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De añoranzas, testimonios y de empoderamiento - Gloria Arminda Tirado Villegas



La amplia producción bibliografica en los años recientes muestra que el movimiento estudiantil de 1968 sigue siendo de gran interés para los investigadores, aunque dentro de esa basta literatura son escasos los trabajos que abordan el 68 desde la historia de las mujeres.
Desde luego, el sujeto juvenil, o los jóvenes, mejor dicho, han sido estudiados desde una perspectiva del sujeto universal: el hombre. Es en la década final del siglo XX cuando los estudios sobre movimientos estudiantiles desde la perspectiva de género van apareciendo, especialmente como una segunda oleada de inquietudes en las interpretaciones de los movimientos sociales y juveniles. Obviamente, estos estudios se concentraron en el movimiento estudiantil de 1968. Lessie Frazier, de la University of South Carolina, y Deborah Cohen, de la University of Chicago, abrieron líneas de investigación con su ponencia Género, terreno y acción en el 68: la participación femenina y la ciudadanía social en México, presentada en el Seminario Nacional de Movimientos Estudiantiles Mexicanos en el siglo XX, en el año 2001. Este avance se convirtió mas tarde en su tesis doctoral. Su investigación no abordó únicamente a las mujeres, después analizaron la masculinidad en la prisión. Su trayectoria puede seguirse dentro de estas tematicas que desarrollaron utilizando basicamente fuentes orales: entrevistas.


Otra aportación que muestra este interés es el de Alma Silvia Díaz Escoto, en “Las mujeres en losmovimientos estudiantiles de 1968 y de 1999-2000. Hacia la emancipación y el empoderamiento”, donde compara las diferencias en comportamiento de las jóvenes entre el movimiento estudiantil de 1968 y el de 1990. La formación, las relaciones entre los géneros, así como los recursos, las practicas y el capital cultural entre una y otra generación resultan interesantes.
Con el propósito de establecer algunos elementos sobre las tendencias de evolución en las formas de expresión de las mujeres en los movimientos sociales, en el contexto de una nueva construcción del sistema de roles de género en las zonas urbanas de México, todo a partir de las grandes transformaciones de la década de los sesenta. Alma Silvia utiliza también varias entrevistas para mostrar los cambios y permanencias entre las dos generaciones.

Carmina Quirarte, estudiante en el programa California Pre-Doctoral Program , realizó dos estancias en México que le sirvieron para revisar hemerografía y bibliografía para su tesis doctoral. El objeto de estudio que siguió su investigación fue el feminismo a partir del movimiento estudiantil del 68. El título de su investigación es Adelante por una causa: female participation in Mexico’s 1968, student movement and its influence to mexican feminism (mayo de 2008). Como ella argumenta, desde 1968 se ha producido una abundante literatura sobre el movimiento estudiantil mexicano y los sucesos del 2 octubre de 1968, pero de estos estudios pocos se han enfocado en la participación de las mujeres. Su trabajo, inédito aún, revela loesencial de su intervención durante el movimiento estudiantil y cómo las mujeres mexicanas revolucionaron y por primera vez ampliaron un movimiento feminista en México en 1970, que hasta ahora sigue luchando por la causa de las mujeres. 
Valga mencionar estudios pioneros que han acometido problematicas como la diversidad sexual y la relación con el feminismo en el 68, realizados por expertas como Gloria Careaga Pérez en “La lucha por el placer. Crónica de un movimiento que continúa”. La preocupación central en este capítulo es dar a conocer las expresiones de las primeras organizaciones por la diversidad sexual. Para los fines de este artículo basta concluir que son los estudios sobre el feminismo los que mas han abundado.
Continuando con los testimonios reflexión es de especial interés el capítulo de Lourdes Arizpe, titulado “El feminismo: del grito de los setenta”, describe el ambiente de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en 1968. Lo que enfrentaron las participantes y después su vinculación individual con el feminismo cuando viaja a Londres a realizar un doctorado en antropología, que influyó en su formación y compromiso. Años después y en México fundó con otras mujeres intelectuales la revista Fem.
No esta por demas enfatizar que los estudios sobre los jóvenes han cobrado una importancia para la educación; en particular la historia de las instituciones de educación superior han abierto nuevos campos de investigación. En este rubro abundan tratados sobre el papel de los actores sociales, la presencia de losmovimientos estudiantiles en el interior del país, y continúan abriéndose nuevas líneas de investigación: la imagen, el cine, el lenguaje, los panfletos, la prensa, por citar algunos ejemplos.
Finalmente las memorias de las participantes coadyuvan a comprender las diferencias de género, la de Roberta Avendaño, la Tita, quien estuvo presa en la Carcel de Santa Marta Acatitla durante dos años. Testimonios de la carcel. De la libertad y el encierro, es un testimonio revelador; muestra las relaciones entre las presas, heterosexuales y homosexuales. Recordemos que Tita fue aprehendida el 3 de enero de 1969 por la Dirección Federal de Seguridad, dependencia de la Secretaría de Gobernación, y sentenciada a 16 años de prisión; fue acusada de diez delitos. En su libro narra sus experiencias con las presas, las celdas, las visitas, los problemas de incomunicación, las tensiones y sobre todo la injusticia. Ana Ignacia Rodríguez dirigente presa en 1969 reconoce la discriminación de las mujeres en el 68, y esta por editarse su libro Carcel dentro de la carcel, que esperamos su pronta emisión.


Dos estudios recientes apuntan al analisis de la presencia de las mujeres en el movimiento estudiantil de 1968: “Le mouvement ‘etudiant au Mexique: l’emancipation féminine en marche” se apoya en testimonios tomados de La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska, las citas rebelan los propósitos del artículo, mas aún el epígrafe dice “El movimiento del 68 fue una oportunidad para las mujeres (…) para dar un gran paso a la igualdad”. El otro es “Mujeres somos y enel 68 anduvimos. El activismo en la calles”, escrito por Beatriz Argelia Gonzalez García visibiliza la activa participación de las mujeres anónimas en este movimiento, su enfoque novedoso se sustenta en la revisión hemerografica del material publicado en impresos de corte policiaco de amplia circulación, como el periódico La prensa y los semanarios Alarma y Alerta, en los que analiza el tratamiento a las activistas a través de las imagenes fotoperiodísticas. Valga citar una de sus afirmaciones: “No obstante resulta paradójico que vistas cuatro décadas después. Esas fotografías documenten y visibilicen el relevante papel que desempeñaron [las mujeres] en la lucha por las libertades democraticas en nuestro país”.
Desde luego que las entrevistas y testimonios que compila Elena Poniatowska, en La noche de Tlatelolco, resultan de gran apoyo para comprender las vivencias en el movimiento estudiantil, la escritora sin proponérselo con estos testimonios de historia oral, de hombres y mujeres, provoca diferentes miradas, percepción de situaciones. En este libro se conoce a varias de las muchas activistas que participaron, algunas líderes conocidas como La Tita, Ana Ignacia Rodríguez La Nacha, cuyas vivencias pasan de esa alegría desbordante, especialmente Tita, a la cruda realidad de la represión.


