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La política educativa de la última dictadura militar en la provincia de Buenos Aires



La política educativa de la última dictadura militar en la provincia de Buenos Aires: hacia una perspectiva comparada


Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC)
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación – Universidad Nacional de La Plata


Resumen

En esta presentación nos proponemos abordar la política educativa desarrollada por la última dictadura militar en la provincia de Buenos Aires desde una perspectiva comparada e histórica. Como producto de una investigación en curso, se analiza el caso de la jurisdicción mencionada, sobre la que no existen casi estudios previos y se establece un analisis comparado con los casos de la ciudad de Buenos Aires y de las provincias de Santa Fé y Entre Ríos en términos de las políticas educativas implementadas durante el período dictatorial. En el analisis se pondra especial énfasis en los modos en que las administraciones educacionales intentaron regular la profesión de enseñar en el período 1976-1983, en tanto estas practicas podrían dar cuenta de nuevos sentidos para la tarea docente y la escuela misma que, tal como plantearemos, sobreviven a la caída del régimen dictatorial e impactan en las políticas educativas instrumentadas desde la vuelta a la democracia hasta el presente.




Palabras clave: política educativa – regulación – profesión docente – perspectiva histórica comparada – dictadura militar

Eje propuesto: 9) Estudios históricos comparados

Introducción

Diversos trabajos de historia reciente de la educación argentina han señalado que durante la última dictadura militar terminó de desmantelarse el proyecto educacionalque había sido hegemónico durante un siglo desde la sanción de la Ley 1420 y que había comenzado a mostrarse en crisis hacia las décadas del ´60 y ´70 (Puiggrós, 1996; Pineau, 2006) En efecto, y de acuerdo con Southwell (2002) allí parecen haberse modificado los principales ejes estructurantes del sistema educativo y transformó profundamente los sentidos de educar, desmantelando el Estado Docente, revirtiendo la lógica de acceso universal a la escolarización formal asociada a la movilidad social ascendente -iniciandose un proceso de fragmentación educativa que continúa en nuestros días- y desarrollando un intento represivo explícito sobre la educación basica a partir de una lógica de terrorismo estatal. La autora sostiene que durante el período dictatorial se rompió la tradicional cadena de equivalencias que estructuró el discurso educacional argentino de fines del siglo XIX. Al mismo tiempo, las administraciones gubernamentales posteriores a la dictadura militar debieron procesar en términos educacionales el dispositivo autoritario por ella instalado. En consecuencia, la política educativa de la última dictadura militar podría ser entendida como un proceso de dislocación que permite entender los procesos sociales previos a su llegada al poder, pero también las características de los procesos sociales y educativos desde el retorno a la democracia en adelante, llegando hasta nuestros días.

Con ese objetivo, procuraremos dar cuenta de los diferentes mecanismos y dispositivos a través de los cuales la administración dictatorial provincial se propuso regular la tarea de enseñar considerando diferentes jurisdicciones. Por un lado, abordaremos con especial interésel caso de la Provincia de Buenos Aires, que es objeto de un trabajo de investigación en curso; por otro, intentaremos establecer analisis comparados respecto de los que otros trabajos han señalado para los casos de la Ciudad de Buenos Aires y las provincias de Santa Fé, Córdoba y Entre Ríos. Se tratara aquí de enfatizar una mirada sobre los posibles efectos de las políticas educativas dictatoriales mas que sobre las intenciones con las que el autodenominado “Proceso” operó, en el marco de una perspectiva posestructuralista. Parafraseando a Popkewitz (2000) se tratara de esbozar una mirada a las reformas que introduce la última dictadura militar en las jurisdicciones mencionadas entendiéndolas como procesos de regulación social, en el sentido de su impacto productivo sobre las practicas y disposiciones sociales.


la interpelación a los docentes desde la administración dictatorial: notas acerca de la “profesionalización” y el “perfeccionamiento”

