaciones. Y las respuestas están en el marco institucional:
a–  La explicación más tradicional se basa en el incremento de los cercamientos de tierras (enclosures) que puso fin al sistema de campos abiertos (open fields) predominante en la agricultura inglesa en la época medieval y moderna. Los campos abiertos iban unidos a prácticas comunales que impedían la introducción de los nuevos sistemas de rotación. Los enclosuresaprobados por el Parlamento permitían a los propietarios cercar sus explotaciones, impidiendo así la entrada del ganado de los vecinos, e invertir con más seguridad en la mejora de cultivos. También conducían al empobrecimiento de los campesinos más pobres. Esto llevó a explotaciones de mayor tamaño que podían ser trabajadas con mano de obra asalariada.
No obstante, no está claro que los cercamientos sean un fenómeno tan importante. Aunque cronológicamente el incremento de los enclosures coincide con las mejoras de la productividad agraria a partir de 1750, no está claro que fueran la causa. Allen argumenta, por ejemplo, que fueron los incentivos del mercado (procedentes del comercio internacional y la industria rural, así como el mayor tamaño de las ciudades) los que hicieron rentables las inversiones que exigían los cercados, y por tanto impulsaron explotaciones más grandes, capitalizadas y con más trabajadores asalariados. En muchos casos, además, las innovaciones técnicas fueron adoptadas igual de rápido en zonas de campos abiertos.
a–  El otro cambio institucional fue la penetración de los mercados en el mundo rural, tanto en el acceso de los campesinos a mayores niveles de consumo (revolución del consumo) como en las repercusiones de la demanda urbana y manufacturera. Este proceso, que venía caracterizando a la agricultura inglesa (y holandesa) desde la salida de la crisis del siglo XVII, se agudizó en la siguiente centuria. A lo largo del XVIII, el alza de los precios agrarios (por el crecimiento urbano y de las manufacturas) generó un fuerte incentivo que aceleró el proceso.6.4.2 Las manufacturas tradicionales
A lo largo del siglo XVIII, e incluso hasta las primeras décadas del XIX, en la industria británica siguieron predominando los sectores tradicionales: sin motores, relativamente poco mecanizados, ubicados en talleres rurales o urbanos (incluso bajo la disciplina de los gremios), basados en la habilidad de los artesanos y centrados en productos tradicionales. La tabla 6.10 muestra cómo en 1770 las manufacturas de lana representaban el grueso del sector textil. En 1801 aún superaba en valor y trabajadores al algodón. Y todavía en 1831 el sector de la construcción era el primero en valor añadido. La historia de la prodigiosa ascensión de los sectores modernos y el hundimiento de los “tradicionales” debe matizarse a la luz de estos datos.
La diversidad del sector manufacturero era enorme, igual que su dispersión geográfica, especialización y modos de organización del trabajo.Maxine Berg ha mostrado cómo las manufacturas “tradicionales” también estaban inmersas en un proceso de cambios que en muchos casos redundaban en aumentos de productividad. La fabricación de artículos de metal (cuchillos, tijeras, hoces y guadañas) en Sheffield había experimentado una expansión importante basada en la pericia de los artesanos, la especialización (los fabricantes de cuchillos se separaron de los de tijeras) y la división del trabajo (los trabajos de forja y afilado se realizaban en instalaciones distintas), pese a estar aun dominada por los gremios. En otros casos, el papel de los mercaderes-fabricantes (verleger) y el trabajo a domicilio era fundamental, como enla elaboración de hilados y prendas de lana en el Yorkshire. En Birmingham se desarrolló a lo largo del XVIII una potente industria de bibelots (artículos menudos: hebillas, botones, juguetes, cajas lacadas), orientados a los mercados coloniales, que es un buen ejemplo de la complejidad de los cambios. Por un lado, coexistían grandes fábricas, algunas con cientos de trabajadores, con pequeños talleres urbanos y una extensa red de trabajadores a domicilio en las zonas rurales cercanas. Por otro, está asociado a la metalurgia del bronce -materia prima de los bibelots- con 71 fundiciones en la ciudad en 1791. Al mismo tiempo, existían numerosos artesanos con talleres pequeños o medianos que realizan algunas de las tareas más cualificadas del proceso. Pero también trabajaban muchas mujeres y niños. Las ganancias de productividad podían venir de la aplicación de capitales a la producción, pero también de la especialización y la división del trabajo.
Las conexiones entre lo tradicional y lo moderno son mucho mas comunes de lo que a veces se ha dicho, permitiendo formas de organización más flexibles, el trasvase de trabajadores y el desarrollo y la difusión de nuevas técnicas. Un dato significativo de estas conexiones: Mathew Boulton, el socio de Watt en la fabricación de máquinas de vapor, se enriqueció precisamente con la fabricación de bibelots.
6.4.3. Urbanización
La existencia de núcleos urbanos importantes era a la vez un síntoma y un factor de desarrollo. Síntoma porque su subsistencia exigía mecanismos económicos (flujos de rentas y abastecimiento de alimentos) que permitíansustentar a poblaciones de decenas de miles de personas que no producían sus propios alimentos; y factor de desarrollo porque tal aglomeración de personas justificaba su existencia proporcionando al resto servicios o productos de un tipo u otro, como manufacturas o servicios comerciales, financieros y políticos. En 1700 Londres ya era la principal capital europea y en 1801, la única que se situaba por encima del millón de habitantes. La banca -presidida por el Banco de Inglaterra-, una Hacienda gobernada por el Parlamento o el pujante sector comercial, orientado al exterior, son buenos ejemplos de estos servicios, que contribuyeron de modo importante a la industrialización.
El proceso de urbanización en Inglaterra, y sobre todo el protagonismo de Londres, son una de las claves del crecimiento del siglo XVIII; pero no debe olvidarse que desde el siglo XVI existían en Europa sociedades con tasas de urbanización muy elevadas, mientras que Inglaterra era una sociedad fundamentalmente rural: en los Países Bajos e Italia, sobre todo, pero también en España. Sin embargo, la urbanización no trajo aparejada una Revolución Industrial. La diferencia fundamental parece radicar en que en Inglaterra, igual que antes en los Países Bajos, se produjo un gran incremento de la población rural dedicada a tareas no agrarias: manufactura, transporte, comercio y servicios de distinto tipo.
A estas alturas, debería haber quedado claro que la Revolución Industrial no fue sólo un asunto de inventores, fábricas, ciudades y nuevos productos. Es hora de pasar a preguntarse de nuevo por los factores clave quela hicieron posible.
6.5. Factores clave: factores productivos, instituciones y tecnología
Conocidos ya los hechos fundamentales, volvamos a la explicación de las causas de la Revolución Industrial. Como ya dijimos, nos parece particularmente convincente la explicación de Robert Allen, que hace hincapié en los factores que explican la demanda de innovaciones tecnológicas en Inglaterra, ligada fundamentalmente a la oferta y precios relativos de los distintos factores productivos (tierra, capital, trabajo). Con todo, examinaremos también algunas cuestiones relativas al marco institucional y a la dinámica de la propia innovación tecnológica.
6.5.1. Factores productivos
Tierra (recursos naturales): a este respecto, el factor fundamental fue el carbón mineral. La abundancia de carbón en Gran Bretaña -especialmente en Gales y en el centro de Inglaterra- vino acompañada de un uso relativamente temprano en la industria y los hogares. Esta demanda fomentó un sector minero potente, que hacía importantes inversiones para la extracción en vetas profundas, lo que incrementó la producción y permitió reducir los precios.
La producción y el consumo de carbón mineral cobraron gran importancia en Gran Bretaña, que si a comienzos del XIX era el único productor importante, todavía a finales de siglo producía cerca de la mitad del total europeo. La cercanía de los focos industriales modernos a las cuencas mineras, o a canales y puertos para el suministro también pone de relieve su importancia. Además, como señala Mokyr, “la minería del carbón generó más innovaciones tecnológicas que cualquier otraindustria con anterioridad a la Revolución Industrial”: las primeras máquinas de vapor, como la de Savery o Newcomen, eran bombas para drenar agua de las minas, y las vagonetas sobre raíles de hierro se emplearon también por primera vez en el sector.
Con todo, más importante que la abundancia o cercanía del carbón mineral es su precio. En Gran Bretaña, conoció un lento incremento entre 1600 y 1700 y de cierta estabilidad entre 1700 y 1830 (gráfico 6.1). Pero sobre todo contrasta con el precio creciente de la leña, que era el combustible alternativo. En casi todos los países europeos, la demanda de leña y carbón vegetal condujo la deforestación de las regiones más cercanas a los centros de consumo, y al encarecimiento de ambos productos. Holanda logró escapar al problema con el uso de turba desde el siglo XVII, pero este combustible era inadecuado para la siderurgia y resultaba más caro que la hulla.
Trabajo: la oferta de trabajo viene determinada fundamentalmente por el volumen de la población. Pero también son relevantes los cambios en la dedicación de los habitantes (paso de pasivos a activos -incluidos cambios en la edad de incorporación al trabajo- o de un sector a otro). Además, hay que tener en cuenta los cambios en la duración de la jornada laboral.
La Revolución Industrial vino acompañada de un fuerte crecimiento de la población británica, que se duplicó entre 1761 y 1831. Pero por diversas razones sería más correcto considerar este proceso como una consecuencia antes que como un requisito previo de la industrialización. En primer lugar, las tasas de crecimientodemográfico sólo se aceleraron cuando el proceso estaba en marcha: entre 1700 y 1760, la tasa de crecimiento anual fue del 0,3%, alta, pero no insólita en sociedades preindustriales. Pero aumentó al 1,2% entre 1770 y 1840. En segundo lugar, el crecimiento se debió tanto a un descenso de la mortalidad como a un aumento de la natalidad. Los dos procesos están relacionados con una mayor prosperidad. La mortalidad cayó sobre todo como consecuencia de mejoras en la higiene (incluido un mayor consumo de jabón, ropa interior de algodón más barata y obras de alcantarillado), así como una alimentación mejor. La mayor natalidad se explica por el aumento de la oferta de empleos, que redundó en mayores tasas de nupcialidad y matrimonios más tempranos; y por tanto más hijos por pareja. Este crecimiento fue compatible con una fuerte emigración, sobre todo a EE.UU; y no sólo desde una Irlanda agraria atrasada, sino también desde la Inglaterra avanzada e industrial. Esto pone de relieve que la abundante oferta de mano de obra no era un requisito fundamental para la industrialización.
Sin embargo, pese al crecimiento demográfico los salarios ingleses resultaban comparativamente elevados en el siglo XVIII (gráfico 6.2), y además crecieron en términos reales (es decir, en términos de lo que podía comprarse con ellos). Esto hacía que fuera rentable la introducción de una maquinaria.
Los salarios altos se daban tanto en el sector manufacturero como en el sector agrario, y redundaban en unos niveles de bienestar material poco habituales (la llamada 'revolución del consumo”). Además, los salarios convergían(gráfico 6.3) en distintas zonas, lo que indica la existencia de un mercado laboral bastante flexible. Por último, eran altos tanto en relación con el coste del carbón, como con el del capital, los factores que podían sustituirlo.
Pero la pregunta spor qué eran tan altos? La respuesta se encuentra, sobre todo, en las mejoras de productividad en la agricultura (tanto por hectárea como por hora trabajada) y en la manufactura tradicional. Con una productividad mayor los empleadores podían pagar mejores salarios; y los trabajadores obtenían incentivos -en una sociedad crecientemente consumista- para trabajar más y mejor. Así, tanto la revolución industriosa como la del consumo contribuyeron a alimentar el proceso que llevó a la industrialización. También lo hizo el crecimiento de las ciudades: en ellas era mayor el coste de la vida y el porcentaje de la población que dependía de un salario. La diferencia crítica de Gran Bretaña estriba en que el crecimiento de las ciudades -y sobre todo de Londres- contribuyó a mantener altos los salarios medios de todo el país, cosa que no ocurrió en otras partes.