Independientemente de las fuentes utilizadas en cada uno de los trabajos, ofrecen un punto común: mostrar la participación de las activistas y ese proceso de empoderamiento que sigue siendo oportuno e interesante analizar en el desarrollo delmovimiento estudiantil de 1968. En mis artículos he señalado suficientemente cuales fueron esos procesos de empoderamiento para las jóvenes, digo procesos, porque muchas se dieron diferente nivel de poder, en La otra historia. Voces de mujeres del 68, como en el artículo 'De la historia a la nostalgia. Memoria colectiva, el 68 en Puebla, México', he mostrado con fuentes institucionales, hemerografía y fuentes orales, especialmente, cuales fueron esos cambios sustanciales para las mujeres, comparando el antes de 1968 y la participación de las mujeres en la huelga solidaria con el movimiento estudiantil y después de 1968. Preciso: si bien la Universidad Autónoma de Puebla es un escenario regional propio, muchas de esas características se presentan en otras instituciones superiores del país, con diferentes escenarios como en la UNAM y el IPN. Una de estas es la escasa presencia de las mujeres reflejada en la matrícula escolar. En la UAP era el 17% respecto a la de varones. Aún en la propia UNAM la representación numérica femenina era del 22.8%, este dato corrobora la tendencia en el país. La Universidad Autónoma de Chapingo, resulta un ejemplo extremo, mantuvo sus puertas cerradas a las mujeres hasta finales de los sesenta. A principios de los setenta se gradúan las primeras mujeres de la UACH, y a partir de los ochenta su población femenina aumenta y se asigna un edificio de los dormitorios para las mujeres.
La segunda característica que se deriva de este ambiente masculinizado por excelencia es la escasa representación de las mujeres en losórganos de gobierno de la institución (Consejo Universitario), como en las organizaciones estudiantiles. Mostrar este |empoderamiento es importante, sobre todo cuando no sólo las militantes de partidos de izquierda lo lograron, sino muchas activistas tomaron conciencia de sí y para sí. Fue una coyuntura de gran trascendencia pues estudios recientes han mostrado esta relativa pérdida de empoderamiento ante las nuevas formas de administración universitaria, precisamente con la Modernización educativa. Las formas de subordinación de las mujeres adquieren nuevos rostros y aparecen maquilladas ante una política pública diseñada por la ANUIES que evalúa la equidad de género. Hoy nuevamente en la Universidad aparecen los concursos de reina del Día del estudiante, reivindicados por las jóvenes, corresponden al escenario que viven los jóvenes en el país. Llama la atención el escaso interés en la participación en los órganos de gobierno de la Universidad, sobre todo en el Consejo Universitario, la presencia femenina se ve cubierta en las suplencias, en la mayoría de los casos. Las intervenciones parecen poco críticas.
El empoderamiento
Dice Yasmine Ergas refiriéndose al feminismo de los años sesenta-ochenta. “las señales de este renacimiento feminista pueden hallarse en una amplio abanico de fenómenos. Si se mira hacia atras, se pueden recordar los gestos grandilocuentes que los medios de comunicación exponían como indicadores de un renovado desorden: en el año de 1968, unas mujeres norteamericanas representan el “entierro de la feminidadtradicional” con un desfile de antorchas en el cementerio nacional de Arlington, otorgan la corona de miss América a una oveja viva o arrojan sostenes, fajas y pestañas postizas a un “basurero de libertad”; dos años mas tarde, las mujeres francesas depositan en el Arco de Triunfo de Paris una corona de flores en honor de la “esposa desconocida del soldado desconocido”, y junto a ella, otra que lleva la siguiente observación demografica, aparentemente inocente, pero que encierra una sarcastica alusión didactica: “De cada dos hombres, uno es una mujer”. ¿Cómo llegaron esas ideas al país?, ¿cómo influyó el feminismo internacional?, ¿qué relación tiene con el movimiento estudiantil del 68? Hay muchas interrogantes a las que no necesariamente podemos responder en este artículo, basten algunas reflexiones que permitan visualizar lo que provocó la participación de las jóvenes en aquellos meses de huelga.
Por empoderamiento retomo el concepto acuñado en la IV Conferencia Mundial de las Mujeres en Beijing (Pekin) en 1995:
El empoderamiento, esa potenciación del papel de la mujer, pasa desde luego por tres elementos clave que fueron desarrollados en Pekín y totalmente aceptados como ejes fundamentales del avance de las mujeres en la sociedad: los derechos humanos, la salud sexual y re-productiva y la educación.
A partir de ahí se trata de potenciar la participación de las mujeres en igualdad de condiciones con los hombres en la vida económica y política y en la toma de decisiones a todos los niveles.

Como lo he señalado ya, el 68 hizo que seretara al poder masivamente y pudieran acuñarse las expresiones de la disidencia sin temor a ser llamada comunista, revoltosa, mitotera. Posibilitó la igualdad de géneros en universidades como la nuestra (UAP), que eran de ambiente masculinizado. Por el 68 se modernizó el contenido de las materias en las instituciones de educación superior.
El 68 fue un prisma cultural y modificó la forma de ver la vida, concientizó a los jóvenes sobre la pobreza, la injustica, la intolerancia y la inexistencia de derechos humanos. Desnudó el sistema político autoritario, anquilosado y lleno de barbarie. Desnudó también lo anquilosado en las instituciones de educación superior. En todo caso el movimiento estudiantil se volvió la conciencia del pueblo. Pero sobre todo las mujeres se empoderaron. Este empoderamiento no significó equidad de género, pero sí se materializó en una participación activa en la representación de los órganos de gobierno de la institución, en las organizaciones estudiantiles, y cuando se inició la creación de los sindicatos universitarios ellas estuvieron presentes. Una vez que las mujeres tomaron el megafono, hicieron pintas, pegaron propaganda, fueron con los compañeros a las brigadas, elaboraron sus propios discursos se modificaron las relaciones entre los géneros, de mayor igualdad. No es casual, que en los testimonios varias sesentaiochoañeras coinciden festivamente al recordar esos momentos, no sólo las que he entrevistado sino en las que entrevistó Poniatowska o las que entrevistaron Deborah Cohen y Lessie Jo Frazier, sobrelas que participaron en la capital del país y que citan en “No sólo cocinabamos…’Historia inédita de la otra mitad del 68”.