La dictadura militar había diagnosticado que nuestra sociedad se encontraba en caos y padecía una suerte de “enfermedad” en términos de formación de sujetos subversivos, a la vez que se asignaba al sistema educativo la responsabilidad en esa acción. La escuela, en tanto lugar público, era un lugar en donde era mas factible que tuviera lugar la subversión (Pineau, 2006) La administración dictatorial realizó, respecto de la educación, un balance fuertemente negativo del período anterior, en especial de aquellas experiencias democratizadoras. A ellas responsabilizó de que buena parte del sistema educativo se hubiera vuelto “violento”, “subversivo”, “populista”, “demagógico”, “desbordado”, etcétera. La escuela eraconsiderada un ambito de caos y necesitaba ser “curada” de esta enfermedad cuanto antes. Tal como han señalado algunos autores (Tedesco, 1985), de modo paradójico y al igual que las teorías reproductivistas, la dictadura consideró a la escuela un aparato de reproducción ideológica, pero ya no en términos de reproducción de las desiguales relaciones de producción, sino de formación de subversivos. En dicho marco, las practicas educacionales que la dictadura intentó propiciar se articularon en torno a la idea de “orden” (Southwell, 2002

Como algunos trabajos han señalado (Tedesco, 1985; Southwell, 2002), no ha existido un proyecto educacional consistente a lo largo del período dictatorial. Sin embargo, pese a estas inconsistencias, han prevalecido en la pedagogía dictatorial valores trascendentes, nacionalistas, católicos, articulados en torno al par “orden-desorden” que fijaba y regulaba los comportamientos y opciones posibles de los individuos, sembrando el miedo hacia aquellos que no respondieran al discurso del orden.

Para los funcionarios de las jurisdicciones analizadas, el docente constituía un factor central para la consolidación de su proyecto pedagógico, lo cual requería desarrollar y extender las acciones de “perfeccionamiento”. Decía el entonces ministro de educación de la provincia de Buenos Aires:

“En este esquema, pensamos que el factor fundamental sigue siendo el docente, cuya formación y actualización deben ser mejoradas de manera constante; hoy la tarea docente se esta convirtiendo en una labor altamente tecnificada, que requiere el apoyo de la educación permanente o continua, como única forma de alcanzar rendimientos aceptables(…) La acción de perfeccionamiento seguira sin pausas y abarcara areas nuevas de la pedagogía contemporanea y sus ciencias contributivas” 2

El perfeccionamiento docente requería de un sistematizado proceso de “reclutamiento” del personal que luego se desempeñaría como maestro y de sus procesos de formación. En este sentido, en 1977 se aprueba en la Provincia de Buenos Aires el Plan de Estudios del Magisterio Normal Superior, con el que se regularía la formación docente en territorio bonaerense. En el apartado III de dicho Plan pueden reconocerse algunos de los principios y sentidos que deberían atravesar la tarea de enseñar

“se asigna al maestro la maxima importancia ética en el (…) afianzamiento de la nacionalidad”
“es el agente principal que tiene el sistema educativo para la preparación de los recursos humanos”
“ninguna innovación educacional es valida si no va previamente acompañada de la debida preparación del personal que ha de llevarla a cabo. Con buenos maestros, todo”
“El maestro es el principal agente de cambio y el instrumento mas importante para asegurar los valores de nuestra civilización”
“debe participar inteligente y fervorosamente en el sistema de formación del que forma parte”
“se elimina de este renovado currículum la antigua idea de la mera transmisión y almacenamiento de conocimientos, reemplazandola por la del dominio de los instrumentos de la enseñanza-aprendizaje”


Asimismo en los discursos había un fuerte énfasis en la trascendencia de la tarea de enseñar y en las prescripciones de los contenidos a inculcar, vinculados a la civilización cristiana occidental. Decía el ministro de educación bonaerense en 1976:“Al maestro se le exige lo mejor. Bien esta que sea así. Tiene en sus manos el futuro del país. Su labor es trascendente. De una trascendencia que se estudia en los libros, pero que mas aún se siente y se vibra en toda la dimensión del alma. Que exige una permanente adecuación a la cambiante realidad sin traicionar ni por un instante todo aquello que constituye la esencia misma de la tradición nacional () Que [el maestro] atienda los contenidos fundamentales de la civilización cristiana de Occidente, proporcione al educando una cosmovisión de las realidades pasadas y presentes, y lo prepare prospectivamente para afrontar las realidades que vendran, de forma que en ellas sea actor y no espectador” 4