Durante la Revolución Industrial los salarios se mantuvieron altos porque hubo restricciones a la oferta de mano de obra. Una parte considerable de los trabajadores rurales no emigraban a la ciudad porque encontraba empleo en sus propias aldeas. De hecho, aunque la participación del sector primario en la población activa se redujo suavemente, el número total de personas empleadas en la agricultura y ganadería siguió creciendo hasta finales del siglo XIX. Por otro lado, los servicios ymanufacturas tradicionales, cuya producción aumentaba, siguieron dando empleo a una parte considerable de los trabajadores. En resumen, los sectores industriales más dinámicos no pudieron aprovecharse de unos salarios bajos, por lo que tuvieron que invertir en tecnologías ahorradoras de trabajo.
Sólo cuando la difusión de las innovaciones ahorradoras de trabajo se hubo consolidado, la agricultura empezó a expulsar mano de obra, la incorporación de mujeres y niños a las fábricas y la ruina de los sectores tradicionales (incluida la agricultura y la industria a domicilio en Irlanda) incrementaron la oferta de trabajo, los salarios se estabilizaron/comenzaron a bajar. Aunque para entonces ya estaban claros los beneficios (para los empresarios) de la introducción de maquinaria.
El último aspecto a tener en cuenta en la oferta de trabajo en la Revolución Industrial es el número de horas efectivas trabajadas. Parece claro que, ya antes de la difusión de las fábricas, las formas de trabajo habían ido cambiando. Los atractivos del consumo de bienes -azúcar, té, nuevos tejidos o accesorios, ajuar doméstico- habían incentivado estos cambios, alterando la ecuación tradicional de los usos del tiempo: teniendo que elegir entre tiempo libre o más consumo, los trabajadores ingleses empezaban a inclinarse por el consumo.
Capital: Que Inglaterra disponía de abundantes capitales, acumulados sobre todo en el comercio exterior, se demuestra con los bajos tipos de interés (en torno al 3% anual), por otro lado comunes en otros países en la época. Pero el capital fue el menos importante de los factoresproductivos, ya que las inversiones requeridas por los nuevos procedimientos de producción no eran excesivas -máquinas y fábricas eran relativamente baratas-, y se financiaron por los medios habituales hasta entonces: la reinversión de los beneficios, sobre todo, los ahorros de los empresarios y sus familias, y las redes de crédito informal (descuento comercial, letras de cambio) dominantes en las economías preindustriales.
Es decir, que ni los capitales acumulados en la agricultura ni en el comercio exterior se invirtieron, salvo excepciones contadas, directamente en la industria -los terratenientes y ricos mercaderes preferían gastar en tierras, palacios y un tren de vida lujoso-, ni tampoco indirectamente a través de una banca aún poco desarrollada.
Más que el origen del capital industrial o las tasas de inversión (que lógicamente aumentaron), lo que sí cambió fue la proporción entre el capital fijo (instalaciones, maquinaria) y el circulante (salarios, materias primas y otros proveedores). El capital fijo se incrementó notablemente, sobre todo en los sectores modernos, y hacia 1830 ya superaba al capital circulante. También se incrementó notablemente el capital social acumulado (infraestructuras de transporte, escuelas, hospitales) como resultado de la industrialización. Pero en general los incrementos de la productividad en la industria vinieron mucho más de mejoras en el uso del factor trabajo que en el del capital.
En todo caso, ni la abundancia de capitales ni su precio (indicado por los tipos de interés) distinguían a Gran Bretaña de otros países europeos que, sin embargo, nollevaron a cabo una Revolución Industrial.
En suma, son sobre todo los precios relativos de los distintos factores productivos (trabajo por un lado, y sus sustitutos, maquinaria-capital y carbón, por otro) los que explican la introducción de innovaciones en los nuevos sectores industriales en Inglaterra. Este es el núcleo de la explicación de Allen de por qué fue en Inglaterra, y no en otros países, donde se produjo la Revolución Industrial: simplemente era allí el único lugar dónde el trabajo era tan caro y el carbón tan barato (el capital, aproximadamente, tenía el mismo precio). Eso fue lo que introdujo a Inglaterra en la senda de las innovaciones tecnológicas que sustituían trabajo por carbón. Y también explica porqué otros países sólo adoptaron masivamente esas innovaciones a partir de 1850 cuando se produjo:
a) una acumulación de avances técnicos que hacía más eficientes las máquinas, y por tanto las hacía rentables incluso allí donde el carbón todavía era caro. Entre 1720 y 1840 las máquinas de vapor pasaron de necesitar 45 libras de carbón por caballo de vapor/hora producido a tan solo 2 libras.
b) una evolución de los salarios reales que hizo rentable la sustitución masiva de trabajo por capital (incluido el carbón).
Pero además de la dotación relativa de los factores de producción -que fue cambiando a medida que se desarrollaba la Revolución Industrial- influyeron, y mucho, las condiciones en las que estos factores podían asignarse, condiciones que vienen definidas por el marco institucional.
6.5.2. Las instituciones: propiedad, Estado y mercados
La orientación dela economía inglesa -como la holandesa- hacia los mercados venía de atrás, y ha sido considerada por distintos autores -desde Karl Marx a Douglass North- como un factor clave. La penetración del capitalismo y el papel del Estado marcarían la diferencia.
La tesis de North, ganador junto con Robert Fogel del primer Nobel de Economía para un historiador, sostiene que fue la definición de los derechos de propiedad -individual y con libertad de acción para el titular- lo que permitió asignar más eficientemente los recursos. A diferencia de otras sociedades europeas, que sólo empezaron a avanzar hacia este tipo de propiedad tras abolirse el feudalismo con la Revolución Francesa de 1789, en Inglaterra las revoluciones del siglo XVII garantizaron una adecuada definición de los derechos del propietario, con el apoyo de los tribunales y la ausencia de una fiscalidad real confiscatoria. Todo ello creó el marco adecuado para garantizar la estabilidad de las inversiones, ampliar el ámbito de los mercados (de factores productivos y de bienes), y reducir sustancialmente los costes de transacción (los costes ligados al establecimiento y obediencia de los contratos, los de la información, etc.). Sumado a ello, una legislación sobre propiedad intelectual (derecho de patentes) que garantizaba a los inventores recibir los beneficios de sus ideas, fomentó la innovación y dotó a Inglaterra de una ventaja decisiva de cara a la industrialización.
La explicación de North tiene algunos problemas: en primer lugar, no está nada claro que la situación inglesa en materia de régimen de derechos de propiedadfuera mucho más avanzada que la de Francia o China. La presión fiscal era más alta que en el resto de Europa. Tampoco el sistema de patentes era muy distinto al de otros países europeos (como Francia o España), y de hecho generaba algunos problemas para la difusión de la innovación (como vimos en el caso de las resistencia de Watt a permitir la fabricación de máquinas de vapor de alta presión). De hecho, si algo parece distinguir al gobierno parlamentario es una mayor intervención en la economía -impuestos más altos, expropiaciones para construcción de infraestructuras, regulación restrictiva de las sociedades anónimas, altos aranceles, leyes de pobres, compañías privilegiadas- más que el supuesto laissez-faire (del francés 'dejar hacer”: la política de no intervención del Estado).
No obstante, parece claro que la penetración del capitalismo -basada en la libertad de mercado y en la propiedad privada- creaba un marco más adecuado para la asignación de los factores productivos. Y en este sentido Inglaterra estaba muy avanzada (aunque no tanto como para explicar por sí solo la diferencia con el resto del mundo).
Pero tanto o más fundamental que la intervención directa del Estado fue la penetración de los mercados en la economía inglesa, un hecho que venía de atrás (desde al menos la salida a la crisis del siglo XVII) y que resulta tan básico que a veces pasa inadvertido a muchos autores, que dan por supuesta su existencia y buen funcionamiento. Los mercados y sus reglas de funcionamiento son una institución económica fundamental. Y más aún las del mercado de factores productivos quelas de bienes.

Mercados de factores
En buena parte de Europa existían graves limitaciones a su funcionamiento. El mercado de la tierra estaba limitado en muchos países por la existencia de instituciones hereditarias, como los mayorazgos, los fideicomisos o las manos muertas eclesiásticas (propiedades de la Iglesia que no podían venderse) o la de extensas propiedades públicas (estatales o comunales) que impedían la libre comercialización de la tierra. Aunque algunas de estas instituciones funcionaban también en Inglaterra (amplios terrenos comunales, el strict- settlement, equivalente al mayorazgo), en general parece haber existido un mercado activo y fluido para la tierra, que permitía que pasarsan de manos de los propietarios menos eficientes a los más eficientes. El movimiento de enclosures fue en buena parte un modo de privatización de tierras. También el sistema de propiedad del subsuelo (recursos minerales) fue en Inglaterra mucho más flexible que en otros países, donde era por norma patrimonio de los reyes, y en los que las reglas para las concesiones mineras eran rígidas, arbitrarias y limitadas temporalmente.
También los mercados de capitales eran relativamente libres, aunque en esto Inglaterra no se diferenciaba gran cosa de otros países europeos: los tipos de interés, indicador básico del precio del dinero, eran muy similares (en torno al 3%) en la mayor parte de Europa. Por otro lado, los capitales acumulados en la agricultura, el comercio exterior o la manufactura circulaban de una actividad a otra sin mayores restricciones. Si acaso, Inglaterra se caracterizó poruna legislación restrictiva de las sociedades de responsabilidad limitada debido a las experiencias especulativas de comienzos del siglo XVIII, como la llamada South Sea Bubble, una burbuja generada por la venta masiva de acciones de una compañía privilegiada (South Sea Company), que llevó al Parlamento a aprobar en 1720 la Bubble Act (Ley de la burbuja), que exigía la aprobación parlamentaria expresa para cada nueva sociedad por acciones.
Por último, y fundamental, tampoco en el mercado de trabajo había las restricciones que en otros lugares -gremios poderosos o servidumbre- que impidieran a los trabajadores emplearse allí donde les pagaran mejor. La libertad de los ciudadanos garantizaba la movilidad y la flexibilidad de la oferta de trabajo. La difusión de la industria doméstica y rural (protoindustrialización) desde el siglo XVII había incorporado al mercado de trabajo a amplios sectores de la población al margen de las regulaciones de los gremios.

Mercados de bienes
En la Inglaterra del siglo XVIII se dio una mayor penetración de los mercados de bienes. Frente al modelo medieval de mercados semanales y ferias anuales, surgen, incluso en los medios rurales, las tiendas. Estas eran establecimientos permanentes y separados de los gremios de fabricantes, con una oferta muy variada de productos (de tipo colmado o tienda de ultramarinos), aunque en las ciudades estaban más especializados. Las redes de comercialización -mayoristas, almacenistas, viajantes, tenderos- crecieron y penetraron en el territorio, poniendo a disposición de los consumidores una oferta creciente y variadade bienes, ligada a la revolución del consumo.
Por otro lado, el crecimiento del comercio internacional en el siglo XVIII en Inglaterra fue espectacular, y los comerciantes de Londres desempeñaron un papel clave en el crecimiento de la ciudad. Sin embargo, el mercado interior siguió siendo clave para las manufacturas, absorbiendo en torno al 90-95% de la producción, al menos hasta 1780. De ahí en adelante, el comercio exterior pasó a representar una parte creciente del producto nacional de Inglaterra, hasta el 40% hacia mediados del siglo XIX.