Vale la pena traer a estas líneas el testimonio de Tita:
¿Por qué fui popular en el Movimiento? Porque decían: ¿Quién va a la conferencia de prensa?” “Tita, Tita, que vaya Tita.” Se hacía por votación y yo salía porque a todos les caía bien. Acordabamos con anterioridad sobre qué íbamos a hablar en la conferencia de prensa y cada uno contestaba a las preguntas que le parecían de su competencia…
En el CNH privaba un ambiente de juventud, con su irresponsabilidad, sus juegos, sus bromas, sus chistes. Todas las noches unos compañeros de Economía me llevaban chocolates y dulces dizque para cohecharme; para que votara por las proposiciones de su facultad; ésta era una forma de guasear conmigo…
Los recuerdos de Tita son festivos realmente, se sentía líder y lo era. Las mujeres igual cocinaban en esos días, como también salían a tomar autobuses y hablaban en público.
Por otra parte precisa aclararse que cuando hablamos de identidad genérica estamos entrando al terreno de lo vivido, del cuerpo, de una visión del mundo y de una percepción de la vida misma que estructura y define nuestras emociones, deseos y conocimientos, y delimita también nuestros espacios de interacción.
Por eso las entrevistas, cuestionadas por su subjetividad, contraponiéndolas a “la objetividad de las fuentes documentales”, nos brindan elementos relacionados con la construcción cultural, identidad de género, que no siempre podemosencontrar en los documentos. Fuentes como testimonios, historias de vida, correspondencia privada, entrevistas, diarios, contienen una gran riqueza de información para la historia de las mujeres.
La sexualidad y la reproducción
Otra línea a seguir, es analizar cómo la participación de las jóvenes en el movimiento estudiantil trastocó las relaciones entre la familia, no sólo entre géneros, sino muchos padres de familia apoyaron la huelga solidaria y las estudiantes convencieron a su madres de acompañarlas a las manifestaciones. Lo que al inicio ellas hacían a escondidas de sus madres terminaron por comentarlo con ellas o, incluso, ellas terminaron acompañandolas. No tenemos datos cuantitativos que rebelen cuantas eran, pero consideremos que las relaciones entre los adultos y los jóvenes era mas distante entonces. Agreguemos que las madres de esa generación seguían siendo en su mayoría amas de casa, y decidieron convertirse en activas proveedoras de víveres, algunas a escondidas de sus esposos y otras (muy contadas) acompañadas de él.
Los discursos institucionales, en la escuela, en la prensa, hablaban a los jóvenes y de los jóvenes, pues en ese año en que la edad para votar sería los 18 años, la preocupación era el futuro de ellos. Con ese motivo se organizaron ciclos de conferencias, donde participaron los directores de las preparatorias, un ciclo se tituló “Los problemas de la Juventud”, a propósito también de un problema suscitado entre dos grupos de estudiantes. La Dirección Estatal Juvenil del PRI encargó a un afamado pintor elaborarun mural con el tema “La acción Juvenil en el tiempo presente”. Los discursos se dirigían a los valores que debían inculcar los padres a los hijos. Solían publicarse comentarios que cuestionaban las películas que en ese año se estrenaban, Los caifanes recomendada para adolescentes y adultos no fue del agrado de mucha gente.
Si tomasemos El Sol de Puebla, periódico conservador y cuya posición bastante conocida de respaldo al Presidente Gustavo Díaz Ordaz, aparece en muchos de sus artículos editoriales lo que observan de los jóvenes, así las referencias a aquellos padres que dejan a sus hijos andar de revoltosos, de rebeldes, y la escasa atención que reciben en el núcleo familiar. En los números de los meses de julio a septiembre no aparecen mencionadas las mujeres, partían de la escasa participación en el movimiento estudiantil, casi ignoradas en la prensa. No así después de octubre que empiezan a ser mencionadas. Como ya se sabe en el mes de septiembre, igual que El Sol de México dedicó un recuadro, en la pagina principal, dedicado a la bandera, con testimonios de personas elegidas a propósito, como título de un artículo dice “Demuestra tu respeto a nuestra bandera y al principio de autoridad”, abajo del pie de foto de la bandera “Perdona a tus ofensores”. Una campaña en la que la imagen de la familia se convierte en el centro de la unidad del país. El primero de septiembre y para leer su informe el Presidente Gustavo Díaz Ordaz se hizo acompañar de su familia, esposa e hijos y su nieta. El encabezado decía “FAMILIA MEXICANA EJEMPLODE UNIDAD Y AMOR”. La imagen apareció en la pagina principal y ocupa un cuarto de plana.
El símbolo de la familia aparece recurrentemente en momentos coyunturales: recordemos cómo surge el Día de la Madre: en 1922 el periódico Excélsior convocó a un concurso del Día de la Madre que se acordó fuera el 10 de mayo, un éxito entonces que resultó en la unión también de una población dividida por los enfrentamientos entre los caudillos revolucionarios y de paso por la organización de los congresos feministas. Con tal decisión se contrarrestó toda forma de trasgresión de las mujeres. La familia tradicional, nuclear, sigue siendo el recurso en el discurso nacionalista y postrevolucionario, como también los estereotipos de la mujer tradicional, no activa y sumida en el espacio privado. En este sentido se habla mucho a los padres, pero es en la madre donde recae la obligatoriedad de ver a los hijos, a los jóvenes “rebeldes sin causa”, que causan problemas a las instituciones, y por supuesto en la Universidad; es la madre, también, quien orienta esa identidad de género en el rol tradicional a las hijas. Así el movimiento estudiantil provoca tensiones entre padres e hijos, reguladas estas tensiones las jóvenes se atreven a hablar de su sexualidad. Es un fenómeno en todo el mundo, que al mismo tiempo alcanza sus particularidades en una sociedad tan conservadora como es Puebla, el que aparecieran jóvenes vistiendo distinto, de minifalda y después de pantalones de mezclilla era motivo de comentarios. Considérese ese escenario donde la únicauniversidad en todo el estado era la de la Universidad Autónoma de Puebla.
Los testimonios sobre la sexualidad marcan cambios también, así dos ejes pueden ser retomados para entender esta problematica: el primero es lo que las jóvenes piensan de sí, lo que desean, y sus propias practicas. Incluido en esta sexualidad el lanzamiento de la pastilla anticonceptiva, en 1967. El otro eje es lo que el estado puntualiza en el sistema de salud que se da y se orienta a la población.
Me referiré al primer eje, la sexualidad. Dice Margarita Reyes Valdés, quien estudiaba en el DF la preparatoria en ese 68: “Ni siquiera tus hermanas, menos tu mama, te informaban de lo que te iba a pasar al empezar a menstruar. Mucho menos podías hablar de tus relaciones amorosas”.
Las contradicciones en torno a la libertad sexual y la religión no eran tan faciles de resolver.