En el caso de Entre Ríos, investigaciones recientes han señalado que el catolicismo se erigía en una especie de garantía ideológica que limitaría y detendría el proceso de secularización, a la vez que se volvería un mecanismo de protección de la integridad cultural del “ser nacional” (Kaufmann, 2001) En este sentido, la autora citada ha destacado el desarrollo de una “pedagogía cristiana” con pretensiones universalistas a la vez que fuertemente exclusora de la pluralidad y la diferencia. Se asentaba en principios incuestionables propios de las teorías pedagógicas perennialistas, desde las que se propiciaba que los docentes se volvieran custodios y difusores de una verdad revelada. Doval asocia este lugar de los docentes de “custodios de la soberanía ideológica” a la necesidad de proteger a las futuras generaciones del peligro del “accionar subversivo”, por definición enemigo del orden:

“generar una nueva conciencia nacional para proteger al rebaño, a lasnuevas generaciones, del peligro del accionar subversivo en el ambito educativo nacional” (Doval, 2003:228)

Puede verse aquí cómo los docentes eran concebidos como “gendarmes ideológicos” (Southwell, 2002) en tanto debían ser los reproductores de los principios de la dictadura e instrumento para “re-moralizar” a la sociedad argentina. Como parte de este proceso, se produce una despedagogización y una despolitización de la formación docente y de aquella que tenía lugar a nivel universitario (Southewell, 2004) Los maestros eran “autoridades trascendentes” que deben cumplir un mandato, sin esbozar ningún tipo de cuestionamiento pedagógico al respecto.

En relación al plano curricular, las jurisdicciones analizadas implementan –en consonancia con lo que ocurría a nivel nacional- una nueva materia: Formación Cívica y Moral. En el caso de la provincia de Buenos Aires, esta asignatura tenía por objetivos generales “enseñar los ideales y razones fundamentales que dan existencia a la Nación y los bienes que integran la Patria Argentina, su vigencia y su defensa”5 En los objetivos específicos se destacan rasgos esencialistas, perennialistas y trascendentes, junto con una explícita inclusión del principio de subsidiariedad del Estado. Asimismo, entre los contenidos se menciona la “jerarquía del hombre en relación con los demas seres y cosas”, “rasgos humanos esenciales” “vigencia de los valores de la moral cristiana”, “la doctrina social de la Iglesia”, “subsidiariedad del Estado”, “El aborigen (…) El aporte hispanico: idioma, cultura, religión”, entre otros6. El ministro de educación bonaerense afirmaba que con esta materia se pretendía “volver a viejaspracticas de moral, buenas costumbres, conocimientos cívicos, respeto a la familia, temor a Dios, que constituyeron en su momento, la base de la dignificación y cultura del pueblo argentino.”7. La raigambre católica en las practicas pedagógicas estaba claramente presente en su discurso:

“Convoco a la docencia bonaerense para (…) asegurar ese ser humano consciente, temeroso de Dios, respetuoso de sus semejantes, formado en la docencia y en la convivencia pacífica, que le permitira sobresalir sobre los pueblos del mundo por su calidad y porque su formación sana, consciente y verdadera, evitara que se lo engañe o vilipendie demagógicamente (…) o conducirnos por falsos paraísos, repugnantes a nuestra civilización occidental y cristiana”8


Las tendencias mencionadas pueden también encontrarse en los casos de las provincias de Santa Fé y Entre Ríos, en especial en los manuales de formación moral y cívica allí utilizados durante el período dictatorial. En el caso de Santa Fé, Kaufmann ha destacado la utilización modélica de las imagenes de próceres como así también los rasgos militaristas que atravesaban los contenidos de dichos manuales, los cuales reflejaban la Doctrina Social de la Iglesia y la Doctrina de la Seguridad Nacional (Kaufmann, 2006)

Otra estrategia mediante la cual las diferentes administraciones dictatoriales provinciales intentaron regular el trabajo de enseñar fue la supresión de algunas asignaturas y la prohibición (y autorización o recomendación) de textos escolares. Ya en 1975 se había constituido en la provincia de Buenos Aires una Comisión Especial de Estudio de Textos para determinar los ejemplares que se utilizarían en losestablecimientos escolares de dicha jurisdicción. Una vez llegada la dictadura al poder, los mecanismos de control se profundizaran en las provincias: por un lado se suspendera en todos los niveles y modalidades de enseñanza el dictado de las materias “Estudio de la Realidad Social Argentina” (ERSA), “Formación Argentina” y “Estudios Sociales” (para el nivel primario), en la gran mayoría de los casos declarando en disponibilidad al personal docente a cargo de ellas.