El desarrollo de los transportes -infraestructuras e intermediarios- fue un requisito básico para el crecimiento y penetración de los mercados, que en Inglaterra fue muy anterior al despliegue de la red ferroviaria. La construcción o mejora de los puertos marítimos, así como una densa red de caminos pavimentados que fue financiada a través de sistemas de peajes. Igualmente se construyó una red de canales que unían los principales ríos. El apoyo del Estado a estas iniciativas fue muy visible desde comienzos del siglo XVIII, y especialmente a partir de 1750. Desde esa fecha y hasta 1820 se construyeron 4.500 kilómetros de vías navegables (frente a los 1.500 que ya existían). La red de carreteras, por su parte, creció hasta 22.500 km en 1770, con una densidad absolutamente excepcional para cualquier país de la época (mapa 6.2)
Como resultado e indicador de la integración de los mercados locales en un mercado nacional unido, los precios de las mercancías tendieron a unificarse (converger) en toda Inglaterra. De nuevo, estamos ante una cadenade retroalimentación que liga el aumento de la población y la renta al crecimiento de la demanda, que a su vez arrastra la producción (que genera mayores rentas y por tanto más consumo), lo que hace posibles las inversiones necesarias para incrementar la circulación de mercancías. Todos estos procesos ocurrieron al margen de la innovación técnica (al menos de la innovación del carbón y el vapor).
6.5.3 Los mecanismos de la innovación técnica
Aunque hemos intentado dejar claro que la Revolución Industrial no fue meramente un proceso de innovación tecnológica, es indudable que ésta tuvo un papel clave en el proceso. Habrá que preguntarse por qué.
Como acabamos de ver, una parte de la respuesta tiene que ver con la estructura de costes de los factores productivos: los elevados salarios y el carbón barato creaban los incentivos adecuados para la introducción de innovaciones que permitían ahorrar el factor caro (trabajo), sustituyéndolo con otros más baratos (carbón y capital en forma de máquinas y fábricas). Otra parte está ligada al cambio institucional: un sistema de propiedad (incluida la propiedad intelectual de las patentes) que permitía a los agentes económicos dirigir sus recursos a los sectores donde obtienen mejor remuneración, y unos mercados de factores productivos que garantizaban la flexibilidad de la oferta, al permitir a esos agentes actuar con notable libertad. Además, la dimensión de los mercados de bienes creaba incentivos para abordar cambios dirigidos a la producción en masa. Las economías de escala mejoraban los beneficios en los sectores modernizados; pero sóloeran posibles si la demanda crecía y si los costes de transacción y transporte se reducían.
Con todo, hay un tercer factor, que tiene que ver con la lógica autónoma de la innovación. sEra Inglaterra, como sostiene David Landes, una nación de inventores? Es evidente que existen factores culturales que influyeron:
a–  La secularización del pensamiento (liberado de los corsés de la religión): pero fue un movimiento general en el siglo XVIII, igualmente visible en la Ilustración francesa (y en otras partes de Europa).
a–  La difusión de la ciencia: aunque la penetración de la Revolución Científica del XVII fuera mayor en Inglaterra, no parece que las innovaciones de la industria estuvieran directamente ligadas a la labor de los científicos, sino que fueron en buena parte obra de artesanos o técnicos (relojeros o técnicos de laboratorio como Watt) con conocimientos prácticos de los procesos productivos.
a–  La alfabetización, ligada a la reforma protestante (que exigía a los fieles la lectura individual de la Biblia) es otro factor que suele aducirse, al haber permitido una acumulación de capital humano ausente en otros países.
En general, las tasas de alfabetización eran mayores en las ciudades que en los pueblos, así que el crecimiento de la población urbana debería redundar en un aumento del número de quienes sabían leer y escribir. Estudios basados en la capacidad de firmar documentos, como indicador de la alfabetización, demuestran que hubo un notable crecimiento de ésta; y sobre todo entre las mujeres y las capas sociales más bajas en Inglaterra antes de 1700. Con todo, no estátan claro que Gran Bretaña fuera una sociedad mucho más alfabetizada que Holanda, Francia o Suecia. Además, los resultados del intento de medir la incidencia de la variable alfabetización en modelos de crecimiento económico para el siglo XVIII suelen indicar que es un factor muy poco significativo.
En todo caso, ninguno de estos aspectos demuestra, a priori, que la Inglaterra del XVIII tuviera una mejor dotación de 'materia prima” tecnológica. De hecho, las comparaciones con Francia (la otra potencia científica del período) suelen señalar que no deben buscarse aquí los factores causales de la Revolución Industrial. Porque incluso aunque éste fuera el caso, y justificara una mayor oferta de innovaciones, no explicaría por qué la economía inglesa demandaba esas innovaciones (es decir, estaba dispuesta a dedicar esfuerzos y recursos en su aplicación). Las razones de la demanda deben buscarse, como bien señala Allen, en la estructura de costes y beneficios, es decir, en los incentivos que ofrecía la economía inglesa en su conjunto.
Otra cosa es que, una vez desencadenado el proceso de innovaciones, y bajo las condiciones expuestas (dotación de factores y marco institucional), el proceso acabara autoalimentándose, y los macroiventos (en la expresión de Joel Mokyr) abrieran camino a una serie de microinventos que los perfeccionaban o aplicaban a nuevas ramas o procesos. La rueda del progreso tecnológico (el círculo virtuoso de la innovación) podía echar a rodar.
6.6. Empresarios y trabajadores (burgueses y proletarios).
Los cambios económicos también promovieron cambios en la sociedad.El mundo de los campesinos y terratenientes aristócratas, de los artesanos cualificados, criados y pequeños comerciantes no desaparecerá de un plumazo de toda Europa (por ejemplo, la servidumbre se mantuvo en Rusia hasta 1861). En cierto modo el Antiguo Régimen -como denominaron los revolucionarios franceses de 1789 al orden anterior- pervivirá de forma cada vez más residual hasta comienzos del siglo XX, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Karl Marx sostenía, sin embargo, que la industrialización había creado dos tipos de agentes nuevos en la escena económica:
a–  los empresarios capitalistas (industriales, comerciantes, financieros) cuyo objetivo era la acumulación de beneficios en un mundo donde la libertad económica era un derecho fundamental, la propiedad privada era sagrada, y el estatus venía marcado por la riqueza, no por la cuna.
a–  los trabajadores, cada vez menos cualificados y menos autónomos (menos dueños de su tiempo y de sus espacios), cada vez más urbanos, que vendían “libremente” su fuerza de trabajo a cambio de un salario que siempre valía menos que ese trabajo.
Éstas eran según Marx las dos clases sociales surgidas de la industrialización, que bautizó como burgueses y proletarios, condenados según él a un enfrentamiento cada vez más agudo que sólo podía desembocar en una revolución proletaria que acabara con el mundo capitalista. Que se equivocara en el pronóstico no quiere decir que el diagnóstico fuera erróneo.
Los empresarios de la Revolución Industrial encarnan el ideal de Schumpeter del empresario como gestor de la incertidumbre y promotor de lainnovación. En la Inglaterra de la época, la incertidumbre y el riesgo en los negocios eran máximos, lo que convertía a esos empresarios industriales pioneros en héroes de una historia con tintes épicos: un avispado Mathew Boulton asociado con Watt para fabricar máquinas de vapor, un Richard Arkwright que hizo de la hiladora mecánica de su invención la base de un emporio textil en los Midlands, o un William Cartwright capaz de defender a sangre y fuego su fábrica contra los asaltantes luditas en 1812. Sabemos bastantes cosas de estos emprendedores pioneros:
a–  La mayoría provenía de familias con tradición empresarial (los terratenientes o los profesionales liberales desconocían los negocios y se mantuvieron al margen), con padres que dirigían sus propios negocios: empresarios, comerciantes, incluso tenderos o labradores.

sQué hacen los jefes?
El título de un artículo de David Landes (What do bosses really do?) nos da pie para analizar el papel de los empresarios y por tanto el origen del beneficio empresarial. La economía clásica no incluía su papel entre los factores productivos, pero cada vez con más frecuencia se considera un aspecto clave en la introducción de las innovaciones técnicas o de otro tipo que conducen a las ganancias de productividad que no se explican sólo por la productividad pura de los otros factores (recursos, trabajo y capital).
Básicamente, hay tres concepciones al respecto. La primera considera que el beneficio empresarial es sencillamente el resultado de la apropiación (indebida) por parte del empresario de las ganancias derivadas del trabajo, los recursoso el capital. Así, salvo que el empresario sea el propietario del capital invertido (cosa que no siempre ocurre: de hecho, el empresario moderno rara vez es el dueño de la empresa), en cuyo caso su ganancia corresponde a los rendimientos de éste, el beneficio no está justificado económicamente. Ésta sería la interpretación del empresario como villano o parásito; la de Karl Marx, Leon Walras o S. Marglin. Una segunda visión, ligada en cierto modo a la anterior, señala que en realidad no existe beneficio empresarial, sino que las ganancias le corresponden o bien como dueño del capital, si lo es, o bien como trabajador cualificado: aquí confluyen economistas como Adam Smith, o con matices Marshall y Keynes (el empresario como capitalista o gestor). En tercer lugar, otros sostienen que el beneficio es el pago a la capacidad del empresario de anticipar la existencia de un beneficio (en una innovación, sobre todo) y asumir el riesgo: esta visión del empresario como héroe creador de riqueza es la postura de Jean Baptiste Say, pero sobre todo de Johan .A. Schumpeter y F.H. Knight. En John Stuart Mill -el responsable de popularizar el término francés entrepreneur en Inglaterra- se mezclan las ideas de la remuneración del trabajo, el capital y el riesgo.

a–  La mayoría partía de cierto nivel de riqueza familiar: sólo una minoría habían sido obreros, jornaleros o artesanos pobres. El mito del empresario hecho a sí mismo (self-made man), aún quedaba muy lejos.
a–  Pocos eran inventores: más bien eran artesanos o prácticos (Akrwright fue uno de los pocos inventores que hicieron fortuna).Normalmente los empresarios eran los que invertían anticipando las oportunidades de negocio.
a–  Su formación era práctica: no existían apenas escuelas de negocios.
a–  En su mayoría, las empresas eran familiares, gestionadas por sus propietarios y financiadas con la reinversión de beneficios y capital propio y de amigos y parientes. Esto permite reducir los riesgos para el capital, reduciendo sus costes.
De los trabajadores sabemos muchas más cosas, debido sobre todo a una larga tradición de estudios ligada al movimiento obrero. En historia económica, los debates se han centrado en averiguar hasta qué punto la industrialización afectó al nivel de vida de los trabajadores.
Los primeros análisis sobre las repercusiones de la Revolución Industrial para los trabajadores (los pobres en general) arrancan de las denuncias de comienzos del XIX sobre el hacinamiento en las ciudades, la brutalidad de la disciplina en las fábricas o el empleo de mujeres y niños en fábricas o minas. La obra La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845), de Friedrich Engels (más tarde colaborador y mecenas de Marx), empresario industrial él mismo, es un clásico (lo cual, según algunas definiciones, significa que ya no lo lee nadie). Existe acuerdo en que, a largo plazo (a finales del siglo XIX) las condiciones de vida de los trabajadores mejoraron: las jornadas laborales se habían reducido de 12 a 9 horas, la esperanza de vida había aumentado a 41 años, los salarios reales eran más altos, así como los niveles de consumo y la calidad de la vivienda obrera. En realidad, el debate se centra en lo que ocurrió enel curso de la industrialización. sCreció o se redujo el nivel de vida de los trabajadores? Y, si hubo un empeoramiento séste fue uno de los factores de la acumulación de capital en manos de los empresarios?
Para contestar a estas cuestiones se emplean diversos indicadores económicos, referidos fundamentalmente a los salarios reales, la esperanza de vida, y medidas antropométricos (básicamente la talla). Pero esos indicadores tienen problemas. Por ejemplo, la reducción de la estatura media (medida normalmente para el reclutamiento militar), que señalaría un empeoramiento en la dieta y la salubridad del entorno, también puede ser resultado de una menor mortalidad infantil (la 'selección natural” de los más débiles es menos fuerte), que a su vez determina una mayor esperanza de vida, que se considera un indicador positivo. Otro problema nace de que Inglaterra no era una sociedad uniforme: así, mejoras generales de las condiciones de vida del conjunto de la población, serían compatibles con el empeoramiento de las condiciones de vida de importantes grupos (los campesinos, o las mujeres urbanas, por ejemplo). Por estas y otras razones, el debate sobre el nivel de vida lleva arrastrándose más de 70 años sin que parezca llegar aún a una conclusión.