Después del 2 de octubre llegué a pensar como muchos: sólo una lucha armada podía resolver todo. Sólo queríamos democratizar al país Mis padres eran evangélicos, yo estudié en el internado metodista Sara Alarcón, que hasta la fecha funciona. Y cuando empecé a leer los libros de materialismo dialéctico, a documentarme, me entraron dudas. Lo conversé con el pastor de mi iglesia y él me decía: “a ti te estan manipulando”
Muchas de las jóvenes, ademas, estudiaron la enseñanza media en escuelas femeninas, descontextualizandose de un ambiente real o al menos idealizando a los varones. Así la participación de las mujeres en este movimiento abrió espacios de acción política y reflexión teórica queles permite reconocerse como actoras sociales y empiezan a cuestionar su propia condición social como mujeres. Martha Silvia Reyna Pacheco estudiaba en el DF, vivía en la Unidad de Tlatelolco, y da cuenta del significado para ella de estudiar en una escuela mixta y en un contexto de mayor libertad:

Mi vida cambió completamente al llegar al DF y al estudiar en una escuela pública mixta, me volví feliz. En el 68 perdí el año y preferí trabajar de cajera en una oficina de Hacienda. A mi papa le pareció bien, pero mientras tanto andaba de vaga en la unidad, había muchos jóvenes hippies, y sólo en tres edificios vivían rateros, marihuanos, pese a esto la unidad era tranquila. Incluso en un lado había soldados que cuidaban Tlatelolco. En ese año recuerdo que ya me vestía de pantalón de mezclilla, huaraches, me sentía feliz, soñada. Conocí a un amigo que me invitaba a las muestras de cine, iba al ballet, al teatro, a todo lo cultural, me encantaba. Empecé a ir a todas las manifestaciones, pero éramos bien despistadas, no sabíamos nada, de nada. A cada rato íbamos a corretear a granaderos, la gente no los quería, y mi papa nunca nos lo prohibió.

Mas alla de las libertades que ellas se dieron, y de su ingreso a las instituciones de enseñanza media o superior, es en las universidades donde surge una masa crítica que alimenta significativamente el movimiento feminista de la siguiente década.
Como lo recuerda Rosa María Avilés, estudiante de Física y docente fundadora de la Preparatoria Emiliano Zapata:
No sólo fue la participaciónpolítica sino fue quitarnos el sostén, ponernos las faldas cortas, los huaraches, usar la mezclilla que no estaba de moda, ni se vendía en el Palacio de Hierro.
Mas alla de la moda todo esto indica la rebeldía ante un ambiente conservador, la relación de la iglesia en la sociedad poblana era estrecha, y lo había sido también con la Universidad en décadas anteriores. La iglesia no permitía que las jóvenes escucharan misa vestidas así. El velo en la cabeza era obligatorio. No pocas confiesan que vestir así causó un rompimiento con ideas aprendidas en las escuelas donde estudiaron, donde el estereotipo de mujer femenina, recatada, subsistía.
Aquí debemos valorar el estudio de las generaciones, independientemente de la edad o facultad donde estudiasen, lo valioso de este movimiento es el contacto entre unas y otras, con sus pares o con mujeres mayores donde abrevaron ideas, el contacto con maestros de los que aprendieron otras ideas. Al cuestionarse las diversas formas de desigualdad social en la vida amorosa, la reproducción y el terreno laboral, fue un enriquecimiento en su visión mas alla de los libros de texto. En los siguientes años hay opiniones donde se manifiestan por la maternidad libre y voluntaria y la lucha contra la violencia sexual. El uso de los anticonceptivos permite liberar la sexualidad de la reproducción y cumple una añeja demanda feminista.
Por otro lado veamos el discurso institucional sobre la sexualidad en torno a la salud, en la Conferencia Nacional sobre Población y Desarrollo Social, realizada en la ciudad deMéxico en 1974, el subsecretario de salud se sirve de la consigna feminista “anticonceptivos para no abortar”. Una recomendación internacional a causa de la alta tasa de población.
Todo ese proceso de empoderamiento producto de reivindicaciones feministas resulta revelador, cuando escuchamos testimonios como el de Guadalupe Granados, quien estudiaba Letras en la UAP:
La Escuela estaba en el primer patio del Carolino. Pronto me hice novia de Gonzalo Peniche (con quien me casé), y como mi mama se enteró del movimiento, y cuando estalló la huelga hizo que me regresara a Orizaba. Yo estaba embarazada y cuando se levantó la huelga ya estaba cerca de dar a luz. Mi hija nació el 14 de febrero. Ya te imaginas cómo me veía y recuerdo que los maestros comentaban, detras de mí, criticando mi estado. Mis compañeras dejaron de juntarse conmigo.
El lenguaje es una forma simbólica que expresa la asimetría entre las relaciones de género y la reafirmación de la masculinidad con el ejercicio de la sexualidad. Fomenta, también, la subordinación de la mujer y se vuelve tan natural para ellas ser cuestionadas incluso en sus decisiones mas íntimas. Es decir, lo privado se volvía público, la/os maestra/os llegaban a reprimir a las jóvenes solicitandoles no presentarse a estudiar “así” (embarazadas). Una violencia simbólica hacia la libertad de decidir ser madre o ejercer la sexualidad.
Testimonios como el anterior muestran un ambiente de censura extrema a las estudiantes embarazadas, el que desaparece en los siguientes años. Así las mujeres viven lascontradicciones en las instituciones: por un lado se promueve la castidad, se cuestiona el uso de las pastillas anticonceptivas, y por otro lado se impulsa la anticoncepción, se legitima la doble moral y se penaliza el aborto. Muchas jóvenes viven su sexualidad y retan estas contradicciones. La familia es el discurso de trasfondo en estas circunstancias, mientras las jóvenes defienden su sexualidad y su derecho a decidir. Lemas como el de “Prohibido prohibir” lo relacionan con la liberación sexual. El matrimonio tradicional es cuestionado por algunas que deciden la opción de la unión libre. Concluida la huelga solidaria las y los estudiantes, conforman los comités de lucha y se vinculan con los movimientos populares, donde participan mujeres urbanas, como rurales. No todas ven en las demandas populares una relación con el tema de las mujeres.
El acceso a la educación
“Se fracturó esta sociedad monolítica en 1968 con el movimiento estudiantil, en el que por primera vez las jóvenes levantabamos el rostro. Pero nos quedamos mudas. Porque vino después el 2 de octubre. Fue una traición. Se asesinaba a quienes después serían el triunfo de la nación. Pero lo que quedó después de aquella incompetencia política del régimen y de la indignidad del silencio fue nuestro compromiso de por vida con el cambio hacia la democracia. /Ya las estudiantes jóvenes ya habíamos despertado”. (Lourdes Arizpe)
El acceso a la educación fue sin duda el motor de las mujeres y la multiplicación de sus acciones en los años setenta. Por supuesto que el movimientoestudiantil del 68 fue el parteaguas del despertar de muchas jóvenes, despertó una reacción exacerbada de rebeldía. “Pero nos arrastraban también las atormentadas ambigüedades de la revolución sexual, que, como se ha dicho mucho ocurría mas en la retórica que en la practica”— enfatiza Lourdes Arizpe. Lo cierto es que tomó forma una masa crítica de mujeres universitarias vinculadas con movimientos feministas en otras partes del mundo, Lourdes Arizpe relata fue en su doctorado en Antropología Londres. Seguramente fue la UNAM donde se incubaron mas rapido todas estas ideas que provenían de los movimientos feministas europeos y de Estados Unidos, y estas ideas llegaron tiempo después la UAP. No podemos generalizar que las mujeres por el 68 se volvieran feministas, no, algunas acaso contadas, sí se envolvieron en esas ideas críticas, en la medida que salieron a estudiar al extranjero o que llegaban profesoras del extranjero.