Asimismo, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en las provincias de Santa Fé y de Buenos Aires, se observan una cantidad importante de resoluciones referidas a la prohibición, recomendación y/o autorización de libros (Pineau, 2006; Kaufmann, 2006, Vassiliades, 2007) En el caso de Entre Ríos, se verifican también practicas de “retiro” o de “traslación” de libros, que incluyen también al ambito universitario (Kaufmann, 2001)


En el discurso inaugural del ciclo lectivo de 1978, el ministro de educación bonaerenese volvía a insistir acerca de la importancia del “perfeccionamiento docente”. Allí se afirmaba que los maestros deberían asumir la responsabilidad de su actualización personal, a la vez que también estarían habilitados para intervenir y participar de la programación de los contenidos y la conducción y evaluación de los aprendizajes. En este marco, la tarea de actualizarse aparecía para el docente como una obligación profesional y ética para consigo mismo, sus alumnos y la sociedad. Como señalan Kaufmann y Doval (1997, 1999), la profesionalidad docente se configuraba por medio de la no neutralidad ético-religiosa, desde la que se articulaban la vocación, eficiencia, objetividad, autonomía,responsabilidad y moralidad de los maestros. Para el caso de la provincia de Santa Fé, las autoras señalan

“Se diseñaron acciones diversas de formación, perfeccionamiento y capacitación para todos los niveles del sistema educativo. Las mismas proyectadas desde las líneas de determinación de política educativa, entramaron eficacia y orden a través de una propuesta tecnocratico-moralizadora que ofrecía la trascendencia, la religión, los valores perennes como elemento salvador que se brindaba a los sujetos sociales con la finalidad primera de evitar el surgimiento del conflicto dentro del marco de autoritarismo y terrorismo estatal desembozado que el régimen instauró” (Kaufmann y Doval, 1999:98, las negritas pertenecen al original)

En la Provincia de Buenos Aires el “perfeccionamiento docente” estuvo dado por un conjunto de “seminarios de perfeccionamiento” con modalidades como “Actividades lingüísticas”; “Organización, currículum y conducción del aprendizaje en el primer ciclo de la escuela primaria”; “Educación rural”; “Literatura infantil”; “Educación de adolescentes y adultos” y “Problematica geopolítica argentina”. En el caso de la provincia de Santa Fé, Kaufmann y Doval señalan múltiples instancias: “cursos a los docentes, documentos de trabajo, boletines de perfeccionamiento, sugerencias bibliograficas especificadas en los boletines publicados por el Ministerio de Educación y Cultura y ciclos de conferencias sobre temas educativos” (Kaufmann y Doval, 1999:104) Las autoras analizan allí que los objetivos perseguidos en algunos cursos de “perfeccionamiento” tenían que ver con la búsqueda del orden y de la eficacia. Mientras el primero estaba vinculadoa un destino trascendente en el que se articulaban Dios, patria y familia, la segunda se refería a hacer de la docencia una tarea “profesionalizada” en tanto “neutra”, “desideologizada” y “técnica”. El hacer docente se desvinculaba así de su dimensión política (Kaufmann y Doval,1999) En el caso santafesino los cursos de “capacitación y actualización” se centraban en las areas de ciencias elementales, ciencias sociales, matematica y lengua.

Paradójicamente, pese a que en los discursos se aboga por la participación de los maestros en el currículo, había una alta prescripción respecto de los temas, la planificación y la bibliografía con la que debía trabajarse en las clases. Por ejemplo, en el caso de la provincia de Buenos Aires, mientras se institucionalizaban los Centros de Investigación Educativa (CIE), destinados –supuestamente- a formar docentes para que puedan tomar a su cargo la tarea de armar su propio currículo9, en las Revistas de Educación, se publicaban artículos que imponían explícitamente una determinada manera de pensar y planificar las clases. Junto con ello, la regulación del trabajo docente implicaba también la construcción de nuevos sentidos para la tarea de enseñar, como veremos a continuación.


Nuevos sentidos para la tarea docente

Las consideraciones realizadas en los apartados anteriores impactaron con fuerza en los sentidos de la tarea de enseñar. Si el énfasis ahora recaía sobre el aprendizaje y no sobre la enseñanza y si debía abandonarse la transmisión de contenidos a la vez que respetarse el desarrollo madurativo del educando, la concepción acerca de qué naturaleza debía tener la enseñanza y de era lo considerado correctoe incorrecto en un maestro sufrira también modificaciones.