Los datos de salarios no coinciden debido a problemas de medición (sQué categorías de trabajadores se tienen en cuenta? sCambia la duración de las jornadas de trabajo?). El gráfico 6.4 presenta dos series de autores distintos. La diferencia es notable, sobre todo a partir de 1813. La serie de Feinstein es mucho más 'pesimista” (prácticaestabilidad de salarios reales hasta 1830), derivada sobre todo de las caídas generales de precios, mientras que la de Lindert y Williamson, aunque registra una caída importante hacia 1800, muestra una mejora clara tras el final de las guerras napoleónicas, y la duplicación del salario real hacia mediados de siglo.
En cuanto a la esperanza de vida, aumentó (en término medio) desde la segunda mitad del XVIII hasta 1800, pero luego se estanca claramente. Además, las cifras son notablemente inferiores en las ciudades más pobladas (lo que coincide con las críticas al hacinamiento de la vivienda y condiciones ambientales insalubres) y sin tendencia a mejorar hasta 1840.
Los datos de estatura media muestran un aumento de 2-3 centímetros entre 1760 y 1850 (lo que indicaría un empeoramiento de las condiciones de vida y salubridad), que además afecta más a los obreros urbanos (menos altos que los trabajadores de 'cuello blanco” y agrícolas) y menos a las clases acomodadas. Sin embargo, dentro del mismo periodo hay fases de fuerte ascenso (1790-1820: 4 cm) y otras de notable descenso (1820-1850: 5,4 cm).
La conclusión de estos datos es que a lo largo del siglo XVIII las condiciones de vida y trabajo de los obreros británicos permanecieron más o menos igual, o mejoraron algo, aunque los signos de mejoría en el XIX son ambiguos: quizá en los salarios reales, poco en la esperanza de vida y con oscilaciones difíciles de explicar en la estatura. Es necesario preguntarse si esta mejora se debió a la evolución 'natural” de los mercados, que permitió a los asalariados hacerse con una parte del pastelde las ganancias de productividad, o era fruto de los movimientos de protesta que arrancan casi en paralelo a la Revolución Industrial y que culminarían en el nacimiento de un fuerte movimiento sindical, de inspiración socialista y anarquista. Como vimos, los datos no permiten cerrar el debate del nivel de vida.
Pero es que además no está en absoluto claro que fueran las condiciones objetivas de vida, ni siquiera la percepción de las mismas por parte de los trabajadores, las que expliquen el nacimiento el movimiento obrero. Por el contrario, la obra de E.P. Thompson indica que en la formación de la clase obrera y sus movimientos organizados influyeron tradiciones de muy diverso origen -luchas de jornaleros agrarios, movimientos políticos radicales, disidencia religiosa, asociaciones de artesanos, espacios propios de sociabilidad- que fueron conformando una conciencia de unidad y unas formas de acción colectiva que darían nacimiento al movimiento sindical de las Trade Unions y las organizaciones socialistas. Las luchas obreras habrían permitido a los trabajadores hacerse con una parte mayor del pastel generado por el crecimiento económico moderno, en buena parte gracias a la productividad de su trabajo.
Aunque la forma prototípica de organización obrera, los sindicatos (trade unions en inglés) no aparecieron hasta la década de 1830, y con ellos la huelga como forma característica de lucha, ya desde mucho antes se produjeron movimientos de protesta y formas de asociación que en absoluto eran bien vistos por patronos y autoridades. De hecho, las asociaciones fueron perseguidas porla ley (Combination Acts de 1799-1800), lo que constituye en sí mismo un reconocimiento de su importancia.
En el siglo XVIII las revueltas populares seguían adoptando formas tradicionales, en particular los llamados motines de subsistencias, en los que las multitudes -normalmente locales, pero a veces procedentes de pueblos distantes o condados enteros, con significativa iniciativa de mujeres- fuerzan a bajar los precios de los alimentos, requisan harina o cereal u obligan a las autoridades a intervenir las reservas de cereal. Aunque se trata de una forma de protesta típica de sociedades agrarias en momentos de carestía, legitimadas por una economía moral (la creencia de que el bien común debía prevalecer ante el beneficio privado) compartida a menudo por las autoridades, estos motines revelan la creciente dependencia de las clases populares con respecto a los salarios.
A esto se suman las protestas de los braceros/jornaleros agrarios, más raras y locales, aunque conocieron un gran estallido en 1830-1831 en las revueltas del capitán Swing, extendidas por veinte condados, con miles de participantes, dirigidas a mejorar los salarios y destruir trilladoras mecánicas, que se saldaron con más de 2.000 detenciones, 500 encarcelados y 19 ejecutados. Ligadas a ellas, las primeras formas de protesta propiamente obreras fueron las revueltas luditas (nada que ver con la diversión, sino con un mítico Ned Ludd o capitán Ludd que las simbolizaba) dirigidas a la destrucción de maquinaria por parte de obreros y artesanos que consideraban que la mecanización atentaba contra sus intereses, alabaratar los precios y reducir salarios. Las primeras surgieron en los años de las guerras napoleónicas: estallaron en 1811 y se extendieron al año siguiente por tres importantes distritos textiles. Estas revueltas combinaban la acción política (peticiones al Parlamento), la sindical (sociedades de socorro mutuo, negociación con los patronos), y la acción violenta con asaltos a fábricas y almacenes, y la destrucción de maquinaria: telares llamados anchos para calcetería, tijeras mecánicas para el tundido, etc. Las destrucciones alcanzaron a unos 1.000 telares y llevaron al gobierno a movilizar tropas (2.000 soldados enviados a Nottingham, en plena guerra con Napoleón) y castigar la destrucción de maquinaria con pena de muerte.
Aunque los movimientos luditas se han contemplado a menudo como una revuelta desesperada contra el 'progreso” que representaban las máquinas y las fábricas, de hecho tenían una racionalidad mucho mayor de lo que pudiera parecer. Para empezar, formaban parte de movimientos de negociación salarial (o de precios, pues muchos artesanos trabajaban a destajo para fabricantes o comerciantes). En ocasiones estaban conectados a movimientos revolucionarios clandestinos (jacobinismo, inspirados en las ideas de la revolución francesa), o bien de corte democrático más reformista, como los que desembocaron en el cartismo. Tras la revocación de los Combination Acts en 1825, se abrió el camino para la formación de sindicatos parecidos a los que conocemos hoy, que en 1834 llevaron a la formación de la primera confederación sindical nacional (Grand National Consolidated TradeUnions), dirigida por Robert Owen.
La cuestión de hasta qué punto la mejora final de las condiciones de vida de los trabajadores británicos se debió a la actuación de estos movimientos es incierta, pero desde luego contribuyeron a conformar a la clase obrera, al igual que a los empresarios, como un agente social unido capaz de movilizarse en defensa de sus intereses.
6.7. La nueva economía de base fósil
Sintetizar brevemente lo expuesto en este tema (que a su vez es un intento de síntesis de muchas páginas escritas sobre el asunto) resulta una tarea compleja. Con todo, nos daríamos por satisfechos si hubiéramos conseguido transmitir unas cuantas ideas clave sobre la Revolución Industrial:
a–  Que no fue un mero asunto de inventos e innovaciones (aunque tuvieron mucha importancia).
a–  Que aunque se estudie a escala nacional, se desenvolvió en buena parte a escala regional.
a–  Que implicó también transformaciones importantes en los sectores “tradicionales”.
a–  Que vino precedida de cambios importantes y relacionados en la agricultura, la demografía, el transporte, el comercio y las propias manufacturas.
a–  Que no existe un único requisito imprescindible, sino la combinación de muchas transformaciones en la economía y también en el marco institucional.
a–  Que aunque finalmente redundó en un crecimiento económico sostenido, sus consecuencias no fueron igual de beneficiosas para todos los sectores sociales.
a–  Que los precios relativos del carbón (barato) y el trabajo (caro) parecen haber sido determinantes en la adopción a gran escala de innovaciones tecnológicas.

Tema 7. La difusiónde la industrialización (c.1815- c.1913)
2. Índice
7.1 Introducción: tras los pasos de Albión
7.2 Los países seguidores
7.2.1 Bélgica, el primer seguidor
7.2.2 Francia, la excepción a las reglas
7.2.3 Alemania: un largo proceso de industrialización
7.2.4 La industrialización temprana fuera de Europa: Estados Unidos
7.3 Los atrasados en la industrialización
7.3.1 La periferia europea
7.3.2 El crecimiento económico en Rusia durante el siglo XIX
7.3.3 El atraso español
7.3.4 El pionero asiático: Japón
7.4 La industrialización y el triunfo del librecambio. La supremacía británica
7.5 El mundo tras la industrialización
4. Contenidos del tema
7.1. Introducción. Tras los pasos de Albión
Durante muchos años, los estudios sobre la difusión de la industrialización se han dedicado a analizar las condiciones o requisitos previos (dotación de recursos, transformaciones agrarias, innovaciones científico-técnicas, institucionales, financieras, etc.) que debían cumplirse en cada país para alcanzar el estadio como nación industrial. Estas condiciones estaban relacionadas con los estadios que todo país, siguiendo el modelo británico, debía ir superando para lograr el despegue, o take-off, que llevaba al crecimiento sostenido, según la expresión de W. Rostow. Sin embargo, esta visión resultó doblemente fallida: no funcionaba para explicar los procesos de industrialización en los distintos países, y tampoco servía para extraer recetas para los países en desarrollo de nuestro tiempo.
Si en el capítulo anterior vimos cómo la Revolución industrial nació en Gran Bretaña, en ésteanalizaremos como los cambios llegaron a algunos países europeos, Estados Unidos y Japón. Por evidentes razones de espacio no se estudian todos los casos. Sólo los de aquellos países más importantes o más significativos por una u otra causa.
Conviene recordar la distinción entre:
• revolución industrial: como fenómeno único, que se dio en ciertas zonas de Gran Bretaña a partir del siglo XVIII, de paso a una economía basada en combustibles fósiles y las máquinas.
• Industrialización: como proceso de difusión de estas innovaciones a otras regiones o países, a través de la imitación/adaptación, que resultan en cambios estructurales del mismo tipo que en Gran Bretaña.
En este sentido, parece claro que los “imitadores” de la revolución industrial británica podrían tener algunas ventajas, empezando por la posibilidad de importar las máquinas e innovaciones, aprovechar la cualificación de sus técnicos pero también aprender de sus errores. Alexander Gerschenkron desarrolló una interpretación sobre la industrialización tardía que señalaba que el atraso económico podía ser en ciertas circunstancias una ventaja, que acortaría la duración y reduciría los costes de la industrialización a través de varios mecanismos:
• adoptando las técnicas más novedosas de los países avanzados, ahorrándose los costes de las soluciones técnicas intermedias (un ejemplo actual es el de los países en desarrollo que carecían de buenas redes de telefonía fija, pero que no tendrán que construirlas, al ser más baratas las de telefonía móvil);
• estableciendo de entrada unidades productivas más grandes con lasconsiguientes economías de escala;
• gracias a una intervención más activa del Estado o la banca, una vez conocido el camino a seguir.
De hecho, según Gerschenkron debería haber una pauta muy distinta entre los primeros países industrializados y los más rezagados. Lo cierto es que una y otra vez, los análisis se encuentran con pocos factores comunes, menos requisitos imprescindibles, muy pocas recetas para la industrialización y muchas excepciones a casi cualquier regla que se detecte. Francia, como veremos, es la principal, pero ni mucho menos la única.
El primer apartado del tema se refiere a los tres casos de industrialización de los seguidores europeos (Bélgica, Francia y Alemania) y también se analizan los rasgos principales de la industrialización de los Estados Unidos. A continuación observaremos las condiciones de los países rezagados en la industrialización y las diferentes pautas en cuanto a resultados, distinguiendo los países nórdicos de los mediterráneos, con el caso español como ejemplo. Veremos también con detalle el caso ruso, como ejemplo de la industrialización en el este europeo, para concluir con la industrialización de Japón.