La influencia mas importante fue el feminismo, no porque fuera la panacea ni resolviera las relaciones de género entre camaradas de partido, los que por cierto no siempre eran solidarios, dentro de los partidos de izquierda se daba la exclusión, la marginación, como atestiguan algunas jóvenes de entonces. Lo interesante fue la circulación de ideas, por fin se habló de lecturas tan influyentes como la de Simone de Beauvoir, sus escritos trascendieron años después. Sus escritos fueron referentes en el feminismo de los años setenta. En aquel entonces si bien algunas leyeron El segundo sexo pocas entendieron su contenido. Laobra fue valorada tiempo después y revalorada una y otra vez por la influencia de las feministas. Los escritos de los filósofos Simone como de Paul Sartre impactaron al movimiento estudiantil francés y sus ideas llegaron a México. Pero también se leyeron escritos de Margaret Randal sobre la lucha de las mujeres de Vietnam, y folletería que provenía de la Unión Soviética, Vietnam, Cuba, China, y a través de las embajadas y los militantes de los partidos se distribuía.
Las lecturas fueron sin duda una linterna dentro de un camino de sombras en las escuelas superiores que influyeron con otras ideas ante el anquilosamiento de los programas de estudio. Fue un movimiento que enriqueció con muchas y variadas lecturas que circulaban.
Edith Durana Calva, quien ingresa a la Escuela Popular de Arte unos meses antes de estudiar Filosofía en 1970, comenta sus lecturas y el impacto de éstas en su formación:

Todo mundo realizó lecturas de izquierda, leí gran parte de la obra de Marx, pero también de Simone de Bouvaire, La mujer rota, El segundo sexo, Los mandarines, La invitada, todo eso leí. También todo sobre el movimiento estudiantil a nivel mundial. Había contradicciones entre el discurso de las feministas y su actuación. Esa opinión la compartimos con mis amigas Martha García Amero, Guadalupe Grajales De las pocas compañeras que lucharon por la Universidad y por el Sindicato reconozco a Mimí (Edelmira Díaz Gutiérrez).

No todas las jóvenes compartían estas influencias, ni en todas se incubó al mismo tiempo estas ideas de liberaciónsexual. Las universitarias militantes del Partido Comunista, por ejemplo, consideraban que esas ideas eran pequeño burguesas. Las escasas universitarias, militantes del Partido Comunista, consideraron en su momento al feminismo como un movimiento pequeño burgués. La propia Amalia García Medina (actual gobernadora de Zacatecas) en 68 estudiaba fuera del país, regresa a México años después y su visión como militante del Partido Comunista Mexicano fue distinta. En los años setenta estudió Historia en la UAP, para ella es casi a fines de los setenta y en los ochenta cuando se desata una discusión y un gran analisis respecto a quiénes eran los actores del cambio. Siguiendo su analisis en “La causa de las mujeres” ella reivindica a Franca Basaglia como la figura teórica mas relevante en el debate interno del PCM, como dice:
Ella (Franca Basaglia) puso el acento en un tema que ha sido polémico todo el tiempo, eternamente, pero que en ese momento, en los años ochenta, nos permitió dar una pelea sustancial y de fondo: me refiero al tema del cuerpo, cómo a través del cuerpo se ejerce la discriminación, la subordinación y la marginación de una parte de la sociedad, es decir de las mujeres, con lo cual temas como el aborto, la violencia intrafamiliar, la violación, empezaron a ser temas sustanciales.
Para ella fue la relación entre los partidos de izquierda con el feminismo lo que hizo se incorporaran temas como la violación, la violencia familiar, etcétera. Reconoce el papel de Marcela Lagarde en este proceso de los ochenta, Marcela siendomilitante del Partido Comunista Mexicano. Volvamos al movimiento estudiantil donde se profundiza una criticidad al sistema no sólo político, sino a la familia, provoca rupturas y cuestionamientos.
Otra línea que conforma este proceso de empoderamiento fue la inserción de las mujeres en los cambios académicos. Los planes y programas de estudio permanecían anquilosados, la mayoría de profesores no eran de carrera lo cual impedía su profesionalización. En ese marco había muy pocas docentes, las figuras simbólicas fuertes eran los profesores, los líderes estudiantiles. Conviene situar al lector que en ese año del 68 se dirimieron conflictos entre dos grupos estudiantiles importantes: los democraticos y los santillanistas. Los democraticos terminaron derrotando al segundo grupo y al terminar la huelga solidaria, una nueva acción permitía nuclear a muchos estudiantes. En el transcurso de este año y los siguientes la Juventud Comunista y la CENED, junto con otros grupos, lograron convertirse en los principales impulsores del movimiento en Puebla.
La apertura de una nueva preparatoria se convirtió en un bastión importante para unir a todos estos grupos y arribar como fuerza con el ascenso de la izquierda en la Universidad Autónoma de Puebla. La entrega de las instalaciones no solucionó totalmente los problemas de sobrepoblación escolar, sobre todo de preparatoria, y a principios de 1969 se presentó un problema: el número de jóvenes que solicitaban su ingreso a la preparatoria Lic. Benito Juarez excedía al cupo de ésta.
El ascenso de las fuerzasdemocraticas abrió espacios para las mujeres que ya estaban insertas en ellas. La relación con los grupos de izquierda, comunistas, maoístas, trostkistas amplió su visión entonces. Lo mas importante es que ellas ya tenían claro que debían participar en la transformación de los planes de estudio. De involucrarse y democratizar las formas de gobierno dentro de la Universidad. Falta mucho por analizar de esta generación, pero estas jóvenes debieron romper no sólo con esa estructura anquilosada institucional, sino con las relaciones de poder de sus camaradas, de colegas, parejas, etcétera. Algunos testimonios mencionan las tensiones en las relaciones de género, al luchar por romper esas formas de subordinación a las que estaban acostumbrados muchos compañeros.
La participación en los planes de estudio y en los cambios de los programas de las materias, incluidas las preparatorias incorporadas a la UAP, les dio la oportunidad de mostrar su liderazgo académico. La visión autogestiva y crítica de la enseñanza, con eventos académicos y demandas de solidaridad en diversos grupos populares fue fundamental como experiencia para las y los jóvenes en general.