En la ciudad de Buenos Aires la Secretaría de Educación comenzó –luego de la transferencia de “servicios” educativos de nivel primario e inicial de 1978- a desarrollar diferentes estrategias orientadas a la modernización de la enseñanza. Entre ellas, la política de capacitación docente y la elaboración del currículum para el nivel primario –comúnmente conocido como “libro gordo de petete”- se caracterizan por un planteo de la tarea docente que desplaza la centralidad de la enseñanza hacia el aprendizaje, entendiéndolo en términos individuales y nunca sociales, asumiendo que responde a la maduración autógena de los educandos y situando el eje en el “ritmo evolutivo” de éstos (Braslavsky y Krawzyck, 1988; Pineau, 2006)

En el caso de la provincia de Buenos Aires se observa un proceso similar, si bien no se elabora un currículum para el nivel primario luego de la transferencia de escuelas. El ministro de educación bonaerense hacía un permanente llamado en sus discursos a “modernizar” las metodologías de enseñanza, de modo de poner a la escuela a la altura de un futuro en la que predominarían los avances científicos y tecnológicos. Esta modernización metodológica implicaba dejar atras la transmisión de conocimientos a favor de la inculcación de actitudes y atributos de la personalidad, lo que discursivamente aparecía engarzado a la labor trascendente de los docentes, “apóstoles” de la causa dictatorial y difusores de los valores religiosos.

En este sentido, la modernización metodológica implicaba el fin de la transmisión pedagógica en tanto pasaje de la cultura producida socialmente a lasnuevas generaciones. Ser buen docente era abandonar ese paradigma “tradicional” y orientarse hacia la inculcación de valores y actitudes en los alumnos. Floreal Conte, subsecretario de educación de la Provincia de Buenos Aires, abogaba en 1976 por

“un maestro que:
forme mas que informe
inculque apego a la familia y devoción por la Patria y sus símbolos
logre en el alumno habitos y actitudes que se deduzcan de una convicción, de que nada durable y valedero se consigue sin trabajo y sin esfuerzo
induzca al respeto por lo realizado por sus mayores y tenga audacia para crear sin esperar recompensa.” 10

Como puede verse, los sentidos de la “modernización” metodológica iban de la mano de la labor trascendente de inculcación de valores y actitudes, lo cual suponía también el desarrollo de las potencialidades individuales, en clara articulación con la idea de una escuela estructurada en función de las posibilidades y capacidades de los alumnos. En este sentido, quizas el certificado de defunción de la transmisión pedagógica moderna haya sido escrito cuando el gobernador provincial, en su discurso de fines de 1977, opuso la figura de Durkheim a la de Piaget, adhiriendo al segundo y aludiendo a los sentidos que debía asumir la tarea de enseñar:

“Si bien éste es un tema específico del area, no dudo en lo personal en suscribirme a la postura de Piaget que por oposición al autoritarismo de Durkheim proclama la necesidad de limitar la heteronomía de las normas morales, para que en el crisol del alma del educando, por la acción cariñosa de su maestra, se transformen en normas autónomas que lo lleven a obrar por propio convencimiento”11

Esta particularlectura de las obras de Piaget y Durkheim, la necesidad de dejar atras la pedagogía tradicional y de echar mano a los últimos desarrollos en técnicas de enseñanza, derivó en una serie de recomendaciones y pautas de trabajo para los maestros a partir de la instrucción programada. Se desarrollan pedagogías personalizantes, que ponían el énfasis en el trabajo individual del alumno y en el respeto a la “libertad” del educando. Coherentemente con la preeminencia del conductismo y de una lectura estructuralista de la obra de Jean Piaget (Caruso y Fairstein, 1996), se promovieron paquetes instruccionales y procesos de reforzamiento o castigo orientados a regular las conductas. Aparece aquí un rol para el educador no ya como transmisor de conocimientos sino como orientador de las conductas de sus alumnos. Así, aprender se volvía sinónimo de adquirir nuevas conductas por medio de reforzamientos y castigos orientados al disciplinamiento de los alumnos.