7.2. Los países seguidores
7.2.1 Bélgica, el primer seguidor
Tradicionalmente se ha considerado a Bélgica como el alumno aventajado de Gran Bretaña en la difusión de la industrialización. Sus pautas de crecimiento en los sectores modernos -principalmente siderurgia-, la transformación del sector agrario y de los transportes y su apertura comercial guardan muchas similitudes con el modelo inglés. Pero también presentaba grandes diferencias,como el papel que desempeñó el Estado en el proceso (mucho más activo que en Gran Bretaña), o la evolución del territorio como entidad política hasta su independencia en 1830.
La modernización de la economía en los territorios belgas era un hecho en las últimas décadas del siglo XVIII. La producción de carbón mineral en la zona de Chaleroi, la de textil de algodón en Gante o de lana en Verviers estaban adoptando rápidamente las innovaciones británicas. Uno de los técnicos más famosos que llegó de Gran Bretaña fue William Cockerill, que fabricó maquinaria textil en Verviers y posteriormente, desde 1807, en Lieja. Sin embargo, el otro gran sector, el del lino, se encontraba vinculado a la tradición protoindustrial, sobre todo en la zona de Flandes, cuya producción se generaba en el medio rural a pequeña escala, y se quedó estancado (ver capítulo 5.3).
Por entonces, Bélgica no era un país independiente: hasta 1795 fue un conglomerado de territorios con muchas herencias feudales. Entre 1795 y 1815 quedó incorporado a Francia, lo que le permitió beneficiarse de las transformaciones introducidas por legislación revolucionaria y napoleónica, y de paso del bloqueo continental (el intento de Napoleón de aislar económicamente a Inglaterra, que favoreció a quienes competían con los productores ingleses). Entre 1815 y 1830 pasó a formar parte del reino de los Países Bajos, hasta la independencia definitiva en 1830. De este modo, la demanda creciente de los mercados exteriores permitió una primera fase de crecimiento a finales del XVIII, que se truncó tras 1815 y sobre todo en 1830, perdiendolos mercados exteriores que había tenido bajo la soberanía francesa y posteriormente holandesa.
Rápidamente, el crecimiento belga se apoyó en la producción de bienes intermedios asociados al rápido crecimiento de la siderurgia. Los altos hornos introdujeron las técnicas de pudelado y laminado, así como las máquinas de vapor. Las ricas cuencas de carbón mineral suministraron combustible barato a los centros siderúrgicos enclavados en la zona de Chaleroi, donde funcionaban los altos hornos con coque desde los años 20, así como en la región de Lieja, donde John Cockerill, hijo de William, instala un gran centro siderúrgico y de construcción de maquinaria en Seraing, con más de 3.000 trabajadores. Allí se construye la primera locomotora del continente en 1835, sólo 10 años después de la de Stephenson.
Las transformaciones institucionales y la iniciativa del Estado desempeñaron un importante papel en el modelo belga. En primer lugar permitieron la reestructuración del sector agrario, al desamortizar y privatizar las propiedades de la Iglesia y de las tierras comunales. De un paisaje de multitud pequeñas parcelas campesinas explotadas intensivamente, se pasó al predominio de grandes explotaciones agrarias con mano de obra jornalera. Como resultado el sector agrario liberó de mano de obra para las nuevas industrias urbanas.
Bajo la dominación francesa también se abolieron definitivamente las reglamentaciones gremiales. Así comenzaron a formarse empresas de base familiar y comanditaria, pero también se permitieron las sociedades por acciones. El Estado intervino decisivamente en lainversión directa en la industria a través de la creación de la Société Génerale, sociedad bancaria fundada en la década de 1820, pero que se consolidó tras la independencia como la punta de lanza de las iniciativas en la industrialización. Uno de los principales destinos de la inversión fue la mejora de las infraestructuras, en canales navegables y sobre todo el ferrocarril, que cobró un primer impulso entre 1834 y 1843 de la mano de la iniciativa pública, dotando a Bélgica de la red más densa del continente. Otro banco público que también intervino en inversiones industriales fue la Banque de Belgique (1835).
El crecimiento industrial de Bélgica no puede entenderse sin su orientación a los mercados exteriores. La pequeña dimensión del país, a pesar de la gran densidad de población, limitaba su crecimiento. Pero su favorable situación geográfica le permitía acceder a los principales mercados europeos. Por ello desde un principio optó por una política librecambista con sus vecinos, que le llevó a firmar acuerdos con Francia y el Zollverein en la década de 1840. Su crecimiento también está muy vinculado a la llegada de técnicos y trabajadores británicos, que habían aplicado las nuevas máquinas en los centros industriales, así como las inversiones francesas en empresas mineras.
7.2.2 Francia, la excepción a las reglas
El modelo francés ha sido una anomalía a la hora de aplicar las pautas seguidas por la industrialización anglosajona. Por una parte, su ritmo de crecimiento nunca fue muy rápido, ni tuvo sectores directores o piloto tan claramente definidos como Gran Bretaña. Representapara muchos historiadores una vía alternativa que llega prácticamente a los mismos resultados desde el punto de vista del producto per cápita, y con ventajas en términos de bienestar social.
En primer lugar resalta, a diferencia del caso inglés, el lento crecimiento demográfico durante todo el siglo, con tasas de natalidad muy inferiores a las británicas. Entre 1800 y 1913, Francia pasa de 30 a 41 millones de habitantes, es decir apenas un 30% más en tanto que Inglaterra había cuadruplicado su población (de 9 a 36,5 millones). El lento crecimeinto de la población está relacionado con el modelo agrario, que consolidó unas estructuras de propiedad muy repartida, donde la falta de capital para aumentar la productividad limitaba el tamaño de las familias, lo que impedía liberar mano de obra para otros sectores. Además, la urbanización fue relativamente baja a lo largo de todo el siglo; Francia siguió siendo una sociedad mayoritariamente rural, rasgo característico de su crecimiento. En 1851 el 65% de la población activa trabajaba en el sector primario, frente al 22% en Gran Bretaña, y todavía en 1906 era más de un 40%. El bajo crecimiento demográfico condujo a un elevado nivel de empleo, que se tradujo en una progresiva incorporación de la mujer al trabajo en el curso del siglo XIX.
El peso rural de la economía francesa deriva en buena medida de la evolución de las estructuras agrarias desde fines del siglo XVIII y sobre todo de las transformaciones que tuvieron lugar con la Revolución de 1789. Con la abolición de los derechos feudales, los antiguos explotadores directos(arrendatarios o colonos) de la tierra se convirtieron en propietarios. Aunque había grandes variedades regionales, con grandes explotaciones en zonas del norte, en general se consolidó una estructura en la que dominaban las explotaciones de pequeña y mediana dimensión, cultivadas por los campesinos propietarios (mapa 7.1). Carecían de recursos suficientes para introducir nuevos métodos de cultivo, por lo que crecimiento de la productividad fue muy pobre (ver tabla 7.2 en su comparación con Inglaterra). Sin embargo, la agricultura francesa mantuvo hasta la década de 1860 una relativa prosperidad gracias a los precios altos que garantizaban por la política proteccionista.
Un tercer factor importante es la dotación de recursos energéticos. En Francia, la producción de carbón mineral resultará insuficiente para las necesidades interiores, y sus costes de extracción y transporte eran mucho mayores que en Inglaterra o Bélgica. Existen algunas cuencas carboníferas importantes -Pas de Calais, Normandía- que se explotan desde el siglo XVIII, pero el consumo de energía durante las primeras fases está vinculado a recursos tradicionales, como el carbón vegetal o la energía hidráulica. El aumento de la producción industrial incrementó las necesidades de carbón mineral importado, que suponía entre el 25 y 45% del total consumido, que siguió siendo bastante inferior a Bélgica o Gran Bretaña (tabla 7.1).
La cuarta característica de la evolución industrial francesa es la ausencia de un sector claramente líder o rector de la industrialización. En Francia primaban las industrias de bienes de consumo, ydestacaba el textil. El textil de algodón crece notablemente ya a fines del siglo XVIII, por encima del resto de los sectores. Los centros más importantes se encontraban en Alsacia (Mulhouse), donde la hilatura se apoyaba en máquinas movidas por fuerza hidráulica, y también en Normandía. Al abrirse los mercados exteriores en la década de 1860 no pudo hacer frente a la competencia y se estancó. Sin embargo, el sector más dinámico fue el de la seda, apoyado en innovaciones técnicas que resultaron decisivas para conquistar mercados exteriores. Las exportaciones de seda se convirtieron en el primer renglón por ingresos en el sector exterior. En la siderurgia, la industrialización francesa tiene, además de los problemas asociados con la dotación de carbón mineral, unos rasgos marcados por la dispersión geográfica y la pequeña dimensión de las instalaciones. Las instalaciones de Le Creusot, que a fines del siglo XVIII habían incorporado altos hornos que consumían carbón mineral, eran una isla en el mapa de la siderurgia francesa, dominadas por las forjas y hornos que utilizan carbón vegetal como combustible.
En cuanto a los ritmos del crecimiento, son lentos en la primera mitad del siglo, tanto en la industria como en la agricultura. Sin embargo, a partir de la década de 1850 se produce un cambio de ritmo, con tres etapas marcadas: una primera de expansión hasta 1870, una segunda de crisis y transformación hasta 1890 aproximadamente y por fin una fase de rápida innovación y crecimiento hasta la primera guerra mundial.
1850-1870: esta fase comienza un periodo de crecimiento agrario, basadotanto a la extensión del área de cultivo -por reducción del barbecho- como en la especialización, con el aumento de las explotaciones que combinan el cultivo de cereal y plantas forrajeras para el ganado, la expansión del viñedo, la remolacha azucarera o las plantaciones de moreras. Parte de los cultivos se orienta hacia los mercados, con la consiguiente mejora de las rentas que impulsa la demanda.
La expansión de ferrocarril (una red que alcanza 15.500 km en 1870) tiene efectos de arrastre sobre sectores diversos y de articulación e integración de las distintas regiones. Estas mejoras de las infraestructuras, con una participación parcial del Estado, repercuten en el sector industrial, con tienen un papel preponderante del sector de bienes de producción. El crecimiento de la red ferroviaria alimenta la demanda de productos siderúrgicos -el convertidor Bessemer se introduce en 1858—y la fabricación de locomotoras. La demanda interior tira de las manufacturas, con un fuerte crecimiento en el algodón. También se observa en esta fase una importante mejora de las tasas de inversión industrial, debido también a la implicación del sector financiero. Destaca la actividad del Crédit Mobilier, fundado en 1852 por los hermanos Pereire, un banco de negocios entre cuyos principales objetivos figuran las inversiones a largo plazo, especialmente en ferrocarriles o en el extranjero. No obstante, el grueso de la financiación sigue dependiendo en buena medida de la reinversión de los beneficios de las empresas. La legislación es aún muy restrictiva para la expansión de sociedades anónimas.
Losritmos de crecimiento obedecen a modelos regionales muy desiguales, con un fuerte dualismo entre las regiones dotadas de recursos (sobre todo carbón) y que inician una temprana modernización en el Norte o Alsacia, frente a las regiones del Oeste y el Sur, dominadas todavía por técnicas tradicionales de producción y un peso abrumador del sector agrario. En cualquier caso, no quiere decir que la productividad de la industria, en su conjunto, fuera baja, y según algunos autores podría ser superior a la británica (tabla 7.2).