Haría falta un analisis comparativo con otras instituciones de educación superior, haría falta conocer de dónde provenían estas estudiantes, cuantas eran de zonas rurales o de la propia ciudad. En ese entonces el acceso a la Universidad de los jóvenes universitarios no sólo eran los del estado, sino provenían de otros estados también. Actualmente este acceso esta limitado, debido a lacreación de varios campus en el interior del Estado de Puebla, y se han construido para que los jóvenes de estas poblaciones y ciudades prosigan sus estudios superiores en la misma región.
Otro elemento mas que influyó fue el contacto con mujeres que pensaran con mayor libertad, figuras femeninas, líderes de opinión, docentes, militantes de partidos políticos, por ejemplo. Rosa María Roveglia, en 1968 tenía 17 años, recuerda muy bien a su tía Manuela Alvarez, madre de Raúl Alvarez Garín, a quien acompañaba cuando iba a visitarlo a la carcel, y la madre de Rosa María prestaba la casa para reuniones con gente involucrada en el movimiento.
El 68 jugó un papel importante, mi tía Manuela daba clases de matematicas en Ingeniería Civil de la UNAM y como profesora de la UNAM participó en la Coalición de Profesores. Ademas, ella cuando aprehenden a Raúl subió y bajó con muchas mujeres, y le pidió a mi mama su apoyo. Mi mama no se metía en nada, era contadora de la SCOP, pero a su vez se fue involucrando y nosotras con ella, yo tenía 17 y mi hermana 14 años.
En la Universidad Autónoma de Puebla la presencia de profesoras era minoritaria, no sólo numéricamente sino en liderazgos académicos y políticos, también. No era extraño que en el Consejo Universitario de 1968 localizamos sólo tres consejeras alumnas (de 34 consejeros, titulares y suplentes): dos de Ciencias Químicas, Gloria de la Peña y Lucía Garza Falla (titular y suplente, respectivamente), y a Rosa María Barrientos Granda, de Filosofía y Letras. En ambas escuelas con una matrículaaltamente feminizada. Fue en el trayecto del movimiento cuando Rosa María disertó en el Consejo Universitario y fuera de éste. El siguiente año sería electa consejera Socorro Villa Issa por Filosofía y Letras.
La ausencia de profesoras se percibe en liderazgos masculinos que ellas reconocen: el haber asistido a las conferencias, o tomado clases con el ingeniero Luís Rivera Terrazas, quien enseñaba Filosofía del conocimiento para los estudiantes de la escuela de Física y de Filosofía, y aunque no cursaran estas carreras podían entrar a escucharlo, como lo atestiguan algunas filósofas.
Ademas, había algunos profesores que no solamente eran grandes conocedores de sus propias disciplinas, y también gente muy involucrada, líderes de movimientos académicos y políticos dentro de la universidad como el ingeniero Luis Rivera Terrazas, él fue mi maestro durante toda la carrera. Él y el Dr. Altieri Megali eran personalidades que realmente lograron formar en nosotros una idea de nuestra profesión y de la universidad. Nos volvieron profesionales conscientes en el movimiento de 68 y los posteriores del 70, ellos nos formaron como universitarios muy conscientes, decididos a dedicarnos a la formación de estudiantes comprometidos no solamente con su superación personal sino con la necesidad de aportar algo y resolver problemas substanciales de tipo social; por lo pronto en el problema de tipo educativo.
Reconocen a militantes de partidos de izquierda, algunos cuya tarea principal de reclutamiento era el formar círculos de lectura e incorporar a lascompañeras. Reconocen también a sus pares, líderes, su distinción en la oratoria, y hasta en la defensa física. Pero ninguna de ellas menciona a una profesora.
Conclusiones
Para fines de este estudio que busca en la subjetividad de sus actores sociales, aquellas vivencias que muestran esos cambios entre una generación y otra de mujeres, ha sido importante el contar con un corpus de entrevistas, que se han ejecutado alrededor de cuatro años. La mayoría de estas han sido realizadas en profundidad, tratando de encontrar en sus recuerdos sus propias construcciones: infancia, adolescencia, y juventud (estudios superiores), cómo ingresaron a la universidad, y cómo se incorporaron a los movimientos (del 68 o de los setentas), cual fue su compromiso. La percepción de cada una de ellas es diversa, obviamente porque a la distancia ha sido tamizada por el tiempo, y por sus experiencias como mujeres-madres-esposas, viudas. Mas aún algunas estaban a punto de jubilarse cuando se les entrevistó.
El proceso vivido del 4 de septiembre, cuando se realiza el primer mitin de solidaridad en el zócalo, pacífico y sin roces con la policía, a diciembre en que se levanta la huelga, significó un enriquecimiento cultural, político, que les permitió empoderarse. Si comparamos los recuerdos sobre ese primer mitin trasmitidos por Silvestre Angoa, estudiante de Economía, “la participación fue de mas o menos cincuenta estudiantes, llevabamos muchas pancartas”, a lo que ocurrió en las siguientes distó mucho. Comparandola con la manifestación de apoyo al Presidente de larepública, ocurrida el siguiente día, a partir de las 7 de la noche los establecimientos cerraron para que los empleados y comerciantes acudieran. Las notas no exageraron al adjetivarla como “gigantesca”. Los sucesos violentos del 14 de septiembre en San Miguel Canoa, y los del día 15, cuando el ejército ocupó Ciudad Universitaria de la UNAM. Decidió a muchos estudiantes y padres de familia a participar, y las manifestaciones fueron multitudinarias.
Para entonces había brigadas conformadas por hombres y mujeres, otras con puras mujeres, algunas asistían a las reuniones que se hacían en el Auditorio Che Guevara de la UNAM. Las mas activas pronto establecieron relaciones con lideres (hombres y mujeres) de distintas instituciones de la Ciudad de México, de la UNAM y del interior del Estado.
Esa experiencia en su capital político se convirtió en una fortaleza para participar de manera decisiva en los siguientes años, mas aún cuando en Puebla se polarizaron las fuerzas políticas, allende fronteras universitarias: izquierda-derecha o comunistas- fúas, con el ascenso de las fuerzas de izquierda en la Universidad. La UAP se masificó, y la presencia de las mujeres fue en aumento. Un par de datos precisan la población estudiantil:
En 1959 antes de iniciarse el movimiento de Reforma Universitaria la población escolar era de 3,653 alumnos inscritos, en 1972 fecha en que se inicia el periodo cubierto por este informe: 17,207 estudiantes inscritos, en 1973: 18,645 alumnos y en 1974: 22,585 estudiantes.
Finalmente me parece importante precisar,aunque lo hubiese hecho al inicio, que el analisis del proceso de empoderamiento no puede ceñirse al periodo del movimiento estudiantil de 1968, por el contrario, debe alargarse a los años setenta para conocer precisamente sus manifestaciones. La materialización del empoderamiento nos lleva precisamente a los años setenta.

Bibliografía utilizada:
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Tesis

Rivera Gómez, Elva. “De la manifestación al aula. Saberes, silencios e inequidades en la Universidad Autónoma de Puebla (1972-2001), tesis doctoral, Instituto de InvestigacionesHistórico-Sociales, Universidad Veracruzana, julio de 2010 (Inédita).