En este sentido, en la Revista de Educación y Cultura de la provincia de Buenos Aires se publicaban artículos en los que se resaltaba la necesidad de que la pedagogía científica, que contaba con métodos altamente evolucionados para dar respuesta y para auxiliar eficientemente al maestro sobre la base de la instrucción programada, partiera de los fundamentos relativos al aprendizaje y del proceso psicológico del alumno para configurar un tipo de programación cibernética llamada “Ramificada-Modular”. El aprendizaje entendido en lógica individual es un rasgo característico de la concepción que se presenta:

“la verificación de los resultados, es un aspecto fundamental del aprendizaje y es mas importante, cuando se mideel progreso del estudio individual o AUTOAPRENDIZAJE, donde el individuo queda librado a su propia conciencia y responsabilidad, dependiendo de su experiencia y del ejercicio pleno de sus facultades; aquí es donde pone de manifiesto su actitud frente a la necesidad de educarse para sí y para bien de la sociedad de la cual forma parte” (las mayúsculas y negritas pertenecen al original)12


Se afirma así que si en el pasado la importancia recaía en el docente como transmisor de conocimientos, en la actualidad el énfasis era colocado en cada alumno como ser individual. En este sentido, lo fundamental no era el maestro transmisor de contenidos sino el niño que, por medio de la acción individual, va avanzando en las etapas del desarrollo evolutivo, guiado por un maestro “orientador”, “facilitador” de experiencias y actividades para el alumno, siempre atendiendo a sus posibilidades individuales.


A modo de conclusión

En este sentido, y tal como hemos señalado para el caso de la provincia de Buenos Aires (Vassiliades, 2007) creemos que la efectividad del discurso político-pedagógico dictatorial no reside tanto en la existencia de un proyecto único, coherente, deliberado y homogéneo, elaborado de antemano, sino en su posibilidad de asentarse sobre una matriz educativa –la del discurso de la instrucción pública- que se había comenzado a mostrar en crisis hacia la segunda mitad del siglo XX y cuya demanda de “modernización” iba en aumento. Por ello, si bien el contexto represivo-autoritario de la dictadura ha definitivamente impactado sobre la educación del período, creemos que quizas sea también posible realizar una mirada acerca de la efectividad y lasposibilidades hegemónicas del discurso político-pedagógico dictatorial a partir de consideración de la autonomía y especificidad del texto escolar y del campo pedagógico, mas alla del impacto del contexto político, económico y social que vivió la Argentina de los años mas oscuros.

En este marco, pensar en las condiciones de posibilidad de instalación del discurso pedagógico dictatorial implica considerar que allí se esta produciendo la estructuración de un cierto campo de sentido que preexiste (Southwell, 2000) En consecuencia, creemos que podría postularse que la configuración hegemónica construida en la dictadura sobre el sentido de la enseñanza no sólo recoge elementos espiritualistas, activistas y religiosos trascendentes de larga data en la historia de la educación argentina, sino que también se articula con significantes que eran parte de la modernización cultural de las décadas del 60 y 70 en nuestro país, resignificandolos y articulandolos al proyecto dictatorial. En este sentido, el respeto a los ritmos evolutivos del alumno a partir de las explicaciones (asumidas como prescripciones) desarrolladas por la psicología, un énfasis en la actividad del educando por sobre la transmisión del maestro, la importancia de atender a los “intereses” y potencialidades del alumno, la necesidad de lograr la libertad y “autonomía” del estudiante, y –en otro plano- la misma difusión de las llamadas pedagogías no directivas, podrían ser parte de los significantes que el proyecto dictatorial resignifica e incluye en el imaginario que se va configurando.

Creemos que se esta fijación provisoria del significante modernización a determinadas significaciones podríaestar indicandonos la posibilidad de que se haya constituido en un punto nodal (Southwell, 2000) en torno al cual ellas se articularon discursivamente. Cabe aquí pensar que el significante “modernización” al ser ligado a diversos significados (la subsidiariedad estatal, la mayor presencia de lo religioso, la necesidad de que las escuelas se adecúen a las “potencialidades” de los alumnos, el papel de “técnicos”, “guías” y “orientadores” que debían asumir los maestros) realizaba simultaneamente una operación de subordinación y represión de otros significados (la centralidad del Estado Docente, los docentes como transmisores de conocimientos, etcétera) A partir de las hipótesis presentadas, proseguir la indagación sobre lo ocurrido en materia educativa en el período mas oscuro de nuestra historia en las diferentes jurisdicciones y desde una perspectiva comparada quizas pueda contribuir a comprender los mecanismos mediante los cuales se instalaron aquellos sentidos que estructuran, regulan y configuran las practicas del presente.



Bibliografía Consultada

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