Pero el cambio más importante de la segunda mitad del siglo se opera en el comercio exterior, con una orientación hacia el librecambio tras la firma del acuerdo con Gran Bretaña en 1860. El llamado tratado Cobden-Chevalier rebajaba los aranceles de las manufacturas inglesas, principalmente textiles, así como de la hulla y el hierro; Inglaterra por su parte recibiría sin tasas artículos de seda, moda, frutas y otros productos; y rebajaría los aranceles de los vinos franceses. Además se aplicaría la cláusula de nación más favorecida, que estipulaba que un acuerdo más favorable de uno de los firmantes con un país tercero se aplicaría automáticamente en el otro. Tratados similares se firmaron en los años siguientes con Bélgica, el Zollverein, Suiza, España, Países Bajos y Portugal. Los efectos fueron inmediatos, ya que el comercio exterior, que representaba el 29% del producto bruto en 1860 pasó al 41% en 1870 y la balanza comercial casi siempre fue excedentaria entre 1851 y 1876.
1870-1890: Esta fase está marcada por los efectos de la guerra francoprusiana (1870-1871)que acaba con la derrota francesa y la pérdida de Alsacia y Lorena, dos de los polos industriales más avanzados que se incorporan a Alemania, junto con el pago de una cuantiosa indemnización. A esto se suman los efectos de la depresión de 1873 y de la liberalización arancelaria, con un descenso en el ritmo de crecimiento económico y la acentuación de problemas en el sector agrario (plagas en los gusanos de seda, importaciones de cereales de ultramar, crisis de la filoxera en el viñedo), que se traduce en la merma de la renta de muchos pequeños agricultores. Esta situación frena aún más el crecimiento demográfico. Así, a la atonía resultante en la demanda interna se suma otro problema grave de la industria: la escasez y los altos costes del carbón, importado casi en un tercio del consumo. El capital se dirigía más hacia el exterior que al fomento de la industria interna. Un efecto compensador, sin embargo, vendrá de la mano de los planes del Estado en obras públicas (plan Freycinet de 1879), que supone un aumento del gasto público y frena la caída de la demanda industrial, al estimular la construcción de nuevas vías férreas.
1890-1914: El panorama se transforma en las dos décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando la vuelta al proteccionismo a partir del arancel Méline (1892) ayuda a recobrar parte del vigor del sector agrario y del mundo rural, donde todavía habita la mitad de la población. Esta nueva fase, aun contando con los problemas estructurales como el elevado coste energético, está caracterizada por el crecimiento de los nuevos sectores de la denominada segundarevolución industrial (tema 8), con una fuerte componente de innovación, como el eléctrico, químico o la automoción. El desarrollo de la energía hidroeléctrica permite alterar el mapa de localización industrial, con la posibilidad de llevar la nueva energía a grandes distancias. Aunque hay progresos en la concentración fabril no se puede olvidar que buena parte de la producción sigue ligada a empresas de menos de 10 trabajadores.
A pesar del rebrote del proteccionismo, durante este periodo se observa una mayor integración en la economía internacional, con un sensible aumento del comercio exterior. Es sintomática la intensificación de las relaciones franco-británicas, donde Francia consigue un excedente comercial derivado de las exportaciones de manufacturas y productos orientados a una demanda de calidad, mientras que Gran Bretaña exporta materias primas (principalmente carbón) y bienes semiacabados.
7.2.3 Alemania: un largo proceso de industrialización
Alemania suele considerarse el último caso de la primera oleada industrializadora europea. En realidad, esta apreciación es algo engañosa. Alemania no fue un país unificado hasta 1870; a comienzos del siglo XIX su territorio era un conglomerado de estados independientes entre los que destacaba el reino de Prusia. El proceso de unificación culminó por tanto en el último tercio del siglo con la constitución del Imperio alemán, cuando el crecimiento económico industrial era ya un hecho.
Por este motivo, aunque las transformaciones económicas venían del siglo XVIII, la inexistencia de un mercado interior, con aranceles y monedasdistintos, condicionó el desarrollo en la primera mitad del siglo XIX. Había además otras diferencias importantes entre los territorios alemanes: estructuras agrarias muy distintas entre el Oeste y el Este, y tradiciones manufactureras con territorios donde pervivían las reglamentaciones gremiales y otros en los que dominaba la industria rural o la industria siderúrgica dispersa, como en Sajonia, Silesia o Westfalia.
El inicio del proceso de modernización, por tanto, vino de la mano de la eliminación de los antiguos vestigios del Antiguo Régimen. Con la invasión napoleónica se aplicaron en Prusia los decretos de 1807 y 1811 que abolían la servidumbre, que existía principalmente en la zona del este, y permitían el acceso de los campesinos a la propiedad agraria. Estos decretos permitieron a los antiguos señores -junkers- consolidar sus propiedades y abrirse a los mercados, aplicando sistemas modernos de gestión e introduciendo nuevos cultivos, como la patata, o la remolacha azucarera. La combinación de plantas forrajeras y cereales permitió reducir los barbechos e incrementar la cabaña ganadera. En Prusia estos cambios hacen que en la década de 1880 el barbecho solo afecte a una quinta parte de las fincas, cuando a comienzos de siglo cubría la mitad. También se produjo una importante ampliación de la superficie cultivada con la privatización de terrenos comunales. En el Oeste sin embargo predominaban explotaciones mas reducidas, con un amplio sector de pequeños y medianos campesinos propietarios. Las mejoras de productividad y los nuevos métodos de explotación permitieron unimportante aumento del producto agrario, que contribuyó a proveer de alimentos a una población creciente e incluso obtuvo un margen para la exportación de productos agropecuarios (cereales, lana, etc.), ingresos exteriores que servían en parte para saldar las compras de de tecnología y maquinaria moderna.
El verdadero impulso de la industrialización alemana viene ligado a la formación de un gran mercado interior entre las décadas de 1830 y 1850. Esta se realizará a través de la unificación arancelaria con el establecimiento del Zollverein (unión aduanera) a partir de 1834, la unificación monetaria y el desarrollo de la red de transportes.
El Zollverein se llevó a cabo a iniciativa de Prusia, que desde 1818 elimina los aranceles interiores entre sus territorios y favorece la integración de los Estados vecinos, aplicando aranceles moderados. La unión aduanera termina agrupando a la mayor parte de los territorios alemanes en 1834, aunque con posiciones encontradas en lo tocante a los aranceles exteriores. Algunos estados, como Baviera o Sajonia, eran partidarios del proteccionismo para defender sus industrias locales, mientras que otros (Prusia y los estados marítimos del norte) eran partidarios de aranceles más bajos, que favorecían una mayor apertura. Las ideas de Friedrich List sobre la protección a las industrias nacientes justificaban a los primeros, pero finalmente Prusia impuso su criterio con una política de apertura exterior.
Alemania contaba con varios sistemas monetarios que quedaron reducidos progresivamente a dos principales, la zona del gulden que agrupaba a los Estados delsur, y la del tálero de los del norte. En 1838 se reconocía el cambio fijo entre el gulden y el tálero, de modo que se daba un paso decisivo hacia una moneda única, aunque esta no se materializará hasta 1871 con el establecimiento del marco.
Estos procesos se complementaron con el rápido desarrollo de las infraestructuras de transporte que vinieron de la mano del ferrocarril, cuyo primer impulso entre 1835 y 1845 le permitió poner en funcionamiento más de 2.000 km que enlazan importantes centros urbanos. El Estado prusiano tomó la iniciativa para acelerar el ritmo de expansión de la red garantizando a las compañías un interés mínimo de los títulos que emiten y desde 1847 es el mismo Estado quien financió directamente líneas menos rentables. En 1850 se habían puesto en funcionamiento 5.800 km de red ferroviaria, mientras que en Francia disponían sólo de 3.000. Las primeras líneas se equipan todavía con raíles británicos, más baratos que los alemanes. Junto a ello también se impulsó la navegación fluvial, y las obras de canalización que permitieron el crecimiento de la navegación interior. En estas fechas las principales ciudades quedaron enlazadas bien por canales fluviales o bien por ferrocarril.
La formación de un gran mercado interior está ligada al descenso de los precios del transporte, que facilita los intercambios regionales y el impulso de la demanda para los productos industriales. El ferrocarril, aunque en principio se construyó con materiales importados, tuvo más tarde un efecto de arrastre sobre el sector minero-siderúrgico doméstico, como demandante de combustible yproductos de hierro, así como de máquinas de vapor. Ello estimuló la expansión de la minería de carbón en las cuencas tradicionales, como Silesia o el Sarre, y sobre todo en el Ruhr, que contaba con grandes reservas de excelente carbón en yacimientos más profundos, hasta entonces no explotados por problemas técnicos. La introducción de máquinas de vapor más eficientes y la inversión de capitales incrementaron rápidamente la producción de carbón y asimismo comenzó a instalarse en esta zona una moderna siderurgia, orientada principalmente a la demanda ferroviaria. La aplicación desde la década de 1850 del proceso Bessemer de fabricación de acero disparó la producción. También ligado a la expansión ferroviaria estuvo el crecimiento de la industria mecánica en centros urbanos, como Berlín, donde aparecen empresas especializadas en la construcción de locomotoras, o Chemnitz.

El papel del Estado
Las primeras historias de la industrialización resaltaban, apoyándose en un supuesto modelo británico, que lo más beneficioso para el éxito del proceso era que el Estado interviniera poco o nada: laissez-faire, laissez-passer, le monde va de lui méme, era la máxima que amparaba ese no-intervencionismo. Lo cierto es que casi nadie sostenía esa postura extrema: ni siquiera Adam Smith, de quien se suele decir erróneamente que limitaba el papel de las autoridades públicas a garantizar la propiedad privada, y la seguridad interior y exterior (defensa, policía y justicia).
Con el tiempo y más estudios, resultó que ni la actitud de las autoridades británicas había sido tan abstencionista (regularon elcomercio exterior e interior, el mercado financiero, promovieron infraestructuras, vigilaron las condiciones sanitarias y laborales, etc.), ni la intervención del Estado en otras industrializaciones había sido siempre negativa. Explicaciones como las de Gerschenkron justifican su eficacia para impulsar la industrialización en países atrasados, y más tarde las tesis de los autores institucionalistas, como Douglass North, nos han recordado la importancia de un marco institucional estable para la buena marcha de la economía.
La intervención estatal en los procesos de industrialización se centró en:
a–  la creación de un marco jurídico estable y favorable a los negocios y la iniciativa privada. En este sentido, las reformas agrarias liberales emprendidas en muchos países son una pieza clave de la industrialización.
a–  actividades de fomento: inversiones en infraestructuras o educación, regulación del comercio exterior mediante aranceles (que favorecen a algunos sectores), subvenciones o beneficios fiscales a ciertos sectores , regiones o empresas, pedidos públicos a determinadas empresas, etc.
a–  regulación de actividades económicas o mercados de bienes o factores; es muy habitual la legislación laboral, fijando a veces topes salariales, pero también límites de edad o de horas semanales. También la regulación de los mercados de alimentos (con precios máximos y prohibiciones de exportar, por ejemplo) eran muy habituales.
a–  Intervención directa en actividades productivas, creando empresas o nacionalizando otras, como medio de crear industrias consideradas estratégicas o que se quierenque funcionen como modelo para un sector.
Dependiendo de cómo se ejerciesen, estas funciones podían resultar beneficiosas o dañinas, o incluso ser positivas a corto plazo (un arancel protector para una industria naciente) y dañinas a largo plazo (si se prolongan en el tiempo). Por otro lado, otras actividades del Estado, y muy especialmente la guerra, podían tener efectos muy directos sobre la economía.
Por último, a la hora de considerar el papel del Estado debemos tener en cuenta los medios. Cuando contaban con una hacienda saneada, podían invertir directamente en actividades de fomento, creación de industrias o promoción de las exportaciones. Sin embargo, si la situación hacendística no era tan saneada, como solía ocurrir, la intervención estatal se producía más por la vía de la legislación, que no siempre surtía los efectos deseados. Los déficits prolongados de los Estados, además, podían tener efectos muy negativos, impidiendo rebajas y racionalizaciones de los impuestos, encareciendo los capitales y recortando la capacidad de inversión pública.