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[ 2 ]. * Docente/Investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Dra. en Historia. Línea de investigación Historia de las mujeres poblanas. Integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I.
[ 3 ]. Ana María Sanchez Saenz, en su artículo “Los libros del movimiento estudiantil de 1968”, revisa la amplia producción bibliografica sobre el 68 que se encuentran en bibliotecas, señala una producción de 360 libros, mas los que salieron en los últimos meses del 2008. Véase Sanchez Saenz, Ana María. “Los libros del movimiento estudiantil de 1968”, en Gaceta UNAM, Órgano informativo de la UNAM, Número especial Memoria del Movimiento estudiantil, 6 de octubre de 2008.
[ 4 ]. Frazier, Lessie Jo, Cohen, Deborah. Mexico '68: Defining the Space of the Movement, Heroic Masculinity in the Prison, and 'Women' in the Streets Hispanic American Historical Review - 83:4, November 2003, pp. 617-660.
[ 5 ]. Díaz Escoto, Silvia. “Las mujeres en los movimientos estudiantiles de 1968 y de 1999-2000. Hacia la emancipación y el empoderamiento”, en De la filantropía a la rebelión. Mujeres en los movimientos sociales, finales del siglo XIX al siglo XXI, Gloria A. Tirado Villegas (coordinadora): BUAP, VIEP, Cuerpo Académico de Estudios Históricos, Puebla, 2008, pp. 117-136.
[ 6 ]. Carmina Quirarte realizó su verano en 2007 en Puebla con mi asesoría y regresó en primavera del2008, en las dos breves estancias revisó hemerografía y bibliografía para elaborar su tesis doctoral.
[ 7 ]. En este enfoque novedoso las entrevistas juegan un papel complementario. Carmina y quien esto escribe
logramos una charla amena con Ana Ignacia Rodríguez, La Nacha, aunque las principales fuentes que apoyaron su tesis fueron la revista Fem y bibliografía de las protagonistas feministas.
[ 8 ]. Careaga Pérez, Gloria. “La lucha por el placer. Crónica de un movimiento que continúa”, en Feminismo en México. Revisión histórico–crítica del siglo que termina, Griselda Gutiérrez Castañeda (coordinadora): Programa Universitario de Estudios de Género, UNAM, México, 2002, pp. 143-156.
[ 9 ]. Arizpe, Lourdes. “El feminismo: del grito de los setenta”, en Feminismo en México. Revisión histórico-crítica del siglo que termina, Griselda Gutiérrez Castañeda, Coordinadora, PUEG-UNAM, 2002, pp. 63-70.
[ 10 ]. Me refiero al Encuentro de investigadores en los Seminarios sobre Movimientos Estudiantiles Mexicanos del Siglo XX, en el 2001, fomentó estas líneas de investigación y en la historiografía encontramos ya la presencia de estos movimientos estudiantiles en otras regiones del país. Organizado por Silvia Gonzalez Marín, coordinadora del programa, organizó el II Seminario Nacional de Movimientos Estudiantiles Mexicanos del Siglo XX, Universidad Nacional Autónoma de México, del Instituto de Investigaciones Bibliograficas, Biblioteca Nacional/ Hemeroteca Nacional, Seminario de Movimientos Estudiantiles. México, DF, 14 de noviembre de 2006.Ademas, se han efectuado diferentes mesas de trabajo en coloquios, simposios, congresos, el mas reciente fue en el 2009, en el 53 ICA, Universidad Iberoamericana, México, DF.
[ 11 ]. Declaración en su conferencia que con motivo de los 40 años del 68 se realizó en Puebla. Coloquio Mirar al 68. A 40 años del movimiento estudiantil de 1968, organizado por la Dirección de Comunicación Institucional, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, Facultad de Filosofía y Letras, y el Cuerpo Académico Estudios Históricos, 7 y 8 de octubre de 2008.
[ 12 ]. Sabatié Caroline. “Le mouvement ‘etudiant au Mexique: l’emancipation féminine en marche”, Université de la Sorbonne nouvelle, Paris I, 2006, s.n.p.
[ 13 ]. Gonzalez García Argelia Beatriz. “Mujeres somos y en el 68 anduvimos. El activismo en la calle”, en CD Coloquio Internacional: Las mujeres mexicanas y sus revoluciones a lo largo de dos siglos”, Universidad de Guanajuato, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Historia, 2010, s.n.p.
[ 14 ]. Gonzalez García Argelia Beatriz, Ibid, , p. 3.
[ 15 ]. Poniatowska, Elena. La noche de Tlatelolco, Testimonios de historia oral, Biblioteca Era, México, 1998 (2ª. Edición corregida). En este contiene una cronología basada en los hechos a que se refieren los estudiantes en sus testimonios de historia oral.
[ 16 ]. Tirado Villegas Gloria. La otra historia. Voces de mujeres del 6, Puebla, BUAP-IPM, Puebla, 2004, 184 pp.
[ 17 ]. Tirado Villegas, Gloria. Capítulo /, 'De la historia a la nostalgia. Memoria colectiva, el 68 en Puebla,México', en Revista Dialogos, Volumen 5, Números 1 y 2, abril 2004-febrero 2005,  Dedicado a la historia ambiental, número especial historia, política, literatura y relaciones de género en América Central y México, siglos XVIII, XIX y XX. https://historia.fes.ucr.ac.cr .ISSN 1409-469X
[ 18 ]. Díaz Escoto, Silvia. “Las mujeres en los movimientos estudiantiles de 1968 y de 1999-2000. Hacia la emancipación y el empoderamiento”, en De la filantropía a la rebelión. Mujeres en los movimientos sociales, finales del siglo XIX al siglo XXI, editado por BUAP, VIEP, Cuerpo Académico de Estudios Históricos, Puebla, 2008, p. 121.
[ 19 ]. Vazquez García, Verónica, afirma: “desde los cincuenta comenzaron a graduarse agrónomas de otras instituciones mexicanas (la Universidad Antonio Narro, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar de Ciudad Juarez)”, en “Sexualidad, género y dominación simbólica. La doble moral y el sexo por amor”, en Graffylia. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, Vol. 8-9, pp. 81-82.
[ 20 ]. Una demostración de lo ocurrido en materia de equidad de género en esas décadas, lo ha analizado detalladamente Rivera Gómez, Elva. “De la manifestación al aula. Saberes, silencios e inequidades en la Universidad Autónoma de Puebla (1972-2001), tesis doctoral, Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, Universidad Veracruzana, julio de 2010 (Inédita).
[ 21 ]. Ergas Yasmine, “El sujeto mujer: el feminismo de los años sesenta-ochenta”, en “El sujeto mujer: elfeminismo de los años sesenta-ochenta”, en El siglo XX, La nueva mujer, Historia de las mujeres, Taurus, 1994, p.157.