Este primer esfuerzo industrial, centrado en el ferrocarril y los sectores de bienes de producción habían requerido desde el comienzo importantes dotaciones de capital. Para ello fue crucial la constitución de sociedades financieras y bancos orientados a la inversión industrial que se establecieron desde la década de 1840 bajo la forma de sociedades anónimas. Es el comienzo de la “banca universal”, llamada así porque combinaba el crédito en los negocios comerciales a corto plazo y la financiación a largo plazo de proyectosindustriales. Es el caso por ejemplo del Berliner Diskonto- Geselleschaft, fundado en 1851 o el Darmstadter Bank en 1853. Esta vinculación entre banca e industria permitirá un mejor acceso al ahorro que contribuirá al aumento de la tasa de inversión industrial.
A partir de mediados del siglo se inicia una fase de rápido crecimiento, donde el proceso de sustitución de importaciones se une a la modernización creciente de los distintos sectores productivos. El sector agrario conoce un notable aumento de productividad (gráfico 7.2) que libera un importante excedente de mano de obra campesina que alimentará el despegue industrial del periodo. El aumento de las rentas y la capitalización de las explotaciones convierten al sector agrario en un importante mercado para los productos industriales. De igual modo, el excedente agrario en la balanza comercial sirve para obtener mercancías. En 1846 la población activa agraria era del 56,8% mientras que en la industria se empleaba el 23,6%. En 1871 la relación era del 49,3% en la agricultura y el 28,9 en la industria.
Es el momento en que comienza a expandirse el sector líder por antonomasia de la industria alemana: el minerosiderúrgico con la creciente extracción de carbón de la cuenca del Ruhr, donde se forma el mayor complejo siderúrgico alemán. Este crecimiento viene de la mano de la constitución de sociedades como Krupp o Siemens, y un movimiento inversor que tiene como principal destino el sector ferroviario y la industria de maquinaria. La aplicación del proceso Bessemer se realizará al mismo tiempo que en Gran Bretaña, La extensión de laslíneas férreas crece de los más de 5.800 km construidos en 1850 a más de 11.000 en 1860 y alcanza casi 19.000 diez años después. En este último periodo, casi la totalidad del material utilizado es de producción interior.
Hierro y acero son materias primas básicas en cualquier proceso de industrialización: comparado con el hierro colado, el acero, una aleación de hierro y pequeñas proporciones de carbono, es más duro, aunque menos dúctil, resiste mejor la corrosión y se presta mejor a la soldadura. Como suele ocurrir, también es más difícil y caro de obtener.
La importancia del invento de Henry Bessemer (el segundo de una saga de inventores ingleses, que lo patentó en 1855) es que fue el primer proceso que abarató la obtención de acero a partir del arrabio (pig iron: el hierro fundido que sale del alto horno). El convertidor consistía básicamente en un enorme horno en forma de pera, forrado de una capa de arcilla, que podía inclinarse para cargar la materia prima y verter el acero, y dotado de una serie de conductos que permitían inyectar aire en grandes cantidades. Esto producía la oxidación del hierro fundido, eliminando impurezas y obteniendo así el acero.
El proceso tenía alguna complejidad química y no se adaptaba igual de bien a todos los tipos de hierro, lo que hacía necesario agregar a la fundición algún otro mineral. Estos problemas hicieron que las primeras fundiciones que emplearon la patente de Bessemer no dieran buenos resultados. Así que el inventor mismo construyó una fundición, y en unos años comenzó a producir cantidades importantes, a un coste muy inferior al de lacompetencia: de unas 40 £ por tonelada a 7£. De este modo, el acero comenzó a emplearse masivamente en la construcción, las industrias metal-mecánicas y el transporte.
En la década de 1850 se han conformado las bases del despegue industrial alemán, caracterizado por el peso de los sectores de bienes de capital en la estructura industrial, apoyados en la abundante dotación de carbón mineral que ha favorecido el desarrollo de la siderurgia y las construcciones mecánicas. Los sectores de bienes de consumo, comenzando por el textil quedan más rezagados en su crecimiento: a pesar de su modernización, el sector algodonero no tiene apenas un peso significativo, y está muy expuesto a la competencia británica. Es el sector lanero, mucho más extendido, el que mantiene una posición de privilegio apoyado en la modernización del hilado y el tejido.
La consolidación del crecimiento industrial tiene lugar entre 1871 y 1914, con varios rasgos característicos. En primer lugar el peso de la innovación y el desarrollo técnico. Los territorios alemanes habían desarrollado desde el siglo XVIII un sistema educativo basado en la extensión de la educación primaria gratuita y una educación secundaria orientada a la formación técnica y profesional. Al mismo tiempo se había producido una transformación de la educación superior, con universidades que daban gran peso a la ciencia y la tecnología. Estas condiciones permitieron contar con una mano de obra alfabetizada y preparada para distintos sectores productivos, así como ingenieros y técnicos altamente cualificados.
Este capital humano sirvió para acelerarel impulso industrial alemán no sólo en los sectores que ya desarrollados, como la siderurgia, sino en los más novedosos, la electricidad y la química, resultado de los avances de la segunda revolución industrial, con sinergias y efectos de arrastre que facilitaron un rápido crecimiento (gráfico 7.3). Es por ejemplo, el caso de la aplicación del proceso Gilchrist Thomas de producción de acero barato, que permitió utilizar las menas de hierro con fósforo de la cuenca de Lorena, recientemente adquiridas por Alemania y que incrementaron rápidamente la producción. Pero enseguida despega también el sector metalúrgico, asociado a los procesos de innovación en química (abonos, tintes) e ingeniería. Al mismo tiempo la electricidad cobra auge y se crean empresas como AEG.
El aumento de las necesidades de financiación de los nuevos sectores estrecha los lazos entre banca e industria y favorece las formas de concentración empresarial, como los cárteles, que se extienden en el sector minero y siderúrgico, con fórmulas de integración horizontal que facilitan el control del mercado interior, para evitar la caída de precios. Al mismo tiempo, esta concentración permite economías de escala y aumentos de productividad que facilitan la venta de los productos en el exterior, de modo que la venta de productos manufacturados supera a la de materias primas y alimentos. Alemania se había convertido en la segunda nación industrial por detrás de los Estados Unidos y conseguía hacerse con importantes mercados exteriores para sus manufacturas.
7.2.4. La industrialización temprana fuera de Europa: EstadosUnidos
El primer país situado fuera de Europa en dar el salto industrializador fue Estados Unidos, apoyado en una enorme dotación de recursos naturales y la gran extensión de su territorio, escasamente poblado al inicio. El país conoció a la largo del siglo XIX una gran expansión demográfica resultado fundamentalmente de un impresionante crecimiento vegetativo (natalidad superior a la mortalidad), incluyendo a la población negra, aún después de que en 1808 se prohibiera la trata internacional de esclavos (la ley determinaba que también los hijos de esclavos también lo eran). Al crecimiento se sumaba la inmigración europea, que empezó a cobrar importancia sobre todo a partir de mediados de siglo, con el paréntesis de la guerra de Secesión. En la década anterior a la Primera Guerra Mundial, la inmigración superó anualmente el millón de personas.
En 1850 la población apenas superaba los 23 millones de habitantes, pero durante la segunda mitad del siglo se triplicó, por encima de 75 millones, y una década después casi llegaba a 92 millones. Los negros suponían en la primera mitad del siglo más de un 15% de la población, un 90% de ellos esclavos. La población indígena autóctona ya era prácticamente insignificante.
El espectacular crecimiento de la población no servía sin embargo para colmar las necesidades de mano de obra en las distintas actividades económicas. La escasez del factor trabajo incentivó la búsqueda de sistemas de ahorro de mano de obra a través de innovaciones técnicas y maquinaria, lo que significaba aumentar las inversiones de capital (es decir, se produjo un procesode sustitución de trabajo por capital). Por otra parte, la escasez de trabajadores incrementó los salarios, contribuyendo al elevado poder adquisitivo de la población. Por ello, buena parte del crecimiento se orienta a la satisfacción de un mercado interno en plena expansión, que adquiría los bienes agrícolas e industriales domésticos.

El crecimiento económico hasta 1860
Las bases del crecimiento económico de Estados Unidos desde la independencia hasta la Guerra de Secesión se encuentran en la expansión agraria que resulta de la ocupación del territorio situado al Este de los ríos Mississipi-Missouri, junto a la especialización productiva, que fue posible gracias al desarrollo de los sistemas de transporte. En este periodo la agricultura es el sector predominante: proporciona materias primas y alimentos, así como es el primer sector en ocupación y en ingresos por exportaciones.
El Noreste, con granjas pequeñas y medianas, se combina la explotación agraria con la actividad forestal. Hacia el Medio Oeste las fincas aumentan de tamaño, unas dedicadas a la agricultura cerealista extensiva -trigo, maíz- y otras a la ganadería. En el Sur se desarrolla la agricultura de plantación (arroz, tabaco, algodón), basada en trabajo esclavo, que sobre todo se orientará hacia el cultivo del algodón. El estímulo de la industria textil moderna (nacional y británica, sobre todo), y las innovaciones técnicas como la desmotadora de E. Whitney que permitieron mecanizar tareas intermedias abaratando sustancialmente el producto, convirtieron al algodón en rama en el principal producto de exportaciónnorteamericano (50% del valor total) y a Estados Unidos en primer productor en 1860, con dos tercios del total mundial.
La expansión hacia el Oeste, hasta el río Mississipi, y la integración de las diferentes regiones del país fue posible gracias a la mejora de los sistemas de transporte. Partiendo de la base de una buena red fluvial, la construcción de carreteras de peaje y de los canales que enlazan la zona de los Grandes Lagos con la costa Este permitieron la salida de los productos agrarios del interior por vía navegable (la más barata). El ferrocarril comienza a extenderse a fines de la década de 1830, de la mano de la iniciativa privada a través de inversiones británicas.
Las regiones del norte se estaban especializando en bienes de consumo, como la industria textil, el calzado o la madera, así como en la construcción naval, adaptando rápidamente las técnicas más adelantadas y el sistema fabril. En esta fase la energía es principalmente de origen hidráulico, que sirve para mover los nuevos telares mecánicos.
El crecimiento económico permitía combinar el impulso del mercado interior, (una población creciente y con altas rentas) con un mercado exterior donde exportaba productos primarios e importaba tecnología y maquinaria. La política comercial, influida por los escritos de Alexander Hamilton, adoptó un proteccionismo extremo para eludir la competencia de las manufacturas británicas. Así, la industria naciente norteamericana adoptó las innovaciones que permitieron ensanchar progresivamente el sector secundario de su economía, volcándose hacia el mercado interior.

El augeeconómico de los Estados Unidos (1865-1913)
Tras la guerra de Secesión (1860-65) los Estados Unidos se convierten en una potencia económica mundial, apoyándose de nuevo en las ventajas de un territorio extenso que fue siendo colonizado y puesto en explotación, con la masiva llegada de inmigrantes y el paralelo desarrollo del ferrocarril, verdadero eje de crecimiento de este periodo. La red férrea, que contaba en 1860 con 49.000 kilómetros, se multiplicó por 5 en 1890 hasta casi a los 250.000, más que todo el tendido ferroviario europeo en conjunto. El desarrollo del ferrocarril tuvo múltiples efectos sobre el resto de la economía: aparte de abaratar los precios del transporte de las mercancías y acortar sustancialmente los tiempos, supuso un notable estímulo para sectores como el de la minería del carbón y el siderúrgico, y también contribuyó a la evolución de la empresa moderna a través de las nuevas formas de organización y gestión en las que las empresas ferroviarias fueron pioneras. R. Fogel consideró sin embargo que su contribución al crecimiento no fue tan intensa, ya que calcula que el ahorro social que produjo estaba en torno al 1,2% del producto nacional bruto.
La agricultura también se benefició del desarrollo ferroviario. La expansión territorial hacia el Oeste se lleva a cabo con la puesta en cultivo de grandes extensiones y ranchos para la ganadería. La Homestead Act (1862) garantizaba la distribución de tierras públicas para quien las cultivara y estimuló el desplazamiento de gran número de colonos. En el Sur, la guerra trajo la abolición de la esclavitud y latransformación de las explotaciones esclavistas en fincas que trabajan los negros con contratos de aparcería; además el cultivo de algodón se expandió hacia el Oeste.
La industria va adoptando el sistema fabril, y aumenta el tamaño de las fábricas, que tratan de aprovechar las economías de escala con la instalación de maquinaria. El mayor crecimiento procede de las industrias de bienes de producción, caso del acero, que atiende a la demanda del ferrocarril y construcción de maquinaria. La región del noreste y los Grandes Lagos se convierte en el principal polo industrial favorecido por los yacimientos de hierro y la abundancia del carbón de los Apalaches (Pensilvania). La expansión de la minería (tabla 7.5) cambia la estructura del consumo de energía, donde el carbón pasa de representar el 40% en 1880 al 70% a fines de siglo. También se desarrollan nuevos sectores como el eléctrico y el químico, en los que de la formación de ingenieros cobra una importancia crucial.
La industria norteamericana participa en las innovaciones de la denominada segunda revolución industrial, a través de la adopción de sistemas de comunicación como el telégrafo y el teléfono, o la puesta en marcha de ramas industriales como el sector eléctrico, químico, petróleo o el automóvil. La industria va concentrando a la población en grandes ciudades y las fábricas adquieren grandes dimensiones. Las empresas adoptan los nuevos sistemas de organización y forman conglomerados que abarcan las diferentes fases del proceso productivo, con fórmulas de integración vertical y horizontal. Es la fase de los grandes trustsdonde aparecen magnates como Carnegie en el acero y Rockefeller en el petróleo. También se forman grandes bancos de inversión, como J.P. Morgan que participan también en sociedades industriales y compañías ferroviarias. Se introducen mejoras en la organización industrial como la introducción de piezas estandarizadas que permitirán dar el salto a la producción en cadena y la adopción del modelo fordista. H. Ford consigue en su cadena de montaje de automóviles desarrollar el modelo T, el primero diseñado con todas las piezas intercambiables. Otro ingeniero, W. W. Taylor, desarrollará los sistemas de ahorro de tiempos para aumentar la productividad. Antes de terminar el siglo XIX, Estados Unidos se convierte en la primera potencia industrial del mundo.
7.3. Los atrasados en la industrialización
7.3.1 La periferia europea
Durante la segunda mitad del siglo XIX, el crecimiento industrial en los países más adelantados tiene un efecto de arrastre sobre el resto de Europa a través de varios mecanismos. El primero es el comercio internacional, que entre 1820 y 1880 ve multiplicarse su volumen por nueve, dos terceras partes del cual corresponden al comercio intraeuropeo. Este crecimiento se debe en buena medida a la especialización (división internacional del trabajo): la demanda creciente de alimentos y materias primas de los países industrializados favorece las exportaciones y la entrada de divisas en los países más atrasados; los países industriales a su vez venden manufacturas y maquinaria, lo que permite a los atrasados acceder a nuevas tecnologías de producción. Además, se produce unacreciente exportación de capitales desde los países industriales, que llevan a la promoción de empresas extractivas, industrias de transformación, redes de transporte y servicios públicos.
En este proceso se advierten varios modelos de crecimiento industrial: por una parte el de aquellos países, como Noruega, Suecia, Dinamarca, y Holanda, que aprovechan su situación geográfica y/o la disponibilidad de recursos primarios demandados por los países industriales -avena, madera y hierro en el caso de Suecia, recursos forestales y pesqueros en Noruega, alimentos en Dinamarca y Holanda-, que les permiten obtener recursos para invertir en industrias de transformación. El ritmo de crecimiento de estos países se apoya en cambios institucionales, que favorecen las transformaciones agrarias en beneficio de una capa de pequeños y medianos agricultores que orientan su producción hacia el mercado. Se trata en la mayoría de los casos de países pequeños en términos de población (aunque no en densidad, caso de Holanda), lo que podría generar más incentivos para abrirse a mercados exteriores. Otro importante factor común a estos países es la existencia de un alto nivel de alfabetización entre la población, lo que facilita la transmisión de conocimientos y la oferta de trabajadores especializados. El crecimiento se acelera desde mediados del siglo y mejora sensiblemente el nivel de renta per cápita de sus poblaciones, hecho que contribuye a incrementar el mercado interno, y a fomentar el sector secundario con el apoyo del capital extranjero (tabla 7.6).
Frente este modelo se encuentra un gruoformado por los países mediterráneos y del Este de Europa, caracterizados por:
• estructuras agrarias atrasadas (pese a las reformas agrarias) y agriculturas poco productivas;
• mercados internos a menudo amplios (por volumen de población), pero compuestos en buena parte por campesinos pobres que generan una escasa demanda efectiva de bienes y servicios.
• pobre formación de capital a nivel interno, lo que lleva a recurrir a inversiones extranjeras.
• fuerte atraso tecnológico y carencias de capital humano.
• comercio exterior propio de países atrasados: exportan bienes de poco valor añadido (productos agrarios o materias primas) e importan los de alto valor añadido (maquinaria, manufacturas) y capitales.
En estas condiciones, un rasgo común a todos estos procesos de industrialización fue, como señaló Gerschenkron, el papel del Estado como sustituto de la iniciativa privada en la promoción industrial. El problema era que la capacidad de intervención del Estados en estos países se veía minada por la pobreza de la base fiscal, especialmente si, como era habitual, la pervivencia de clases muy poderosas de terratenientes, a menudo nobles, impedía reformas fiscales que gravasen de forma eficaz la principal forma de riqueza: la tierra.
El Estado, entonces, deseoso de promover la industrialización pero privado de recursos económicos, a menudo intervenía más por la vía de la legislación (se cumpliera o no) que la de la inversión. Quizás por eso también fue habitual en estos países una fuerte orientación proteccionista, que pretendía favorecer un proceso de sustitución deimportaciones.
Otro rasgo muy marcado en estos países fue el dualismo económico, con economías dominadas por agriculturas muy atrasadas, que siguen creciendo por vías extensivas (cuando crecen), con unas actividades industriales reducidas a pequeños enclaves, favorecidos por la dotación de recursos mineros, los lazos con otras economías o la protección del Estado.
La principal diferencia entre los modelos de la Europa del Este con respecto al mediterráneo radica en el grado de atraso de sus agriculturas. En la Europa Oriental, donde pervivió la servidumbre hasta fechas muy tardías (empezó a abolirse a comienzos del XIX, pero Rusia no lo hizo hasta 1861), la transformación de los campos se demoró más, con ella la industrialización. En la Europa mediterránea, en cambio, las reformas agrarias del XIX fueron algo más tempranas y afectaban a campesinos libres (aunque a menudo igual de pobres que los siervos)

El ferrocarril: shéroe de la industrialización?
La locomotora, una máquina de vapor sobre ruedas que se desplaza sobre raíles fabricados en los nuevos hornos altos, parece representar allí donde llega el espíritu y la fuerza motriz de la industrialización. A su paso, el mundo cambia. Y es cierto en muchos sentidos, pero la evaluación de sus efectos económicos es algo más compleja. Entre otras cosas porque sabemos que muchas de las compañías ferroviarias acabaron generando pérdidas en muchos países (pues los beneficios de explotación no justificaban los enormes costes de construcción) y que muchas líneas mejoraron la velocidad pero no el volumen de las mercancías transportadas (bienporque resultaba caro, bien porque no había suficientes mercancías que transportar).

Los efectos del ferrocarril sobre la economía, como los de otros sectores, pueden dividirse en:
Encadenamientos hacia atrás (backward linkages) que representan los efectos que la construcción y explotación del ferrocarril ejercía como demandante de bienes y servicios: hierro para la construcción de raíles y maquinaria, madera para traviesas, trabajo para desmontes y mantenimiento de las líneas, etc. Estos efectos son los más fáciles de valorar, a partir de las cuentas de las compañías.
Encadenamientos hacia adelante (forward linkages), los efectos sobre los sectores que se benefician de los servicios que el ferrocarril oferta, son más difíciles de valorar. Los ahorros en tiempo de transporte, ganancias en seguridad, ahorros en el coste del transporte (que deben tener en cuenta las tarifas), los efectos de la rapidez de las noticias sobre los costes de transacción, los beneficios para los consumidores de un acceso a alimentos más baratos, etc. son mucho más difíciles de cuantificar.
Uno de los intentos más serios de valorar esos encadenamientos hacia delante de los ferrocarriles fue el cálculo del ahorro social, aplicado inicialmente a Estados Unidos por el que luego fuera premio Nobel, Robert Fogel. La idea era medir la diferencia de costes un año suponiendo que no existiese el ferrocarril, y que las mercancías transportadas por tren lo hicieran por los medios alternativos más eficientes existentes en el momento (canales, caminos, ríos o cabotaje). La diferencia, comparada luego al PNB, era lo quedenominaba ahorro social. Las conclusiones iniciales de Fogel fueron que el ahorro social en EE.UU. (donde las distancias eran enormes y por tanto cabía presuponer que las ventajas del ferrocarril serían importantes) resultaba muy modesto. Fogel concluía era que sin ferrocarril el crecimiento económico apenas se habría retrasado un año.
Los cálculos de ahorro social se repitieron luego para otros países (España entre ellos), dando lugar siempre a un fuerte debate, tanto por la complejidad de las estimaciones y supuestos necesarios para alcanzar la cifra, como por sus mismas conclusiones. La principal ventaja de estos debates radica en avivar el debate sobre el papel de ferrocarril, que si probablemente no fue el héroe aún vive en la imaginación popular.
En estas circunstancias, buena parte de la población sigue siendo rural, ya que el raquítico sector industrial no ofrece oportunidades para emigrar a las ciudades, y la alternativa en épocas de penuria (como las que vendrán a partir de fines del XIX) será la emigración, como lo refleja la gran masa de emigrantes que llegan a América desde el Sur y Este de Europa en las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Si los flujos de capital revelan dónde se halla la riqueza, los flujos de hombres no son menos significativos.
7.3.2 El crecimiento económico en Rusia durante el siglo XIX
Rusia es el país más extenso y poblado de Europa a comienzos del siglo XIX. Hasta 1861 sus estructuras económicas y políticas eran típicamente feudales. La población era abrumadoramente agraria y rural, la mitad sometida a servidumbre, conun peso minúsculo de la vida urbana y la industria. Las grandes distancias y los deficientes sistemas de transporte hacían caros los intercambios, de ahí la escasa integración del mercado interior, compuesto además por una población de bajo nivel de renta, ligado a economías de subsistencia. Las actividades artesanales quedaban reducidas principalmente al marco de las aldeas y satisfacían la demanda de los campesinos. Desde el siglo XVII, la consolidación del Estado ruso fue acompañada de un proceso de expansión territorial hacia el sur y el este con la formación de colonias en Siberia y Asia Central. Intentos de modernización se produjeron bajo el reinado de Pedro I y Catalina II, que incorporaron técnicos extranjeros para establecer manufacturas con las que dotar al Estado de productos para la Corte y para el ejército, aplicando políticas mercantilistas de promoción industrial.
Durante el siglo XIX la población conoció un extraordinario impulso, a lo que contribuía la abundancia relativa de tierra y la dedicación de la familia campesina a actividades artesanales complementarias, en el marco de industria rural difusa (kustar). El modelo familiar se caracterizaba por una muy temprana edad del matrimonio de la mujer (16 años), lo que redundaba en un largo periodo de fecundidad marital y altas tasas de fertilidad (7,6 hijos por mujer, cuando en el resto de Europa rondaba los 5). La elevada mortalidad, sobre todo infantil, se compensaba con las altísimas tasas de natalidad resultantes, generando un crecimiento vegetativo





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