[ 22 ]. El derecho de las mujeres a participar en el poder y la toma de decisiones fue una de las primeras reivindicaciones de las mujeres a título individual y, de forma articulada, del movimiento feminista. Ya en 1791, Olympe de Gouges reconocía y declaraba que “la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el (derecho) de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.” Tomado de M! Federación de Mujeres Progresistas, www. fmujeresprogresistas.org/poder1.htm.
[ 23 ]. Varias entrevistadas, que aparecen en La otra historia del 68, hablan de igualdad de género, en los espacios públicos, al hablar, hacer pintas.
[ 24 ]. Los testimonios son recurrentes al respecto en La noche de Tlatelolco, o en “No sólo cocinabamos… Historia inédita de la otra mitad del 68”. Publicada en la obra colectiva, La transición interrumpida México 1968-1998. Citada por Sabatié Caroline, Op.cit.,
[ 25 ]. Poniatowska, Elena. Op. cit., p. 67.
[ 26 ]. “El machismo sigue suplantando valores culturales”, en El Sol de Puebla, 31 de julio de 1968. La Dirección Estatal Juvenil del PRI inaugurara próximamente el mural de 50 metros que esta siendo pintado en el edificio del partido cuyo título es “La acción Juvenil en el tiempo Presente” y que fue encomendado al artista Eliseo Tenorio. “Mural que sera un mensaje para la juventud”, en El Sol de Puebla, Jueves 25 dejulio de 1968.
[ 27 ]. “Cartelera”, en El Sol de Puebla, cine México, Sabado 13 de julio de 1968.
[ 28 ]. Sobre este tema Véase Acevedo Marta. “10 de mayo”, en Feminismo en México. Revisión histórico-crítica del siglo que termina, Griselda Gutiérrez Castañeda, Coordinadora, PUEG-UNAM, 2002, pp. 39-54.
[ 29 ]. Guevara Ruiseñor Elsa señala tres etapas en políticas públicas, 1917-1958, la segunda de 1958 a 1982 y la tercera de 1982 a la fecha. Guevara Ruiseñor Elsa S. “Las políticas públicas de salud”, en Feminismo en México. Revisión histórico-crítica del siglo que termina, Op.cit., pp. 376-386.
[ 30 ]. Entrevista de JMB a Margarita Reyes Valdés, 7 y 9 de enero de 2002.
[ 31 ]. Silvia vivía en Tlatelolco, precisamente donde fue la matanza del 2 de octubre; al inicio se involucró como muchos vecinos, después fue mas y mas. Ella nació en 1951 en San Luis Potosí, donde vivió su infancia; su mama era ama de casa, abnegada, dulce, y su padre, como la mayoría, pensaba mas en que los hijos estudiaran. La familia era numerosa, conformada por seis mujeres y dos hombres. Estudió la escuela primaria en la escuela de monjas Verbo Encarnado en San Luis Potosí y la secundaria en el Distrito Federal. Entrevista de GTV a Martha Silvia Reyna Pacheco, 5 de noviembre de 2002.
[ 32 ]. Entrevista a Rosa María Avilés Najera, 18 de enero de 2000.
[ 33 ]. Guevara Ruiseñor Elsa, Op.cit., p. 378.
[ 34 ]. Entrevista de GTV a María Guadalupe Granados, 21 de diciembre de 2001.
[ 35 ]. Arizpe, Lourdes. “El feminismo: del grito de los setenta”, en Feminismo enMéxico, Op.cit., p.64.
[ 36 ]. Entrevista de JMB a Edith Durana Calva, 26 de febrero de 2002.
[ 37 ]. García, Amalia. “La causa de las mujeres de izquierda”, en Griselda Gutiérrez Castañeda (coordinadora), Feminismo en México. Revisión histórico-crítica del siglo que termina, PUEG-UNAM, México, 2002, p. 267. Amalia hace referencia a la discusión dentro del PCM a nivel nacional. Pero en la Universidad Autónoma de Puebla, existe también una influencia muy importante de la feminista Marcela Lagarde, quien llega en 1976, funda el Seminario de Antropología de la Mujer, y desde este pequeño grupo de estudiantes difunde las ideas feministas, y es Marcela quien influye en el debate planteado en el seno del PCM.
[ 38 ]. Véase un analisis amplio de Ortega Morales Luis, “Las enseñanzas del movimiento estudiantil de 1968”, en El 68 en Puebla. Memoria y Encuentros, Enrique Agüera Ibañez, Coordinador, BUAP, Dirección de Fomento editorial, Programa de estudios Universitarios Comparados, 2008, pp. 59-73. Quiroz Palacios, Abraham. Las luchas políticas en Puebla, 1961-1981, publicado por Fomento Editorial de la BUAP, 2006. en él se propone una visión completa de este periodo analizandolo desde otro angulo, el de las luchas sociales fuera de la universidad, en este revisa y reafirma el ascenso de la izquierda en la UAP.
[ 39 ]. Numerosas manifestaciones, mítines, volanteo en otras preparatorias, incluidas las privadas, como en distintos puntos de la ciudad, lograban cierto eco en la sociedad. Los padres de familia organizados en una Sociedad de padresde familia, apoyaron con vigas y ladrillos, que improvisadamente servían de pupitres y sillas, y encabezaron las manifestaciones, reuniones y propaganda a favor de la preparatoria. En este proceso algunos de los mas activos y entusiastas se incorporaron a trabajar en la preparatoria, como intendentes o prefectos de la misma.
[ 40 ]. A los estudiantes de fuera de Puebla se les exige un promedio mayor a 8.5 para poder presentar su examen de ingreso.
[ 41 ]. Entrevista de GTV a Rosa Blanca Roveglia Alvarez, 16 de octubre de 2002. Citado en “Género, familia y participación política”, en Historia de familia, riqueza y poder. XVIII Congreso Nacional de Historia Regional, Arturo Carrillo Rojas Mayra Lizzete Vidales Quintero y María Elda Rivera Calvo (coordinadores), Editorial UAS, 2005, p. 300.
[ 42 ]. Entrevista de JMB a Guadalupe Grajales Porras, 17 de diciembre de 2001.
[ 43 ]. Se continuó trabajando en el subproyecto “Base de datos sobre mujeres activistas, del movimiento estudiantil de 1961 al de 1975”, en el proyecto Fuentes para la historia documental de los movimientos estudiantiles mexicanos, que coordina la Dra. Silvia Gonzalez Marín, directora del Seminario de Movimientos Estudiantiles Mexicanos, Siglo XX. Proyecto del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación Innovación Tecnológica, PAPIIT-DGAPA, enero 2005 a 2007.
[ 44 ]. Entrevista a Silvestre Angoa Amador, 18 de agosto de 1998, publicada en Tirado Villegas Gloria, Vientos de la democracia, Op. cit., pp. 247-256.
[ 45 ]. Ibídem.


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